«Jamás imaginé que podía ganar Roland Garros» – GENTE Online
 

"Jamás imaginé que podía ganar Roland Garros"

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Las lágrimas del festejo recorrieron el mundo. Gastón Gaudio acababa de
vencer a sus propios fantasmas, esos que, según él mismo confesó, "casi lo hacen
abandonar el tenis";
y estaba a pasos de subirse al podio para recibir el trofeo
que soñó desde que empeñó una raqueta. Hacía dos minutos, en un partido
increíble, David, El Gato, el hombre que meses antes perdía partidos increíbles;
acababa de vencer a Goliat, El Mago, el número 3 del mundo, quien hasta ese
momento había sido el mejor jugador del torneo y, sin duda, hoy por hoy, el
mejor sobre polvo de ladrillo.
Por eso la emoción del chico de Temperley que, azorado, miraba a la tribuna y
repetía: "No lo puedo creer. ¿Me está pasando a mí? Este no soy yo. Esto que
está pasando es imposible"
. Cuando se convenció de su propia hazaña, dijo: "Es
como el guión de una película. Creo que si en realidad tuviera que escribir una
que hablara sobre mis sueños, hubiese puesto todo lo que pasó hoy acá. Porque
había perdido los dos primeros sets, porque dos veces estuve match point abajo
y, sin embargo, me quedé con todo. Te juro, siento como si estuviera en el
paraíso
".

-¿Y qué se siente ser el actor principal de la película "El Rey de París"?
-¿Ese tendría que ser el título, no? (Se ríe y muestra los mismos nervios que
tuvo durante todo el partido, lo que delata que todavía no cayó). Te juro que
todavía no caigo. No puedo llegar a darme cuenta de lo que acabo de conseguir.
Lo que me pregunto es si este partido va a cambiar mi vida. Pero no lo puedo
creer. No tengo ninguna explicación posible para contar cómo el sueño que tengo
desde chico, hoy es una realidad.

-¿Cuál fue la clave para que este sueño se concretara?
-Creo que Dios quiso que esta sea mi tarde. Otra explicación no le encuentro.
Porque en un momento pensé que estaba todo perdido y de repente llegó lo de los
calambres de Guillermo, el aliento del público, y el partido que parecía
perdido, terminó volcándose a mi favor.

-¿Sentís que el problema de Coria empaña un poco tu triunfo?
-No creo… Cuando tenés en frente un jugador herido, evidentemente corrés con
alguna ventaja. Pero yo creo que eso sólo pasó en el cuarto set. En el último ya
corría como al principio y parecía recuperado. Ahí empezó otro partido que
finalmente pude ganar.

-Cuando lo veías así, dudando entre correr o quedarse, ¿qué pensabas?
-Trataba de no pensar mucho en su posible lesión; sino se te hace muy difícil
jugar contra alguien cuando no sabés muy bien qué estrategia seguir. Sólo querés
poner la pelota adelante y esperar que de tu raqueta salga un punto ganador.
Igual tengo que reconocer que tuve un poco de suerte. Por sus calambres y porque
dos veces Guillermo estuvo a un punto de llevarse el partido y no lo pudo
definir. No sé como me arreglé con eso (risas).

-Parece increíble que este Gaudio, el que logró triunfos importantísimos en
Roland Garros, sea el mismo que hace unos meses perdía partidos increíbles. En
tan poco tiempo, ¿qué cosas cambiaste?
-Creo que lo mejor que hice fue arreglar mi cabeza. Porque si bien es verdad que
trabajé muy duro para mejorar mi tenis, hoy hice cosas en el juego que antes no
las hubiese hecho, como por ejemplo correr hasta el último punto. De todos
modos, jamás imaginé que podía ganar un Grand Slam.

-¿Es verdad que comenzaste a trabajar con un psicólogo para superar tus propios
fantasmas?
-Sí, eso fue clave. Hace mucho que trabajo con él, pero este año intensificamos
la relación. Y me hizo muy bien porque me explicó que yo tenía que apreciar
mucho más lo que estaba haciendo y no estar sufriendo siempre dentro de la
cancha. Y sin duda, cambié. Llegué a la final de Barcelona y ahora gané un
partido que antes hubiera dado por perdido. Por ejemplo, antes no hubiera podido
dar vuelta un partido con dos sets abajo, y mucho menos remontar dos match points.

-¿Influyó mucho el aliento del público?
-Fue decisivo porque yo estaba muy nervioso. Cuando la gente empezó a hacer la
ola, me distendí mucho. Ahí empecé a jugar mi tenis. Creo que ese momento me dio
la llave del triunfo: empecé a apreciar ese momento histórico que significa
estar en la final. Por eso en el último set miraba hacia el lugar que estaban
mis amigos y me reía. ¡No podía creer lo que estaba viviendo! Como te dije
antes, era como si estuvieran filmando una película de mi vida.

