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"La gente acompañó un proyecto de país que está cambiando la vida de los argentinos"

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Cristina Fernández se paró en el lobby del hotel Intercontinental, se dio cuenta de que alguien faltaba a su lado, giró y llamó, imperativa: “¡Vamos, Kirchner!”. No fue un grito de aliento para su marido, el Presidente, sino el pedido de una mujer feliz, pero que a esa hora, las 23.30, sólo quería cumplir el deseo que esbozó mientras dejaba el ascensor: “Quiero irme a Olivos, tengo hambre y estoy cansada...”. Obediente, Néstor Kirchner dejó su conversación con varios militantes –entre los que estaban los ministros Daniel Filmus y Carlos Tomada– y arrancó hacia la puerta. Al traspasarla no pudo con su genio, y antes de subir al Renault azul se zambulló entre los piqueteros de Barrios de Pie, que todavía lo aguardaban. Cristina, cansada y todo, lo imitó. Después de todo, bien valía esperar un poco para comer y dormir. Los 26,31 puntos de diferencia que consiguió en la elección para senadores el Frente para la Victoria (2.924.402 votos, el 46,01 por ciento) frente al PJ de Hilda Chiche Duhalde, le dieron al matrimonio lo que buscaba: todo el poder.

El día de la candidata –que finalmente no votó– comenzó temprano, junto a su hija, Florencia (15) en la quinta de Olivos. Estaban solas: Kirchner y Máximo(28), el hijo mayor, habían viajado el viernes por la tarde a Santa Cruz para votar. Como de costumbre, la Primera Dama hizo gimnasia y caminó por los jardines de la residencia. Luego desayunó un mate cocido con edulcorante y leyó los diarios. Habló con su marido mientras éste iba camino de votar, a las 8.44, en la mesa 47 de la escuela EGB 70 de Río Gallegos. Y lo esperó. A las 12.25 llegó Kirchner desde su provincia al sector militar de Aeroparque, acompañado por el ministro Julio de Vido, y voló en helicóptero a Olivos, a reencontrarse con su esposa. Los cortes de urna que les transmitía el asesor Juan Carlos Mazzón desde Casa de Gobierno los hacían sonreír con ganas. Muy tranquilos, después de almorzar durmieron una siesta de un par de horas. A las cuatro de la tarde, Kirchner partió hacia la Casa Rosada. Tres horas después, en helicóptero, lo hizo Cristina. Impecable, vestía un palazzo estampado y un saco entallado color verde seco. Los detalles: la cartera baúl de Peter Kent y zapatos animal print. Infaltable, el Rolex Lady Just con brillantes. Desde Balcarce 50, junto a Máximo, se dirigieron al búnker del hotel Intercontinental. Como toda la primera línea del Gobierno ingresaron por la entrada principal, en vez de una lateral como estaba previsto.

Los esperaba la suite presidencial en el piso 17. Quizá para mostrar seguridad en la victoria, no se fijaron en cábalas: el 17 es, en la quiniela, la desgracia. Y en el piso 13 –la yeta–, se instaló Rafael Bielsa, el candidato por la Capital. Allí, a su disposición, había un catering similar al del resto de los invitados y los periodistas: empanadas de carne y pollo, sandwiches de miga, jugo de naranja, té, café y agua mineral. Cristina no probó bocado, aunque tomó un cortado en jarrita.

