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Fue sin querer, queriendo

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Una rosa cada día. De 1971 a 1977. Hasta que en plena gira artística por
plazas de Chile, el pequeño hombre no consiguió controlar su corazón, se animó y
la besó. Así nació el romance entre Roberto Gómez Bolaños (75, natural de
Distrito Federal) y Florinda Meza García (56, natural de Juchipila, Zacatecas),
con decorados multicolores e inagotables declaraciones de amor en los cortes de
las grabaciones de El Chavo y El Chapulín Colorado que ambos compartían. "Costó,
pero valió la pena lo que costó"
, declaraba Bolaños por aquellas lejanas épocas.
"A partir de ahora, manténganse atentos que algún día de algún mes de algún año
terminaremos casándonos"
, completaba a manera de primicia… Lo sospeché desde un
principio.

Y el día y el mes y el año cayeron viernes 19 de noviembre de 2004. Eran las 21
en el restaurante San Angel Inn e iban ingresando a paso lento los sesenta
invitados. Entraba Edgar Vivar (El Señor Barriga), como único representante de
la famosa vecindad. Entraba Emilio Azcárra Jean, el presidente de Televisa
(grupo responsable de difundir los productos del humorista). Entraba Roberto
(uno de los seis hijos que Chespirito parió al lado de su anterior esposa,
Graciela Fernández). Entraban todos menos los pretendientes. Se respiraba
incertidumbre. El personal de la organización pretendió amenizar la espera
acercándoles a los enviados de prensa chocolates conformados por las figuras de
los protagonistas de la noche… Que no panda el cúnico.

"Trátenme bonito, les ruego", pidió él -traje negro con tenues rayas azules, y
corbata gris- apenas bajó del auto que acababa de llegar escoltado por una
patrulla. "En serio, carga una nana", apuntaló ella -vestido beige con falda
larga, y enorme sonrisa- sosteniéndolo del brazo. Claro, una neuritis, a causa
del estrés pre-matrimonial, lo había obligado a internarse en un hospital local,
y aún conservaba semiabiertas ciertas llagas. Entonces don Bolaños le dio un
pico a doña Florinda y doña Florinda lo abrazó a don Bolaños. "¿Estoy a tiempo
de arrepentirme?"
, preguntó el novio. "Sobre mi cadáver", contestó la novia. "Se
me chispoteó"
, redondeó Roberto. Y en medio de apretujones, caminaron a consumar
la relación e inaugurar la fiesta. "Después nos vemos", saludó… Síganme los
buenos.

Sin embargo, no hubo un "después nos vemos", al cabo. En realidad, el escritor,
actor, productor, director, compositor logró concretar exitosamente su objetivo
inicial -y prioritario- de hacer del gran acontecimiento un encuentro íntimo y
privado, exceptuando el ingreso a cámaras, micrófonos y anotadores inquietos. De
allí que, amén de los pocos presentes, nadie pudo conocer detalles de la
anhelada y antes nunca concretada ceremonia (marca de champaña, pisos de la
torta, música escogida, etcétera). Apenas trascendió que la pareja tomará un
avión durante las próximas semanas para ir a Cancún de luna de miel. ¿Fecha
exacta? Imposible saberlo… No contaban con mi astucia.

Piquito antes del civil. Desde que cortejaba a Florinda en los descansos de las grabaciones de <i>El Chavo</i> y <i>El Chapulín Colorado</i>, Roberto ya lo tenía fríamente calculado.

Piquito antes del civil. Desde que cortejaba a Florinda en los descansos de las grabaciones de El Chavo y El Chapulín Colorado, Roberto ya lo tenía fríamente calculado.

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