“Hay una cosa letal para el amor que se llama matrimonio” – GENTE Online
 

“Hay una cosa letal para el amor que se llama matrimonio”

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A las tres en punto de la tarde, Eliseo Subiela ingresa a la suite principal de The National Hotel. Está en Miami y está feliz. No es para menos. Su reciente película, Lifting de corazón, abrió de la mejor manera posible el Festival Internacional de Cine de Miami. Tras los créditos finales, una ovación continuada –65 segundos por reloj– estalló en la sala. El realizador de éxitos como Hombre mirando al sudeste (por el cual está en juicio con Universal al ser plagiado en la película K-Pax, protagonizada por Kevin Spacey), El lado oscuro del corazón y Ultimas imágenes del naufragio, recibió al cronista de GENTE para hablar de su nueva película.

–En Lifting de corazón aborda el tema de la infidelidad y la traición de un hombre maduro a su mujer, cuando se enamora de una jovencita...
–Bueno, vos hablás de traición, una palabra un poco fuerte. Pero yo no siento que el doctor Ruiz (el protagonista del film) traicione a su esposa. Le miente, la engaña, pero insisto, hablar de traición me parece un poco fuerte. Infidelidad es una palabra que detesto. Me suena a canino. Los perros son infieles. Hay que ser leal, que es otra cosa, ¿no? Esa lealtad puede permitir un desliz o un traspié.

–¿Cree eso?
–Si. Partamos diciendo que a mí me parece un disparate la monogamia.

–¿Es fiel?
–(Larga pausa). Yo siento que nunca traicioné a mi mujer. Más intimidades no te voy a contar. Pero básicamente siento que nunca la traicioné, ni hice algo que pudiera dañarla.

–¿Entonces, no cree en la monogamia?
–No. Me parece una mentira y un disparate total. Una farsa producto de métodos de dominación religiosa.

–Pero la monogamia es indivisible de la lealtad y la fidelidad. Quiero decir, si uno es monógamo, no anda “picoteando” por otros lados.
–Es imposible de definir; es parte de la naturaleza humana.

–O sea, no cree en la fidelidad total.
–No, para nada. Me parece que existe la lealtad y las necesidades, pero no todos necesitan lo mismo. Creo que una cosa es el amor y otra, los fuegos de artificio y el apasionamiento, que, para mí, son un estado de locura pasajero.

–¿El sexo va acompañado con el amor?
–El sexo es otra cosa. Hablábamos de monogamia, lealtad y otros temas. El sexo es algo más serio, es parte del amor que, sin dudas, es un trabajo. Un trabajo que hay que construir, sobre todo cuando una pareja lleva muchos años de convivencia.

–Es que cada pareja es un mundo donde cada uno tiene sus propios códigos...
–Claro. Es así. Cada pareja tiene convenios y acuerdos distintos. A mi juicio, hay una cosa letal para el amor que se llama matrimonio. Y lo digo asumiendo la responsabilidad de que es muy polémico. Pero al mismo tiempo hay una cosa fundamental en la vida de un hombre y es la familia. Yo no tengo las cosas claras. Se sabe que la convivencia es un asesino letal en el amor. Pero, por otro lado, sin convivencia se pierde mucho. Aporta un montón y es muy rica para la pareja. Yo nunca hubiera permitido perderme un día del crecimiento de mis hijos.

–Es que cuando llegan los hijos todo cambia, ¿no?
–Y sí, eso tiene que ver con el amor. Por eso te decía que una cosa son los fuegos artificiales y otra, el amor. Y el tipo que me diga que no es un hipócrita. No conozco el funcionamiento de las mujeres, pero creo que en general son más leales que los tipos.

–¿Qué cosas hace Eliseo Subiela para que su vida no sea una rutina?
–Con Mora, mi esposa, intentamos cosas. A veces las logramos, a veces no. Llevamos muchos años de convivencia. La verdad, te confieso, sé más lo que habría que hacer que lo que hago. Hay mucho para hacer y todo el tiempo uno está eligiendo. Desde uno cuando engaña al otro, hasta el otro cuando perdona o se hace el tonto frente a un engaño. Es una elección de ambos lados.

