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Hoy, esa paz está más fuerte que nunca

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"Se desplomarán primero estas montañas antes que argentinos y chilenos rompan

la paz jurada a los pies del Cristo Redentor". Dos mil personas escucharon al
Obispo Ramón Jara, chileno, la helada y ventosa mañana del 13 de marzo de 1904
en medio de la cordillera de Los Andes, a 4.200 metros de altura. Minutos antes,
el canciller argentino José Terry había descorrido el velo que cubría a la
estatua del Cristo Redentor, símbolo del tratado de paz firmado entre ambos
países. Desde entonces, los seis metros de alto y las 350 toneladas de bronce de
la obra del escultor Mateo Alonso vigilan que aquella sentencia se cumpla.
Exactamente a cien años de aquella jornada, los picos andinos siguen en pie pese
a una relación muchas veces turbulenta, todos los diferendos limítrofes están
zanjados y los presidentes Néstor Kirchner y Ricardo Lagos renovaron aquel
juramento.

CENA INTIMA. El acto fue la mejor excusa para que ambos mandatarios tuvieran una
extensa reunión, a solas, la noche anterior, para hablar sobre el apoyo chileno
al acuerdo argentino con el Fondo Monetario Internacional. Lagos -el presidente
con quien Kirchner tiene mejor relación personal, y a quien admira por sus dotes
intelectuales- recibió a su par, el viernes, en su residencia particular del
barrio Providencia y arrancó la noche con un importante mensaje: "Recibí con
alegría el acuerdo argentino con el Fondo, y recibo con alegría a un amigo que
tiene éxito en una economía que está creciendo…"
. Las flores fueron devueltas de
inmediato por el santacruceño: "La experiencia que ya tiene el presidente Lagos
en la gestión trato de escucharla con mucha atención porque ayuda a que uno
pueda tener la mayor cantidad de aciertos y la menor cantidad de errores…".
Acto
seguido, tras romper Kirchner el protocolo una vez más y acercarse a los vecinos
de Lagos, a quienes les preguntó cómo se portaba el Presidente, cerraron la
puerta. Nadie más participó de la cena. En principio, de la partida iban a ser
ambas primeras damas, Cristina Fernández y Luisa Durán, pero el rompimiento del
glaciar Perito Moreno cambió los planes y la senadora viajó a El Calafate.

En la casa, tocaron el tema del acuerdo con el Fondo y la forma en que Chile
podría sumarse a la posición frente a los organismos financieros internacionales
-con los que no tiene ningún problema- que la Argentina y Brasil comenzaron a
definir en Caracas hace diez días, cuyos detalles se definirán en Brasilia entre
hoy y mañana. Lagos, por su parte, le pidió a nuestro Presidente que lo acercara
a Lula Da Silva, con quien no puede terminar de armar una corriente de simpatía.
También se tocó la situación de Haití, donde Chile envió tropas de paz.

A LA ALTURA DE LA HISTORIA. Al día siguiente, en helicóptero, ambos volaron 150
kilómetros hasta Portillo, cerca de la frontera argentina. En una van
completaron el trayecto hasta el Cristo Redentor. Más esfuerzo hicieron, a
principios del siglo pasado, quienes transportaron la estatua desde el Colegio Lacordaire, en Buenos Aires, hasta el Paso Bermejo, en una planicie del cerro
Santa Elena, donde fue emplazado. Primero, porque en 600 bultos fue llevada en
tren hasta la ciudad de Mendoza, y de allí treparon a lomo de mula con las
partes, que fueron ensambladas en el lugar y en pleno invierno.

A las diez y cuarto de la mañana, con un cielo perfecto y sin nubes pero con
apenas tres grados que se hacían sentir, llegaron Kirchner y Lagos. En las
sillas ya estaban ubicadas las comitivas (por la Argentina fueron el jefe de
Gabinete Alberto Fernández, el ministro de Defensa, José Pampuro, el vocero
Miguel Nuñez y los gobernadores de Mendoza y San Juan, Julio Cobos y José Luis
Gioja, entre otros), y a ambos lados formadas las agrupaciones militares de
ambos países, gauchos argentinos y guasos chilenos que habían viajado desde el
día anterior a caballo, y chicos de gimnasios y escuelas que portaban banderas.
A diferencia de 1904, esta vez cada uno respetó su lado de la frontera.

Ambos mandatarios, al hablar, se encargaron de recordar una situación
particular: Lagos tiene una hija argentina (Francisca -29-), mientras que la
madre de Kirchner, Juana, es oriunda de Punta Arenas, Chile.

Tras colocar una placa, se despidieron. Kirchner intentó tomar el helicóptero
Sikorsky en Los Hornillos, pero la falta de oxígeno en la altura afectó el motor
y tuvo que hacer tres intentos y bajar a dos tripulantes -entre ellos, un lívido
gobernador Gioja- para, finalmente, despegar. En el primero, según un
tripulante, cayó desde seis metros, y al tocar tierra patinó y quedó al borde de
un barranco. Hace cien años, el coche tirado por caballos que transportaba,
entre otros, al gobernador mendocino Carlos Galigniana Segura, casi cae al vacío
por una mala maniobra. Dentro de un siglo, la peripecia del helicóptero
presidencial quizás alimente una crónica como ésta. Sucederá, claro, mientras
las montañas no se desplomen. Y la paz, como el Cristo, siga allí.

por Hugo Martin
(enviado especial a Chile y Mendoza)
fotos: Presidencia de la Nación, AFP y Departamento de Documentos Fotográficos del Archivo General de la Nación

El acto de celebración del centenario del Cristo Redentor fue imponente, y lo coronó un mensaje del Papa Juan Pablo II dirigido a los presidentes de la Conferencia Episcopal argentina y chilena: Monseñor Eduardo Vicente Mirás (Arzobispo de Rosario) y Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, (Arzobispo de Santiago de Chile).

El acto de celebración del centenario del Cristo Redentor fue imponente, y lo coronó un mensaje del Papa Juan Pablo II dirigido a los presidentes de la Conferencia Episcopal argentina y chilena: Monseñor Eduardo Vicente Mirás (Arzobispo de Rosario) y Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, (Arzobispo de Santiago de Chile).

El día fue a pleno sol, pero también con mucho frío: la temperatura a 4.200 metros, apenas rozaba los tres grados. Los presidentes Kirchner y Lagos, además de llegar bien abrigados, fueron los únicos convidados con un reparador café.

El día fue a pleno sol, pero también con mucho frío: la temperatura a 4.200 metros, apenas rozaba los tres grados. Los presidentes Kirchner y Lagos, además de llegar bien abrigados, fueron los únicos convidados con un reparador café.

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