“Estoy enamorada, pero no hago planes de casamiento: vivo el día a día” – GENTE Online
 

“Estoy enamorada, pero no hago planes de casamiento: vivo el día a día”

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Paloma entra en el living sonriendo y vestida de negro absoluto. Altísima, flaquísima y con un chignon. Saluda y se sienta, lista para contestar. Cada mínimo acto suyo tiene estilo: se mueve en el más completo silencio, es dulce, y de una gentileza que parece de otro tiempo. Treinta de edad, quince como profesional, once como primera bailarina del American Ballet Theatre de Nueva York. “Adoro estar en familia. Los llamo continuamente, y cuando tengo un poco más de dos días libres, los paso con ellos en Buenos Aires”, dice. Ellos son sus padres, su hermana Marisa, sus sobrinos Tobías (4) y Benjamín (8 meses). Pero otro amor le ilumina la cara: un abogado de 35 años, amigo de su cuñado. Lo conoció en una salida no prevista, pero bastó…

Este año, su cita infaltable con Buenos Aires es doblemente especial: unos días después de verla bailar El lago de los cisnes, el Colón cerrará por un año para su total restauración y un brillante arribo al centenario. La inmortal obra de Piotr Ilich Tchaikovsky llega por gestión del Banco de Galicia, y Paloma estará acompañada por Guillaume Côté, primer bailarín del Ballet Nacional de Canadá, el Ballet Estable del Colón y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Un lujo.

–¿Sentís que ya estás en la mitad de tu carrera?

–No. Jamás haría esa cuenta. Vivo la vida y disfruto el día a día. Si estoy arriba, abajo o en la mitad, no me importa. Justamente porque vivo la vida a full, no me interesa en qué lugar de mi carrera estoy. Empecé muy chica y no tomé en cuenta cada etapa: las viví. A los 19 años ya era bailarina principal del American Ballet y había protagonizado muchos roles.

–¿Lo mismo corre para el aplauso?
–Son cosas diferentes. Eso me importa un montón. Los aplausos y los premios me parecen increíbles.

–Tu carrera es muy sacrificada. ¿La viviste así?
–Para muchos bailarines es muy sacrificada, pero no para mí. Amo lo que hago cada día para ser bailarina, y así fue desde chica. Desde luego, hay gente que también ama el baile y tiene talento, pero le cuesta más. Para el ballet se necesitan muchas cosas además de físico y talento.

–¿Qué otras cosas?
–Hay quienes tienen todo, pero les faltan las ganas. Para mí, en cambio, estar todo el día encerrada en un estudio de ballet es lo mejor que me puede pasar. No lo relaciono con el sacrificio.

–¿Siempre fue así?

–Sí… Salí del país muy temprano, empecé a vivir sola en Nueva York a los quince años, y sentí que era mi destino. Mi familia me dijo que si no me adaptaba, ésta era mi casa en Buenos Aires, y que mi cuarto siempre estaría listo. Pero mi decisión estaba tomada desde los siete años…

–Físico, talento, ganas… ¿y qué más?
–Hay que tener buen cuello, piernas y brazos largos, extensiones, buenos pies, capacidad de aprender una técnica, trabajar muchísimo… y tener algo que no todos tienen: que cuando aparecés en el escenario la gente quede atrapada. No sé si se llama carisma o ángel, pero sucede en cuanto se levanta el telón…

–¿Es una minoría absoluta?
–Y… mirá: hay gente con muchas condiciones (todas las que nombré), pero no pueden enamorar al público. Muy buenos bailarines hay muchos, pero con ángel se nace. Y todavía no basta: hay que trabajar todo el día, y aun así, tener a favor el factor suerte. La oportunidad…

–¿Cuándo supiste que tenías ese “algo más”?
–Como te dije, a los siete años ya estaba segura de que quería ser bailarina. Fue algo muy fuerte, y es raro que suceda a una edad tan temprana. Mi maestra, Olga Ferri, me dio todo. Mucho más que clases. Encontró lo mejor de mí y lo hizo crecer. Después, en el Colón, mis maestros fueron clave. Por eso no registro lo sacrificado de esta carrera: porque siempre vi el fruto de lo que hacía, sentí que iba por el buen camino, que me alentaban, que mi familia, el Colón y las otras compañías donde bailé me apoyaban…

–¿Qué rol te gusta más de todos los que bailaste?
–No tengo un ballet preferido. Algunos se parecen más a la personalidad de uno. Pero otros, los opuestos, te obligan a una creación más elaborada, y eso es muy lindo. Me encanta ser alguien que no tiene nada que ver conmigo, transformarme completamente, sacar aristas ocultas.

