“Hoy no cambio el sexo por ningún éxito televisivo” – GENTE Online
 

“Hoy no cambio el sexo por ningún éxito televisivo”

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Cuando puso el punto final, quedó muda. “Me mató una laringitis”, dice, cómplice de la teoría que podría ligar la somatización al “finalmente, ser capaz de decir”. Había releído el texto cuatro veces y dilataba la entrega: “Sentía pánico a soltar mi vida”. Entre sus páginas, “el temor se repetía de forma abrumadora”. Tipeó “basta de miedos” y resumió así un camino de once capítulos con una meta: “Aprender a vivir”. Viviana Canosa (40) está convencida de lo que llama “el swinger de amigos: si algo funciona, hay que recomendarlo”. La gran voyeur de la farándula deja espiar sus más crudas angustias, la redefinición del sexo y el amor y la reconciliación con un pasado que “me hace amar este presente”.

HAMBRE DE SER AMADA. “A los cinco años armé un bolsito y me fui de casa”, primera manifestación de un “largo día de domingo nublado y lluvioso”, como define su infancia. “Me sentía abandonada”, confiesa. “Mamá detestaba que le tuviera miedo a la oscuridad, pero su crianza estuvo basada en el miedo y la culpa. Me sentía un cachorro en un hogar, al que nadie alzaba”.

–¿Perdonaste a tus padres?
–Sí. Mirta y José son maravillosos. Crecí viendo una pareja tan fuerte que creía que no tenían energía para mí. Yo era la hija más autosuficiente y destacada: es lógico que entendieran que no necesitaba halagos. Llegué a fingir enfermedades para que me extrañasen, y a envidiar a mis compañeras que tenían padres separados, porque imaginaba que competían por ellas. Con mamá me reconcilié cuando se enfermó de cáncer: fue un antes y un después.

–¿Al leer tu libro, finalmente te halagaron?
–Cada fin de año me hago un regalo según cómo me fue. 2010 estuvo bueno, y decidí que sería para mis viejos. Antes de darles la sorpresa, les pregunté: “¿Alguna vez los hice sufrir? ¿Fui buena hija?”. Hubo disculpas y asuntos saldados. Nos abrazamos y lloramos un rato. Días después, partieron a Europa en un viaje de tres meses. Entendí que para ellos soy Vivianita. Me demuestran afecto con gestos como “¿necesitás que te cuidemos las perras?”. Y aprendí a pedir: “Má, ¿venís a organizarme la alacena?".

LA SANACION. “Me animé a escribir una vez resueltas mis historias con ciertas personas, cuando las heridas sanaron. Si no, no podría ayudar a nadie”, dice. “Viajar a Haití me cambió la vida. Caminar entre tanta muerte me hizo dar cuenta de que la muerta era yo: sin un gran amor, y con enemigos. Necesitaba limpiar”.

–¿La llamada a Jorge Rial tuvo que ver con eso?
–Sí. Una noche de diciembre de 2010 volvía del canal, cansada. Me recosté en el asiento trasero del auto, le pedí a mi chofer que pusiera Viva la vida, de Coldplay. Pensé: “Se vienen las Fiestas... ¿Qué puedo mejorar?”. Lo llamé. “Hola, flaca, ¿cómo estás?”, me respondió. “Quiero decirte que más allá de lo que pase, yo hasta acá llegué. No quiero pelear; hoy suelto todo el dolor. Te deseo puro éxito”, le dije. “Tomemos un café”, me sugirió. Jorge tuvo que ver con mi cambio. De no haber pasado por ese conflicto que terminó con mi salida del canal en ambulancia y algún juicio, no hubiese comenzado la terapia. El café nunca llegó, pero me sentí liviana y me arrepentí de haber perdido tiempo.

“Hoy me da pena por mí. Tantas noches sin dormir por no encontrar el sentido de la vida, ¿qué era? ¿Estar humillada por enemigos? ¿Trabajar 24 horas para no hacer foco en lo que realmente me sucedía? ¿Estar perdiendo una pareja? Me descubrí en situación de comodidad”, dice. Algo inherente a su “matrimonio” de once años con el productor Daniel Tobal. “Una mina como yo, que generaba todo, ¿qué buscaba? Me hacían creer que sola no podía. Yo te inventé: sin mí te caés a pedazos. Había perdido seguridad en mi vida”, desliza.