El Presidente, ansioso por conocer los resultados, enrojeció su celular: primero pidió los de Santa Cruz, donde su hermana, Alicia, triunfó con el 57,98 por ciento de los votos. En segundo lugar, los de La Rioja, donde el gobernador Angel Maza derrotó a Carlos Menem con el 51,01 por ciento de los sufragios. Uno a uno, los ministros fueron peregrinando hacia el piso 17. El primero en marcharse fue Ginés González García, quien a las nueve tenía un vuelo hacia Canadá. El único ausente fue el ministro de Economía, Roberto Lavagna, el hombre del gabinete más ligado al duhaldismo. Cuando Chiche Duhalde habló, estaban junto al matrimonio presidencial el consagrado senador y actual ministro de Defensa, José Pampuro (quizá el más felicitado después de Cristina), el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el gobernador bonaerense, Felipe Solá. Ellos, más el primer candidato a diputado nacional, Alberto Balestrini (que obtuvo 2.709.349 votos, el 43,03 por ciento y colocó 18 legisladores), estuvieron hasta las diez debatiendo el discurso triunfal de Cristina. Como los salones del subsuelo del hotel, según los organizadores, ya estaban reservados, la tarima para que hablara la Primera Dama se ubicó en la Casa del Patio de la Reconquista, sobre la calle Alsina 824. Para llegar, debía atravesar el jardín del hotel y una escalera. Todo, claro, atestado de fotógrafos, camarógrafos y periodistas.

Después de diez minutos para hacer cien metros, producto del caos reinante, Cristina –rodeada por una nutrida custodia, que incluyó para la ocasión a Pampuro, Solá y Balestrini– llegó y salió del paso con ingenio: “Me costó más llegar hasta acá desde la habitación que ganar la elección”. Con todo, después de las palabras y ya en el primer piso del hotel, el vocero Miguel Núñez seguía preguntando quién había sido responsable del desorden. Cuando habló, Cristina lo hizo en un tono mesurado. Y, conmovida, casi derrama unas lágrimas. Sin embargo, en dos frases dejó su sello: “Comienza una etapa de renovación, de recambio generacional en la dirigencia”, fue la primera. Y luego: “No hay victorias personales ni individuales ni figuras rutilantes. La gente acompañó un proyecto de país que está empezando a cambiar la vida de los argentinos. No hay que creérsela. Nadie es eterno. Los países y las provincias no tienen dueño”.

Palabras, sí, como puñales hacia el malherido corazón de los Duhalde. Y, ojalá, como sabia señal hacia ellos mismos.

Palazzo estampado, saco entallado de color verde seco, cartera baúl de Peter Kent, pañuelo de seda, zapatos en <i>animal print</i>. La Primera Dama impuso su sello de los pies a la cabeza.

Palazzo estampado, saco entallado de color verde seco, cartera baúl de Peter Kent, pañuelo de seda, zapatos en animal print. La Primera Dama impuso su sello de los pies a la cabeza.

Ofelia Wilheim, la madre de Cristina, votó a las 9:35 en la mesa 5416 de la EGB 76, ubicada en las calles 527 y 16 de La Plata, ciudad natal de la Primera Dama. Máximo,  el mayor de los dos hijos del matrimonio Kirchner, acompañó a su padre a Santa Cruz, votó en la misma mesa que él y regresó el domingo al mediodía para acompañar a su madre en el festejo íntimo del hotel Intercontinental.

Ofelia Wilheim, la madre de Cristina, votó a las 9:35 en la mesa 5416 de la EGB 76, ubicada en las calles 527 y 16 de La Plata, ciudad natal de la Primera Dama. Máximo, el mayor de los dos hijos del matrimonio Kirchner, acompañó a su padre a Santa Cruz, votó en la misma mesa que él y regresó el domingo al mediodía para acompañar a su madre en el festejo íntimo del hotel Intercontinental.

Domingo 23, once y media de la noche: Cristina saluda al irse del búnker del Frente para la Victoria. Cuando habló, a su izquierda se ubicó el gobernador bonaerense Felipe Solá, otro de los grandes ganadores de la jornada. Una pequeña integrante de Los Angeles de Cristina saluda a la pareja presidencial.

Domingo 23, once y media de la noche: Cristina saluda al irse del búnker del Frente para la Victoria. Cuando habló, a su izquierda se ubicó el gobernador bonaerense Felipe Solá, otro de los grandes ganadores de la jornada. Una pequeña integrante de Los Angeles de Cristina saluda a la pareja presidencial.

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