–¿Cómo es tu vida en los Estados Unidos cuando no bailás?
–Disfruto mucho de Nueva York. Hay gente que está allí tan a full que la vida se le pasa y no se da cuenta. Pero yo, aunque esté en plena temporada y con miles de ensayos, me doy gustos. Cuando no tengo función voy al teatro, al cine, a conciertos, a comer con mis amigos.

–¿Tenés amigos allá?
–Sí. Un grupo que también es importante a la hora de disfrutar. Pero cuando tengo más de dos días de tiempo libre, me vengo para acá. Y cuando quiero hacer shopping, espero llegar a Buenos Aires, porque me encantan las cosas que se pueden comprar aquí.

–¿Extrañás?
–Nunca extrañé, porque nunca sentí que me había ido. Estoy a pleno en los dos lugares, en Nueva York y en Buenos Aires. Vengo muy seguido y estoy en contacto permanente. No siento que llegué a mi casa después de un viaje: entro a casa con total naturalidad.

–¿Leés los diarios argentinos por Internet?
–Sí, aunque soy lo anti-internet… Pero además me entero de lo que pasa, porque hablo todos los días a mi casa por teléfono.

–¿Estás enamorada?
–Sí, y estoy muy bien. Estar feliz es muy importante… Pero también fui feliz cuando estaba sola. La clave es vivir el día a día…

–Repetís mucho lo del día a día. ¿Por qué?
–Porque nunca hice ni hago planes. Pero eso no significa que mi vida sea un caos. Tengo todo programado con mucha anticipación. Tengo agenda. Lo que no digo es que a tal edad me voy a retirar, o voy a hacer tal cosa. Nadie tiene la vida comprada. Puedo programar, pero la verdad es otra. Soy súper organizada, pero sólo para el hoy.

–¿Qué pasará el día en que dejes de bailar?
–Seré muy feliz, porque la pasé muy bien. No tendré ninguna pena ni ninguna cuenta pendiente.

–¿Ni siquiera vas a programar tu casamiento?
–Me gustaría casarme, sí, porque soy muy familiera y muy apegada a todos. Pero nunca me guié por aquello de “a tal edad hay que casarse, a tal edad hay que tener hijos”. Eso no va conmigo. Armé mi vida en el día a día… y eso, ¡es fascinante!

–¿Volviste balletómano a tu novio?
–Va al teatro para verme, pero no sé si le gusta el ballet. Sin embargo, la pasa bien y se adapta mucho a este mundo del que no sabía nada. Fue a verme a Nueva York…

–¿Dónde lo conociste?
–Es amigo de mi cuñado. Se conocen desde chicos, hicimos una salida juntos, de cuatro, y así empezó todo.

Con tan sólo siete años decidió que su destino definitivo sería la danza. Nunca vivió su carrera con sacrificio, a pesar de las terribles exigencias que impone. Y tiene algo especial: “<i>Eso que llaman ángel, o carisma</i>”, dice.

Con tan sólo siete años decidió que su destino definitivo sería la danza. Nunca vivió su carrera con sacrificio, a pesar de las terribles exigencias que impone. Y tiene algo especial: “Eso que llaman ángel, o carisma”, dice.

“<i>Lo tuve todo: pasión por la danza, apoyo de mi familia, grandes maestros, el factor suerte (la oportunidad), y nunca dudé de mi decisión ni de mi destino</i>”

Lo tuve todo: pasión por la danza, apoyo de mi familia, grandes maestros, el factor suerte (la oportunidad), y nunca dudé de mi decisión ni de mi destino

“<i>Me gustaría casarme porque soy muy familiera, pero lo único que está planeado en mi agenda son mis compromisos artísticos. Todo lo demás está librado al azar</i>”

Me gustaría casarme porque soy muy familiera, pero lo único que está planeado en mi agenda son mis compromisos artísticos. Todo lo demás está librado al azar

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