–¿Cuánto influye su esposa en su vida?
–Todo. Es la mujer más importante de mi vida, aparte de mis hijos. Llevo con ella más de 30 años y es mi piloto de prueba de los guiones. Ella los lee y le pido que sea despiadada y objetiva. Después la termino insultando por lo despiadada y objetiva que fue y que no entiende nada (larga risa). A esta altura es mi compañera, palabra que rescato y valoro mucho más que la de esposa. Lo mejor que puedo decir de ella es que es la compañera de mi vida, y me gustaría que ella dijera lo mismo de mí.

–Y usted, ¿es celoso?
–Quedaría bien que te dijera que no, pero sí.

–¿Y qué es lo que lo pondría loco de celos?
–(Larga pausa). Si me mintiera o me traicionara, supongo. Me molestaría todo, hasta un desliz. Después evaluaría un poco al juzgarla en función de mi culpa...

–Lo que se dice un verdadero egoísta y machista...
–Absolutamente. Evitaría eso, pero es muy difícil. Es muy lindo decirlo, pero después somos posesivos y, quieras o no, el ser posesivo es otro aniquilador del amor.

–Sin dudas, el amor y la muerte son dos temas que a usted lo obsesionan bastante...
–Hay tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. Todos los demás se derivan de ahí. Y algunas preguntas clave: ¿Qué hacemos acá? ¿Qué vamos a hacer después de la vida? ¿Adónde vamos?

–¿Cree en la vida después de la muerte?
–No lo sé. No en los términos que se lo formula la mayoría. Y menos como se lo formula el cine de Hollywood. Pero me parece que la muerte es parte de la vida y hay una continuidad. Obviamente no puedo saberlo. Puedo tener alguna sospecha y, sobre todo, alguna esperanza. No creo que todo se acabe acá.

–Bueno, además usted vivió una experiencia límite en ese sentido, ¿no?
–Sí, cuando iba a Barcelona para terminar No te mueras sin decirme adónde vas y tuve un infarto en el avión. A los diez días estaba operado. Me hicieron un triple by pass. Ahí empiezo mi segunda vida. Y no es casual que después de eso haya filmado Despabílate... que es un poco la reivindicación de la vida como una fiesta; tema que ahora retomo en forma de comedia con Lifting de corazón.

–¿Cuál es su peor película, Subiela?
–(Larga pausa). Creo que es La conquista del paraíso, una de las primeras que filmé, en 1980. La quiero muchísimo, tiene momentos brillantes, pero a la vez es la más fallida y la que más reharía.

–¿Con qué actor no trabajaría jamás?
–Jamás te lo diría (carcajada). Hay muchos, pero a mí me importa mucho la persona y hay mucha mala gente en el ambiente.

–Y ahora al revés, ¿con quién le encantaría o le hubiera gustado trabajar?
–Con Brando, el más grande de todos. Con Johnny Depp, con Pacino. Y de aquí, con Ricardo Darín. Pero hay muchos más; imposible nombrarlos a todos.

–Volviendo al comienzo, ¿cómo le haría el verso a una mujer?
–Justamente con eso, con el verso. En una época era la melancolía; yo era un tipo tristón, brumoso, misterioso. Eso era atractivo, despertaba la curiosidad. “¿A ver qué hay...? ¿Será un imbécil o es un tipo misterioso?” (sonríe). Eso es lo mejor. Nunca tuve otra herramienta que no fuera el verso.

–¿A qué cosas les teme?
–Al ridículo. Y lo he hecho un montón de veces.

Subiela en Miami, donde su película abrió, con un gran recibimiento del público, el <i>Festival Internacional de Cine</i>. La rosa de los vientos del piso parece hecha a medida del autor de <i>Hombre mirando al sudeste</i>, la película que lo consagró.

Subiela en Miami, donde su película abrió, con un gran recibimiento del público, el Festival Internacional de Cine. La rosa de los vientos del piso parece hecha a medida del autor de Hombre mirando al sudeste, la película que lo consagró.

Subiela, jugando a encuadrar en medio de la playa en Miami

Subiela, jugando a encuadrar en medio de la playa en Miami

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