“¡Gané! ¡El gran Maestro soy yo!” – GENTE Online
 

“¡Gané! ¡El gran Maestro soy yo!”

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Que cómo estoy? ¡No lo puedo creer, loco!”. Su voz se quiebra hasta las lágrimas, toma aire y sigue: “¡Esto es un sueño increíble! ¡No tengo palabras para describir tanta emoción! Encima estoy acá, con mi novia y mi mamá. Se dio todo junto, todo perfecto… Pasaron seis horas del partido con Federer y todavía me tiemblan las piernas. Todo esto es muy fuerte… Lo mejor que me pasó en mi carrera”.

La imagen de David Nalbandian (23), desplomado sobre la carpeta azul del imponente estadio Qi Zhong de Shanghai pasará a la historia del deporte argentino. Después de 31 años, cuando Guillermo Vilas lo había conseguido en Australia, el tenis nacional vuelve a tener un nuevo maestro. Y el gladiador de Unquillo lo hizo posible. Atrás quedó esta histórica final del Masters contra Roger Federer que bien podría servir como inspiración de cualquier guión de Hollywood. La trama, cargada de emoción, sería más o menos así: imagen del pibe con su bolso listo para irse de vacaciones (estaba a punto de irse a pescar a la Patagonia con su hermano). De pronto, un llamado le advierte que hay una posibilidad de jugar el torneo que reúne a los ocho mejores de la temporada... El chico lo piensa, dice que no (“De suplente no voy”, le respondió a Benito Pérez Barbadillo, de la ATP, ante la sorpresiva convocatoria), pero finalmente acepta. Toma el avión y a medio camino, en la escala de París, se entera de las últimas noticias: ante la deserción del norteamericano Andy Roddick, ya está dentro del Masters.

Pero como en toda película, este jugador no sale a la cancha y arrasa con todo de entrada. Todo buen guión atrapa con una trama emocionante. Entonces el pibe juega el primer partido con el mejor de todos, el Nº1, hace un buen papel pero pierde (en su debut, David cayó ante el suizo Roger Federer por 6-3, 2-6 y 6-4). El segundo encuentro, el que decide su suerte, es ante un rival clásico y lo gana (contra Guillermo Coria por 7-5 y 6-4). Después llega otro momento decisivo, que servirá para clasificar a la semifinal y, claro está, lo consigue (triunfo ante el croata Ivan Ljubicic por 6-2, 6-2). En semifinales no tiene muchos inconvenientes y sale victorioso (le ganó al ruso Nikolai Davydenko por 6-0 y 7-5), aunque sabe que en la final lo espera (otra vez) el mejor de todos, su verdugo apenas unos días atrás.

Arranca el partido, pierde los dos primeros sets (6-7 y 6-7) y cuando parece que todo está perdido, aflora su alma luchadora, lo consigue dar vuelta y se queda con el tercero y el cuarto (6-2 y 6-1). Así llegan al último parcial, las pulsaciones están a mil, y el protagonista principal de esta historia, David Nalbandian, desde su habitación en el Hotel Hilton de Shanghai, cuenta el final de esta historia.

–¿Estaba todo preparado para que tengas un final así, de película?
–¿Qué preparado? ¡Terminé con los h… en la garganta! ¡Qué partido bolú…! (lo dice con su tonada cordobesa). Cuando estaba perdiendo 6-5 en el quinto y Roger con su servicio iba 30-0 arriba, pensaba: “No voy a poder volver al país, la gente me va a matar”. Iba a tener que entrar a Ezeiza disfrazado de pingüino e irme a vivir a la Patagonia (carcajadas). Jamás imaginé que Roger podía levantar ese 4-0 que llevaba de ventaja. Pero el tipo es una máquina. Por eso es el número uno del mundo. Porque no es que yo empecé a jugar mal. El levantó mucho su nivel y dio vuelta un partido increíble.

–Bueno, pero convengamos que vos ganaste un partido que ibas perdiendo por dos sets, para crear más expectativa en el guión. Después de un comienzo tan feo, ¿imaginabas que lo podías dar vuelta?
–Yo estaba jugado, y sabía que si perdía, tenía que ser luchando. Y ésa fue la palabra que me puse en la cabeza: lucha. Me iban a tener que sacar en camilla de la cancha, porque estaba dispuesto a matarme. La única manera de revertirlo era así: corriendo todas las pelotas como si cada una fuera la última. Cuando arrancamos el tercero me di cuenta de que Roger no estaba igual. Había cargado mucho el juego sobre la pierna que no tenía lesionada e imaginé que podía estar cansado. Y se dio todo rápido: gané 6-2 y 6-1 y enseguida me puse 4-0. Ahí pensé que lo ganaba tranquilo, pero al final todo se complicó.

