«La deuda hay que pagarla, sí… pero primero veamos qué. Y después cómo» – GENTE Online
 

"La deuda hay que pagarla, sí… pero primero veamos qué. Y después cómo"

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Animal periodístico por donde se lo mire, o simplemente nervios del debut,
que le dicen, la primera pregunta la hará él:

-¿Viste la película? ¿Y... qué te pareció?

 La película es Deuda, el documental con el que Jorge Lanata
(44) se lanza a la dirección cinematográfica (se estrena esta semana). Lanata,
se sabe, es igual a decir -por no hacerla muy larga- el padre de Página/12,
el exitoso conductor de Día D por televisión, el autor de ese suceso editorial
que han sido Argentinos I y II -más de 300 mil ejemplares vendidos-, el creador
del semanario Veintitrés y, sí, también, el que patinó con la revista mensual
Ego y con el portal de Internet Data 54 ("sí, ahí perdí un palo verde",
confiesa). Padre de Bárbara -15 años-, por estos días, junto a Sara, su actual
mujer, esperan la llegada de su primer hijo.

Se podrá coincidir o no con sus ideas, pero lo que no admite discusión es que es
el periodista más brillante de su generación. Y ahora anda con el cosquilleo de
un debut desconocido para él. Por eso la pregunta inicial. ¿Qué nos pareció
Deuda?

-Por un lado, una muy buena película que invita a pensar, y mucho. Con un
reparo grande -le digo.
-¿Cuál? -pregunta.

-Siendo una película sobre la deuda, queda la sensación de que el principal
culpable es el FMI, cuando al principal responsable hay que buscarlo entre los
argentinos -le digo.
-Fijate, yo tengo la visión exactamente contraria. Nosotros empezamos la
película buscando un culpable que era el culpable obvio, pero en un momento, que
yo te diría que no son los 20 minutos finales, sino mucho antes, cuando habla el
actual gobernador de Santa Cruz, que estaba en la aduana, ahí yo miro a cámara y
digo: "Y nosotros, ¿qué tenemos que ver nosotros?". A partir de ahí, el guión da
la vuelta y se empieza a preguntar sobre nosotros.

-Y a usted, ya con el resultado final, ¿qué le pareció?
-Yo, en general, soy un tipo muy crítico conmigo y por eso lo soy también
con los demás. A mí la película me gusta. Y si tuviera que resumirla diría que
es un documental pero no parece un documental.

-¿Por?

-Se está produciendo en el mundo una reformulación del género. Michael Moore es
la expresión de eso, pero no es la única. Y Deuda no es un documental
convencional porque tiene además una serie de elementos -del reality show,
del dibujo animado, del drama, de la ficción, etcétera- que están siendo
incorporados en esta etapa experimental que atraviesa el género. Y eso me parece
buenísimo, porque para mí todos los medios son experimentales.

-Página/12 también fue en ejemplo de eso…
-Claro. Dijimos "hagamos un diario desde cero" y nos empezamos a preguntar:
¿tiene que tener crítica o no?, ¿tiene que tener deportes o no? Y en cada caso,
¿por qué y cómo? Es una discusión buenísima, porque te da como una ingenuidad
muy fuerte y a partir de ahí reelaborás todo también.

-Volvamos a Deuda. ¿Qué se propuso contar?
-Una historia que a mí me conmovió, la historia de Barbarita (aquella nena
tucumana que lloró por hambre en televisión), y contarle a ella -que es un modo
de contarme a mí- por qué le pasa lo que le pasa. Y según me comentaban amigos
que la fueron viendo mientras la editaba, lo hago bajando poca línea. Recién al
final, en la carta que le escribo a Barbarita, sí me interesa decirle: "Acá
hay problemas políticos y problemas humanos".
Los problemas humanos no
tienen solución inmediata… lo único que podemos hacer es tratar de ser mejores.
Pero los problemas políticos sí tienen solución. Además, también me interesa
resaltar otra cosa…

-¿Qué cosa?
-Marcar esa esquizofrenia que es que los desesperados no duermen, y
nosotros, en el mejor de los casos, somos turistas de la desesperación de los
demás. O sea, yo voy a contar esta historia para mejorar. Pero, en el fondo, los
problemas los tienen ellos y yo me voy a ir a dormir como un día más. Ellos no…
La película me gusta porque después de haberla visto 62 mil veces, hay tres
cosas que me siguen conmoviendo igual que cuando las grabé, y eso quiere decir
que son ciertas.

