«Estoy harto de esos nadie que pelean contra otros nadie para conseguir un minuto de fama» – GENTE Online
 

"Estoy harto de esos nadie que pelean contra otros nadie para conseguir un minuto de fama"

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Podría ser antipático Enrique Pinti (67 años, nacido el 7 de octubre de 1939): el típico cómico que te hace morir de risa desde el escenario pero que, fuera de él, te mira de reojo y no sonríe ni aunque le cuentes el mejor chiste del mundo. Pero no. El tipo que llena teatros desde 1976 es el mismo que arriesga su vida en medio de la calle Esmeralda sólo para abrazarse con una fan eufórica.

Hace dos semanas estrenó Pingo argentino, un nuevo espectáculo propio, después de dos años al frente de Los productores, una obra ajena. Volvió a la crítica política. Y a su obsesión: la historia.

–¿Extrañabas hacer el monólogo?
–Para nada. Me sentí fantástico. Fue un descanso no tener que hacerlo todas las noches en el escenario, porque igual los hacía en el restaurante, en el café, en mi casa, en todos lados…

–¿Qué pensás mientras actuás? ¿“Que termine esto rápido para ir a comer a Edelweiss…”?
–No ahora, pero más avanzado el año, sí: “¿Qué me toca hoy? Me toca salchicha…”. O escucho llover y pienso: “Llueve, carajo...”.

–¿Cómo son tus veranos en Buenos Aires? ¿Pileta, country…?
–Nada. Me quedo en casa viendo DVD y poca tele; trato de preservarme. Vos sabés que los líos primero me divierten, y después me hacen mal.

–Los escándalos de verano vienen cada vez con menos nivel.
–¡Sí! A veces los miro y me amargo.

–¿Para tanto?
–¿Sabés por qué? Cuando veo que hay gente que empieza su carrera con un quilombo, y me doy cuenta de que para ellos es la única manera de que alguien alguna vez sepa su nombre y apellido, me da lástima. Estoy harto de esos nadie que pelean contra otros nadie para conseguir un minuto de fama. Para mí, eso es un boomerang que les funciona en contra, porque los que continúan en la carrera, y por ahí estudian, tienen ese lastre permanente atrás, y cuando quieren terminar el escándalo, no pueden. Les dicen: “¡Ah! ¿Porque a vos se te cantó? No, mi vida. ¿O te olvidás de cuando viniste de rodillas a pedir una producción de desnudo para llamar la atención…?”.

–Vos trabajás con ese tipo de chicas: vedettes, bailarinas…
–Sí, y en general he tenido la cordura de elegir gente que parezca y sea coherente. Hace muchos años que no hago una revista. La última fue Pinti canta las cuarenta en 1998. Ahí descubrimos a Laurita Fidalgo.

–Ella lo hizo al revés: primero hizo carrera y después el escándalo.
–Claro. Y así le llegó la popularidad. Es que el medio te va llevando a eso, y es muy difícil mantenerse. Por eso me parecen un infierno y no los miro.

–Pero a veces salta el DVD, y aparecen, y te enganchás.
–Un poco. Todo el tema de Bailando… y Cantando por un sueño lo vi en los programas de resúmenes de la tele. Pero hay veces que nombran gente y no conozco a nadie. Yo llegué hasta la generación de Pablo Echarri. Más adelante, nada. Excepto, por ejemplo, los hermanos Lopilato, a quienes miré en Casados con hijos. Bueno, yo trabajé con Guille (Francella) dos años, entonces los tengo más. También conozco a Mariano Martínez…

–Wanda Nara es too much…
–Too much. Pero vos fijáte que cada uno encuentra su truco. Ella no es la primera persona del mundo que dice que es virgen… Ya lo habían dicho Britney Spears y Thalía. Entonces alguien le debe haber aconsejado decir eso, que siempre cae como una piedra. “Te van a criticar, preparáte. Bancáte que se rían de vos...”.

–… pero vas a conseguir un trabajo…
–Siempre fue así.

–¿Siempre? ¿La Jéssica Cirio de hoy es la Nélida Lobato de ayer?
–No, no. Se hacía la carrera de otra forma. Las chicas no necesitaban tanta exposición. Ellas, por ejemplo, iban al Maipo y las conocía el coreógrafo, o el empresario. O, en el caso de Nélida, se sabía que era la mujer de Eber Lobato y que era estupenda. Entonces, el coreógrafo la iba a ver a donde trabajaba y decía: “Sí, la verdad que labura muy bien. ¿Querés trabajar en el Maipo?”. Y hacía la revista, y no interesaba nada más. Los que importaban eran Pepe Arias, Adolfo Stray, José Marrone… Los que atraían el público eran los que ya estaba impuestos.

–¿Y la historia de Nélida Roca?
–Nadie la conocía fuera del escenario. No hacía televisión ni reportajes. No importaba si estaba casada, si tenía hijos… Después se supo que se había juntado con Aldo Perricone y asistía a las fiestas con su marido, que era un cantante italiano muy bueno mozo. Pero ella salía del teatro con traje sastre Dior, con una capelina y unos anteojos negros. Había seis o siete personas esperándola, la aplaudían y se acabó. No necesitaba la tapa de Radiolandia, ni hacer televisión. Igual que Nélida Lobato. Su fama se basaba en lo que hacía en el escenario.

