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GENTE en el barco de Greenpeace: las increíbles boyas naranjas con que los pesqueros saquean el océano

GENTE en el barco de Greenpeace: las increíbles boyas naranjas con que los pesqueros saquean el océano

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La aventura a bordo del Esperanza continúa. Ahora nos topamos con una de las modalidades más destructivas de pesca industrial. Qué es un palangre, cómo funciona y qué impacto causa. La acción de los activistas para dejar su marca y protestar por la depredación del mar.

Las boyas indican que debajo hay líneas de pesca que pueden llegar hasta los mil metros de profundidad.

Vamos, alístense que en unos minutos documentamos!”. La llamada suena urgente. En minutos, junto a la compuerta de la bodega del Esperanza somos diez personas a punto de saltar sobre dos semirrígidos (otra vez, el negro Rhino y el anaranjado African Queen) rumbo al mar, enfundados en pesados trajes (cinco kilogramos cuando están secos) rojos y negros. A pesar que apenas permiten dar pasos como los de un astronauta, si alguno llegara a caer al mar helado serían la única salvación: son totalmente impermeables, y junto al salvavidas que cuelga como una mochila, el reaseguro de volver a la nave madre.

A lo lejos, desde cubierta, ya desde hacía un rato se divisaban tres puntos naranjas flotando en el inmenso océano. Tres boyas como las que ayer se vieron sobre el palangre surcoreano Meridian 8 desde el dron de Greenpeace, junto a miles de metros de cable enrollado sobre su cubierta. Precisamente cables como esos son los que, sujetos a esas boyas, se arrojan hacia el fondo del mar: llegan a tener mil metros cada uno. Y, cada 12 centímetro, un anzuelo. El objetivo: la codiciada merluza negra. Su captura indiscriminada provoca que animales como los lobos marinos y orcas deban competir con la industria para alimentarse, lo que desbalancea el ecosistema.

Fernando Donato sostiene la pancarta, mientras la tripulante del Esperanza Alice Gestin tiene en sus manos el GPS que utilizan los palangres para ubicar las boyas que arrojan.

Desde el Esperanza, luego de detectarlas, se avanzó sobre ellas. El tiempo, por fortuna, mejoró por la tarde después de una mañana de llovizna, frío, y olas embravecidas. Dos Zodiacs, los botes semirrígidos que tanto asombro causan por su ductilidad y potencia, hicieron un corto trayecto hasta alcanzarlas. Al llegar, además de las boyas, hallamos una antena conectada a un GPS. Así, cada uno de los grandes pesqueros que asolan la zona saben exactamente dónde deben regresar a tomarlas. Luego, se supo, pertenecía a la misma compañía surcoreana cuyo palangre Meridian 8 (uno de los 400 pesqueros que actúan en la zona) fue escrachado por Greenpeace el martes 12: Insung Corp. Además, es frecuente el robo de líneas entre las propias empresas pesqueras. Por eso, aducen, muchas veces tienen el AIS (el GPS de los barcos), para no ser detectados y evitar que la competencia aparezca. Aunque, se sabe, por lo general esto es una mentira para ocultar que son pesqueros fantasmas, sin licencia o con la misma adulterada.

El palangre Meridian 8 que fue escrachado el martes 12 por Greenpeace. Se ven las líneas enrolladas y a la derecha las boyas desinfladas. Foto: John Murphy / Greenpeace

Una vez allí, Fernando Donato (35, uno de los tres activistas argentinos que zarparon en el Esperanza para realizar las acciones) con la ayuda de la marinera francesa Alice Gestain, alcanzó la antena del GPS para inspeccionarla. Para evitar ser acusados de piratería, minutos más tarde la devolvieron al mar, intacta. Luego regresaron al Esperanza, tomaron una lata de pintura negra al agua, para no derramar aceites en el mar ,y nuevamente llegaron a las boyas. Pintarlas no fue fácil: el constante zarandeo del mar, sumado a los pesados trajes de supervivencia hizo de una tarea a simple vista sencilla, casi una proeza.

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Un activista intenta tomar el GPS que permite a los palangreros ubicar las boyas con las líneas de pesca.

Con envidiable pulso, Fernando escribió en una “Looters”, y en la siguiente su traducción al castellano, “Saqueadores”, tal como habían hecho con el casco del Meridian el día anterior. Si bien en aguas internacionales la depredación no está penada, el perjuicio al ecosistema marino es tremendo. Por eso, la organización ambientalista desarrolla este año la campaña “Protejamos el Mar Argentino”.

En el 2020, en Nueva York, la ONU debatirá la legislación que se debe aplicar a las compañías que pesquen en dichas aguas. Y toda la información que se recoja en este periplo oceánico será vertida allí, para alertar sobre las 40 especies en estado de fragilidad ambiental.

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