“Hoy no hay nada más que pueda pedir: estoy completo de amor” – GENTE Online
 

“Hoy no hay nada más que pueda pedir: estoy completo de amor”

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Son las siete y media de la mañana del jueves 1º de abril del 2010 y Marcelo Hugo Tinelli, en el día de su quincuagésimo cumpleaños, recibe el último mimo de la velada: los empleados que sirvieron a sus invitados durante la fiesta son ahora quienes saltan, lo abrazan y aplauden a su lado. Marce está feliz. Por ello seguramente es la última persona en retirarse de Elettrica, salón que descansa a orillas del Riachuelo (en Pedro de Mendoza y Pinzón) y que alquilara para festejar su medio siglo de vida. “Quería ser el primero en llegar y el último en irme”, se excusa sin necesidad, aunque el hecho tiene sus méritos si consideramos los 450 invitados que tuvo. “Las personas que más quiero en mi vida”, en palabras del conductor que, a grandes rasgos, invirtió cerca de mil dólares per cápita, para agasajarlas, y que el mismo día, a la tarde, viajó a Punta del Este para disfrutar de lo que quedaba de Semana Santa también rodeado de afectos.

LA INTIMIDAD EN EL ESTE. Avión privado para 32 personas, recorrido de 45 minutos sin horas pico: Buenos Aires-Punta del Este. Así llegó Marcelo hasta Guanahani, su casa de veraneo en la exclusiva zona de chacras marítimas ubicada en la ruta que conduce a José Ignacio. Lo acompañaban su hijo Francisco, Nicolás Repetto, Florencia Raggi, Federico Rivero, Andrea Bursten, Leo Mateu, Hernán de Laurente, la familia Gravier-Mazza y algunos otros nombres propios. El viaje era sólo por placer. Para descansar en la playa, tomar sol, andar en cuatriciclo, leer, meterse en la pileta, jugar a la lucha en la orilla del mar y claro, reflexionar sobre los 50 años: “No siento que me falte algo. Tengo el cariño de mucha gente. No hay nada más que pueda pedir: estoy completo de amor”. Además, agregaba: “¿Qué puedo decir? ¡El público es maravilloso! Hemos entrado en sus casas durante veinte años y te sienten como un integrante de su familia”.

PICADOS Y PICADAS DE LUJO. El viernes, antes de que comience el clásico oficial en la pulcra cancha de fútbol de la chacra, los sub-12 tomaron la posta. Los hijos menores transformaron su picadito en una suerte de partido telonero. La reserva, que le dicen, estaba formada por los rubios Gravier-Mazza, el Tinelli menor y el Repetto junior, entre otros juveniles. Luego llegaría el turno de los más viejos, que son los mismos de siempre. Aunque el partido, arbitrado por el odontólogo Luis Braverman –al estilo Castrilli, a juzgar por el nombre–, fuera apenas una excusa. Tras el pitido final, las familias encararían hacia el quincho. Allí los esperaba un horno de barro repleto de pizzas a la piedra, licuados y caipiroskas para todos. Barra libre, como reza el leit motiv del fin de semana. Una vez más, Marcelo masticando felicidad, sin ocultarla. “Soy feliz porque vivo rodeado de amor”, se confesaba. “Les agradezco a los que hablaron bien de mí durante todo este tiempo, y también a los que hablaron mal, porque me hicieron crecer desde la crítica”, agregó. Claro, al pie y optimista, como su estado de ánimo en el día de su cumpleaños, que ahora, rebobinando unas horas, describimos...

CON UN BESO Y UNA FOTO. Así, además de enfundado en un traje negro de Tom Ford, a partir de las 21:30 del miércoles 31 de marzo el paladín de Ideas del Sur recibió, acompañado de su hijo Francisco, a cada uno de sus invitados, sin olvidar a ninguno de los que, por una razón u otra, formaron parte de su medio siglo de vida. Desde los muchachos de Bolívar hasta los productores televisivos más exitosos, pasando por sus ex mujeres (Soledad Aquino y Paula Robles) o los compañeros del fútbol; el conductor más famoso de la Argentina ingresó al 1º de abril de 2010 rodeado de un grupo selecto (aunque el número diga lo contrario) de afectos personales. Los mismos que fue recibiendo en el salón ambientado con láseres, pantallas de leds, arañas, bolas de espejo, y un escenario de primer nivel, por el que pasarían varios shows. El primero, de Ultratango (de los hermanos Satragno), que en pleno barrio de La Boca revivieron –a la manera electrónica– el más porteño de los géneros musicales. Mientras, todos disfrutaban de un menú italiano diseñando por Tommy Perlberger, de Eat Catering. No obstante, a pesar de la delicada elección, el hombre que solía comer alfajores triples de un solo bocado, contó: “La verdad, lo único que probé fue un roll de sushi, porque quería aprovechar el tiempo para estar con todos mis invitados... Y no me arrepentí para nada”.

