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Hace 20 años era médico… y hoy es presidente, pero sigue curando enfermos

Hace 20 años era médico… y hoy es presidente, pero sigue curando enfermos

Redacción Gente

Un barrio de Montevideo, cercano a la Rambla Sur. La calle -Soriano-, el poco
tránsito y la gente que camina despacio entre árboles signados por el otoño,
evocan el universo de Felisberto Hernández, el notable escritor uruguayo. Y de
pronto, entre tanto aire rioplatense, aparece el consultorio del presidente del
Uruguay: Tabaré Vázquez (65), de profesión médico oncólogo, que todos los
martes, “y desde la mañana“, como aclara, atiende a sus pacientes. La
casona mantiene sus décadas intactas: humedad en los techos, y una semipenumbra
que, como la lluvia según Borges, “ciertamente sucede en otro tiempo“. El
Consultorio 2 es el lugar de la cita -no médica-, pero él aún no ha llegado.
Miramos en derredor. Nada de escritorio repleto de fotos de prole familiar, como
algunos profesionales de estas (y otras) orillas. Sólo una lámpara, una camilla,
unos pocos instrumentos ordenados con asepsia quirúrgica. Cinco minutos pasan,
lentos, y Tabaré Vázquez entra. Sí, es él, el primer presidente uruguayo que en
174 años, rompió con la polaridad de blancos y colorados; el que ganó con más
del 50 por ciento de los votos y llevó a la izquierda al poder. Sin embargo,
también es el hombre sencillo que nació el 17 de enero de 1940 en el humilde
barrio La Teja, en Montevideo; el que fue bautizado Tabaré por su padre como una
reivindicación a los aborígenes; y el que de joven fue carpintero, repartidor de
diarios y pescador. Ahí está, con su guardapolvo y una sonrisa, sedante sonrisa,
como los médicos de antaño.

-¿Cómo es esto de ser presidente y seguir ejerciendo la medicina?
-Es que siempre voy a seguir siendo médico. Siempre… No se puede dejar de
ser médico. Cuando uno elige una carrera de este tipo, lo hace a partir de una
profunda vocación. Tal vez haya casos de personas que estudian medicina porque
les conviene, pero la enorme mayoría de los médicos (¡estoy convencido!) lo
hacemos por vocación. En cambio…

-¿En cambio?
-Se puede dejar de ser político.

-Qué notable. Porque en la Argentina, parece que muy pocos pueden.
-Durante mucho tiempo dije que mi vocación fundamental era la medicina, y me
parecía que esa profesión podía llenar toda mi vida. Pero con el tiempo me fue
creciendo el trabajo político. Fui intendente de Montevideo, después dirigente
político de la izquierda uruguaya, y me di cuenta de que también se podía
prestar un gran servicio a través de la política.

-¿Hay puntos de contacto entre las dos tareas?
-Sí. Comprendí que muchas veces hacer política es como hacer medicina… pero
en un ámbito más grande. Por lo tanto, hoy en día me siento satisfecho con la
tarea política, y la cumplo con mucho entusiasmo. Con el mismo que pongo en la
medicina…

-¿Y con ganas de ser reelecto?
-Bueno, ahora, ya mismo, se está hablando de mi reelección.

-¿Y?
-El primero que habló del tema fui yo, y está en mi discurso del 1º de marzo
ante la Asamblea General. Dije: “Esta es la primera y la última vez que me
presento ante esta Asamblea General
“.

-¿Por qué la última?
-Porque no voy a ser diputado ni senador. Y tampoco presidente. No voy a
intentarlo otra vez, se lo aseguro.

-Raro en estas latitudes, ¿no le parece?
-No, porque creo que en la historia hay un tiempo para cada cosa, y que uno
tiene que cumplir la función del momento histórico en el que vive. Yo creo que
ya la he cumplido. Mi función en la política fue abrir puertas. Abrí la puerta
de Montevideo para la izquierda uruguaya, y abrí las puertas del gobierno
nacional. No porque yo las haya abierto, sino porque me tocó. Por el respaldo
popular, el de la gente. Vamos a tratar de hacer el mejor gobierno posible y de
proyectar las acciones necesarias para que la gente viva mejor. Se podrán
cumplir, en parte, en estos cinco años, y luego se cumplirán en los siguientes.
Eso quiero y espero.

-¿Qué está pasando con la izquierda en Latinoamérica?
-Es un momento histórico de cambios importantes, de cambios muy sólidos en
la región. El fenómeno del Frente Amplio y de la izquierda uruguaya no es un
hecho coyuntural. Surge ahora -históricamente- con fuerza, pero se viene
trabajando desde hace muchos años, con mucha paciencia, con mucha calma, con
mucha inteligencia, con mucha decisión, tolerancia y perseverancia. La izquierda
llegó para quedarse. No es un proceso que se terminará en un año o dos…

-¿Por qué decidió ser médico?
-Siempre quise ser médico. Cuando era chico me gustaba mucho la historia
natural, la biología. Tuve una clara inclinación a estudiar medicina, y creo que
acerté, porque me siento muy satisfecho.

-¿Y por qué oncología?
-A medida que avancé en la facultad fui tentado por múltiples
especialidades. Pero ya venía con la idea de ser oncólogo, porque cuando estaba
terminando el liceo, mi madre, una hermana y mi padre se murieron de cáncer.