-¿A ver…?

-La escena inicial de Bárbara, de Detrás de las noticias, la sigo viendo y es
increíblemente conmovedora. Luego el clima que intentamos generar en el final es
como un increscendo que no termina en un túnel sin salida, termina para
adelante; eso me preocupaba, porque no quiero que la gente salga del cine y se
pegue un tiro… Y después, cuando me preguntan por el testimonio más fuerte,
siempre hablan de mi encuentro con Anne Krueguer u otros funcionarios, y
tampoco. Lo más fuerte me lo dice una abuela en Tucumán. Titila, se llama.
Estamos hablando de su nieto: le pregunto si quiere ser policía o abogado, me
dice que policía y yo le digo que un abogado gana más que un policía. Y la
vieja, esa señora que no tiene baño… no es que tiene una cuenta en Las Caimán,
no tiene laburo, no tiene nada, ¿no sé si me entendés?, Titila me dice: "El
no tiene que ser materialista"
. Y eso me hace mierda.

-Yendo más a la coyuntura, Lanata. Leía estos días que, para usted, la deuda no
hay que pagarla…
-No, a ver… yo creo que la deuda hay que pagarla pero como nosotros podamos.
Primero querría saber cuál es realmente la deuda, algo que el Estado, hoy, no
está en condiciones de responderme. Algo que también sale en la película -y para
mí es lo más fuerte periodísticamente- es que, hasta el 92, no había asientos
contables de la deuda. Entonces yo no sé si es real o no es real. Nosotros le
preguntamos a los acreedores cuánto les debemos. ¡Es poco serio! Por eso digo:
hay que pagar, sí, pero primero veamos qué. Y después veamos cómo. Así como se
está pagando hoy, es una locura.

-¿Por?
-Por una cuenta muy básica, eso que los economistas llaman deuda social, y
que son 16 mil millones por año. Con eso, no habría más pobres en la Argentina.
Los intereses de la deuda son 13 mil millones. ¡Es ilógico! Nosotros no podemos
pagar sabiendo que podríamos dejar de tener pobres, y aún así seguir pagando.
Otro país, o el sistema bancario, no nos puede exigir el hambre a cambio del
pago. No hay ascendiente moral para exigir algo así. Y ni siquiera tiene lógica
comercial: vos no podés matar a tu deudor.

-Días atrás, a propósito de la actual estrategia de Kirchner, usted veía como
más ventajoso ir a renegociar con el FMI no solos, sino con Brasil y México, por
ejemplo…

-No tengas duda. Y eso va a terminar pasando… Cuando los problemas empiezan a
ser mundiales, terminan decantando solos. La crisis de los organismos de crédito
existe y está más allá de la Argentina. Se vio muy claro en Davos este año.
¿Cuál fue el tema? La pobreza. Pero no porque les preocupe solucionarlo… ¡porque
tienen miedo! Y que los 2000 tipos más ricos del mundo le teman a la pobreza, es
un indicador muy fuerte.

-En ese sentido, Deuda también muestra la hipocresía de los organismos en su
falta de autocrítica, ¿no?
-Totalmente. Por eso, el tema central de la película es el egoísmo. Los
organismos de crédito surgen después de la guerra para reconstruir los países -y
durante muchos años lo hicieron-, pero después los destruyeron. Sin embargo, lo
que sí me llamó la atención es la convicción que tienen de que pueden cobrar. Yo
esperaba que dijeran que la deuda es impagable, pero no. Siguen pensando que se
puede cobrar. Y cómo no lo van a pensar si Kirchner, pese a heredar una crisis
feroz, no sólo sigue pagando, ¡está pagando más que nunca! Si vos tenés
superavit, ¿cuál es la opción? ¿Pagar o mejorar tu país? Para mí está claro que
hay que mejorar el país.

-Es obvio que está desencantado con Kirchner, ¿no?
-Desencantado, no… porque nunca estuve encantado. En cuanto a la deuda, me
j…, sí, que dice una cosa y hace otra. No tengo dudas de que es una opción mucho
más saludable que Menem. Ahora, para mí Kirchner es un presidente de transición.
No es el final de nada. En el mejor de los casos es el comienzo de algo. Es lo
más nuevo de lo viejo, pero no es lo nuevo. Y encima está tironeado por lo
viejo, que es Duhalde. O sea, no necesita ningún problema, ya lo tiene ahí
adentro. Debe ir construyendo un puente que mientras camina se va haciendo, ya
que si para, se cae. Y eso es un gran problema.

