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Joaquín Furriel: “No siempre me imaginé dedicándome a la actuación; tuve mis crisis”

Joaquín Furriel: “No siempre me imaginé dedicándome a la actuación; tuve mis crisis”

Leo Ibáñez

Con más de media vida profesional, a los 45 años llega como protagonista del film ‘La corazonada’. Desde su aislamiento porteño nos hace un pintoresco recorrido por su carrera, cuenta cómo ayuda a su hija con las materias y evita hablar sobre su condición civil: “Me va mejor cuando no contesto…”, argumenta.

Dixi Furriel: “La pandemia nos deja la certeza de que, si todos queremos un mundo mejor, debemos aferrarnos a valores como la solidaridad y pensar en trabajar por Estados más eficaces. Ya no podemos hacernos los tontos: el sistema cambió y también debe cambiar nuestra conciencia”.

“Bastante extraño, ¿no?”, pregunta, consciente de que la situación es así. Claro, se avecina su próximo estreno, una película –La corazonada– que desde el jueves 28 de mayo podrán ver cerca de 183 millones de abonados en más de 190 países, y ni alrededor ni en el horizonte de Joaquín Furriel (45) pueden divisarse confortables sillones televisivos aguardándolo, sesiones especiales de fotos, cuartos de hotel preparados para eternos junkets promocionales, conferencias de prensa, y menos aún multitudinarias premières y red carpets internacionales. “Sí, bastante extraño”, se responde solo desde su casa, cuando jugamos a enumerarle las situaciones habituales que ahora no se concretarán. Porque aquí y ahora apenas forman parte de la escenografía él, GENTE y dos teléfonos: “Ojalá la próxima nos conozcamos las caras. Aunque por la circunstancia, jamás olvidaremos esta nota”, plantea positivo.
–Bueno, no hay “corazonada” que pudiera imaginar la llegada al mundo de una pandemia como la del Covid-19…
–(Suspira) Cierto. Recuerdo que un domingo de agosto de 2019 cerré Hamlet (en el Complejo Teatral de Buenos Aires), y el lunes empezamos como si nada el rodaje en la ciudad y la provincia. ¡Nadie suponía algo parecido para el lanzamiento! Sin embargo, meses después la cuarentena me sorprende acá, puertas adentro, hablando de un filme en el que trabajé con un equipo de gente creativo, brillante y conocido. Porque la dirigió Alejandro Montiel y parte del guion pertenece a Mili Roque Pitt, amigos con los que me vuelvo a cruzar tras Un paraíso para los malditos (2013), mi primera película para cine.

En el thriller de suspenso “La corazonada” encarna al controversial inspector Francisco Juánez. El filme –que se conocerá el jueves 28 de mayo y es una suerte de precuela de “Perdida” (2018), también protagonizada por su actual compañera, Luisana Lopilato–, está escrito por Mili Roque Pitt, Alejandro Montiel y Florencia Etcheves, y se basa en la novela “La virgen en tus ojos”, también de Etcheves, ideóloga de la saga.


–¿Qué sintió cuando vio La corazonada terminada?
–Sentarme por primera vez ante una película propia no me resulta fácil. Hay demasiada energía entre lo que uno intentó aportar en el set y las etapas de edición, música y demás tratamientos posteriores. Sos parte de un engranaje –fotografía, vestuario, maquillaje, peinado, todas las áreas técnicas– que se pone en evidencia en el producto final. Pero sí, admito que me encantó, que me dejó tranquilo.
–¿La disfrutó solo?
–Sí, si bien la volví a ver con mi hija (Eloísa, 12). “Pero ¿es buena o mala?”, me preguntaba en medio de la trama. “¿Vos hiciste o no hiciste eso?”, trataba de que le anticipara. Hasta que redescubrí el filme como espectador, porque lo que genera este thriller es un gran suspenso.
–¿Qué es lo que le suscita mayor placer del cine: cuando lo llaman con un buen proyecto, cuando empieza a filmarlo o cuando se estrena?
–Los tres momentos lo suyo. Frente a la convocatoria me ilusiono pronto, porque contar historias es lo que más me cautiva. Lo mismo que cuando arrancás: el rodaje es un ejercicio de amor. A continuación, llega la etapa de la expectativa, porque ya le entregaste al público lo que hiciste y él decide. Mientras que en el teatro te brindás a una experiencia única, efímera, frente al espectador, y la tele es un espacio atento al latido del rating y la publicidad, el cine es la combinación producción-dirección.

“Si bien desde los 18 años mantengo mi autonomía, ahora voy conociéndome en otras actividades, como acompañar de cerca a mi hija en su aprendizaje escolar. Con su madre (Paola Krum, 49; se separaron en 2011) elegimos las materias. Ella la ayuda en Lengua y Ciencias Sociales, y yo en Historia y Geografía. Para Matemática, por consenso, hay un profesor particular”, confía el intérprete bonaerense.

