La gente dice que tengo una edad mental mayor que la cronológica, y es cierto. ¿Cómo no voy a ser más madura que las chicas de mi edad si me crié entre plumas, gays y travestis?". (Sofía) "La confianza con Sofía es total. Por eso permito que viva sola. Además, se lo merecía: ella en casa vio y escuchó cosas que no tendría que haber visto ni escuchado jamás". (Moria) "Chocamos tanto porque somos muy parecidas, iguales te diría. Con mi mamá soy brava, pero sabe que la amo". (Sofía) Y hay más. Mucho más." /> «Jamás competiríamos por un hombre» – GENTE Online
 

"Jamás competiríamos por un hombre"

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Las protagonistas de esta nota, la mamá y la hija, llegan. Ellas son: Moria Casán (54 años,
transgresora permanente, vedette-actriz-conductora por amor y profesión) y Sofía Gala (14 años,
rebelde con causa, estudiante secundaria, fanática hasta las lágrimas del cantante Rodrigo). 
Acaban de llegar y ya se están por ir. Es que la primera discusión se da en el segundo número treinta, no bien saludan. Sucede así: 

Moria: -¿Cómo están, amooores? Acá traigo las pelucas -nos dice, mientras apoya un bolso gigante en el piso.
Sofía: -¿Pelucas? ¿Para qué pelucas? Olvidate, porque yo no me pienso poner ninguna peluca. 
Moria: -Sí, Sofi. La idea es que estemos las dos iguales y nos vamos a poner pelucas.
Sofía: -¿Por qué siempre hacés de todo para parecerte a mí? No, yo no quiero.

Silencio. Moria me mira y sonríe.

Ese es el primer enfentamiento de los muchos que (madre e hija, o hija y madre) tendrán durante las tres horas que durará la nota.

Ahora estamos en el camarín. Moria, envuelta en una bata floreada, propone empezar con la entrevista mientras Oscar Mulet la maquilla. Sofía -todavía con las zapatillas blancas y el equipo de gimnasia, con el logo del colegio
Almirante Brown, que trajo puesto al llegar- vuelve a desafiarla: "Lo único que te pido es que no empieces con esas b… que decís siempre, con que te paso facturas y todo eso, porque no es cierto. Yo no te paso ninguna factura, te digo las cosas de frente, nada más".

-¿Siempre es así o sólo delante de la gente?
Moria abre los labios, aún sin pintar, para responder. Pero "la nena" se le adelanta.
Sofía: -Yo siempre soy así. A mi mamá siempre le digo lo que pienso. En cualquier lugar, en cualquier momento y delante de cualquiera. Ella lo sabe. Si algo me molesta, se lo digo y punto.

Moria me mira y sonríe otra vez. 

-¿Nunca le pusiste límites a tu hija?
Moria: -No. Yo la escucho. A Sofía siempre la crié con mucha libertad. Ella es un ser muy libre, muy independiente, muy sano, auténtico. 

-¿Y tanta confianza le tenés para permitirle que viva sola?
Moria: -Sí. La confianza con Sofía es total. Hacía varios meses que me estaba pidiendo irse a vivir a la casa que era de mi mamá, la que tengo en el fondo de mi casa de Castelar. Hace poco volvió a plantearme que quería tener su propio espacio y yo se lo respeté. Porque se lo merecía: ella en casa vio y escuchó cosas que no tendría que haber visto ni escuchado jamás. 

-Por ejemplo…
Moria: -Cosas. Vivió horrores, muchos horrores que a su edad no tendría por qué haber escuchado ni visto nunca. Siento que ella es muy sabia, y si pudo entender muchas cosas, yo tenía que entenderla también.
Sofía: -Hace un mes ya que vivo ahí y está buenísimo. La decoré toda yo.
Moria: -Sí, la pintó ella misma. Tiene una onda medio hipona. Hipona y
cuartetera.

"Siempre amaré a Rodrigo, por eso tengo la casa empapelada de fotos
suyas"
, cuenta Sofía.
Moria: -También tenés fotos nuestras.
Sofía: -Sí, hay. Pero Rodrigo está en todos lados. Porque lo adoro. Fui a verlo a todos los
Luna Park que hizo y siempre me nombraba. Imaginate el fanatismo que tengo por él, que mi mamá me quería mandar a un psicólogo.

Moria se pone seria.

Sofía: -Y eso, ninguna terapia me lo va a hacer cambiar. Estuve muy deprimida cuando murió, falté al colegio una semana entera.
Moria: -Ahora está mejor, más tranquila. En un momento me preocupé porque era una obsesión lo que ella tenía. Pero hablamos, la entendí y creo que es una cuestión de tiempo. De a poco se le va a ir pasando.
Sofía: -Sí, tengo días. La otra vez pensé mucho en mi papá y me pasé la noche entera llorando.

