“La cocaína es la voz de Dios diciendo que ganás demasiado dinero” – GENTE Online
 

“La cocaína es la voz de Dios diciendo que ganás demasiado dinero”

Actualidad
Actualidad

Es la caspa del Diablo”, definía Robin Williams (63) a su peor enemigo, la cocaína. Los ojos celestes, el semblante sereno y el physique du role todoterreno eran la corteza que escondía a un hombre desesperado: acosado por fantasmas y demonios desde su juventud. “No tengo paz interior. Nunca la tuve”, confesaba, aludiendo a su guerra sin cuartel contra las adicciones.

Igual que su célebre personaje del doctor Patch Adams, su terapia fue la risa, aunque nunca le sirvió como autoayuda. “Robin pasó gran parte de su vida tratando de ayudar a otros: quería hacernos reír para que nos sintiéramos menos aterrados”, dijo hace unos días Susan Schneider, su última mujer. Miedo. Esa fue la sensación que lo embargó desde el día en que probó la cocaína: “Algunas personas creen que la droga los estimula. En cambio, para mí era un sedante. La usaba para abstraerme y no hablar con nadie. Empecé a sentirme paranoico, perseguido, y la serenidad me abandonó”.

Aunque el alcohol siempre estuvo a la vuelta de la esquina, en los últimos años logró controlar su adicción a las drogas, pero sumó un nuevo mal: “Sufría las primeras etapas del Parkinson”, reveló su mujer, que lo encontró muerto en su residencia de Tiburón, California.

ESCALERA AL EXITO. Hijo de un ejecutivo de la industria automotriz y un ama de casa, Robin McLaurim Williams nació el 21 de julio de 1951 en Chicago. “Mi madre era una enferma del optimismo, y mi padre, un pesimista radical. Por eso hay días en los que pienso que todo se está yendo al carajo, y otros en los que estoy convencido de que, entre todos, lograremos salir adelante”, decía, como síntesis de su crianza.

En 1967, su padre fue trasladado a Marina County, en California. Ya instalado cerca de la Meca del cine, la llama del teatro lo envolvió. Viajó a Nueva York y estudió en la prestigiosa academia Juilliard School, donde conoció a su luego gran amigo Christopher Reeve, el Clark Kent más popular de la historia.

Sobre el final de la guerra de Vietnam decidió presentarse a una audición. Fue en el ’76, y un año después debutó en Laugh-in. Dos años después interpretó a un extraterrestre en Mork&Mindy: una explosión de sus mil caras y voces que le valió su primer Globo de Oro y el comienzo de la fama. El trampolín para ganar sus primeros millones y filmar más de setenta películas. Pero la fama y la desdicha corrieron juntas. “La cocaína es la voz de Dios para decirte que estás ganando demasiado dinero”, dijo…, cuando ya era demasiado tarde…

GLORIA SIN GLORIA. Para Robin Williams los años 80 y 90 fueron como subir a un Fórmula Uno y no parar. Primero, el cine. Después, la larga noche de alcohol, drogas y mujeres. También su amistad con dos jóvenes estrellas: John Belushi y Robert De Niro. Los tres, pero sobre todo Robin, eran el alma de las fiestas del jet set en Beverly Hills, otros famosos rincones de Hollywood, y los locos parties de Studio 54, el famoso club nocturno de Nueva York regado de celebrities, cocaína y champagne francés. ¿El rey del lugar? Andy Warhol. En esa carrera, Robin no supo o no pudo apretar el freno de su Ferrari, y llegó la primera piña. El 5 de marzo de 1982, John Belushi (uno de los míticos Blues’s Brothers) apareció muerto en su habitación del Chateau Marmont, un clásico hotel de los suburbios de Los Angeles, después de una larga noche del trío en el Roxy de Beverly Hills. Causa: sobredosis de heroína. Una chica fue condenada por darle la droga letal y limpiar luego la escena… Robin quedó marcado por esa muerte. Aquella inyección fue el caldo de cultivo de una profunda depresión de la que ya no escaparía nunca…

EL EXORCISMO. El disparador que tuvo para alejarse del alcohol y la cocaína fue el embarazo de su primera mujer, Valerie Velardi, una bailarina con la que se casó el 11 de abril de 1978. Cinco meses antes del nacimiento de su hijo Zachary Pym (abril del ’83), decidió hacer buena letra y durante cinco años logró evitar “la caspa del Diablo”, como llamaba al polvo blanco. “La paternidad me enseñó que todo lo que hagas tiene consecuencias en el niño”, declaró más de una vez.

