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“¡Gracias, Argentina! Los amo con todo mi corazón”

“¡Gracias, Argentina! Los amo con todo mi corazón”

Redacción Gente

Casi a las nueve de la noche del miércoles 12 de octubre, cerca de veinte periodistas nos acomodábamos delante de 45 mil personas que llegaron al estadio Monumental para ver el show de Justin Bieber. Otras veinte personas trapeaban el escenario, intentando borrar el registro de una lluvia que aún estaba fresco. En la pantalla, el tiempo regresivo era cronometrado a la vista de todos. Faltaban apenas 8… 7… 6 minutos para que el chico de 17 años más famoso del mundo apareciera en el escenario. Los fotógrafos, a puro instinto, capturaban las caras de desesperación, de angustia, de ansiedad, que se dibujaban en los rostros de las chicas. Fue entonces cuando salió al escenario un muchacho gordito, pelado, negro, que con sus palmas apuntando al suelo marcaba el compás de la espera. Las chicas, como si en él vieran la prefiguración del paraíso que les esperaba, llevaban los agudos al máximo. Después, el gordito se escondió tras un estrado y empezó su fiesta de éxitos. Apreciado DJ de la estrella, preparó el clima para lo que vendría. Y la cuenta regresiva en 3… 2… 1… Ya no llovería en la noche primaveral de Buenos Aires. Todo se volvería presente perpetuo.

Baja tranquilamente los seis peldaños de una escalerita y me sorprendo confundiéndolo con Michael Jackson: remera de cuero roja, campera negra, pantalones aún más rojos, movimientos de pelvis… Pero no es Jackson: apenas le sigue el estilo. Luce anteojos de sol, lacio rubio caído hacia la frente, micrófono colgado de la oreja. Tira un par de pasos de baile haciendo volar las rodillas. Pareciera que canta Beat It, del Rey del Pop, pero la canción es Love me. Ellas, entregadas al ídolo, gritan y lloran. Alguien tira un osito; él lo esquiva. Justinmanía en vivo. Los fotógrafos capturan la locura con la soltura de la experiencia. Para ellos es un día más de trabajo. No se emocionan. Disparan sus flashes entre los codos de los custodios. Tres temas y afuera. Los periodistas nos retiramos. Voy a ocupar mi asiento en el campo. Fila 30, $ 1.200, cerca de 50 metros de distancia. Me sumerjo entre la multitud. Ahora sí los gritos envuelven. Nace en la noche la leyenda del pibe que a los 17 años llenó dos River. Es acaso el primer ícono pop en surgir enteramente de Internet. El primero que hizo el traspaso concreto de la esfera virtual a la real sin intermediarios, y no sólo sobrevivió en el intento sino que dobló la apuesta.

BIEBER & THE CITY. Llegó a Buenos Aires el martes, desde Brasil. Ese mismo día salió de paseo por Palermo y quedó fascinado con los patos que por alguna razón viven en el Rosedal. Los testigos no lo podían creer: ¡Justin Bieber viene recorriendo Sudamérica con su tour My World, llega a la Argentina adonde hace delirar a 90 mil personas (45 mil por fecha), y se le da por alimentar patos! Es que algo lo cautiva particularmente en los animales, como si viera en ellos la única posibilidad de interacción equidistante, porque sólo ellos no lo veneran, sólo ellos le prestan la indiferencia que el resto de los mortales conocemos de primera mano.

Por lo demás, alojado en el Faena Hotel, quiso ser parte del Universe, y el mismo martes visitó el flamante Faena Arts Center junto a su madre, Pattie Mallette (35). Por la noche celebró el cumpleaños número 32 de su amigo uruguayo Gabriel Saporta. Al día siguiente descansó en la suite Imperial del Faena (dos pisos, dos habitaciones, tres baños, living, comedor, cocina, terrazas), y por la tarde partió rumbo a los estudios donde se graba el programa de Susana Giménez, para concederle a la diva una entrevista exclusiva.

Esa noche daría su primer recital en el Monumental. Allí desplegó su verdadero repertorio. En más de un pasaje de la entrevista, Susana comparó a Justin con Michael Jackson. Es cierto que algo tiene en común con el fallecido Rey del Pop, al menos esa impudorosa costumbre de tocarse la ingle mientras canta. Y el delirio que genera. La más pura representación está en las tribunas. Un padre medio pelado mira cómo su hija canta y baila extasiada. Le intenta hablar, le dice que el tema Baby es muy pegadizo, pero la nena le corre la cara mientras le espeta: “Callate, papá; te están mirando todos”, y el hombre se calla. Lógico… está de visitante. Confinado al silencio, mira cómo la hija idolatra, grita, llora. Y allí, en su butaca mojada, el señor debe resignarse a que su hijita de diez años ya descubrió los fantasmas del amor. Y con ellos, a la segura soledad de amar un imposible. Pero calla el padre, sumergido en el légamo de su propio amor, ese que lo llevó a gastar mil doscientos pesos para que su nena esté lo más cerca posible de su sueño. Y mil doscientos más para poder acompañarla.

Así fue el paso de este vendaval llamado Justin Bieber. El miércoles, después de su primer show, ofreció una fiesta privada sólo para los miembros de su staff en el cabaret del Faena. El jueves lo vieron otras 45 mil almas en ebullición. El viernes aprovechó para jugar al básquet en un gimnasio de Almagro. Luego, sí, el adiós vertiginoso de las giras. El sábado por la mañana partió desde Aeroparque rumbo a Chile. Apenas dejó un puñado de palabras en español que dijo el miércoles en River: “Los amo con todo mi corazón, Argentina”. Y se fue volando, con la imagen de la ciudad que, a medida que el avión ganaba altura, iba quedando más y más chiquita. Cientos de fans acamparon frente al hotel Faena en busca de un saludo, un gesto siquiera de su ídolo. Las más osadas  lograron colarse por el estacionamiento, pero el intento no prosperó más allá de la aventura. Justin, de muy buen humor, saludó varias veces desde la terraza de su suite.

Cientos de fans acamparon frente al hotel Faena en busca de un saludo, un gesto siquiera de su ídolo. Las más osadas lograron colarse por el estacionamiento, pero el intento no prosperó más allá de la aventura. Justin, de muy buen humor, saludó varias veces desde la terraza de su suite.

El viernes a la tarde, el cantante se dirigió a un gimnasio en Almagro y, junto a varios de sus custodios, jugó más de una hora al básquet, su otra gran pasión. Desde una terraza contigua, GENTE tuvo acceso en exclusiva y siguió sus movimientos. Luego de un momento de distensión y ejercicio, el hincha de Los Angeles Lakers volvió a su suite del Faena.

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El viernes a la tarde, el cantante se dirigió a un gimnasio en Almagro y, junto a varios de sus custodios, jugó más de una hora al básquet, su otra gran pasión. Desde una terraza contigua, GENTE tuvo acceso en exclusiva y siguió sus movimientos. Luego de un momento de distensión y ejercicio, el hincha de Los Angeles Lakers volvió a su suite del Faena.

“No vi nunca nada como Sudamérica. Ha sido increíble. El amor de las fans es muy diferente al de otras partes del mundo”, dijo Bieber en el programa de Susana.

“No vi nunca nada como Sudamérica. Ha sido increíble. El amor de las fans es muy diferente al de otras partes del mundo”, dijo Bieber en el programa de Susana.

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