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La consagración del Papa argentino

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Después de tres días nublados, fríos y con lloviznas, el Sol le hizo un guiño a Francisco. Y a los miles de fieles que hicieron guardia toda la noche para ser de los primeros en llegar a la Plaza San Pedro y conseguir la mejor ubicación para las tres horas de la ceremonia de inicio del papado del que unánimemente se espera austeridad, diálogo y espiritualidad, sin soslayar una fortaleza de carácter, pese a los 76 años de Jorge Mario Bergoglio.

Todo estaba listo cuando apareció subiéndose al papamóvil, quince minutos antes de las 9. A la derecha del altar, el lugar de la fe: unos doscientos miembros del Sacro Colegio. En primera fila, los cardenales; en la segunda, obispos, prelados y representante de otras religiones. A la izquierda, el poder político, con unas 150 personas de delegaciones internacionales. En la fila más cercana, los jefes de Estado (la primera, Cristina Fernández de Kirchner); luego, delegaciones de otros países, y por último, las autoridades italianas. Frente al altar, a la derecha, delegaciones hebreas y musulmanas y unos mil doscientos sacerdotes y seminaristas. A la izquierda, el cuerpo diplomático y otras autoridades. A partir de allí los fieles, que recién pudieron acercarse a las 7 de la mañana y en un puñado de minutos cubrieron la plaza.

A las 8:45, religiosos, políticos y fieles aplaudieron emocionados cuando arrancó el particular papamóvil de Francisco, distinto del de Benedicto XVI, que era semicerrado. El nuevo es abierto, una especie de gran jeep que durante media hora se confundió entre la multitud a paso de hombre. Se lo veía comprensiblemente emocionado. Para sorpresa de la custodia, pidió que el vehículo detuviera su marcha al ver a un enfermo; se bajó, se acercó a las vallas, le dio un beso en la frente y lo bendijo. Cesare Cicconi, 50 años, que tiene el cuerpo todo paralizado, excepto su mano derecha, que apenas mueve, jamás olvidará este día y este gesto. Toda una definición de quién fue el cura Bergoglio y de cómo será el papa Francisco.

Luego llegó el momento de las tradiciones, que se siguieron en la Plaza por dos pantallas gigantes. En el interior de la Basílica, el Papa y los patriarcas católicos de rito oriental fueron en procesión hasta la tumba de San Pedro, donde se guardan el Anillo del Pescador (acorde a su decisión de acabar con la ostentación, es de plata y no de oro) y el palio de lana, los símbolos del pontífice. El anillo en el anular derecho se lo puso el histórico cardenal Angelo Sodano. Jean-Louis Tauran, el mismo que el 13 de marzo le dijo al mundo que el nuevo papa es Bergoglio, le colocó el palio alrededor del cuello.

Minutos después, puntualmente a las 9.30, comenzó la misa que involucró cinco lenguas: latín, italiano, inglés, español y griego. Claro que fue mucho más corta que los anteriores, porque según confiaron allegados a Francisco, lo que más le interesaba era que la atención estuviera en su homilía, un verdadero compendio de sus objetivos en el papado:

● “La vocación de custodiar (como José lo hizo con Jesús y María) no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión humana y corresponde a todos. Es custodiar toda la Creación, la belleza de la Creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra San Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, que son más frágiles y a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios”.

● “Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la Creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen ‘Herodes’ que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer”.

● “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos custodios del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para custodiar, también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia, ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad; más aún, ni siquiera de la ternura”.

● Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio. También el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio, que tiene su punto culminante en la Cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, a los más débiles, a los más pequeños”.

● Imploro la intercesión de la Virgen María, de San José, de los apóstoles San Pedro y San Pablo, de San Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros les digo: ‘Recen por mí’. Amén”. Y tras el “amén”, mirando a diestra y siniestra, al Papa argentino pareció que sólo le quedaba expresar: al que le quepa el sayo, que se lo ponga.

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Después muy poco más: la distribución de la comunión a lo largo y a lo ancho de toda la plaza, a cargo de 500 sacerdotes, el “podéis ir en paz” y, ya en el interior de la Basílica, los saludos a las delegaciones extranjeras, mientras el millón de fieles, muy lentamente, se iba desconcentrando a pie, cruzando el Tíber por el puente Vittorio Emanuele II, o en el metro, por la estación Octaviano. Todos emocionados, todavía con las palabras de Francisco sonando en sus mentes, aunque muchos sin darse cuenta de que pasaban frente al pequeño cine donde fue repuesta Habemus Papam, la película del italiano Nanni Moretti, sobre la crisis existencial de un cardenal que es elegido Sumo Pontífice y se resiste a asumir ese mandato. El mismo filme en el que, durante una de las escenas más hermosas, aparece la voz de nuestra Negra Sosa: “Cambia lo superficial/ cambia también lo profundo/ cambia el modo de pensar/ cambia todo en este mundo/ Pero no cambia mi amor/ por más lejos que me encuentre/ ni el recuerdo ni el dolor/ de mi pueblo y de mi gente/ Lo que cambió ayer/ tendrá que cambiar mañana/ así como cambio yo en esta tierra lejana”.

Profético, Moretti no sólo imaginó la renuncia de Benedicto XVI –hecho inédito en ocho siglos–, sino también que los cambios llegarían en idioma castellano.

Peregrinos de todo el planeta y fieles de Roma se reunieron en el Vaticano para escuchar la misa de consagración. Se calcula que llegaron a un total de 300.000 los peregrinos que se acercaron para verlo y escucharlo.

Peregrinos de todo el planeta y fieles de Roma se reunieron en el Vaticano para escuchar la misa de consagración. Se calcula que llegaron a un total de 300.000 los peregrinos que se acercaron para verlo y escucharlo.

Francisco luce los trajes y ornamentos para dar su primera misa como Sumo Pontífice de Roma. Momento de recogimiento. El Papa reza y el mundo todavía reflexiona sobre sus palabras en una homilía que habló de bondad, cuidar la naturaleza, conservar la esperanza y pensar y actuar por y para los pobres. El Santo Padre imparte la bendición final con la Virgen y el Niño Jesús intercediendo por él.

Francisco luce los trajes y ornamentos para dar su primera misa como Sumo Pontífice de Roma. Momento de recogimiento. El Papa reza y el mundo todavía reflexiona sobre sus palabras en una homilía que habló de bondad, cuidar la naturaleza, conservar la esperanza y pensar y actuar por y para los pobres. El Santo Padre imparte la bendición final con la Virgen y el Niño Jesús intercediendo por él.

Tras la ceremonia del pontificado, la Presidenta abrió la ronda de saludos que ofreció Francisco ante los líderes de las 132 comitivas oficiales. Cristina, que el lunes pasado fue el primer jefe de Estado en visitar al Papa en audiencia privada, volvió a emocionarse e incluso se le cayeron unas lágrimas.

Tras la ceremonia del pontificado, la Presidenta abrió la ronda de saludos que ofreció Francisco ante los líderes de las 132 comitivas oficiales. Cristina, que el lunes pasado fue el primer jefe de Estado en visitar al Papa en audiencia privada, volvió a emocionarse e incluso se le cayeron unas lágrimas.

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