“Hollywood me seduce, pero me quedo con el prestigio de Cannes” – GENTE Online
 

“Hollywood me seduce, pero me quedo con el prestigio de Cannes”

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Escena 1. Interior de auto. Un domingo de sol. Noviembre de 2006. La familia Trapero a pleno viaja en auto camino a Cañuelas. Desde el asiento trasero, el pequeño Mateo (entonces de cuatro años) hace una pregunta al pasar frente a la Unidad 31 del Penal de Ezeiza, al costado de la autopista: “Mamá, ¿por qué esa parte está pintada de rosa?”. La inquietud quedó flotando en el asiento de adelante, y más tarde los papás de Mateo averiguaron la respuesta. Las paredes rosas identifican al pabellón de presas embarazadas y madres que cumplen condena junto a sus hijos de hasta cuatro años.

La contradicción entre el domingo de asado familiar en el campo y la opresión del pabellón de chicos encerrados motivó a Pablo Trapero (recientes 37 años, papá de Mateo y director de, entre otras, Mundo grúa y El bonaerense) a la concepción de Leonera, su última creación, que relata la historia de Julia Zárate, una joven embarazada presa, que deberá parir y criar a su hijo tras las rejas.

Escena 2. Filmación de Leonera. Unidad 47 de San Martín. Octubre de 2007. El cuerpo de Martina Gusmán (29, mamá de Mateo, actriz y productora) está siendo transformado en el de Julia. Un traje de látex, que la cubre de pechos a rodillas, la convierte en la mujer embarazada que interpreta. “Gordo, ya estoy. Sólo falta un retoque de maquillaje”, le anuncia al director Trapero y a Pablo, su pareja.

Escena 3. Cena en San Sebastián, Festival de Cine. Septiembre de 2008. Suena el teléfono de Pablo Trapero: “¿Sí? ¡Genial!”. Corta, le propone un brindis a Martina y anuncia: “Somos los elegidos para ir por el Oscar”.

Escena 4. Recién llegada del Festival, donde fue jurado, Martina y esta charla con GENTE.

–¿Dónde discute más con Pablo? ¿En el trabajo o en casa?
–Y, se mezcla un poco todo… Es difícil cortar. Hemos pasado algún que otro fin de semana sin hablarnos, enojadísimos por algo que sucedió en el trabajo. Somos muy pasionales en todo, y si no trabajáramos juntos sería muy difícil mantener la pareja. He llegado a declarar el fin de filmación desenchufando los faroles y gritando “¡Basta, Pablo!”. Pero al mismo tiempo hay algo que hace que lo que creamos juntos sea mejor.

–También debe haber desventajas de que tu pareja esté siempre en tu trabajo…
–Mmm… (piensa). Aquí va una: hablar mal del jefe en casa es imposible para mí. Entonces, como no puedo putearlo, me descargo con otras cosas. Sirvo la mesa y revoleándole el plato, le digo: “Tomá, acá tenés la cena” (levanta el tono de voz y hace el ademán del frisbee). Con Pablo nos conocemos tanto que, para cambiar la onda, ante el primer indicio de enojo nos pasamos al humor. Uno de los dos se distancia y se ríe.

–¿Pasó alguna vez de terminar enojados en el trabajo y reconciliarse en casa?
–Sí, claro como suele suceder con la mayoría: la cama es un lugar de reconciliación. Pasó. Y también pasa de estar molestos por algo de casa y llevarlo a la oficina.

–¿Y dónde negociás un aumento de sueldo?
–¿Sabés que nunca le pedí aumento? En realidad no tengo un sueldo. Las cuentas las llevo yo, en casa y en la productora (Matanza Cine). No hay una división concreta, todo es de los dos.

–¿No tienen ningún espacio en que el otro no participa?
–Sí. En el caso de Pablo es el tenis.

–¿Y ahí nada de dobles mixtos?
–No. La raqueta no se lleva bien conmigo. Lo mío es el yoga. Practico ashtanga tres veces por semana. Empecé luego de ser mamá, cuando me surgió la necesidad de tener un espacio individual, para estar sola conmigo y buscar un lugar de centro, de introspección.

