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Francisco: 50 años de sacerdocio al servicio de los marginados

Francisco: 50 años de sacerdocio al servicio de los marginados

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El 13 de diciembre de 1969 Jorge Bergoglio era ordenado sacerdote. Hoy, el Papa celebra sus bodas de oro como pastor al servicio de la Iglesia.

“Creo que en la historia, que fue traspasada por la mirada de amor de Dios y en el día de la primavera, 21 de septiembre, me salió al encuentro para invitarme a seguirle”, escribió Jorge Bergoglio antes de ser ordenado sacerdote, hace ya cincuenta años. Su oración hace referencia al día del estudiante: antes de ir a festejar con sus amigos pasó por la Iglesia de San José de Flores y al confesarse sintió algo especial. Ese día -recuerda- descubrió su vocación.

Jorge Mario Bergoglio celebrando misa.

Y ya nada fue igual. “Eso es la experiencia religiosa: el estupor de encontrarse con alguien que te está esperando. Desde ese momento para mí, Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero. Uno quiere encontrarlo, pero Él nos encuentra primero”, decía muchos años después con ese tono coloquial que aun hoy usa en sus homilías.

Sabiéndose llamado, ingresó al Seminario de Buenos Aires, que por entonces estaba dirigido por sacerdotes jesuitas. En 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús, estudió humanidades en Chile y cuando regresó al país, en 1963, se recibió de licenciado en filosofía en el Colegio San José de San Miguel. Fue profesor en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en el Colegio del Salvador en Buenos Aires.

El 13 de diciembre de 1969, cuando fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Córdoba Ramón José Castellano, no debía imaginar hasta donde llegaría siguiendo los pasos de Jesús, respondiendo con un sí a su llamado, una y otra vez.

A principios de los ’70 (y luego de haber emitido su profesión perpetua en la Compañía de Jesús) fue nombrado provincial de los jesuitas en Argentina, cargo que ejerció durante seis años. Volvió a la educación, viajó a Alemania para terminar su tesis doctoral y de vuelta en Argentina se desempeñó primero como director del Colegio del Salvador y más tarde como director espiritual y confesor en Córdoba.

Fue colaborador del Cardenal Quarracino y en 1992 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo Auxiliar de Buenos Aires. Ese año recibió la ordenación episcopal y eligió como lema una cita del Evangelio de Mateo: Miserando atque eligendo (“Lo miró con misericordia y lo eligió”). Sucedió a Quarracino como Arzobispo de Buenos Aires, en 1998 fue nombrado primado de Argentina y en 2001 creado cardenal por Juan Pablo II. Entonces, consciente de la grave situación social del pías instó a los fieles que pensaban acompañarlo en Roma a destinar ese dinero a los pobres.

Cultivó un estilo de vida austero, se acercó a los marginados y nunca le tembló la voz para defender la vida en todas sus etapas. A principios del nuevo milenio su figura fue ganando protagonismo en América Latina y tras la muerte de Juan Pablo II se lo nombraba como candidato papal. Participó en el cónclave que eligió a Benedicto XVI y volvió a Buenos Aires para seguir trabajando por los más necesitados.

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Francisco saludando al pueblo en Roma.

Su estrategia como pastor fue siempre salir al encuentro del otro. Promovió las comunidades abiertas, llamó a los laicos a manifestar su compromiso con Jesús en la vida cotidiana, predicó la importancia de ir al encuentro de los pobres y los enfermos. Fue el principal impulsor de la pastoral en las villas y un apoyo para los curas villeros.

En 2013 viajó a Roma para un nuevo cónclave y muchos se sorprendieron cuando luego del humo blanco se escuchó el nombre de Jorge Mario Bergoglio en la Plaza San Pedro. Los argentinos allí presentes -fácilmente reconocibles por sus mates y banderas- se emocionaron y muchos fueron entrevistados por cronistas de todo el mundo. No era para menos. Fue el primer Papa latinoamericano, pero también el primer jesuita en ser nombrado Obispo de Roma. Muchos en todo el mundo depositaron su confianza en este sacerdote, llegado del fin del mundo y con un estilo cercano al pueblo.

Desde el principio de su pontificado, Francisco -nombre que escogió para cumplir con su misión de pastor de la iglesia Universal- puso en el centro la oración, el servicio y su madre, María. A los sacerdotes en todo el mundo les dijo que espera que sean pastores con olor oveja, que estén muy cerca de su pueblo; siguió manifestándose a favor de quiénes viven en el margen: los pobres, los enfermos, los refugiados; llama continuamente a los fieles a orar por él.

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