-Sofia, ¿como es eso de vivir sola a los 14 años?
Sofía: -Está más copado, porque si quiero escuchar la música a todo volumen, lo hago sin molestar a nadie. Y si no tengo ganas de cocinar, voy a comer a la casa de ella o le llevo la ropa para que me la laven. Estoy y no estoy, es ideal.
Moria: -Debo reconocer que resultó bueno porque así cada una tiene su verdadero espacio. Pero a la vez, extraño. Extraño entrar a su cuarto a darle el besito de las buenas noches, por ejemplo. Ahora me tengo que conformar con el besito de los buenos días porque no puedo entrar a su casa, tocarle el timbre y quizás despertarla. Antes era distinto porque su cuarto estaba frente al mío, abría la puerta y si dormía la besaba igual.
Sofía: -Además, tengo una entrada aparte y puedo invitar a mis amigos, quedarme charlando hasta cualquier hora, todo.

-¿Y quiénes van a tu nueva casa? ¿Tus compañeros del colegio…?
-Todos mis amigos. Sean del colegio o no. Por lo general, mis amigos son más grandes que yo.

-¿De qué edad?
"Los pibes que a mi me gustan tienen entre 25 y 30 años" -dice Sofía, muy seria.

Moria me mira.

Sofía: -Eso no quiere decir que no pueda salir con uno de 19. Todos los hombres me gustan, a todos les encuentro algo lindo.

-¿Y que hacés con un hombre de 30 años, por ejemplo? ¿Qué cosas pueden llegar a tener en común?
Sofía: -¿Hace falta tener algo en común para que alguien sea tu amigo? Para nada. Viene a casa, tomamos algo, escuchamos música, hago lo mismo que con los de mi edad.

-Moria, vos estás acostumbrada a las críticas, ¿pero cómo reaccionás cuando dicen que tu hija es una chica rapidita?
Moria: -Sé bien quién es Sofi. No me importa. De nosotras pueden decir lo que quieran. Con Sofía no tengo miedos, nuestro cordón lo cortó el obstetra el mismo día en que ella nació.
Sofía: -Rapidita… Las chicas de mi edad hacen las mismas cosas que yo, la única diferencia es que ellas no lo dicen. Yo no me callo nada, lo cuento. Digo sin problema que hoy me gusta fulano y que mañana muero por mengano. Y también que me los transo, pero ellas son las santas sólo porque guardan el secreto.

-Sofía, ¿qué es transar para vos?
Sofía: -¿Qué, vos no sabés?
Moria se pone pálida.

-No sé a qué te referís. ¿Hablás de sexo?
Sofía: -¡Qué sexo! ¡Ni loca, sexo! Por ahora. Yo hablo de apretar, de darle unos buenos besos a algún pibe.

Moria la mira y sonríe. Ella está lista. Ahora, es el turno de su hija: Sofía se deja maquillar.

-Que a la hija le gusten los hombres más grandes y a la madre los más jóvenes puede llegar a ser un problema…
Sofía: -No. Porque a mí no me gustan los tipos que le gustan a ella. Los de ella son re-feos. 
Moria: -¡Sofía, por favor!
Sofía: -Bueno, todos no. Gustavo (se refiere a Massud, una de las últimas parejas de su mamá) era lindo. Ah, y tiene otro que le gusta que también está bárbaro. ¿Lo nombro?
Moria: -(Duda) Sssí.
Sofía: -Mirá que por ahí lo ves y te re-quemo…
Moria: -¡Ah, no! ¡Ese no! 
Sofía: -Okay. No, no te lo puedo decir.
Moria: -Es que con Sofía tenemos un pacto: nunca nos vamos a mandar al frente con los hombres que nos gustan o con los que salimos.
"Por lo único que no nos pelearíamos es por un hombre", aclara Sofía mientras cierra los ojos para que le retoquen las pestañas.
Moria: -Cierto. Jamás competiríamos por un hombre. Por más que me encante, nunca le robaría un novio a mi hija y ella jamás me robaría un novio a mí.
Sofía: -Menos mal que lo aclaraste.
Moria: ¡Sofi, por favor! De ese chico te dije que me gustaba, nada más.
Sofía: -Sí, sí, claro.
Moria: -Hija, sabés que es así.
Sofía: -Ufa, te estaba cargando.

-Moria, ¿cuándo empezaste a hablar de sexo y drogas con tu hija?
Sofía: -Desde siempre, desde que soy re-chica.
Moria: -Sí. Nunca tuvimos tabúes con esos temas. Ella pregunta, yo le respondo.

