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Gracias Julio

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Llegando al final, y mirando para atrás, me doy cuenta de que todo valió lo que costó, e incluso recibí más de lo debido”. Así se despide, de puño y letra, Julio Bocca (40), el bailarín argentino que revolucionó los cimientos de su arte y movilizó a millones de almas en escenarios, plazas, estadios de fútbol y enormes tarimas callejeras, convirtiéndose en profeta en su tierra (como en aquel lejano diciembre de 1987 en el que logró convocar a cien mil personas en la avenida Nueve de Julio).

Siempre amó la danza, y no sólo el ballet clásico. Por eso, uno de sus mayores legados es haber fundido lo clásico con el tango, el jazz, el pop y los ritmos caribeños. “Me di el gusto de hacer todo lo que se me ocurrió. Fui mimo, me colgué de arneses, bailé clásico, moderno, contemporáneo, tango, jazz, hice hasta un musical en Broadway, transité el drama y la comedia... ¿Qué más?”, se preguntó tiempo atrás. Y nadie se atrevería a pedirle más de lo que dio…

Fue un cuarto de siglo de éxitos, en su país y en todo el mundo: diez más de lo habitual dentro de su disciplina, con un inolvidable paso por el American Ballet Theatre (cuya bata blanca con letras rojas conserva como una cábala) y la formación de la compañía Ballet Argentino, su gran herencia, usina de talentos. Estas son sólo algunas de las razones por las que Personal decidió acompañarlo en su gira de despedida bajo el lema Bocca Ultimo Tour.

GRACIAS. Luego, la empresa de telefonía editó dos mil ejemplares del libro Gracias, Julio Bocca, con asombrosas imágenes del fotógrafo y cineasta Ariel Ludin. “Después de filmar el documental Ocho escalas, le propuse hacer un trabajo de registro de lo que sucede en las bambalinas, y aceptó. Empecé a mitad del año pasado y terminé en los primeros meses de éste, siempre en Buenos Aires”. ¿Por qué Julio Bocca? “Porque me di cuenta de que me gustaba mucho ver a los bailarines, y lo que hace Julio en el escenario es tremendo. Verlo tan de cerca fue un privilegio”.

Pero el trabajo no fue fácil. “Tenía que conocer en detalle cada coreografía, para que las fotos estuvieran a la altura de la belleza de los movimientos”, cuenta Ludin. “Usé una cámara Leica digital, que es muy silenciosa y la obturación no se escucha: por eso pude hacer tomas desde muy cerca sin molestar a los bailarines”, explica. Y Bocca dice que “las fotos incluidas en este libro son sólo una muestra de los momentos vividos a lo largo de estos años, y que resumen, de alguna manera, la actividad de un bailarín antes, durante y después de una función. Algo poco común”.

LA SERIE. Así como Bocca democratizó el ballet, el libro abre las puertas al mundo desconocido del detrás de escena. Una de las fotos tomadas en el Opera refleja su clásico saludo después de la función, con una bata blanca. La gente estira sus brazos para tocar, al menos, el oscuro escenario en el que lo vio bailar. Otras imágenes muestran los ensayos de su compañía, el Ballet Argentino. “Julio hace los ejercicios de equilibrio y elongación como uno más. Después, se instala en uno de los lados de la sala y empieza a corregir algunas posiciones”, recuerda el fotógrafo. También quedarán para el recuerdo los ejercicios junto a Eleonora Cassano, su compañera de baile durante dieciocho años. “Julio no es muy conversador, pero con ella sí. Se los oye como en un murmullo, porque los dos hablan muy bajito”, evoca Ludin.

En el aire es la fotografía de un salto que quita el aliento. Sucedió en El lago encantado, obra de Les Luthiers: “Una sátira hecha con mucho respeto, que guarda formas de la danza clásica”, define Julio. Para Tango brujo, una coreografía que funde la música de El amor brujo, de Manuel de Falla, con el dos por cuatro del tango, Ludin capturó uno de los momentos más dramáticos de la obra: “Después de esa foto, Julio me pidió que me fuera del escenario. Obviamente, cumplí”. En cuanto a Señales de mi rodilla, fue tomada en el backstage de una de las últimas funciones de El Quijote, en el Opera. Cecilia Figaredo, bailarina y confidente de Bocca, elonga a su lado. Después de más de una hora de variaciones en el primer acto, Julio se fue a un costado del escenario para masajearse la rodilla. “No se quejaba, pero le dolía”, dice el fotógrafo. La imagen se completa con una botella de agua mineral, una caja de pañuelos descartables y una toalla blanca. Y se ve al hombre que sabe volar… tendido en el suelo.

EL ADIOS.La vida me llevó por caminos impensados y me dio satisfacciones que superaron ampliamente mis sueños de principiante, abriéndome de par en par las puertas del resto del mundo, no sin gran esfuerzo, con bastante sacrificio y mucha disciplina, pero con una inmensa alegría y un profundo agradecimiento de mi parte”, se lee en el libro que el pasado 22 de diciembre recibieron los quinientos invitados especiales que lo despidieron en el Obelisco, junto a los miles y miles de argentinos que gozaron de su última danza. “Gracias por haberme acompañado tan fielmente durante todo este tiempo”, dice él. “Gracias por habernos enseñado”, respondemos todos.

Los peldaños de madera fueron sus partenaires en el espectáculo Bocca Tango. Sus movimientos iluminaron el inmortal tema Años de soledad, de Astor Piazzolla.

Los peldaños de madera fueron sus partenaires en el espectáculo Bocca Tango. Sus movimientos iluminaron el inmortal tema Años de soledad, de Astor Piazzolla.

Una foto de La Pietá lo inspiró para crear su personaje en Cruz y Ficción. Cinco operaciones de rodilla y dos de pie le exigieron cuidados especiales. “Con la fisioterapia no sentís dolor: te relajás”, explicó el fotógrafo y privilegiado testigo.

Una foto de La Pietá lo inspiró para crear su personaje en Cruz y Ficción. Cinco operaciones de rodilla y dos de pie le exigieron cuidados especiales. “Con la fisioterapia no sentís dolor: te relajás”, explicó el fotógrafo y privilegiado testigo.

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