Y NOS DIERON LAS 12... Cuando el reloj cantó la medianoche, Marcelo tomó aire, pidió tres deseos y sopló las velitas junto a sus hijos Micaela (20), Candelaria (18), Francisco (11) y Juana (7). Entonces comenzó el segundo show de la noche, el de Cacho Castaña, quien cantó cuatro temas y tuvo entre el público a otro hombre de voz gastada, el Coco Basile que, según los testigos, calentó la pista de baile. A su lado, Mauricio Macri, que aprovechó para presentar a su nueva novia, Juliana Awada, con quien se mostró de la mano y a los besos. “Lo vi muy avejentado a Mauricio, muy caído, con ropa antigua... ¡Y eso que se quería hacer el moderno!”, dijo el anfitrión con ironía sobre el enamorado jefe de Gobierno. ¡Pero todavía hay más! Ya pasada la una de la madrugada subió al escenario el emblemático grupo pop noventoso Vilma Palma e Vampiros. De la mano del Pájaro, su cantante, la fiesta explotó cuando la mayoría de los invitados se acercó a la pista con el objetivo de improvisar pasos al ritmo de La pachanga y Auto rojo. Más tarde, aun regidos por el baile, llegó el momento conmovedor de la noche. Sonaba música flamenca cuando el líder de ShowMatch se encontró en la pista con Paula Robles, la mujer con quien estuvo casado durante catorce años. Al ritmo de las guitarras españolas, la ex pareja bailaba, mientras los invitados los rodeaban y aplaudían afectuosamente. “Se trató de un dúo de baile cariñoso”, resumieron después. Y así las horas fueron pasando, hasta que a las siete y media de la mañana el anfitrión abandonó el barco. Ultimo, como buen capitán. Ultimo, como buen cumpleañero. En las aguas de la playa de su chacra esteña, Marce disfruta relajado y feliz su primer chapuzón de cincuentañero.

En las aguas de la playa de su chacra esteña, Marce disfruta relajado y feliz su primer chapuzón de cincuentañero.

El operativo de seguridad contó con efectivos de la Gendarmería Nacional, la Policía Federal y empleados de una empresa privada especializada. Había que atravesar cuatro controles. Se recibía a los autos con pétalos de rosa. Marcelo llegó junto a Fede Hoppe, uno de sus productores.

El operativo de seguridad contó con efectivos de la Gendarmería Nacional, la Policía Federal y empleados de una empresa privada especializada. Había que atravesar cuatro controles. Se recibía a los autos con pétalos de rosa. Marcelo llegó junto a Fede Hoppe, uno de sus productores.

...que le ha dado tanto. Y, entretanto, los regalos del día D, que arrancó en La Boca y terminó en el Este: Mariana Fabbiani eligió “algo de San Lorenzo”; Alvaro Navia, cubiertos; Marcela Feudale, una caja de vinos boutique; Sebastián Vignolo, un collar; Martín Bossi se inclinó por un cuchillo asador y un destapador. Un poco más excéntricos, sus productores, Pablo Prada y Federico Hoppe, le regalaron dos estatuas filipinas y un banco de plaza.

...que le ha dado tanto. Y, entretanto, los regalos del día D, que arrancó en La Boca y terminó en el Este: Mariana Fabbiani eligió “algo de San Lorenzo”; Alvaro Navia, cubiertos; Marcela Feudale, una caja de vinos boutique; Sebastián Vignolo, un collar; Martín Bossi se inclinó por un cuchillo asador y un destapador. Un poco más excéntricos, sus productores, Pablo Prada y Federico Hoppe, le regalaron dos estatuas filipinas y un banco de plaza.

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