–¿Cómo te desprendiste de ese “matrimonio”?
–Hacer radio sirvió para exorcizar, revelar mis sentimientos. Y la gente me aceptó. Eso y la terapia me fortalecieron. A eso se sumó el episodio en mi programa de tele, cuando sobrevolé la casa de Gran Hermano en helicóptero y enfurecí a Claudio Villarruel, uno de tantos que me cerraban puertas por temor a Jorge. Al día siguiente, y por primera vez, hice un discurso en el que me desahogué contra los que me dañaron. Solté culpas y tuve otra visión de los hombres con poder. Tristemente, supe que Daniel era un marido maravilloso, pero para una chica desvalida y sufrida.

–Y tampoco te elogiaba.
–Jamás. Porque decía que para eso ya tenía mucha gente. Una noche nos cruzamos con un gerente del canal que me dijo: “Estás bellísima, con perdón de tu marido”. Respondí: “Gracias. Igual, él nunca me lo dice”. Fue la clave para la separación. Yo había cambiado. Hasta ahí era poderosa para el afuera y geisha en casa, para no restarle poder. En ese momento comenzó la cuenta regresiva. Fueron seis meses de peleas, subestimación e ignorancia. El no quiso irse: me mudé yo. Ya no quería ese escenario.

CON LOS OJOS ABIERTOS. “Luego de tantos años de pareja, elegí vivir el amor más relajada, sabiendo que no todo es rosa y que la meta no siempre es el matrimonio. Antes decoraba a los hombres. Hoy quiero amar con defectos, vulnerabilidades y sin intentos de cambiarnos”.

–¿La separación revalidó tu soledad?
–Aprendí a compartir con amigos y que la felicidad también depende de mí. Disfruto de mi casa, andar descalza, ponerme el monito de algodón, despojarme hasta del corpiño... porque nunca uso (se ríe). Mi mejor plan es comer en la cama, con mis perras, un buen Malbec o un Etiqueta Negra, mis libros, mis discos, algunos de los Beatles, a quienes redescubrí. Ya no me importa si es viernes o sábado: soy feliz.

–¿Cómo fue volver a amar?
–Acepté una cita postergada con un hombre con quien recobré el valor de la caricia, de un “te quiero” bien puesto. Volver a desvestirme psicológica y físicamente fue difícil pero excitante. Viví un gran romance, hasta que confesó que era casado. Sufrí horrores. Fue el hombre que más lloré, por él y porque finalmente estaba haciendo el duelo de mi ex marido. Después me reencontré con un hombre que decía haberse fijado en mí muchos años antes, cuando ambos estábamos en pareja. Me devolvió la risa y me integró a su familia. Pero le costó entender lo importante que es mi trabajo. Hoy puedo entregarme en la cama, pero someterme en la vida, nunca más.

Fue entonces que Viviana conoció a Bruno Laurent Philippe Barbier, un empresario belga con título de conde, ex de Juliana Awada, con quien vivió su último noviazgo. Por estos días está señalado como “el que quiso levantarse a Susana”. “Fue una anécdota divertida. Se la encontró en un avión, y como es muy caballero, ella pudo haberse confundido. Nos reímos de eso con él y con Su”, explica antes de definir, escuetamente, su estado civil. “Soltera y muy bien desde hace unos meses. No estoy en pareja, pero tampoco tan sola” (se ríe). Sin embargo, se resiste al título de nueva cultora del touch and go. “Exploro esta etapa intermedia. Me permito disfrutar de un gran momento sin necesidad de rótulos ni proyectos. Para estar con un tipo tengo que sentirme enamorada. Igual voy despacio, porque me apasiono de más”.

–¿Tanta pasión?
–Por una calentura, de esas de amor, ¡hago todo! Soy capaz de dejar un programa colgado y tomarme un avión detrás del tipo que me gusta, como hice una vez (se ríe). Enamorada, soy muy contenedora. Los hombres pueden verme muy fuerte, y no saben que con decirme “te extrañé”, me desmayo. Sueño con esos grandes amores que llegan entre los 35 y los 45 años, según decía Sai Baba. Estoy en el punto justo de comenzar una gran historia.