–Pero salían en las tapas de las revistas.
–Pero para salir en la tapa de Radiolandia y Antena tenías que tener una carrera atrás que te avalara. Porque si no, los directores de esos medios decían: “¿Quién es?”. Y podía haber, a lo mejor, una recomendada de hierro. En el gobierno de Perón, a lo mejor, alguna que estaba en el Ateneo Cultural tenía que salir, pero no había ninguna gata pelada. Nunca era una nena que recién había empezado.

–Isabel Sarli surgió como Miss Argentina…
–Claro, pero era preciosa, y se parecía un poco a Gina Lollobrigida. Isabel tenía la cintura muy chiquita, morocha de pelo corto, de lindos ojos, y bueno... La agarró Armando Bo, y sí, ella entró a la profesión de esa manera. Pero no tenían una trascendencia pública, como la que tienen ahora con la televisión. Hoy salís en pantalla y ya sos famoso, no importa si robaste un supermercado, estás en Gran Hermano o te oponés a las papeleras de Gualeguaychú…

–Con esta tendencia de conseguir fama súbita y no prepararse tanto, ¿te cuesta encontrar bailarinas?
–¡No! Cada vez hay más gente talentosa. Es más la gente que se prepara que la otra. Lo que pasa es que la otra, la escandalosa, llega y hace más ruido.

–En Pingo argentino tenés un cuerpo de bailarinas y ninguna es conocida…
–Y son excelentes. Se presentan tantas y tantos que tenés que rechazar… Y te duele el alma, porque vos necesitás cuatro y tenés como mínimo diez para elegir. La gente estudia y se forma, y por eso el teatro argentino tiene un nivel interesante y se pueden hacer obras de distinta índole de todo el repertorio universal.

–¿A quién elegirías si tuvieras que seleccionar a una vedette famosa?
–Las que se perfilan como las mejores son Emilia Attias, Mónica Ayos…

–Mónica pasó por un par de escandaletes...
–Hizo lo que tuvo que hacer. Pero cuando se decidió a cambiar lo sostuvo. También me gustan Laura Fidalgo y María Eugenia Ritó. Las dos tienen muchas condiciones. Antes, ese tipo de artistas, de actrices, de vedettes, tenía un largo aprendizaje en el teatro de revistas, porque hacían dos obras por año: la de verano y la de invierno. Un día les tocaba el número árabe, otro el número griego, en otra revista les tocaba el zapateo americano, en la siguiente el sketch con Marrone, y tenían que estar preparadas para todo. Un producto de esa época es Carmen Barbieri. Ella hizo todo el escalafón de la revista. Guadalupe, Naanim Timoyko y Lía Crucet también.

–Ahora es Carmen versus Moria.
–Y claro, porque Carmen Barbieri y Moria son de esa época. También estaban las que se especializaban en sketchs, como Zulma Faiad, Norma Pons y Susana Brunetti, que eran brillantes.

–Y también lo está intentando Catherine Fulop...
–A ella todavía le falta, porque es la primera vez que lo hace. Está muerta de miedo. Está divina, porque es muy simpática y tiene todas las condiciones para hacerlo, pero está cag... encima. Llega a la revista después de ser comediante y actriz de telenovela, o sea que todos los caminos son buenos. Pero fijáte que cuanto más oficio tiene la gente, menos escándalo hace.

–¿Moria?
–Es un ser mediático. Hace karate con la lengua. Le gusta el medio, pero lo que hace no es exactamente escándalo, sino que se arma lío porque ella dice cosas.

–¿Entonces no hace falta escandalizar para triunfar?
–No, porque la gente te sigue por lo que hacés arriba del escenario, y es una pena que te tenga que seguir por otra cosa cuando lo tuyo es potente, es potable y sirve para algo.

Desde las butacas del Maipo habla de la tele y opina sobre los escándalos y las peleas mediáticas. “<i>Son cada día de más  bajo nivel y más deprimentes</i>”, afirma.

Desde las butacas del Maipo habla de la tele y opina sobre los escándalos y las peleas mediáticas. “Son cada día de más bajo nivel y más deprimentes”, afirma.

Enrique sobre las tablas del Maipo, donde volvió a los monólogos, a la política, a la historia y a ese humor que lo hace único. Pingo argentino: así bautizó a su nuevo y  último cartel.

Enrique sobre las tablas del Maipo, donde volvió a los monólogos, a la política, a la historia y a ese humor que lo hace único. Pingo argentino: así bautizó a su nuevo y último cartel.

“<i>Cada vez hay gente más talentosa y preparada. Y a veces no llega a la fama. Lo que pasa es que la otra, la escandalosa, triunfa y hace ruido</i>”.

Cada vez hay gente más talentosa y preparada. Y a veces no llega a la fama. Lo que pasa es que la otra, la escandalosa, triunfa y hace ruido”.

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