“Hoy sólo pienso en volver a trabajar y en darle a Blanca una familia linda y unida” – GENTE Online
 

“Hoy sólo pienso en volver a trabajar y en darle a Blanca una familia linda y unida”

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–Otra vez en la Argentina, y otra vez a trabajar…
–Sí, sí. De vuelta para hacer campañas en traje de baño, en ropa interior, desfiles, fotos, todo lo que venga. Con muchas ganas de arrancar.

–¿Acá o en Chile?
–Por ahora, acá. Igual vine por unos días, para cerrar algunos contratos, acompañar a mi pareja (Benjamín Vicuña, el padre de su hija, Blanca), que está grabando unas escenas para una tira que produce Sebastián Ortega, y después dependerá de lo que salga. Hoy tengo ofertas en los dos países. Pero si me quedo en Chile no sería una complicación trabajar acá: me vendría tres o cuatro días a Buenos Aires con la gorda, y vuelta al hogar.

–¿Santiago se convirtió en tu casa?
–Hoy lo es.

–¿Te costó adaptarte?
–Para nada. Pensá que yo ya había vivido en otros países: estuve en Nueva York, en España, en México, y me gusta la experiencia de llegar a un lugar nuevo, de adaptarme a sus costumbres. Y lo bueno de Chile fue que ahí encontré tranquilidad en el momento en que más la necesitaba. Fue ideal. Sin duda, la mejor opción para tener a mi hija. Además es la tierra de su papá, que me banca a muerte, es muy buena onda y estamos muy felices los dos. De todas formas, donde esté mi pareja será mi lugar de residencia, siempre. A donde él vaya, yo lo sigo a morir.

–¿Y tu carrera?
–Seguirá donde yo esté. Dependerá de las ofertas que le hagan a él y a mí. Nos instalaremos donde esté el mejor postor (risas). La idea es estar juntos más allá del lugar, porque los dos queremos disfrutar de Blanca todos los días. Ninguno está dispuesto a perdérsela, y eso es lo único que nos importa. Benjamín es muy buen padre.

–¿Cómo pegó tu imagen en Chile?
–No me ocupé de eso. En Chile me conocían por campañas, por mis trabajos y porque mi marido es conocido. Pero estuve con muy bajo perfil allá.

–Todavía no pasaron dos meses desde que fuiste mamá. ¿Por qué tan pronto la vuelta?
–¿Viste? Ni siquiera me tomé los tres meses de licencia (risas). Es que después del tercer mes pasé el resto del embarazo sin hacer nada, descansando y disfrutando de mi panza, de ese nuevo estado, de mi pareja, de mi bebé. Necesité de ese tiempo para mí, porque sabía que no bien tuviera a la gorda iba a querer volver.

–Se necesita de mucha disciplina para eso.
–Pero la tengo. Soy muy voluntariosa. Me pongo metas. Dije que a los dos meses quería estar bien para volver y acá estoy. Y otra vez en mi peso: ya bajé los diez kilos que había subido con el embarazo.

–¿Te cuidaste?
–Me cuido con las comidas, pero me alimento muy bien, por la lactancia. La gorda agarró enseguida el pecho y pienso darle de mamar hasta que ella diga basta. Pero hice natación durante todo el embarazo, hasta dos días antes del parto. Eso ayudó. Y al mes exacto de tener a la gorda empecé con el gimnasio todos los días: 600 abdominales, 300 estocadas para glúteos, fierros para brazos y piernas, mucha cinta y bicicleta en un gimnasio chileno. Me hace muy bien dejar ese ratito a la beba, tomarme ese tiempo para mí.

–Extrañabas trabajar, noto…
–Para nada. Pero sabía que iba a querer volver. Por eso me cuidé. Mientras tanto me ocupé de mi casa, de mi pareja, y nada más.

–¿Con quién queda Blanca cuando salís?
–Tengo una señora que la cuida, que me ayuda. Si no, con el papá. Por suerte no soy nada aprensiva con eso. Tampoco sobreprotectora. Como mamá me descubro muy tranquila, muy relajada. Además, Blanca es increíble: muy buena, sana, nos deja dormir… Tengo una hija genial.

–¿En qué te cambió ser mamá?
–En eso: me tranquilizó. Soy una mujer mucho más relajada. Ahora lo más importante es que Blanca crezca bien, que esté bien, que tenga una familia linda y unida. Después, no cambié tanto. Sí, reconozco que esos seis meses de embarazo sin trabajar me ayudaron a parar un poco la pelota, a hacer un balance de mi vida. Pensá que todo me pasó demasiado rápido: las fotos, la fama, la vida misma…

–¿Hiciste análisis?
–Autoanálisis. No fui a un psicólogo, pero me analicé mucho yo: en ese tiempo pude bajar a tierra, conectarme con mi esencia, pensar qué quiero para mi vida y qué no, quién soy, cómo soy, qué cosas me merezco y cuáles no. Sirvió para hacer un balance de estos años vertiginosos.

–¿Y la conclusión?

–Que esos años me encantaron. Hay un mito a mi alrededor, pero siento que me construí una carrera y una vida maravillosas, con sus cosas buenas y sus momentos malos. Pasa que para algunos lo malo queda mucho más marcado que lo otro, y bueno… Yo estoy bien y muy conforme. Viajé por el mundo, me convertí en alguien popular, hice gráficas, me di el lujo de hacer televisión… ¿Cómo me voy a quejar o arrepentir de todo eso? Sería una desagradecida.