-Y encima, con la participación especial de Guillermo Vilas, uno de tus ídolos,
y encargado de darte la copa...
-Por eso digo que era como una película… hasta esos detalles se dieron. Fue como
si alguien hubiera escrito un guión a medida, perfecto. Todo se fue dando como
en algún momento lo soñé. Porque también gracias a Guillermo, por la admiración
que le tuve desde muy pequeño, yo estaba jugando esa final. Es más, antes del
partido fui a hablar con Vilas y le pedí algunos consejos porque estaba
demasiado nervioso. Me dijo: "Relajáte, pibe, y pensá que vos estás en la final.
Trata de gozar ese momento porque si no, dentro de unos años te vas a reprochar
no haber disfrutado este partido
". Eso me ayudo mucho, y cuando vi que el
encuentro se me iba de las manos, me acordé de lo que me había dicho Vilas.

-Encima terminaste con la sequía de 27 años sin que un argentino levante un
trofeo en Roland Garros.
-Es increíble que me haya tocado a mí. Por eso digo que no lo puedo creer. Todo
pasó demasiado rápido. Creo que me tengo que calmar, volver al hotel, tirarme en
la cama y pensar muy bien lo que acabo de hacer.

-¿Ya pudiste hablar con tu familia, en Buenos Aires?
-No, es lo primero que quiero hacer cuando tenga unos minutos. Les quiero
agradecer todo lo que hicieron para que este sueño sea realidad. Esta victoria
se la quiero dedicar a mis viejos, Norberto y Marisa, y para mis hermanos, Diego
y Julieta. Ellos son los que más se lo merecen.

-¿Y decidiste que no vengan porque te hubiesen puesto muy nervioso?
-No, el tema es que quería seguir igual que los partidos anteriores. Durante
todo el torneo fuimos un equipo que estuvo muy unido y no quería cambiar nada.
Pero ellos saben que están acá, bien adentro de mi corazón.

Gastón termina la nota, saluda y se compromete a hacer unas fotos para GENTE con
la copa en su habitación del Hotel California, en el centro parisino. A las
horas, El Gato nos vuelve a recibir. Se tira en la cama, juega con el trofeo que
hasta que llegue a Buenos Aires será su nuevo juguete. Después enciende el
televisor y la pantalla devuelve imágenes de su hazaña. Gaudio las mira y sus
ojos se vuelven a llenar de lágrimas. Y aunque esta vez este llanto no recorrerá
el mundo, emociona. Tanto como su última frase: "Hace unos años, cuando jugaba
en mi casa de Lomas contra un frontón, soñaba con este momento. Y ahora, que
pasaron las horas y entiendo que ese sueño se hizo realidad, creo que así
funcionan las cosas en la vida. Esta será la enseñanza que me queda de todo lo
que estoy viviendo. Si deseás mucho una cosa, tarde o temprano llega. Y te juro
que desde ahora no voy a bajar nunca más los brazos. Después de esto, hasta ser
número uno del mundo no es un sueño imposible. Y ése, te lo juro, no lo cambio
por nada".

Habían pasado apenas tres horas de su triunfo y Gastón -absolutamente agotado- se recuesta en la cama de su habitación del Hotel California, en Champs Elysées. A su lado, el tan anhelado trofeo de Roland Garros.

Habían pasado apenas tres horas de su triunfo y Gastón -absolutamente agotado- se recuesta en la cama de su habitación del Hotel California, en Champs Elysées. A su lado, el tan anhelado trofeo de Roland Garros.

Gaudio con la copa que le entregaron Guillermo Vilas y John McEnroe. Después de 27 años, un argentino ganó el Abierto de Francia. Tanta euforia estaba por demás justificada. No era el candidato, pero desde este lunes es top ten. Además, logró algo que nadie alcanzaba desde 1960: llevarse un torneo de Gram Slam después de tener match points en contra. El anterior fue el mítico Rod Laver en el Abierto de Australia.

Gaudio con la copa que le entregaron Guillermo Vilas y John McEnroe. Después de 27 años, un argentino ganó el Abierto de Francia. Tanta euforia estaba por demás justificada. No era el candidato, pero desde este lunes es top ten. Además, logró algo que nadie alcanzaba desde 1960: llevarse un torneo de Gram Slam después de tener match points en contra. El anterior fue el mítico Rod Laver en el Abierto de Australia.

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