«La Argentina es un país con más opciones que dos años atrás» – GENTE Online
 

"La Argentina es un país con más opciones que dos años atrás"

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¿Recuerda lo que dijo antes de asumir?
–¿Qué dije?

–Que haría una “diplomacia anfitriona”…
–Aprendí que eso era imposible.

–¿O lo dijo para que su mujer se quedara pensando que estaría más tiempo
en su casa?
–No, pero cada vez que estoy afuera extraño a mi mujer, a mis hijos, estar
los cuatro en la cama viendo una película…Casi siempre estoy de viaje, pero
privilegio volver rápido. Además, porque cada vez que viajo con mi mujer tengo
que pagarle el pasaje. Cuando terminamos de pagar las cuotas de uno, pensamos en
el otro. Hice cuatro viajes con ella, nada más.

Si de la Tierra a la Luna hay 384.400 kilómetros, en los dos años que lleva
al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio
Internacional y Culto
, Rafael Bielsa recorrió ida y vuelta esa distancia. Y
de yapa, le sobraron 23.289 kilómetros. Dio, por lo tanto, 19,7 vueltas al
mundo. Semejante despliegue, asegura, rindió sus frutos: en 2004, el total de
exportaciones –consecuencia de numerosas misiones comerciales– ascendió a 34.452
millones de dólares, un 16,53 por ciento más que en 2003. “De 75 países donde
tenemos embajadas bilaterales, en 59 hubo un crecimiento. Y nos han acompañado
en las misiones un total de 2.291 empresas
”, señala.

–De cada una de las estaciones, imagino, tendrá imágenes, recuerdos,
anécdotas…
–No demasiado; definitivamente no se hace turismo siendo canciller… Es una
tarea fatigosa. Uno llega a un país, y tiene que leer la biografía de quien va a
entrevistar, tener los puntos de conversación articulados, saber qué va a pedir
uno, qué puede conceder, qué está comerciando. En Pekín, recuerdo, me alojé en
un hotel desde donde veía, desde el balcón, la Ciudad Prohibida, un lugar con el
que fantaseo desde que vi la película El último emperador. Llevo tres o cuatro
viajes a China, y nunca pude visitarla, y tampoco la Gran Muralla.

–¿Nunca, pero nunca un poco de turismo?
–Bueno, una vez sí. En El Cairo, Egipto, cuando íbamos a tomar el avión de
vuelta, descubrimos que la agencia de viajes no nos había endosado los pasajes.
Me agarré una bronca terrible. A alguien se le ocurrió visitar la Ciudad de los
Muertos. ¿Sabe qué es?

–No.
–Un antiguo cementerio donde viven más de quinientas mil personas, gente sin
techo. Pero lo increíble es… ¡que sigue funcionando como cementerio! Es muy
impresionante ver, en una tumba, un taller mecánico. En Egipto, además, cumplí
un sueño: conocer la biblioteca de Alejandría. ¿Sabe qué me dijo hace poco el
canciller de ese país? “Ustedes no se imaginan cuánto más fácil es para la
Argentina vender carne al mundo árabe después de que su canciller pidiera
comenzar la visita por Alejandría”. Es que capturar nuevos mercados no es una
operación meramente comercial. Incluye, y en una medida importante, lo cultural.

–Usted contó que se enroló como voluntario durante la guerra de Malvinas.
¿Al gobierno lo tomó por sorpresa que la Unión Europea declarara a las Islas
Malvinas como territorio de ultramar?
–Es cierto, fui voluntario en 1982, y hace poco encontré una nota del New
York Times, donde un periodista norteamericano me entrevistó a mí, por
casualidad, en esa fila. Y acerca de su pregunta, no nos tomó por sorpresa. El
tema tomó estado público el 23 de abril, y nuestra protesta se hizo el 20 de
abril. Se armó una polémica con un error de fechas básico. La Cancillería estaba
alertada antes de que tomara estado público.

–Antes nombró a China, y precisamente, sobre esa relación se escribieron
tantos kilómetros de tinta como kilómetros lleva usted recorridos. Hubo mucha
expectativa con anuncios de negocios por 20 mil millones, idas y venidas. ¿Qué
quedó en limpio?
–Siempre tuve claro, desde la primera vez que me encontré con los chinos,
que sería mucho más importante el último viaje a China del Presidente, de este
canciller, o del canciller que venga en este mandato, que el primero. La
relación con China hay que trabajarla a largo plazo, algo que no está en la
cultura de los negocios ni política de los argentinos.

–¿Cómo se lleva con los aviones cuando se mueven…?
–Ningún problema. Cierta vez, en un avioncito, un Lear Jet que había estado
en la guerra de Malvinas, que creo se llama Virgen de Luján (Nota: el mismo con
que viajó a Brasil el jueves), íbamos a Brasilia. Nos metimos en un frente de
tormenta. Se movía feo. Dos compañeros de viaje, que no voy a nombrar, rezaban,
y yo iba escribiendo. Así que bien, pero los viajes desgastan. Volamos en
business, prohibí los viajes en primera. Se duerme sentado. La primera vez que
fui a China, volvimos por el Pacífico. Me llevó diez días estabilizarme.

–¿Y cómo hace, algún tipo de gimnasia especial?
–¡No sé cómo hago! Y no sé si después, con el tiempo, se pagarán los
precios.

–¿Cuál fue el viaje más difícil?
–Quizás el de septiembre de 2003, a la reunión de la Ronda Doha de Comercio
en Cancún. Ibamos un lunes, y el martes, por la mañana, el país estuvo en
default con los organismos internacionales durante unas horas. Hubo un gran
debate sobre si teníamos o no que ir. Finalmente el Presidente me dijo que no
teníamos que dejar ninguna silla vacía donde podamos defender el interés
nacional.

–Dentro del Grupo de los 20 formado en Cancún, cada uno cuida su quinta
también. Por ejemplo, hay tensiones con Brasil por los subsidios que ese país
aplica.
–Es diferente, porque se da hacia el interior del Mercosur. El problema con
Brasil es por no haber cumplido con el tratado de Asunción. Allí dice que los
países tienen que nivelarse macroeconómicamente, pero como no sucede, hay
asimetrías. Así como nos quejamos de ellos en algunos ítem, ellos se quejan de
nosotros por el mercado vitivinícola.

–En enero de este año, usted presidió el Consejo de Seguridad de la ONU.
Ese es otro de los temas ríspidos con los brasileños. Porque ellos pretenden una
silla permanente, y nosotros no queremos.
–Argentina tiene una posición histórica: un Consejo de Seguridad con más
miembros permanentes será cada vez más elitista. Y esto se para con más
democracia. Cuando tuvo lugar la Revolución Francesa, no se trataba de convertir
a Robespierre en noble, sino de terminar con la nobleza. Y esto no es sólo con
Brasil, sino con cualquier país que pretenda ser miembro permanente.

–Hoy, usted es el jefe de la diplomacia argentina. ¿El estilo del
Presidente, que por ejemplo se vuelve un día antes de Brasil y eso se transforma
en críticas en todos los periódicos de aquel país, no lo hace transpirar un
poco?
–No… La cosa fue así en Brasilia. Teníamos cuatro bilaterales. Entre ellas,
una con Lula y otra con Chávez. Fuimos a cenar a la Granja do Torto, donde vive
Lula. Estaban él, su canciller Marco Aurelio García, el presidente Kirchner y
yo. Chávez se demoró una hora y media en llegar por problemas con su avión.
Entonces, aprovechamos para hacer la bilateral con Lula, que se iba a hacer al
día siguiente. Cuando terminó la cena, decidimos no hacer esa reunión. Y el
Presidente volvió al país. Fue así. Pero sobre el estilo del Presidente hay algo
más…

–Cuente...
–Hay que leer las cosas que se dicen los presidentes en todo el mundo. Bush
y Putin se han dicho cosas horrendas, Chávez con Bush, Schroeder con Berlusconi,
Mesa con Lagos, Rodríguez Zapatero con Bush, Lagos con Lula en Cuzco. No son
reuniones sociales, se discuten intereses. Yo me tomé un trabajo (pide que lo
traigan, vuelven con una carpeta)… Mire: “Cruces entre presidentes”. Sucede que
en nuestro país, la década pasada la economía estuvo por encima de la política,
a tal punto que era más canciller un ministro de Economía que uno de Relaciones
Exteriores. Eso, en este gobierno, no sucede, porque la política está por
encima. Y, gracias a eso, la Argentina es un país con más opciones que dos años
atrás.

