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La fe de Martín mueve montañas

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Trabaja cinco horas en la montaña, día tras día, para competir en los próximos Juegos Paraolímpicos de Invierno de Salt Lake City, Estados Unidos, en marzo del próximo año. Faltan seis meses, sí, pero Martín ya ganó. Se aseguró la medalla de oro al coraje. Una medalla que revalida entrenando duro en las pistas de Bariloche.

Esa medalla la comenzó a ganar el 30 de octubre de 1995, cuando salvó su vida tras un accidente automovilístico que lo postró un mes en terapia intensiva con una lesión medular,
inmóvil del cuello hacia abajo, y zafó -como él mismo dice- tras escuchar a los médicos decir:
"Si la lesión hubiese sido dos dedos más arriba, estaría en cama de por vida, y tres dedos, me estarían comiendo los
gusanos
". Siguió ganando, cuando ya un poco mejor y en General Las Heras -a 70 kilómetros de Buenos Aires-, se dio cuenta de que sus padres, Rodolfo y Dilma, le acercaban hasta el vaso de agua que tenía a 30 centímetros. Entonces, tuvo una larga charla con ellos.
"Les hice comprender que sobreprotegiéndome me hacían daño en vez de
ayudarme
".

Martín volvió a ganar cuando le dijeron que para los discapacitados había sólo dos opciones deportivas: ping-pong y básquet, y él, que apenas había jugado rugby en Lobos, se rebeló. La goleada de la vida sobre la tragedia personal se completó cuando Martín, con su silla de ruedas a cuesta, practicó paracaidismo, parapente y aladeltismo, además de buceo con tiburones, rappel, esquí acuático y sobre nieve, su obsesión por estos días. Por si fuera poco, es coordinador de Fuarpe (Fundación Argentina para Personas Especiales) que promociona el deporte entre los discapacitados.

En octubre, con su instructor Waldemar Martel, se instalará en el CENARD, y luego completará su preparación -apoyado por Telefónica, Skandinavian, Dermaglós
y Jery (una marca de sillas de ruedas)- en Europa. 
Hoy, desde el Hotel Catedral (que le facilitó el gimnasio y la piscina), Martín enseña a ver la vida de otra manera.

 "En este tiempo me hice amigo de la paciencia, algo que no conocía, y entiendo más a la gente. Yo cambié cuando me empecé a preguntar: ¿por qué no a mí? Sé que los discapacitados, que somos el diez por ciento de la población, muchas veces nos autodiscriminamos. Si nos hiciéramos ver, tendríamos más oportunidades. De todos modos, las cosas están cambiando. Ahora, por ejemplo, pusieron baños especiales en los shoppings, y podemos salir. Ya no es ir del trabajo a la
casa
".

por Hugo Martin
hmartin@atlantida.com.ar
fotos en Bariloche: Francisco Bedeschi
Martín en Bariloche, donde entrena esquí junto a su coach, Waldemar Martel, y con el apoyo de Telefónica.

Martín en Bariloche, donde entrena esquí junto a su coach, Waldemar Martel, y con el apoyo de Telefónica.

La silla, que es especial como los bastones, le costó 2.500 dólares.

La silla, que es especial como los bastones, le costó 2.500 dólares.

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