La boda real – GENTE Online
 

La boda real

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Mirar al cielo. Fue lo primero que hicieron los novios el sábado, a las 7 de
la mañana. El día que se iban a casar, Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias, y
Letizia Ortiz Rocasolano, futura Reina de España, pudieron ver, desde el Palacio
Real, el cielo gris plomizo que acechaba Madrid. Y sí, la boda más esperada en
España por años, fue boda pasada por agua. Así que la lluvia no es que empañó,
empapó la fiesta popular que todos esperaban en las calles, desde la Catedral de
La Almudena hasta la Basílica de Atocha, pasando por la Gran Vía, Plaza de
Cibeles y Neptuno. Miles de españoles, y entre ellos turistas de todo el mundo,
allí estaban, en la calle, mirando hacia arriba.

Así que el cielo iría marcando cambios en el guión protocolar. La lluvia aguantó
lo suficiente como para que los reyes pudieran recorrer caminando el trayecto
del Palacio hasta La Almudena. Rosario Blázquez -valenciana, 52 años- vio
justificado, entonces, su esfuerzo y paciente espera. Había empezado a acampar
el viernes a las 6 de la mañana (¡un día y cinco horas antes!), junto a la valla
más cercana, para ver el cortejo nupcial. "¡Hombre, yo de aquí no me muevo
aunque caigan chuzos de punta, vamos! Para eso me traje chubasquero"
, nos había
dicho el viernes. Y le hizo falta la gabardina. Tanto que, por la lluvia, Letizia debió llegar a la Catedral en el Rolls Royce Phantom IV. Adentro, el
príncipe Felipe esperaba ansioso. Y junto a él, 1.700 privilegiados invitados.

Allí, junto al altar, podía descubrirse, mejor representado que nunca, el cuento
de hadas que estaba por consumarse. De un lado, la familia real a pleno,
encabezada por el Rey Juan Carlos, la Reina Sofía y las infantas Elena y
Cristina con sus respectivos esposos. Del otro, enfrentados, la familia de la
novia: su padre, Jesús Ortiz (fue comentada la ausencia de su segunda esposa,
Ana Togores, por decisión propia, se supo); su madre, Paloma Rocasolano; sus
hermanas, sus abuelos. Todos, en fin. Gente de clase media, gente común,
trabajadora. O sea, ahí estaba Letizia, ex periodista de profesión hasta su
compromiso con el Príncipe (en noviembre pasado). Ahí estaba la plebeya a punto
de convertirse en Princesa de Asturias. Un signo de los tiempos, después de
todo, si se piensa en nuestra Máxima unida al príncipe Guillermo de Holanda o
Mette-Marit, integrando la realeza noruega tras casarse con el príncipe Haakon.

Unos días antes, en la calle, el ingenio de un taxista, permitía tomarle el
pulso al acontecimiento: "Menudo bodón que ha montado la locutora", nos dijo
cierto Rolando Rivas local. Y es cierto, claro. Una boda con emociones
contenidas, pero con todo esto para guardar en el álbum de recuerdos.

TEMPERAMENTO. Esa es la palabra, la cualidad que primero surge cuando se habla
de Letizia. La calle la apoya, y resume su personalidad en dos palabras: "Tiene
cojones"
. La aristocracia la mira de reojo, por eso de la nobleza.

LO MAS EMOTIVO. En una ceremonia donde no hubo lágrimas -parecieron a punto de
quebrarse los reyes, pero no ocurrió-, la mayor emoción llegó en la voz de Menchu Alvarez, la abuela paterna de la novia, célebre locutora de la radio
asturiana, cuando le tocó leer un fragmento alusivo de San Pablo. Más que leer,
interpretó. Y, por primera vez en toda la mañana, un escalofrío atravesó a la
catedral.

DOS PREGUNTAS
. ¿Por qué Carolina llegó y presenció sola la boda, pese a que
viajó con su esposo, Ernst de Hannover, presente sin embargo en la cena de El
Pardo del viernes y en el banquete nupcial post boda? Nadie lo supo explicar. Y
sólo se escucharon comentarios malignos. El más frecuente: "La cerveza hace
estragos"
. Segunda duda: ¿Por qué el príncipe Carlos dejó el banquete nupcial
antes que todo el mundo, cuando aún no habían servido el café? Misterio real.