–¿El teléfono suena?
–No para (se ríe). Estoy tan abierta al Universo que ya soy multitarget. Me llama desde un futbolista de 22 años, que juega en Europa, a un político de 55. Pero no contesto mensajes. Mi objetivo es encontrar a un hombre para siempre, que sepa quién es y por qué quiere estar sólo conmigo, que me dé un sexo increíble, con inteligencia, atención a los detalles y mucho humor. Sé que existe, porque yo soy así.

–Sos muy sexual...
–Mucho, pero cuando siento conexión. Si el tipo no es lindo, debe despertarme morbo por algún lado. Y en “ese” momento, tengo que sentir que lo amo. O sea, que me haga el amor en todas las posiciones y a mí me salga un: “¿Sabés qué? Te quiero” (se ríe). En la cama no me importa nada, y el sexo me hace tanto bien que no lo cambio por ningún éxito televisivo: es sinónimo de buena salud, de vitalidad. Me pone creativa.

LA MATERNIDAD. “Durante una comida con amigos que me despedían antes de viajar a Haití, un hombre en quien nunca había reparado me dijo: ‘Planeemos tener un hijo a tu regreso’. Fue un mensaje de amor que agradecí emocionada”, confiesa.

–¿Hay deseos de ser madre?
–Todos los hombres que conocí me lo propusieron. Pero para ser mamá necesito un marco de amor pleno, un tipo concreto que me diga “hagámoslo ahora”. Si no, sería egoísta. La edad no me corre y no sigo el mandato social: lo dejo en manos de Dios. Llegado el caso, congelaré óvulos, adoptaré o aceptaré como propios a los hijos de alguna pareja.

“VOLVER A MI”. “Cuando decidí dejar la casa familiar, papá me dijo: ‘Si te va mal, sabé que no vas a poder volver’. Si hasta ese entonces me había esforzado por que se percataran de mi existencia, ¿cuánto debía hacer para que el mundo me registrara? Era un desafío. Fui contra todo, la moda y la tele, dos cosas de mujeres poco dignas para ellos”, dice quien a los 16 años, aburrida del colegio, tomaba clases de diseño con Paco Jamandreu. “Era genial: los dos tirados en su estudio entre los vestidos de Evita. Me decía: ‘Nena, bajá a comprarme whisky y seguimos’”, recuerda entre risas.

–¿Dejar el colorado rabioso fue erradicar la maldad?
–Sí. Fue volver a mi esencia. Había armado un personaje duro, justiciero, autoritario, acorde a mi entorno en ese momento. Quería ser diferenciada y aceptada. El proceso duró tres años y fue paralelo al cambio interno.

–Existe un mito de tu complejo con...
–El culo (se apura con gracia). Sí: soy mina de culo contundente, pero en un metro setenta y cinco. Tengo formas y no me acomplejaron jamás. Disfruto mucho de cada parte de mi cuerpo, y en la intimidad vale todo. No es mi rollo. Mi gran virtud es mi cabeza, y hasta hago el amor con ella.

–¿Cómo cuidás esa dupla, cuerpo y mente?
–Camino desde la radio en Palermo hasta mi casa en Recoleta, con mis productoras, en reuniones atípicas. Practico meditación mantra yoga e hice Deeksha, una técnica de imposición de energía. Como rico: prefiero una buena milanesa contenta a una de soja con cara de traste. No tomo sol, detesto los tratamientos invasivos y el bótox. Eso sí: me cuido con calidad, uso buenas cremas. Y aclaro: ¡las tetas me las hice hace ocho años! ¿Qué pasa? ¿La gente me verá más linda? (bromea).

–En camino de ser una vieja contenta.
–Quiero ser una vieja sabia por haberle encontrado sentido a la vida. No me molestarán las arrugas, los rollos ni la guita que pude haber hecho. No me imagino una anciana mutilada, sino poniendo energía en el sexo, en un buen diálogo o en un viaje.

–Hablaste de meditación. ¿Sos muy espiritual?
–Tengo una gran conexión con Dios y creo en los milagros. Hablo con El cuando me acuesto y cuando me levanto, como ejercicio. Busco espacios para meditar, hasta durante mis programas. Aprovecho cuando alguien está diciendo algo y me cuelgo un par de minutos. Soy católica, pero el Día del Perdón pasado fui con el rabino Bergman al templo, porque creo en la unión como motor, tanto en religión como en política.