–Pero previo al embarazo tuviste una exposición de alto voltaje…
–Sí, súper-mediática. Al final vino esa seguidilla de cosas personales que me costó mucho manejar. Me pasaron cosas, como le pueden pasar a cualquiera, y me hago cargo: todo eso me pasó a mí y a nadie más. En un momento me enojé mucho, porque el acoso fue desmedido.

–¿Hoy te manejarías distinto?

–Mirá: si me volviera a pasar lo mismo, si sintiera, como lo sentí, que me están faltando el respeto, que me ofenden, que me agreden, creo que reaccionaría igual y me volvería a enojar.

–¿Qué fue lo que te sacó?
–En la época de la separación me preguntaban de todo, se metían en mi camarín, me corrían con el auto… ¡Basta! Te juro que ya no podía vivir. Si eso mismo te pasa estando feliz, creo que uno puede usar la capacidad y la inteligencia para soportarlo y manejarlo con la sabiduría que corresponde. Pero si estás mal, como yo lo estaba, resulta imposible pilotearlo. Hoy que digan lo que quieran… ¿Qué van a inventar? Pero en aquel momento de bajón, de tristeza, que te hagan preguntas que te duelen en el alma resulta muy duro, muy difícil. Igual, no me arrepiento de nada. Yo soy así, trasparente. Un día me saqué y mandé a todos al diablo, y ya. Estaba harta, y creo que se notó. Igual espero que no me vuelva a pasar nunca más. Espero que, a partir de ahora, mi vida genere noticias buenas todo el tiempo.

–¿Con tu ex, Martín Barrantes, volviste a hablar?
–Si no te molesta, por respeto a él, a mi pareja, a mi hija y a mi vida personal, prefiero no hablar de eso. Esos son los temas que no me hacen bien y que prefiero evitar. Estoy en un momento muy bueno de mi vida, muy pleno, y no quiero que nada lo empañe.

–Dicen que te casás.
–Es un deseo.

–¿Pusieron fecha?

–Te voy a contar algo: yo vivo el momento, soy de dejar que las cosas pasen, que sucedan, que me sorprendan. El otro día ya me preguntaban si le iba a dar un hermanito a Blanca. Me gustaría, porque yo fui hija única y me hubiese gustado tener un hermano. Pero no puedo contestar eso ahora, porque la gorda tiene apenas dos meses y estoy en otra etapa: la de disfrutar a full de mi nueva familia, y eso es lo único que me importa hoy.

–¿Qué pasó con tu sexualidad en este tiempo? ¿La maternidad te bajó la libido?
–Nunca dejé de verme sexy por ser mamá. Yo me siento igual. La verdad, en ese sentido no cambié. No es que ahora voy a dejar de hacer fotos hot por mi hija. Al contrario, estoy luchando por afirmar mis abdominales. Porque, te cuento, me quedó la panza, como a cualquier parturienta, y pretendo verme tal cual era. Estoy muy bien, pero obviamente todavía me faltan un par de clases de gym para recuperar el cuerpo que tenía. No me preocupa, veo que mis músculos responden. Sólo es cuestión de darles un poco más de tiempo.

–Más allá de tus curvas, se te ve radiante.
–Lo estoy, me siento así. Debe ser la felicidad por haber logrado formar la familia con la que siempre soñé. Está bueno que pueda transmitir todo lo maravilloso que me está pasando. Me cambió la vida, y para bien. ¿Vos notaste que no puedo parar de sonreír?

–Después de tantos rumores, ¿cómo creés que te van a recibir tus colegas en esta vuelta?
–No sé. Que sea lo que tenga que ser. Por suerte, estoy muy relajada y tranquila. Ojalá me reciban bien, me encantaría…

Pampita tan hot como ayer. A los 28 años y a dos meses de haber tenido a Blanca, recuperó su peso (49 kilos) y sus curvas. “<i>Me puse las pilas porque quería volver al modelaje</i>”, cuenta.

Pampita tan hot como ayer. A los 28 años y a dos meses de haber tenido a Blanca, recuperó su peso (49 kilos) y sus curvas. “Me puse las pilas porque quería volver al modelaje”, cuenta.

“<i>Esos seis meses de embarazo sin trabajar me ayudaron a parar un poco la pelota. Pensá que todo me pasó demasiado rápido: las fotos, la fama, la vida misma… Sirvió para hacer un balance de estos años vertiginosos y quedé contenta</i>”

Esos seis meses de embarazo sin trabajar me ayudaron a parar un poco la pelota. Pensá que todo me pasó demasiado rápido: las fotos, la fama, la vida misma… Sirvió para hacer un balance de estos años vertiginosos y quedé contenta

“<i>En la época de la separación, me preguntaban de todo, se metían en mi camarín, me corrían con el auto… Si eso mismo te pasa estando feliz, creo que uno puede usar la inteligencia para soportarlo. Pero si estás mal, como yo lo estaba, resulta imposible pilotearlo. Igual, no me arrepiento de nada</i>”

En la época de la separación, me preguntaban de todo, se metían en mi camarín, me corrían con el auto… Si eso mismo te pasa estando feliz, creo que uno puede usar la inteligencia para soportarlo. Pero si estás mal, como yo lo estaba, resulta imposible pilotearlo. Igual, no me arrepiento de nada

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