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Heber Orona conquistó el Kilimanjaro

Heber Orona conquistó el Kilimanjaro

Redacción Gente

"Ya estamos cerca. A paso lento ascendemos el tramo final, que
transcurre a lo largo de una pendiente de nieve que nos deja en la antecumbre.
Continuamos la marcha durante 10 minutos, hasta que la emoción nos invade:
llegamos al punto más elevado del continente africano,
Uhuru Peak, a
5.895 metros. La majestuosa vista de la sabana nos paraliza. Hacemos un giro
completo para ver la inmensidad que nos rodea. El espectáculo es impactante.
Distinguimos el cráter y las infinitas formaciones de la montaña. Son las
8.25
. Es el
Monte Kilimanjaro."

Así narraba Heber Orona el momento en el que conquistó la cima del León
Africano
. El montañista mendocino de 29 años, que a través del Desafío
Siete Cumbres
intenta lograr el ascenso a los picos más altos de los 7
continentes, ya completó el sexto capítulo de la aventura. Sólo le resta
enfrentarse al Monte Vinson (Antártida, 4.897 m.) para convertirse en el primer
argentino en lograr escalar los siete gigantes.

A mediados de febrero de este año, el Heber ya había
descubierto todos los secretos del Everest (Asia, 8.488 m.), el Mc Kinley
(América del Norte, 6.194 m.), el Elbrus (Europa, 5.642 m.), el Carstensz,
(Oceanía, 5.029 m.), y el Aconcagua (América del Sur, 6.962 m.). El duelo con
el "Kilima-Njaro" -que significa Monte Monte Blanco-, comenzó el 22
de mayo. Durante esos duros días, como acostumbra hacerlo durante cada uno de
los ascensos, transmitió los detalles de la aventura a través de una
computadora portátil. En cada parada o respiro, abrigado bajo la protección de
su carpa, se conectó diariamente para contarle a los navegantes de GENTE
ON LINE
cómo iban las cosas.

Partió el 22 de mayo con destino a Sudáfrica. Al día siguiente
realizó la conexión hacia Nairobi, y en ese vuelo, por primera vez, se
encontró cara a cara con el Kilimanjaro: "Antes de aterrizar
lo veo y distingo su gran cráter y sus nieves", relató en sus
crónicas.

Dos días más tarde se dirigió hacia Arusha, el punto de partida
para las expediciones más famosas de la zona. Allí contrató al guía y
descansó en un hotel para salir por la mañana hacia la primera escala de la
expedición. Repuesto tras el último descanso que incluyó cama y colchón,
sólo le quedó por delante una dura travesía: recorrer peligrosos caminos a
bordo de una 4×4 para completar la distancia que separaba el campamento uno, Machame
Hat,
de la entrada al parque. "La senda es bastante ancha en un
principio –
explicaba Heber-, aunque está húmeda y resbalosa. Cada vez
se cierra más, y por supuesto, se empantana a medida que avanzo. Pero gracias a
Dios no llueve, sólo hay una bruma que no molesta"
. Pero la alegría
duró poco. Apenas llegó al campamento empezó a llover.

Al día siguiente partió hacia Shira, el campamento dos. Llegó a
destino tras caminar durante tres horas a través de una subida abrupta. Por la
tarde comenzó a percibir la niebla, y cuando comenzó a oscurecer, como todos
los días, el cielo se cubrió de nubes y se largó a llover. Cayó la noche, y
con ella llegó el descanso. Por la mañana, la llovizna continuaba constante.
"Es increíble, no paró de llover. Esto ya es peor que Oceanía",

explicaba Heber, aunque demostraba que su mente seguía fija en la idea de
llegar a la cima: "En un momento alcancé a ver el Kilimajaro,
pero fue sólo un momento"
, escribió entusiasmado.

El 28 de mayo partió hacia la base del glaciar Arrow, donde se
encontraba el campamento 3. La lluvia lo acompañó durante el primer tramo del
recorrido. Luego desapareció y dejó lugar a una nevada que se intensificaba a
cada paso. Llegó a la base y se produjo el encuentro: "Luego de un par
de horas, con la esperanza aún intacta, vi surgir una magnífica pared detrás
de las nubes: el
Kilimanjaro, con sus morrenas, sus seracs (grandes masas
de hielo y nieve) y sus cascadas"
. Sólo faltaban 1.000 metros para
alcanzar la cumbre.

El ascenso del día final se presentó complicado, tanto, que hasta el guía
dudó en seguir adelante. "La pared tiene pasos de roca que con nieve en
polvo se tornan peligrosos. Por momentos el guía duda y, sin ofenderlo, le digo
que cuente conmigo para seguir adelante, pero siempre se niega, ellos son los
guías y deben ir primero"
.

Luego de cinco horas y diez minutos de escalada, el sueño se concretó, y
Heber, invadido por la emoción, compartió con todos el instante en
el que pisó la cumbre del pico más alto del Continente Negro:

"Continuamos la marcha durante 10 minutos, hasta que la emoción nos
invade: llegamos al punto más elevado del continente africano, Uhuru Peak, a
5.895 metros. La majestuosa vista de la sabana nos paraliza. Hacemos un giro
completo para ver la inmensidad que nos rodea. El espectáculo es impactante.
Distinguimos el cráter y las infinitas formaciones de la montaña. Son las
8.25. Es el Monte Kilimanjaro.
"
La bandera argentina flamea en la cima del Kilimanjaro. Heber Orona cumplió una nueva etapa del <i>Desafío Siete Cumbres</i>.”></p>
<p class=La bandera argentina flamea en la cima del Kilimanjaro. Heber Orona cumplió una nueva etapa del Desafío Siete Cumbres.

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La remera de <i>GENTE ON LINE</i> con el monte de fondo. El site siguió, día a día, la aventura de Heber en el Continente Negro.”></p>
<p class=La remera de GENTE ON LINE con el monte de fondo. El site siguió, día a día, la aventura de Heber en el Continente Negro.

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