-¿Cuál fue la pregunta más incómoda que te hizo?
Moria: -Ninguna pregunta me pone incómoda. Eso es lo bueno: con ella puedo hablar todo. Es más, nos pasa algo muy extraño: cuando yo tengo algún problema con alguna pareja, Sofía es quien me da consejitos. Y suelen ser muy acertados. Yo, en cambio, no suelo darle consejos a ella. Sofi es mi gran confidente, siempre me dice qué tengo que hacer con los hombres. 

Sofía también está lista. Ahora, Christian Perri les coloca las pelucas a las dos. Sí, a Sofía también. Pero ella no puede con su genio y vuelve a protestar.
Sofía: -¡Ay, ma! Me queda horrible -dice mientras se mira al espejo.
Moria: -No, Sofi. Estás divina.
Sofía: -(Sacándole le lengua) Vos, no. 

-Moria, ¿nunca te sacó? ¿Jamás le diste una cachetada?
Sofía: -La mato.
Moria: -Reconozco que a veces me saca, pero no. Hubo gente que no estaba de acuerdo en cómo la educaba, quiso intervenir y… Así le fue.
Sofía: -Habla de Vadalá. Ese es un…
Moria: -Yo de acá me voy. ¡No quiero ni escuchar!
Moria se va.
Sofía: -A él, le pegaban con el cinturón. Un día, me c… a piñas y así le fue. Mi mamá lo rajó de casa. Igual se iba a separar de él, pero lo mío hizo que se fuera más rápido todavía. Ese día se me fue todo el amor que le tenía, lo odié.

-¿Quién te pone los límites, entonces?
Sofía: -Yo. ¿Vos te pensás que soy tonta? Yo sé bien qué está bien y qué está mal. La gente dice que tengo una edad mental mayor que la cronológica, y es cierto. ¿Cómo no voy a ser más madura que las chicas de mi edad si me crié entre plumas,
gays y travestis? Con mi mamá soy brava, pero sabe que la amo. Chocamos tanto porque somos muy parecidas, iguales te diría.

-Pero le permitís que viva sola, que pose desnuda, que trabaje en desfiles, que salga con chicos mucho más grandes que ella… 
Sofía: -La gente se hace cada fantasía. Que mi mamá me permita hacer todo eso no significa que no me cuide. 
"Yo la cuido, no la sobreprotejo", aclara Moria.
Sofía: -Y nos vemos mucho más que los hijos que viven con sus padres. La veo tanto que, a veces, me cansa.

-Moria, ¿nunca la castigaste por algo que haya dicho o hecho?
Moria piensa.
Sofía: -Yo soy de llevarme mil materias en el colegio. Un verano le contesté mal y me prohibió hacer un viaje. Fue la única vez que me castigó.
Moria: -¡Es cierto! Mirá cómo se acuerda.

Ya están maquilladas, con las pelucas negras puestas y un vestido adherido al cuerpo. Pasan al estudio. Juegan sobre un sillón y miran a cámara. Una ríe, la otra está seria. Ahora se observan entre ellas. Gala le saca la lengua y la Casán estalla en una carcajada. Sofía se sube al sillón y comienza a saltar sobre las espaldas de su madre.

Moria: -(Enojada) ¡Para, Sofía, pará un minuto!
Sofía: -¡No empieces a retarme, porque me voy! Y sabés que lo hago…
Sus miradas se encuentran, serias, desafiantes.
Moria: -¡¿Qué le puedo decir?! Mirala, ¡es mi espejo!
Moria ríe.
Y Sofía también.

por Mariana Montini
mmontini@atlantida.com.ar
fotos: Santiago Turienzo
asistente: Julio Ruiz
producción: Inés Azumendi
agradecimientos: Ricky Sarkany, Wolford y Aridza Bros
Jugaron a clonarse con pelucas y vestidos. Se mostraron impulsivas, rebeldes, sinceras, transgresoras, divertidas y escandalosas. Así son ellas.

Jugaron a clonarse con pelucas y vestidos. Se mostraron impulsivas, rebeldes, sinceras, transgresoras, divertidas y escandalosas. Así son ellas.

<i> . (Sofía)">

"Los pibes que a mí me gustan tienen entre 25 y 30 años. Pero eso no quiere decir que no pueda salir con uno de 19, que también me gustan. A todos los hombres les encuentro algo lindo". (Sofía)

<i> . (Moria)">

"Yo sé bien quien es mi hija. No me importa que algunos digan que es rapidita. De nosotras pueden decir lo que quieran. Con Sofía no tengo miedos, nuestro cordón lo cortó el obstetra el mismo día en que ella nació". (Moria)

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