“Hoy no pienso en casarme otra vez” – GENTE Online
 

“Hoy no pienso en casarme otra vez”

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Este es mi mundo privado, el que nadie conoce”, dice con voz cómplice y abre la puerta de su habitación. Estamos en el segundo piso de esta casa clásica en el barrio de Villa Devoto, donde viven desde hace años Doña Tota y Don Diego y donde él se instaló desde su separación de Claudia Villafañe.

Sí. Desde que me separé volví a la casita de mis viejos”, bromea antes de dejarnos entrar a este dormitorio que fue suyo en las épocas de soltero y que luego ocupó Caly, su hermana menor, quien lo mandó pintar todo en rosa. Hoy el pequeño cuarto, que cierra siempre con llave, luce distinto: Claudia lo hizo redecorar con dedicación, para que Diego tuviera todo lo que le gusta. Y allí están la pantalla de plasma de 50 pulgadas, el equipo de música Hi-Fi, un cómodo placard con la ropa de Ona Sáez (la marca que lo viste desde hace más de un año) y los infaltables Versace, Armani, Dolce&Gabbana, Puma y Nike. También se ve, en la pared, una enorme foto con sus hijas, Dalma y Gianinna. En el perchero cuelgan gorras y bufandas de Boca. Sobre la mesa de luz: el sombrero que le regaló Bono, el líder de U2, cuando estuvo en Buenos Aires.

Claudia eligió muebles de madera clara, los mandó hacer todos a medida. Puso la pantalla de plasma justo frente a la cama, porque sabe que me gusta ver la tele acostado. En el porta-CDs tengo todos mis discos de Maná, Charly García, Los Ratones Paranoicos, Alejandro Lerner… y mucha cumbia. El dormitorio quedó perfecto: la verdad es que la bruja se portó”, confiesa y se ríe.

Diego acaba de llegar del Mundial de Alemania, donde fue comentarista estrella para la televisión española, y no puede disimular la pasión que le generó vivir y sentir el torneo tan de cerca. En el campeonato pasado Diego era “un exiliado del fútbol”, como él mismo se definía. Estaba en Cuba, en La Pradera, pesaba 56 kilos más que ahora, jugaba al golf siete horas cada tarde y sólo lo rodeaban unos pocos amigos. Pero “la vida me dio otra oportunidad. Y ahora pude pasear con Claudia por Alemania, disfrutar con las chicas la emoción del Mundial, algo que nunca me había pasado… Más allá de que después de que eliminaron a Argentina ya nada fue igual… ¡y para colmo los partidos dejaban mucho que desear!”.

Esta es la primera vez que Maradona muestra su mundo privado: esta pequeña habitación sin lujos, con una temperatura constante de entre 15 y 16 grados (bastante frío, que él no sufre), y en donde guarda las cosas que más quiere. “Cuando me separé vine a vivir con mis padres. ¿Dónde podía estar mejor? Mi mamá me trae el desayuno a la cama todas las mañanas: café con leche, tostadas y jugo. Cuida mi dieta, me mima, y eso me encanta. Antes no me daba cuenta de que me perdía todo esto. Pero ahora hace más de dos años que no tomo droga, así que hoy puedo disfrutar de mi familia. Recuperé mi vida”.

Maradona abre su placard y se cambia la remera negra que tiene puesta. Sorprende su físico, musculoso y sin un solo gramo de grasa de más: “Todavía hago una dieta liviana, pero no por prescripción médica, sino porque no tengo hambre. Cuando me miro al espejo me siento contento con lo que logré bajar: pesaba 121 kilos y tenía hipertensión, colesterol y el corazón a punto de estallar. Igual, si tengo ganas me como unas porciones de pizza, o una milanesa chiquita o un plato de ravioles. Mis hermanas me cuidan como si fuera un bebé. Me preparan siempre una comida especial para mí. Sin duda, tengo la mejor familia del mundo”.

–¿Y el amor, Diego? Vos ya sos un hombre libre y soltero.
–Sí, estoy soltero. Pero también estoy seguro de que no voy a formar nunca más una pareja.

–¿No sos demasiado joven para descartar un nuevo matrimonio?
–¿Casarme? ¡Noooo! Hoy pienso que no voy a volver a casarme nunca más en la vida.

