“La fe en Dios, en la Virgen y en los médicos salvó a mi hija” – GENTE Online
 

“La fe en Dios, en la Virgen y en los médicos salvó a mi hija”

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Por favor, aclará que en las fotos estoy sin una gota de maquillaje porque acabo de terminar un ensayo de la obra Máscaras, para salir de gira por todo el país. No es que me haga la coqueta: aprendí que además de cultivar lo de adentro, en mi profesión es clave estar bien por fuera”.

El encuentro es en el bar Henri, en Palermo. María (52) pide un té de tilo. “Estoy dejando de fumar. En esta bolsita tengo un arsenal de recursos para reemplazar al cigarrillo, un enemigo que me acompaña desde hace décadas, y también mi rosario, bendecido por Juan Pablo II”.

Separada del periodista Juan Carlos Pichuqui Mendizábal, tuvieron tres hijos: Julián (19), futuro periodista o profesor de Educación Física; Juan (17), tenista recién entrado al ranking de la ATP gracias a su primera victoria; y Malena (24), que vive sola y estudia Diseño Interior.

–María, ¿cómo empezó la enfermedad de tu hija?
–A las seis de la mañana del 10 de febrero de hace cinco años la interné en el sanatorio Dupuytrén, con un derrame cerebral gravísimo y pronóstico reservado. Fue el comienzo de un infierno, pero creo que mi fe en Dios y en los médicos la ayudaron. Un médico peruano, jefe de Terapia Intensiva, arengando a sus colaboradores para que hicieran lo máximo, me hizo creer en el Hombre.

–Dios, la ciencia, el Hombre: tus grandes aliados…
–Sí. Malena se salvó gracias a esos médicos, y también a los del Instituto Fleni, de Escobar, donde cumplió sus 20 años, ya casi recuperada.

–¿A qué punto llegó tu desesperación?
–Cada día, con gran convicción, a veces le pedía y otras ¡le exigía! a Dios que salvara a Malena. Y me escuchó…

–¿Sos muy creyente?
–Sí, pero a mi manera. De chica fui al colegio Corazón de Jesús, en Villa Luro. Cuando manejo y pasamos con los chicos por una iglesia, nos santiguamos. Toda mi vida hablé con Dios, pero no rezo todas las noches: rezo cuando lo siento. Me gusta ir a una iglesia vacía, sentarme o arrodillarme, ver las imágenes y hablar con Dios.

–¿Sentís que te escucha?
–Sí, totalmente.

–¿Qué le decís?
–Le hablo como a un amigo: “¡Ay, Señor, esto no es así!”, le digo, a veces con tono crítico. O le comento algo que pasa. O le cuento que estoy enojada, brotada... Son monólogos, confesiones, descargas del alma, cosas que sólo se pueden hablar con alguien muy, muy íntimo. Ese es mi Dios.

–¿Llevás objetos religiosos?
–Una medalla y una cruz, siempre. Pero la gente me mandó un montón de estampitas de vírgenes y santos. El que más simpático me cayó fue San Expedito, porque se ocupa de las causas imposibles, y porque el nombre me hace gracia...

–¿Qué hiciste con todo eso?
–Lo guardé. En el sanatorio, detrás de la cama de Malena, había una especie de santuario, y mi casa está llena de rosarios colgados de las manijas de las puertas, de las perillas de los placares...

–¿Malena participa del rito?
–Claro... Tiene en su casa una parte de todas esas cosas que la gente nos dio con tanto amor. Ella se fue a vivir sola hace dos años y está muy contenta. Estudia Diseño Interior, y me prometió que cuando me mude me va a decorar la casa, y también la de sus hermanos cuando vivan solos. Así va a empezar su carrera.

–¿Está de novia?
–Está de novia... ¡con la facultad! Es muy autoexigente: su nota más baja es un ocho. Se pasa los fines de semana dibujando, pintando, haciendo maquetas. Le pone mucha fuerza a la vida.

–¿Qué es la fe según vos?
–Una gran energía que brota desde el corazón y que cada uno deposita en alguien. Yo la puse en Dios y en los médicos, porque ciencia y fe van de la mano. Ah, y el optimismo también es fe...

–¿Cuál es la historia de ese rosario que tenés en las manos?
–Me lo trajo una amiga: la maestra de mi hijo Julián. Está hecho con cuentas de madera impregnadas de esencia de rosas, y lo bendijo Juan Pablo II. Nunca lo abandono. Siempre lo llevo conmigo, esté donde esté y vaya adonde vaya.

–¿Qué hiciste después de que tu hija se curó?
–Fuimos juntas al Santuario de San Nicolás. De pronto alguien nos llamó: “Gladys Motta sabe que están acá y quiere verlas”. Es la señora que recibe los mensajes de la Virgen, quien tuvo las apariciones... Una mujer muy simple, pero muy especial. Después, ante la imagen de la Virgen, le agradecimos ese gesto. Fue un gran día. Malena curada, las dos en el santuario, Gladys Motta reconfortándonos... Después de la pesadilla, las puertas abiertas de par en par hacia la vida. ¿Era posible pedir algo más?

La actriz, luego de terminar un ensayo para su próxima gira teatral, recuerda aquellos difíciles días de la enfermedad de su hija. “El rosario me lo trajo una amiga. Está hecho con cuentas de madera impregnadas de esencia de rosas, y lo bendijo Juan Pablo II”.

La actriz, luego de terminar un ensayo para su próxima gira teatral, recuerda aquellos difíciles días de la enfermedad de su hija. “El rosario me lo trajo una amiga. Está hecho con cuentas de madera impregnadas de esencia de rosas, y lo bendijo Juan Pablo II”.

Una vez que Malena estuvo plenamente recuperada, María concedió una nota exclusiva a GENTE “por el cariño y el respeto con que la revista acompañó mi carrera”, dijo. Las dos lucieron boinas durante largo tiempo: María lo hacía para acompañar a su hija, que estaba rapada por la operación que le habían practicado.

Una vez que Malena estuvo plenamente recuperada, María concedió una nota exclusiva a GENTE “por el cariño y el respeto con que la revista acompañó mi carrera”, dijo. Las dos lucieron boinas durante largo tiempo: María lo hacía para acompañar a su hija, que estaba rapada por la operación que le habían practicado.

“Todos los días, con gran convicción, a veces le pedía y otras… ¡le exigía! a Dios que salvara a Malena. Y me escuchó…”

“Todos los días, con gran convicción, a veces le pedía y otras… ¡le exigía! a Dios que salvara a Malena. Y me escuchó…”

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