Faltaban cuatro años para Buenos días, Vietnam, su primer gran éxito, y tres para que su mujer le iniciara una demanda: lo acusó de infidelidad y de transmitirle un virus, producto de su relación con una camarera llamada Tish Carter. Su ex ganó el juicio y se alzó con seis millones de dólares. Más allá de que en el ’88 ya estaban divorciados, el nacimiento de Zach fue una primavera en su vida. Pasó veinte años lejos de las drogas y cerca de sus más grandes papeles: el psicoanalista de Matt Damon de En busca del destino (actuación que le valió el Oscar por Mejor Actor de Reparto), el profesor de La sociedad de los poetas muertos y la tierna Mrs. Doubtfire en Papá por siempre. Además, actuó bajo la batuta de geniales directores como Steven Spielberg y Francis Coppola. Nada menos… Un año después de su separación, Robin tenía una hija en camino: la llamó Zelda, inspirado en su fanatismo por un videojuego de Nintendo. ¿Su madre? Nada menos que Marsha Garces…, ¡la niñera de Zach! Por aquellos días, la joven no sólo se convirtió en su mujer: trabajó como productora en dos de sus películas más taquilleras: Buenos día, Vietnam y La sociedad de los poetas muertos. De entonces data esta definición: “El sexo es fantástico, pero cuando pensás que mantiene unida a una pareja, la respuesta no es la pasión, sino el humor, la amistad y la sensibilidad con el otro”. Ese matrimonio, que en 1991 le dio su tercer hijo, Cody Alan, se acabó en 2008, después de que Robin sufrió una recaída que no superó en tres años. Es cierto: nunca más volvió a las drogas: “Sabía que la cocaína iba a matarme más temprano que tarde”, declaró.

UNA LUCHA SIN FIN. En octubre de 2004 murió su amigo Christopher Reeve después de rodar con su caballo, accidente que lo dejó parapléjico durante casi una década: apenas movía dos dedos de una mano. En ese doloroso proceso, Robin fue como el ángel de la guarda del famoso Superman. El día en que éste supo que ya no volvería a caminar, el histrionismo de su amigo logró dibujarle una sonrisa: se disfrazó de médico ruso y entró a la habitación diciendo que debía hacerle una colonoscopia… Además, se hizo cargo de todos los gastos que no cubría la obra social, y apoyó cada gala de la Fundación Reeve. Así fue el Robin más luminoso. El que le hacía bromas telefónicas a Steven Spielberg durante la filmación de La lista de Schindler. El que amaba todo Hollywood.

La muerte de Reeve le pegó fuerte y cayó otra vez en la bebida. Pero lejos de una excusa, dijo: “El final de Christopher no fue el motivo. Fue más egoísta que eso. Fue sentir terror y pensar, ‘Oh, esta botella puede terminar con el miedo’, y no es así. Fue más temor y más ansiedad”.

...................................................................................................

Al mediodía del lunes 11 de agosto, la policía registró una denuncia: “Un hombre, identificado como Robin McLaurin Williams, de 63 años, residente de Tiburón, California fue declarado muerto a las doce y dos minutos”.

Agobiado por la depresión y el mal de Parkinson, trató de cortarse las venas y, al no lograrlo, se ahorcó con un cinturón. Susan Schneider, su tercera mujer desde 2009, declaró: “Había superado sus adicciones, pero la nueva enfermedad fue más fuerte que él, y le ganó la batalla”. Dejó una herencia de 130 millones de dólares muy bien ganados, y mucho más: las risas y las lágrimas de los millones que lo amaron frente a la pantalla.

...un drama. Así fue la vida de Robin. De su aparición en la tevé con Mork & Mindy (1978) a Absolutamente nada (film de ciencia ficción que se entrenará en el 2015), el gran actor edificó una carrera inigualable.

...un drama. Así fue la vida de Robin. De su aparición en la tevé con Mork & Mindy (1978) a Absolutamente nada (film de ciencia ficción que se entrenará en el 2015), el gran actor edificó una carrera inigualable.

Pocos actores tienen una carrera tan rica y prolífica como Robin Williams. ¿Premios? Muchos, pero destacamos el Oscar 1998 al Mejor Actor de Reparto por En busca del destino. Otras tres veces fue nominado como Mejor Actor. Trabajó bajo las órdenes de grandes como Steven Spielberg, Woody Allen, Francis Ford Coppola, Gus Van Sant, Christopher Nolan, Terry Gilliam, Robert Altman, Peter Weir, Danny De Vito, Paul Mazursky y Kenneth Branagh, entre otros directores de culto.

Pocos actores tienen una carrera tan rica y prolífica como Robin Williams. ¿Premios? Muchos, pero destacamos el Oscar 1998 al Mejor Actor de Reparto por En busca del destino. Otras tres veces fue nominado como Mejor Actor. Trabajó bajo las órdenes de grandes como Steven Spielberg, Woody Allen, Francis Ford Coppola, Gus Van Sant, Christopher Nolan, Terry Gilliam, Robert Altman, Peter Weir, Danny De Vito, Paul Mazursky y Kenneth Branagh, entre otros directores de culto.

“Sabía que la cocaína iba a matarme, más temprano que tarde”, confesó. Al morir, Williams llevaba más de tres años sin probar drogas.

“Sabía que la cocaína iba a matarme, más temprano que tarde”, confesó. Al morir, Williams llevaba más de tres años sin probar drogas.

Más información en gente.com.ar

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig