“Juana siempre será una persona muy importante en mi vida” – GENTE Online
 

“Juana siempre será una persona muy importante en mi vida”

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Cómo se define? “Soy un actor enamorado de su trabajo. El teatro es uno de los grandes motores de mi vida”. ¿Otra pasión? “Soy un loco por el fútbol. En Buenos Aires juego cuatro veces por semana. Pero hace cinco meses me corté los ligamentos cruzados de la rodilla y me operaron en abril. Igual, lo mío no es la creación. Más bien soy un volante de contención, de esos que raspan…”.

¿Existe la botinera chilena? “Me lo preguntas por la próxima tira –Botineras– donde seré un oscuro representante de jugadores, ¿no? ¡Claro que existen en Chile...! Imagino que pasa en todos lados, sólo que en mi país no están catalogadas como en la Argentina”. ¿Y quién tiene más éxito con las mujeres: los futbolistas o ustedes, los actores? “No es que me queje, pero no tengo dudas de que los futbolistas son más ganadores que nosotros…”. ¿Es cierto que ahora se dedica al espiritismo? “Es verdad. Soy el líder de una iglesia de la salvación que busca fieles. Pero eso tiene que ver con mi próxima película, Olvídame –el film de Aldo Papparella que protagoniza con Antonella Acosta–, donde mi personaje intenta salvar el alma de la gente a través de la muerte. Es una historia de amor”.

La señal no es buena: existe cierto delay entre las preguntas y las respuestas. La cordillera es la primera barrera que limita la comunicación. La segunda es el entrevistado, que desde 2001 –cuando surgió al estrellato en su país con Los machos– vio que en su vida los límites entre lo público y lo privado se volvieron difusos. Por eso Gonzalo Valenzuela (31) mide mucho sus palabras, aunque la verdad es que de a poco se va a animar a hablar de todo… o casi: su hijo Silvestre, su ex Juanita, el recuerdo de sus padres, su hermano. “Nunca voy a llevarme bien con la prensa amarilla. Me interesa que la gente vaya al cine a ver mis películas, no que conozca mi intimidad…”, es lo primero que advierte.

A esta altura, ya es un hecho la separación entre Valenzuela y Juanita Viale del Carril. Igual, existen muchas cosas que no cambiarán, como la vida de Gonzalo entre Santiago y Buenos Aires. De aquel lado acaba de armar su propia productora, que lleva el nombre de Mori –igual que el centro cultural que fundó junto a Benjamín Vicuña–, y el primer proyecto fue la versión chilena de Humanos en el camino (ciclo que aquí condujo Gastón Pauls) que graba su segunda temporada. Y el 20 de agosto Gonzalo estrena en su país Perfidia, “cine experimental, de laboratorio”, del director boliviano Rodrigo Bellot.

En Buenos Aires también lo espera mucho trabajo. Aún debe terminar de grabar Olvídame y ya arregló su participación en Botineras. Frente a tantos proyectos, Gonzalo decidió bajarse de La cocina, la obra dirigida por Alicia Zanca en el teatro San Martín. “Valenzuela tenía problemas, su vida estaba muy complicada…”, fueron las explicaciones de la directora, y todos comenzaron a especular: “Está deprimido por su separación”; “No puede soportar la nueva relación de Juanita”.

–Aclaremos, Gonzalo. ¿Por qué te bajaste de La cocina?
–Me dolió mucho hacerlo, pero no me daban los tiempos. Pero por respeto a Alicia, a mis compañeros y al San Martín, no podía aceptar tal desafío sin estar al cien por ciento de mi capacidad.

–¿Sabés que algunos medios dijeron que estabas mal anímicamente por tu separación de Juanita?
–¡Ja, ja! Es que son muy básicos, se agarran de eso porque no tienen información; es gente que habla sin conocerme, simplemente porque son amarillos.

–¿Sos de encerrarte si te toca vivir un duro trance, o te refugiás en el trabajo?
–Depende… He pasado cosas muy fuertes en mi vida: en poco tiempo perdí a toda mi familia y el trabajo fue algo que me ayudó para salir adelante. Cuando murieron mis padres y mi hermano, no me quedó otra que ser independiente (NdR: su hermano Fernando murió en un accidente cuando Gonzalo tenía 12 años; su papá, Gonzalo, y su mamá, Mariana, fallecieron de cáncer casi al mismo tiempo, en 2001). Los viejos no me dejaron ningún tipo de herencia. Entonces, tuve que mirar para adelante y ponerme a trabajar. Y no paré más. El trabajo es lo que me apasiona. No podría estar sin trabajar. Sin dudas, fue mi cable a tierra. El otro puntal fueron mis amigos.

–¿Les vas a dar prioridad a los trabajos en Argentina para estar cerca de tu hijo Silvestre?
–A ver: creo que todos los factores pesan. Está la Argentina, que me gusta muchísimo y por eso hace años que vivo entre Santiago y Buenos Aires. Obviamente que eso se acentuó porque tengo a Silvestre aquí, y uno siempre quiere estar cerca de su hijo. Por otro lado, no asumiría un trabajo que no me guste sólo por estar cerca de Silvestre, porque los tiempos de la tele son muy largos.

–¿Podrías definir qué clase de padre sos?
–Me gustaría ser como mi padre fue conmigo: un gran amigo, gran deportista, muy compinche; me dejó un hermoso ejemplo.

–¿Lo tenés idealizado?
–Para nada. Tengo claro qué clase de persona fue y todo lo que me enseñó. Fue un padre muy feliz, la persona que me marcó en la vida, aunque más allá de eso, trato de no copiar los defectos que pudo haber tenido.

–¿Pudo ver tu crecimiento como actor?
–Papá murió en el 2001... Digamos que fue justo cuando mi carrera comenzaba a ascender. Yo había ingresado en la escuela de teatro y comencé con las primeras obras. Nunca me vio en la tele, pero sabía de mi vocación.

–¿Y de quién heredaste la pasión por la actuación?
–Papá era ingeniero –nada que ver con lo artístico–, y mamá nunca estuvo convencida de esto, porque le traía recuerdos. Pero yo me enamoré de la actuación gracias a mi hermano mayor, Fernando. El se había mudado a una casa con un grupo de amigos que no paraba de crear. Allí conocí este mundo.

–Una vez dijiste que Juana fue lo mejor que te pasó en la vida. ¿Cambió hoy esa percepción?
–Para nada. Sigo pensando exactamente lo mismo: Juana siempre será una persona muy importante en mi vida, porque es la mujer que me dio un hijo.

–Por acá dicen que estarías en pareja con una chica llamada María Campos…
–(Ríe) Tú sabes que ésos son lugares en los que trato de no entrar. No voy a aceptar ni a desmentir este tipo de cosas, porque no me meto en ese terreno. “No ha lugar”, como dicen los jueces…

–Es algo difícil de evitar. Hace unos días te fotografiaron bien acompañado en un boliche de Palermo.
–Estábamos en un grupo grande, festejando el rodaje de la tira en un boliche (Esperanto), y sacaron unas fotos cuando estábamos bailando. Nada que ver. Me interesa que se cuente lo que hago laboralmente. En cambio, desmentir rumores lo siento como una energía perdida. Y es importante cuidar la energía. En el set de filmación de Olvídame, Gonzalo posa para la lente de GENTE. Con un hijo y mucho trabajo en Buenos Aires, el chileno ya se siente parte del mundo porteño.

En el set de filmación de Olvídame, Gonzalo posa para la lente de GENTE. Con un hijo y mucho trabajo en Buenos Aires, el chileno ya se siente parte del mundo porteño.

Pleno rodaje de Olvídame, la película que Gonzalo está filmando bajo las órdenes de Aldo Paparella, en una escuela abandonada en Pilar. En ella juega fuertes escenas con Antonella Costa.

Pleno rodaje de Olvídame, la película que Gonzalo está filmando bajo las órdenes de Aldo Paparella, en una escuela abandonada en Pilar. En ella juega fuertes escenas con Antonella Costa.

“La Argentina me gusta mucho. Por eso, hace años que vivo entre Santiago y Buenos Aires. Obviamente que eso se acentuó porque tengo a Silvestre aquí, y uno siempre quiere estar cerca de su hijo”

“La Argentina me gusta mucho. Por eso, hace años que vivo entre Santiago y Buenos Aires. Obviamente que eso se acentuó porque tengo a Silvestre aquí, y uno siempre quiere estar cerca de su hijo”

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