–Cualquiera diría que vos podés tener la mujer que desees…
–Claro. El otro día le tuve que decir a Julia Roberts que no insistiera en salir conmigo y a Demi Moore le rogué que no me llamara más por teléfono (suelta una carcajada). Ahora, hablando en serio, mi única mujer fue Claudia y la perdí. Me equivoqué y ya no pude recuperarla. La entiendo, porque ella me bancó demasiado.

–Y entonces, ¿cómo imaginás tu futuro?
–Me veo igual que mi viejo. ¡Con los años cada día me parezco más a él! Sueño estar rodeado de mis nietos y mis seres queridos. No me veo con otra mujer.

–Es difícil vivir sin amor.
–Tengo el amor de mis hijas y me sobra con eso. Y tengo el amor por el fútbol, que también es para siempre.

–Desde que te operaste llevás sobre el pecho esa enorme cruz de plata que compraste en Colombia. ¿Sentís que Dios siempre te acompañó en los momentos difíciles?
–El Barba me dio tanto que ya no le puedo pedir más. Me dio una nueva oportunidad en la vida. Y me dio su mano: ¿acaso te olvidás de la Mano de Dios? Justo ahora se cumplieron 20 años ¡Uyyy! ¡Cómo pasa el tiempo! (vuelve a reír).

–Cuando te acostás solo en esta cama, ¿rezás por las noches?
–No, nunca rezo, pero sí hablo con El y le digo: “A mí ya me diste todo. Hice todas las cag… del mundo y vos siempre me ayudaste. Pero, por favor, cuidá a mis hijas”. Estoy seguro de que el Barba me escucha. El nunca me falló. Pensá que hace dos años estaba muerto: cuando estuve internado los médicos me resucitaron. Y en ese momento vino el Barba y me dijo: “No es tu hora”. Y aquí estoy, con toda la vida por delante, viendo crecer a mis hijas y con proyectos en el fútbol. ¿Qué más puedo pedir?

–Animáte y pedí algo. Soñá despierto.
–Sueño con que en mi país y en el mundo se termine el hambre, que ya no haya chicos en la calle pidiendo una moneda, que se terminen las guerras.

–Pero para vos, ¿qué soñás, Diego?
–Desde chico sueño con una pelota. Y hoy, aunque te parezca raro, sigo soñando con el fútbol.

–¿Con dirigir la Selección?
–¿Y quién no soñó alguna vez con eso?

La habitación no es muy grande y parece la de un adolescente. Muebles en madera clara –sencillos, cómodos y hechos a medida–, lámparas modernas, muchos CDs y un equipo de música Hi-Fi con la última tecnología. “<i>Me la paso escuchando a Maná, Los Ratones, Charly, Lerner… toda música en castellano, ¿eh?</i>”, confiesa cómplice.

La habitación no es muy grande y parece la de un adolescente. Muebles en madera clara –sencillos, cómodos y hechos a medida–, lámparas modernas, muchos CDs y un equipo de música Hi-Fi con la última tecnología. “Me la paso escuchando a Maná, Los Ratones, Charly, Lerner… toda música en castellano, ¿eh?”, confiesa cómplice.

Desde que se sometió al by pass gástrico bajó 56 kilos, tiene el vientre marcado y no le sobra un solo gramo de grasa. “<i>Y eso que no hago una dieta rígida. Si no como es porque no tengo hambre</i>”, asegura.

Desde que se sometió al by pass gástrico bajó 56 kilos, tiene el vientre marcado y no le sobra un solo gramo de grasa. “Y eso que no hago una dieta rígida. Si no como es porque no tengo hambre”, asegura.

Tiene más de 20 caps distintos. Pero sus tesoros son el sombrero que le regaló Bono cuando estuvo en Buenos Aires, y las bufandas y gorros de Boca que cuelgan de los percheros. Sobre la mesa de luz: el detalle del chanchito alcancía. “<i>Es para que me recuerde que el ahorro es la base de la fortuna. ¿O no?</I>”, bromea.

Tiene más de 20 caps distintos. Pero sus tesoros son el sombrero que le regaló Bono cuando estuvo en Buenos Aires, y las bufandas y gorros de Boca que cuelgan de los percheros. Sobre la mesa de luz: el detalle del chanchito alcancía. “Es para que me recuerde que el ahorro es la base de la fortuna. ¿O no?”, bromea.

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