“Jett era el más maravilloso hijo que un padre podría pedir” – GENTE Online
 

“Jett era el más maravilloso hijo que un padre podría pedir”

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Queremos extender desde lo más profundo de nuestro corazón el agradecimiento a todos los que nos enviaron su amor y sus condolencias. Jett era el más maravilloso hijo que un padre podría pedir, e iluminó la vida de aquellos que se encontraron con él. Tenemos destrozado el corazón porque nuestro tiempo con él fue demasiado corto. Vamos a guardar lo que pasamos con nuestro hijo por el resto de nuestra vida. Recibimos muchos mensajes de condolencia desde todo el mundo y queremos agradecerles por las oraciones y el apoyo. Significa mucho para nosotros. Es un hermoso recordatorio de la bondad inherente al espíritu humano y nos da esperanza para un futuro más brillante. Con amor, John, Kelly y Ella”.

Desde la portada de su página de Internet, firmando la nota con su mujer, la actriz Kelly Preston (46) y su hija Ella Blue (8), John Travolta (54) habló sobre lo inexplicable: la muerte de su hijo de 16 años, que padecía una poco común enfermedad, el síndrome de Kawasaki, que ataca principalmente a niños, provoca fiebre y cierta inflamación en las venas y, con el tiempo, puede provocar aneurismas, infartos y muerte súbita.

Todo sucedió en un rato. El viernes 2 de enero por la mañana, Jett Travolta, de 16 años, fue a tomar una ducha. Nadie sabe realmente que sucedió –si cayó por un ataque convulsivo o un infarto, esto lo develará la autopsia– pero Jeff Kathrein, una de las dos niñeras de los hijos del actor, que dormía a tres metros de allí con una alarma para bebés siempre conectada, lo encontró tirado en el baño, con un fuerte golpe en la cabeza. De inmediato, el propio Travolta se encontró haciéndole masajes cardíacos a su hijo. Dicen que desesperó: “¡Ayúdenme, lo estoy perdiendo!”, gritaba. Pronto se hizo presente, en el lujoso condominio del Old Bahama Grand Hotel, un equipo de emergencias. Cincuenta minutos después, ya en el Rand Memorial Hospital, de Freeport, la ciudad más importante de la isla Grand Bahama, se decretó su muerte.

La familia quedó devastada. Habían planeado recibir el Año Nuevo con todo. Travolta había llegado hacía poco desde Francia, donde rodó From Paris with love –película aún no estrenada–, en que la exigencia del guión (personifica a un espía norteamericano) lo obligó a raparse su cabeza. Estaba feliz por el trabajo concluido y por reencontrarse con su familia. Alguna vez confesó que “siempre que viajo para filmar vuelo los fines de semana a casa para estar con mis hijos, los extraño demasiado”. El actor y su mujer habían invitado a 60 amigos y familiares al resort para celebrar durante varios días la llegada del 2009. Pero la fiesta quedó brutalmente interrumpida.

No obstante el dolor, en los Estados Unidos comenzó cierta polémica. Había una sospecha recurrente sobre la salud de Jett. Muchos sostenían que padecía de autismo y por eso el cuidado de tiempo completo que recibía por parte de sus niñeras, algo que Travolta y Preston negaban con vehemencia. Quienes afirmaban aquello, decían que como el actor es un férreo militante de la Cienciología, jamás admitiría que su hijo era autista, porque estaría obligado a tratarlo con un psiquiatra, algo prohibido por la pseudoreligión que profesa.

Al cierre de esta edición, en Nassau, la capital de Bahamas, un médico local y el médico de cabecera de Travolta, llegado desde Miami, estaban practicando la autopsia a Jett. Un trámite doloroso. El plan era regresar de inmediato a los Estados Unidos con el cuerpo para enterrarlo en Ocala, Florida, cerca de Jumbolair, el pueblo de aviadores donde vivían. Como tantas otras veces, volarían en el Boeing 707 de Travolta. Esta vez, sin embargo, el actor –un experimentado piloto, que bautizó Jett a su hijo por su pasión por los aviones–, estaba demasiado shockeado para tomar el mando. Travolta y Jett pasaban mucho tiempo juntos. La enfermedad del chico había unido a la familia, y cuando no podía llevarlo a las filmaciones, el actor volaba hasta su casa en su avión privado –que él mismo piloteaba– cada fin de semana.

Travolta y Jett pasaban mucho tiempo juntos. La enfermedad del chico había unido a la familia, y cuando no podía llevarlo a las filmaciones, el actor volaba hasta su casa en su avión privado –que él mismo piloteaba– cada fin de semana.

Juntos y felices: Ella, John, Jett y Nelly

Juntos y felices: Ella, John, Jett y Nelly

La rara enfermedad infecciosa (aunque no contagiosa) que sufría Jett, el hijo de John Travolta, fue descripta por primera vez en 1967 por el médico japonés Tomisaku Kawasaki.

La rara enfermedad infecciosa (aunque no contagiosa) que sufría Jett, el hijo de John Travolta, fue descripta por primera vez en 1967 por el médico japonés Tomisaku Kawasaki.

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