–¿Te interesa la política?
–Será parte de mi futuro. Me encantaría asumir un puesto en política social, aunque no haya partido político que me identifique. Creo que nuestra generación debe involucrarse, jugarse, porque si no, pasa lo que pasó: Cristina arrasa sin oposición. Debemos aprovechar la democracia: ya fuimos rebeldes, ahora seamos constructivos. Me encanta ver a Macri diciendo que laburará con Scioli, y a Binner apoyando a la Presidenta.

–¿Por qué estuviste en el velorio de Néstor Kirchner?
–Estaba preparando un programa sobre él para C5N y quería ser testigo presencial. No soy kirchnerista, pero pude sentir el furor por alguien que marcó un antes y un después en la política. Cristina me parece una mujer brillante, que nos hace quedar genial ante el mundo, una gran militante como ningún otro en este momento.

VOLAR BAJITO. “Hoy cuido de mí misma, y entendí lo importante del vivir aquí y ahora. Visualizo escenas maravillosas de mi futuro y así erradico los malos pensamientos”, destaca como ritual. “Siempre recuerdo la canción de Facundo Cabral: ‘Vuela bajo/ porque abajo/ está la verdad’. Volando bajito te pueden abrazar y estoy más cerca de lo que soy. Disfruto y concreto lo chiquito, sin grandes expectativas”.

–¿Cuáles son los deseos de ese vuelo rasante?
–Viajar más. Me gustaría conocer los Ashram de la India o Israel. Y profesionalmente, tener un programa estilo magazine, entrevistar a Cristina, a un cartonero y a la vedette de moda. Porque así soy: una mina que sabe divertirse, lo que sale un paquete de galletitas y pagar un impuesto. Puedo hablar de lo que vivo y siento.

–Vive en avenida Alvear, la hebilla de su cinturón es una gran “H” y su chofer la espera abajo. ¿Mimos o pretensiones?
–Siempre tuve gente avara alrededor, y recibí miradas despectivas si compraba una cartera más cara de lo que debía gastar. Vivía con culpa: ¿estaré apuntando demasiado alto? Hoy me avergüenza recordar cuando escondía lo que compraba o le decía a mi ex marido que lo tenía desde antes. Entendí que primero debo ser generosa conmigo: me regalo, luzco y disfruto. Las mujeres deberíamos ser más egoístas. Y si tengo chofer es porque me da miedo manejar dormida a las seis de la mañana o andar sola a las diez de la noche.

ABRAZAR A LA NIÑA QUE FUI. “Los hombres que me han amado, siempre dijeron que soy una nena. No perdí la sensibilidad, la dulzura ni la nobleza. Más allá del éxito y las marcas, aún soy la niña que pasaba horas encerrada en su cuarto, pintando caballos y trazando un futuro. Siento que aprendí a enfrentar la vida y recuperé mi esencia: una mujer frágil que quiere ser amada, pero que finalmente sabe pedir ‘abrazame que tengo miedo’”. Thila y Negrita amor completan la escena cotidiana de su versión “más auténtica”. Juntas, en el living de su departamento de Avenida Alvear, donde confiesa haber revalorizado la soledad.

Thila y Negrita amor completan la escena cotidiana de su versión “más auténtica”. Juntas, en el living de su departamento de Avenida Alvear, donde confiesa haber revalorizado la soledad.

“Hoy disfruto sin culpa de los encuentros apasionados, sin rótulos ni proyectos futuros. Puedo entregarme en la cama, pero someterme  en la vida, nunca más”

“Hoy disfruto sin culpa de los encuentros apasionados, sin rótulos ni proyectos futuros. Puedo entregarme en la cama, pero someterme en la vida, nunca más”

El primero de siete libros por los que fue contratada, agotó edición el día de su lanzamiento. Viviana ya prepara agenda de charlas y firmas en Uruguay, antes de la gira nacional que piden sus seguidores. “Hadad fue quien me convenció de hacerlo: ‘Debés hablarle a tu gente como una doña Rosa aggiornada, porque ellos te quieren’”,  me dijo.

El primero de siete libros por los que fue contratada, agotó edición el día de su lanzamiento. Viviana ya prepara agenda de charlas y firmas en Uruguay, antes de la gira nacional que piden sus seguidores. “Hadad fue quien me convenció de hacerlo: ‘Debés hablarle a tu gente como una doña Rosa aggiornada, porque ellos te quieren’”, me dijo.

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