–Usted se llevaba bien con Colin Powell. ¿Cómo lo hace con su sucesora
como secretaria de Estado, Condoleeza Rice?
–Me llamó la atención un par de cosas en la reunión bilateral que tuvimos.
Primero, el nivel de conocimiento y la minuciosidad de sus preguntas sobre
Latinoamérica y la Argentina. Y lo otro, su calidez, lejos de la imagen metálica
que da. Es muy afable, mira a los ojos, tiene un diálogo muy agradable. Como
toda relación personal, las cosas se construyen trabajando.

–Que viajó, viajó. Y, como Gulliver, el personaje de Jonathan Swift, habrá
conocido gente de una estatura intelectual enorme, y otros, enanos, que lo han
decepcionado.
–Vamos por los gigantes. Le podría decir Chirac, aunque lo vi tres veces y en
una conversación donde los interlocutores fueron los presidentes. Prefiero
señalar gente con quienes trabajé: Dominique De Villepin –canciller francés– un
hombre del Renacimiento, una potencia intelectual; el secretario general de la
Liga Arabe, Amr Musa, importantísimo; y Bo Xilai, el ministro de Comercio chino,
un negociador dificilísimo. El me dijo: “La Argentina tiene cuatro cosas que a
medida que pase el tiempo serán más importantes: agua, energía renovable
–eólica, hídrica–, relación entre habitantes y metros cuadrados, y aire limpio.
Eso, cada año que pase, valdrá más dinero”. Y al mismo tiempo de elogiarme, me
estaba diciendo: “Ustedes sabrán qué hacen con todo eso”.

–Hace un rato, dijo esto textualmente: “Será mucho más importante el
último viaje a China del Presidente, de este canciller, o del canciller que
venga en este mandato”. ¿Significa que ya piensa en su candidatura a diputado
por el PJ en la Ciudad de Buenos Aires?
–No, hasta ahora el Presidente no me pidió nada. Si lo hace, me retiraré 48
horas para reflexionar… y le diré que sí.

–Conoció 108 ciudades. ¿Qué le gustaría de alguna de ellas para Buenos
Aires?
–¡Qué paradoja! Quizá la civilidad del tránsito de Berlín, y el bullicio de
Roma, que no es ordenada, pero después de Buenos Aires es la que más me gusta
del mundo. Sin embargo, me gusta estar acá. Cuando viajo, me convierto en un
extrañador crónico. Este, en realidad, no es un trabajo para hacer por mucho
tiempo, porque deteriora la calidad de vida de una manera muy marcada. Uno puede
acostumbrar al cuerpo al jet lag, pero no al espíritu a la falta afectiva.El canciller y un plano de su hogar desde hace dos años: el mundo. Visitó 32 
países, 108 ciudades y cuenta: “<i>De 75 países donde tenemos embajadas<br />
bilaterales, en 59 hubo un crecimiento comercial</i>”.

El canciller y un plano de su hogar desde hace dos años: el mundo. Visitó 32
países, 108 ciudades y cuenta: “De 75 países donde tenemos embajadas
bilaterales, en 59 hubo un crecimiento comercial
”.

Con el presidente Néstor Kirchner en la ONU. Bielsa defiende el carácter del 
Presidente: “<i>El no va a reuniones sociales. Va a discutir intereses</i>”.

Con el presidente Néstor Kirchner en la ONU. Bielsa defiende el carácter del
Presidente: “El no va a reuniones sociales. Va a discutir intereses”.

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