-¿Cuántos hermanos son?
-Eramos cinco, y ahora somos tres. Hace más o menos un año y medio se murió
otro hermano, también de cáncer. Para mí fue elegir una trinchera de lucha
contra ese mal, y decidirlo del todo cuando murió mi madre, antes de que yo
entrara en la facultad. Quise luchar contra una enfermedad muy cruel, muy dura,
y a eso me dediqué, y en eso centré toda mi vida. Era mi puesto de lucha, el
lugar donde enfrentar algo que le hace mucho mal a la gente…

-Usted está todo el tiempo en contacto con la muerte. ¿Cómo se hace, cómo
se enfrenta?
-En primer lugar, la oncología requiere una formación permanente, una
capacitación del médico muy amplia. El oncólogo está muy exigido. Es un gran
desafío, y por eso me encanta. Pero además, mi especialidad tiene un punto de
vista filosófico, transita un camino entre la vida y la muerte, y nos enseña a
valorar ese aspecto. No sé si se lo dije: soy oncólogo médico y oncólogo
radioterapeuta, tengo los dos títulos.

-¿Conecta eso, de alguna manera, con la política?
-En política, cuando veo que se discuten estupideces o se pelea por ocupar
algún cargo, siento que los políticos necesitamos un baño de realidad.
Necesitamos darnos cuenta de que las cosas trascendentes, en la mayoría de los
casos… ¡están en otro lado!

-¿A qué se refiere?
-A las cosas de la gente de todos los días. Del hombre, de la mujer común,
que ríen, sufren, viven. Así aprendí a encarar la vida, y esta profesión, y
sobre todo esta especialidad, me enseñó mucho, y trato de ejercerla del mejor
modo posible.

-¿Cómo se sienten sus pacientes al ser atendidos por el presidente de su
país?
-Los que vienen por primera vez no saben si decirme “Presidente” o “Doctor“.
Pero tengo pacientes de hace mucho tiempo… Hoy atendí a una señora que viene
desde hace… ¡treinta y seis años! Desde que me recibí… A veces vienen con temor,
pero bueno: hacemos rápidamente una buena relación.

-¿Y su mujer, qué piensa con eso de que su marido sea presidente?
-Bueno, pasó toda la vida al lado de un político. Conozco a María desde
antes de que pasara lo que pasó en mi familia; hace cuarenta años que estamos
casados. Ella sabe muy bien cuál es mi vocación médica, y me descubrió como
político cuando ya estaba avanzado el matrimonio.

-¿Qué hace los fines de semana?
-Quisiera ir más al fútbol y al boxeo, que me gustan mucho (N. de la R.:
Tabaré fue presidente del modesto Club Progreso, al que llevó a la Primera
División del fútbol uruguayo
). Pero ahora no puedo. Hasta que fui
presidente, dedicaba los sábados a la mañana a estudiar medicina, y los domingos
a la tarde preparaba toda la tarea política. Pero ahora destino los sábados y
los domingos por la tarde a preparar la parte política de la presidencia para la
próxima semana. Y veo televisión los sábados a la noche.

-¿Qué mira?
Combate Space, que transmite boxeo. Ustedes tienen a La Hiena
Barrios, que es muy buen boxeador…

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-¿En qué proyectos anda?
-Desde el punto de vista médico científico, vamos a presentar en el Congreso
del American Society of Cancerology and Oncology un trabajo muy
importante de mi equipo sobre cáncer de mama.

-¿Hay avances reales en esa materia?
-Sí, hay avances. Logramos muy buenos resultados con el tratamiento
conservador, y vamos a presentarlo en los Estados Unidos, donde lo eligieron
entre tres mil ochocientos trabajos: ¡el único del Uruguay!

-¿Irá usted?
-No puedo. Irá gente de mi equipo. Voy a ir, sí, el año que viene, cuando se
haga el primer congreso mundial de oncología del siglo XXI, y daré una
conferencia. Además, a mediados del octubre que viene iré a Nápoles para dar una
conferencia sobre cáncer.

-¿Cómo están los uruguayos, qué sienten, qué necesitan, que piden?
-Por ahora, parece que están contentos. Le dieron un setenta por ciento de
aprobación a mi gobierno.

-¿Y de reprobación, cuánto?
-Sólo un diez por ciento. Por ahora hay una luna de miel con la gente.

por Florencia Canale
fotos: Christian Beliera, Archivo Atlántida, gentileza diario
El País de Montevideo y Presidencia del Uruguay.

Tabaré Vázquez en su consultorio en 1988, cuando tenía treinta y cinco años, el pelo oscuro y ni siquiera soñaba con empuñar el timón de la Presidencia.

Tabaré Vázquez en su consultorio en 1988, cuando tenía treinta y cinco años, el pelo oscuro y ni siquiera soñaba con empuñar el timón de la Presidencia.

Lejos de renunciar a su vocación, y a pesar de las agobiantes tareas de mando, sigue atendiendo a sus pacientes tan devotamente como si fuera un recién recibido.

Lejos de renunciar a su vocación, y a pesar de las agobiantes tareas de mando, sigue atendiendo a sus pacientes tan devotamente como si fuera un recién recibido.

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