LAS MAS ELEGANTES. Por supuesto, La Almudena y el Palacio Real se convirtieron
en una auténtica pasarela por la que desfilaron jefes de Estado de todo el mundo
y representantes de más de 30 casas reales. Si ese ranking virtual -decíamos-,
lo encabezó Máxima, otras invitadas que acapararon elogios fueron: Sonsoles
Espinosa, la esposa del presidente José Luis Rodríguez Zapatero (con un Elena
Benarroch); la Reina Noor de Jordania; Magdalena de Suecia (Armani); la Infanta
Cristina (Jesús del Pozo); la modelo top española Laura Ponte (Jesús Palacio);
Carolina de Mónaco (Chanel); la Infanta Elena (Christian Lacroix), y la mamá de
la novia Paloma Rocasolano (Felipe Varela). Dentro del rubro, pero destacando
por extravagancia, nadie superó a la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, con un
vestido de su creación, rojo estridente, con dos corazones, uno amarillo
conteniendo otro violeta. Provocativa como siempre. Perdón, sólo superado por
Marta Luisa de Noruega, de amarillo huevo con motivos rojos ("Es un homenaje a
España
", se defendió).

LAS AUSENCIAS. Tres llamaron especialmente la atención, las tres de
Latinoamérica: nuestro presidente, Néstor Kirchner, y los mandatarios de Brasil
y Chile, Lula y Ricardo Lagos.

COSAS DE CHICOS. Los pajes, clara referencia al siglo XVIII español y a Goya,
dieron que hablar. Por look, impecables en sus trajes dorados y blancos a cargo
de Lorenzo Caprile. Y por comportamiento. Dentro de La Almudena, los chicos se
comportaron como... chicos. Cumplieron ese rol los nietos de los reyes: Felipe
Juan Froilán y Victoria Federica (hijos de la Infanta Elena y Jaime Marichalar);
Juan Valentín, Pablo Nicolás y Miguel (hijos de la Infanta Cristina e Iñaki
Urdangarín), y Carla (la sobrina de Letizia). Todavía se comenta una patada
tremenda de Froilán a Carlita. ¿Problemas de familia?

QUE SE BESEN.
Fue, sin duda, una de las máximas decepciones que se recogieron
tanto en la calle como en los comentarios periodísticos: el tímido beso (en la
mejilla las dos veces) que se dieron los ya Príncipes de Asturias en el balcón
del Palacio Real. Todos esperaban más pasión.

Llega el momento de retirarse a escribir. En las calles todavía resuenan los "¡guapaaaaaaaaaaa!",
cada vez que aparece ella en una imagen. Se sigue escuchando el chiste más
repetido: "¿Sabes cómo conoció el Príncipe a Letizia?" No. "Haciendo zapping,
hombre"
. Je. Je. Y mientras el tiempo sigue dando que hablar, alguien apela a
los dichos populares: "Novia lluviosa, novia dichosa". Sí, es cierto, a la
flamante Princesa de Asturias le espera un gran porvenir. Pero si de dichos
populares se trata, por estas horas esa mujer seguramente recordará de manera
especial otro. Ese que dice: "Reina por un día". Aunque debería tener un
agregado: "Reina por un día, reina para siempre".

Felipe y Letizia dentro de la catedral madrileña, a punto de consagrarse marido y mujer. 
El momento se vio en todo el mundo. Eran las 11.17. Minutos después, ya como matrimonio, comenzaban un día que jamás olvidarán.

Felipe y Letizia dentro de la catedral madrileña, a punto de consagrarse marido y mujer.
El momento se vio en todo el mundo. Eran las 11.17. Minutos después, ya como matrimonio, comenzaban un día que jamás olvidarán.

En el altar mayor de la Catedral de La Almudena, Felipe y Letizia se juran votos de matrimonio y se convierten en esposos. Así es como la Corona española, una de las más importantes de Europa, recibe a su nueva princesa. Es el mediodía de un sábado lluvioso histórico para la vida monárquica del país. Afuera, España entera lo celebra.

En el altar mayor de la Catedral de La Almudena, Felipe y Letizia se juran votos de matrimonio y se convierten en esposos. Así es como la Corona española, una de las más importantes de Europa, recibe a su nueva princesa. Es el mediodía de un sábado lluvioso histórico para la vida monárquica del país. Afuera, España entera lo celebra.

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