–Y ahí, cuando se complicó, apareció el protagonista principal que ya conocemos, el Nalbandian que se agranda en las difíciles. ¿Qué cosas cambiaste para poder quebrar, llegar al tercer tie break del partido y ganarlo?
–Con el 30-0 abajo, y cuando estaba a sólo dos puntos de perder, le empecé a pegar más fuerte a la pelota. Había que jugársela, y por suerte me salió bien. Era terrible. Tenía que llegar al tercer tie break después de haber perdido los dos anteriores, pero me sentía más confiado que al principio. Igual reconozco que tuve mucha suerte, porque cualquiera de los dos podía haber ganado: la diferencia fueron sólo dos puntos.

–Y ahí, tirado en la cancha en el festejo del final, en el momento en el que la gente en el cine rompe en llanto, ¿en qué pensabas?
–No lo podía creer. Tenía tanta felicidad que fue lo primero que salió. Las luces me pegaban en la cara y por dentro decía: “¡Gané! ¡Gané! ¡El maestro soy yo!”. Era el momento más importante en mi carrera, y en la tribuna estaban nada más y nada menos que Victoria, mi novia, y Alda, mi mamá. Ahí me levanté, las fui a saludar y se me llenaron los ojos de lágrimas. Todavía estoy muy emocionado.

Domingo 20 de noviembre de 2005. David filmó la película más importante de su carrera y, sin dudas, éste será un día imborrable en su vida. Mientras en Buenos Aires son las dos de la tarde del día domingo, y pareciera que el sol derrite el asfalto, Shanghai vive su noche a pleno y David será el invitado de lujo en una cena de despedida. Los tres toques a la puerta de su habitación anuncian su partida y el fin de la conversación con el nuevo maestro del tenis mundial. Antes, las últimas dos preguntas:

–Cuando decidiste viajar, ¿pensabas realmente que podías dar el batacazo, o viajaste a ver qué pasaba?
–No, uno siempre se tiene fe… Aunque es verdad que tenía una sensación muy rara. Porque no fue como el año anterior, que me había mentalizado durante meses para el Masters. Ahora, en cambio, ya estaba con la cabeza puesta en las vacaciones, porque sabía que ésta iba a ser mi única semana de descanso. Ahora se viene una exhibición de rally a beneficio en Unquillo y Río Ceballos, con Ligato y Maradona; después vuelvo a Buenos Aires para otra exhibición en el Luna Park; después llegan las Fiestas, mi cumpleaños (el 1º de enero celebrará sus 24), y enseguida tengo que prepararme para el Abierto de Australia. Pero se dio todo muy rápido y la previa no fue con tanta expectativa. Estaba número 12 en el ranking. Este año sólo había ganado el título de Munich, y mi gran momento había sido en Sydney, por la Davis, cuando logré los tres puntos. Igual estaba confiado en mi tenis. Sabía que si tenía una buena semana se me podía dar.

–¿Este triunfo te motiva a pensar que se puede soñar con el número uno del mundo, o es muy apresurado?
–Ese será el objetivo del próximo año, aunque sé que para ser número uno todavía tengo que mejorar muchas cosas. Pero sin dudas, ganar un Masters te motiva y mucho. Igual ahora quiero disfrutar de esta conquista y llegar rápido al país, para compartirlo con todos los argentinos. Porque queda demostrado que, cuando queremos, podemos. Por eso, este título también es de ustedes.

David acaba de vencer a Roger Federer por 6-7 (4-7), 6-7 (11-13), 6-2, 6-1 y 7-6 (7-3) y es el nuevo Maestro. La emoción y las lágrimas del argentino que hoy figura en el puesto número seis del ranking mundial.

David acaba de vencer a Roger Federer por 6-7 (4-7), 6-7 (11-13), 6-2, 6-1 y 7-6 (7-3) y es el nuevo Maestro. La emoción y las lágrimas del argentino que hoy figura en el puesto número seis del ranking mundial.

La foto lo dice todo: David festeja uno de los puntos del <i>tie break</i> con los puños apretados. La garra del argentino afloró en el momento justo de la final.

La foto lo dice todo: David festeja uno de los puntos del tie break con los puños apretados. La garra del argentino afloró en el momento justo de la final.

Vestido con kimono para la producción de fotos oficiales del torneo. En base a coraje, el argentino terminó conquistando al público oriental.

Vestido con kimono para la producción de fotos oficiales del torneo. En base a coraje, el argentino terminó conquistando al público oriental.

Ya todo terminó y Nalbandian desata su alegría.

Ya todo terminó y Nalbandian desata su alegría.

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