–Con tu actuación en Leonera dejás de ser la productora y esposa del director para convertirte en la actriz protagónica. ¿Cómo manejan la exposición que esto genera?
–Conocía el tema, porque antes de ir a Cannes como protagonista de Leonera ya había ido cinco veces del brazo de Pablo. Y eso me aportó mayor tranquilidad emocional. Como actriz y como pareja, él me acompañó mucho en ese proceso. En vez de darnos por la competencia, siento que consolidó lo que somos juntos. Recibir aplausos en la mítica sala Lumière fue magnífico.

–Y ahora se van al Oscar…
(Risas) No te apresures, todavía no se sabe. En principio representamos a la Argentina entre las 80 u 85 películas de las que saldrán las cinco nominadas para Mejor Film Extranjero. Para nosotros ya es un honor haber sido elegidos. Este año había muchas obras que lo merecían: Aniceto, de Leonardo Favio, El nido vacío, de Daniel Burman, o La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel, por ejemplo.

–Antes nombraste Cannes… ¿Alcanzar la nominación para un Oscar es algo que imaginaste alguna vez?
–Son cosas distintas. El mayor reconocimiento es ganar la Palma de Oro en Cannes en competencia oficial. La candidatura al Oscar significa la apertura al mercado americano y la posibilidad de experimentar otros tipos de películas. De Los Angeles ya nos llamaron agentes, publicistas y representantes, y eso es rarísimo. Incluso, Leonera podría tener una remake made in USA. A Pablo lo representará la misma compañía que a Martin Scorsese. ¡Nada menos! Y por primera vez yo tendré agente; estoy eligiendo quién hablará por mí ante el American Film Art.

–Ya te veo en unos años estampando tus manos en el Paseo de la Fama del Teatro Chino de Los Angeles…
(Se sonroja) Nunca fue ése mi sueño. Ingresar al mercado americano es conseguir mayor financiación para hacer más cine. Me seduce Hollywood, pero me quedo con el prestigio de Cannes.

–¿Ya tienen la próxima película en mente?
–Sí, el título provisorio es Carancho y habla sobre el mundo de la salud pública en la Argentina, haciendo foco en los negociados que hay en las compañías de seguros con los accidentes de tránsito. Son tres personajes, un abogado, una médica (mi papel) y un policía.

–¿Ponerte bajo las órdenes de otro director sería como una infidelidad hacia Trapero?
–No, nada de eso. Soy actriz y también productora, y mi día a día está en nuestra empresa. No es que sólo quiera dedicarme a la actuación. Voy a hacer películas con otros directores, pero siempre y cuando sienta que el personaje tiene algo potente que valga la pena contar.

–Pero no todo es cine en la vida. ¿También van a “coproducir” más hijos?
–Absolutamente. No queremos que Mateo sea hijo único, pero estoy viendo el momento… Lo analizo con el calendario de festivales. Pablo insiste con otro chico desde que nació Mateo. Claro, para los hombres es más simple. Dicen: “Si nos arreglamos con uno, nos arreglamos con dos”.

–Proponéle un trato: si ganamos el Oscar, nos tomamos vacaciones para buscar al segundo…
–Es una buena idea. ¿Por qué no?

Empezó a estudiar teatro a los 7 años, pero a los 18 optó por el detrás de cámara, como asistente. Luego de una década como productora ejecutiva de cine, volvió a la actuación con todo. Ya la tentaron para filmar en los Estados Unidos.

Empezó a estudiar teatro a los 7 años, pero a los 18 optó por el detrás de cámara, como asistente. Luego de una década como productora ejecutiva de cine, volvió a la actuación con todo. Ya la tentaron para filmar en los Estados Unidos.

<i>“Llegar a casa y hablar mal del jefe es imposible para mí. Entonces, como no puedo, me descargo con otras cosas. Sirvo la mesa y le digo a Pablo, revoleándole el plato: ‘Tomá, acá tenés la cena’”</i>.

“Llegar a casa y hablar mal del jefe es imposible para mí. Entonces, como no puedo, me descargo con otras cosas. Sirvo la mesa y le digo a Pablo, revoleándole el plato: ‘Tomá, acá tenés la cena’”.

<i>“Para nosotros ya es un honor representar a la Argentina entre las ochenta películas de las que saldrán las cinco nominadas al Mejor Film Extranjero”</i>.

“Para nosotros ya es un honor representar a la Argentina entre las ochenta películas de las que saldrán las cinco nominadas al Mejor Film Extranjero”.

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