“En un tiempo estudié Medicina, siguiendo la tradición de la familia de mi papá. No siempre me imaginé dedicándome a la actuación… Sin embargo, al año y medio quedé absorbido por el Conservatorio Nacional de Arte Dramático”, refresca Alejandro –en realidad se llama así, sin desmerecer su segundo nombre, el famoso–. “Pasa que a mamá (Mónica Val, 67, psicopedagoga) le gustaba Joaquín, pero fue mi padre (Alejandro, 70, martillero jubilado, pintor artístico) quien fue a hacer el trámite de la partida de nacimiento, y por tradición familiar –somos AJF– no pudo ir en contra de su historia”, explica el actor, que vio la luz el 26 de agosto de 1974 en el Policlínico de Lomas de Zamora, y se crió en Adrogué y José Mármol, junto a sus hermanos Candelaria (41) y Tomás (43).
–Recién comentó que no siempre se imaginó como actor. Sin embargo, el mismo lleva dos tercios de existencia, desde su debut –si se quiere, amateur– en la época escolar, y un cuarto de siglo en el profesionalismo…
–Sí, en el Nuevo Colegio Burzaco, institución medio progre de la Zona Sur. Allí comencé con el profesor de teatro Jorge López, que al mismo tiempo dirigía la Comedia Almirante Brown. A los 14 me inicié, alrededor de adultos y con autorización de mis viejos, en la sala del Supercot –supermercado con teatro, en la avenida Pavón, donde ahora levantaron un Coto– integrando el elenco de Juegos a la hora de la siesta, de Roma Mahieu, que nos llevó a barrios, plazas, sociedades de fomento. En total, fueron cuatro o cinco años de aprendizaje cultural, ya cursando la secundaria en el Nacional de Almirante Brown… En cuanto a tu pregunta, tuve mis crisis con la actuación y pensé en dedicarme a otras cosas. La Sociología siempre me atrajo… Nunca hay que descartar un plan B.
–Mire que además ya ha ganado varios premios: María Guerrero, Florencio Sánchez, Sur, ACE, Clarín, Cóndor de Plata, de los Festivales de Huelva y Guadalajara… Impresiona, ¿o a usted no? ¿Cómo los toma?
–Y me nominaron nueve veces al Martín Fierro y gané el último, por Rafael Valmora, el personaje de Entre caníbales (2015). En general, cuando miro los diversos premios me viene a la memoria por qué los obtuve, me trasladan a aquellos trabajos que me permitieron conseguirlos y, te toque o no, a una noche de celebración. Me genera tal reflexión.

Durante el confinamiento “leí cuatro libros y veo muchas series y películas. Además, tomo clases de piano”, confía Furriel. Mientras asegura que “desde el 20 de marzo me fui armando rutinas. Por ejemplo, a una hora del atardecer me pongo a leer y me como un Cachafaz de chocolate. Antes lo entendía como algo pecaminoso. Ya no. Ojo, tampoco me veo como en la foto que subí a mi Instagram… ¿Hace falta aclarar que tenía un defecto?”, lanza la carcajada el hincha de Racing.


–¿Qué le inspira el aislamiento? ¿Cómo lo transita?

–La cuarentena nos expone como sociedad y ante el prójimo. Yo debo agradecer que me toque en mi hogar, pero se pone difícil para quienes transitan situaciones más complicadas… Puertas adentro, si bien desde los 18 años mantengo mi autonomía, ahora voy conociéndome en otras actividades, como acompañar de cerca a mi hija en su aprendizaje escolar. Con su madre (Paola Krum, 49; se separaron en 2011) elegimos las materias. Ella la ayuda en Lengua y Ciencias Sociales, y yo en Historia y Geografía. Para Matemática, por consenso, hay un profesor particular.
–En lo personal, ¿los tiempos que corren lo hallan solo o en pareja?
–Prefiero no contestar eso. Siempre me fue mejor cuando no contesté sobre el tema que cuando lo hice (ensaya una leve risa).
–¿Qué pálpito, qué corazonada, le deja la pandemia?
–Me deja la certeza de que, si todos queremos un mundo mejor, debemos aferrarnos a valores como la solidaridad y pensar en trabajar por Estados más eficaces. Lo que venía sucediendo con el ambiente y la globalización del consumo exacerbado, tarde o temprano nos iba a dar un golpe. La pandemia nos muestra en qué lugar nos hallamos. Ya no podemos hacernos los tontos: el sistema cambió y también debe cambiar nuestra conciencia. Demostró que los avances tecnológicos nos acercan, nos comunican, pero también que lo más importante –poder estar juntos– ahora nos falta.

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Fotos: Cortesía Netflix (Chino Zavalia) e Instagram de J.F.
Agradecemos a Pilar Planells (Mazalán Comunicaciones).

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