-Antes me decía: no quiero que la gente salga del cine y se pegue un tiro.
Pero el panorama que pinta no es muy alentador. ¿Hacia dónde va el barco?
-Ojo, que yo creo que sí hay salida, ¿eh? Desde que me fui de Página…,
mil veces me ofrecieron irme… Tuve ofertas de Estados Unidos; ahora mismo podría
estar en España haciendo radio, pero colaboro desde acá con la Cadena SER

-¿Por qué se queda?
-¿Cómo por qué? Este es mi país. ¡Y no se lo quiero dejar a los h… de p…!
Tengo que defenderlo, y es lo que quiero que mis hijos hagan también. Aparte, el
país está lleno de gente honesta porque si no, no habría país. El 99 por ciento
de la gente no sólo no roba, sino que gana 200 pesos -150 cuando se jubila- y
labura toda la vida. Hay un uno por ciento que roba, pero ese es otro tema…
Además, en relación a irse o quedarse, pienso: si uno quiere que las cosas
cambien en dos años, es mejor que se vaya, las cosas no cambian tan rápido.
Ahora, si uno aspira a un cambio real del país -a quince, veinte años- hay que
estar acá. Porque alguien lo tiene que hacer. Nos falta, sobre la Argentina, una
visión trascendente -en el sentido semántico exacto: que nos trascienda. No
hacerlo por nosotros sino por nuestros hijos o nuestros nietos, como lo hicieron
los que vinieron a principios de siglo y sabían que no iban a ver Disneylandia
pero que quizás sí lo disfrutarían sus hijos…

-En cambio nos quedamos en la histeria. "No sé lo que quiero pero lo quiero ya",
como cantaba Luca…
-Claro, que es como de pensamiento mágico, aparte. Porque no asociamos la
idea de cambio a la idea de trabajo. Para nosotros, el cambio puede suceder por
motivos rarísimos e inexplicables, cuando los cambios son lentos y se logran
solamente trabajando. Y los cambios rápidos suelen ser mentira. Ejemplo: la
convertibilidad… Sin embargo, en estos momentos de crisis, siento que nos está
pasando algo bueno… Es como si a los argentinos nos hubieran dicho que éramos
adoptados. Y ahora, de golpe, estamos descubriendo nuestra verdadera identidad.
Siempre digo en joda, y alguna vez lo escribí en serio: "En realidad, Malvinas
fue una batalla entre dos bandos que querían ser ingleses: los kelpers y
nosotros." Bueno, ahora estamos diciendo: ¿por qué no somos argentinos?

-La última, Lanata. Hizo mucho ruido su no vuelta a la tele. ¿Lo censuró el
Gobierno?
-(Piensa) No quiero jugar al payador perseguido. América es una canal que no
está bien económicamente, que necesita publicidad, el Gobierno es proclive a
poner mucha publicidad en medios afines y ellos prefirieron no tener problemas.
Creo que se equivocaron. Pero mi respuesta a este tipo de cosas es laburar, no
es quejarme. ¿Qué hice? Una película. Ahora andá y cerrá los cines.

Lanata, en su escritorio, en el departamento que alquila en barrio norte. En noviembre lanza un nuevo libro que completa la trilogía Argentinos. Y tiene dos proyectos producidos por Marcelo Tinelli: uno de tevé y otro radial.

Lanata, en su escritorio, en el departamento que alquila en barrio norte. En noviembre lanza un nuevo libro que completa la trilogía Argentinos. Y tiene dos proyectos producidos por Marcelo Tinelli: uno de tevé y otro radial.

El tema de este año en Davos fue la pobreza. Pero no porque les preocupe solucionarlo… ¡porque tienen miedo!", dice el periodista. En su casa tiene encuadernada la colección de Página/12 mientras fue su director.">

"El tema de este año en Davos fue la pobreza. Pero no porque les preocupe solucionarlo… ¡porque tienen miedo!", dice el periodista. En su casa tiene encuadernada la colección de Página/12 mientras fue su director.

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