“Estoy en mi segunda adolescencia, una etapa de mucho cambio y replanteo” – GENTE Online
 

“Estoy en mi segunda adolescencia, una etapa de mucho cambio y replanteo”

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Asiete días de cumplir los 40 y a once de la súper fiesta que dará en su propia casa de un country de Pilar (con déco bien ochentosa, comida étnica, mucho drink y la música disco que hacía furor en los tiempos en que iba de boliche por Ramos Mejía), Araceli González todavía no sabe qué se va a poner. “Porque pedí que todos vayan con el look de aquella época…”, anticipa.

–Si sos de guardar, las minis de los 20 todavía te deben quedar…
–Puede ser. ¡Pero cometí el error de no coleccionarlas!

–¿Cuántos invitados?
–Ese fue todo un tema. Porque con las décadas vienen las crisis, los replanteos, el balance, todo junto… Y entre algunos cambios que estoy logrando figura el de la elección. Si me dejaba llevar, tenía que invitar como a setecientas personas. Y como ya no quiero ningún tipo de obligaciones ni compromisos, decidí invitar a la gente que de verdad quiero, esa que nunca falla, con la que comparto los momentos más duros y felices.

–¿Cuántos son?
–Ciento diez.

–Ah, bueno… ¿Estás segura de que no se te coló nadie?
–¿Te suena mucho? A mí también. Es más: anoche la llamé a Miriam, una amiga de toda la vida que organiza eventos y está armando mi cumple, para que repasáramos la lista juntas y ¡no pude sacar a nadie! Todos tienen su razón de estar: mi abuela, mi mamá, mis primos, mis tíos, mis amigos de toda la vida, amigos nuevos que he incorporado en el último tiempo… Y quedó tal cual: 110.

–¿Te puedo hacer una pregunta casi antipática?
–Si te la puedo contestar…

–¿A Adrián Suar en qué lugar lo pusiste?
–(Piensa y cuenta en voz baja) En el sexto. Primero está mi mamá con su pareja, después vienen mis dos hijos, yo y él…

–Hace unos meses dijiste que a los 40 te reconciliabas o te separabas con amor. Me gustó eso del amor. ¿Ahora estás más reconciliada que separada, cierto?
–Lo del amor es así. Es la única manera de lograr una relación sana. Y eso es lo que busco, lo que quiero. Pero cuesta, porque en una pareja hay historia, y algunas historias duelen. Igual, no dejo de reconocer lo mejor: para mí, que Adrián haya sido una persona que amó a mi hija como propia sin ser su padre, le da un 10 puntos de entrada, más allá de todo. Igual, esta lucha es diaria, y yo no soy una mujer fácil.

–¿Sabés perdonar?
–Sí. Muchas veces pedí perdón. Pasa que tengo mis broncas, soy muy impulsiva. Las cosas que me duelen las escupo y también soy la que llora a mares… Por eso, hoy busco relaciones sanas, poder desnudar el alma frente al otro, bajar la guardia sin ningún temor, no tener que desgastarme con estrategias de ningún tipo.

–¿Seguís creyendo en la pareja, Ara?
–Sí, claro. A mí me gusta meterme en la cama y decirle al otro: “¿Me enganchás?”, que es más que la cucharita. Es entrelazar piernas, abrazo, todo. Es poder entregarte al otro, relajar.

–¡Guauuu! Hay una etapa de catarsis también.
–Sí, una catarsis muy fuerte. Mis hijos saben que soy hipersensible y que en esta etapa, en estos meses, vengo recontrahipersensible. En estos días, con cada cosa que dicen o hacen, me mandan un: “No mamá, no llores….”, por las dudas de que moquee.

–¿Todo esto es culpa de los 40?
–En la mujer, los 40 años son tan importantes como los 15: marcan un cambio profundo, desde hormonal hasta psicológico. Hoy siento que estoy pasando por mi segunda adolescencia, una etapa de mucho cambio y replanteo. Siento esa cosa de los 18, cuando dejé el secundario y pasé veinte días sin salir de mi casa con el pijama puesto, porque no sabía si estudiar arquitectura, seguir con el modelaje o qué. Me paralicé.

–¿Tantas dudas tenés hoy?
–No sé si son más o menos, pero están. Es que me estoy enfrentando a la mitad de mi vida, donde aparece todo: lo bueno, lo malo, las frustraciones, los logros, eso que tenía ganas de hacer y todavía no hice… Y todo eso genera una ansiedad de descubrirse, de volver a elegir. Pensá que los segundos 20 años de mi vida los pasé subida a un Fórmula 1: modelo de gráfica, de pasarela, actriz de novela, de teatro, de cine, de unitarios… Esa adrenalina, esa inconsciencia, me trajo hasta acá. Y estoy muy contenta con el camino recorrido. Pero llegó el momento de poner el pie en el freno. Hoy noto que estoy más para adentro, muy conectada conmigo, en una búsqueda interna muy importante. Estoy más intuitiva. Hay personas que con sólo mirarlas a los ojos ya no negociaría con ellas. En los dos últimos años me alejé de cierta gente que traicionó mi confianza. Y está bueno eso de ser más selectivo y reelegir tu vida, tus afectos, tu entorno. Hasta fantaseo con volver al Oeste. Mi mamá regresó al barrio, a Ramos Mejía. El otro día, ayudándola a mudarse, me reencontré con un montón de gente que me decía: “Volvé, Ara, volvé”. Y ganas no me faltan. Son mis raíces. A Flor le encantaría. A Tomás, en cambio, le costaría, porque ya se crió en Zona Norte. Para él sería duro….

–¿Como madre también te replanteás?
–Todo el tiempo. Me juzgo mucho como madre. Soy muy exigente. La crisis más grande la tuve con los cambios bruscos de Florencia (18) cuando empezó a crecer. Yo comenzaba a sentir el desencuentro entre nosotras, y eso me mataba. Primero empezamos a pelear un poco, hasta que un día me senté y le dije: “Mirá, yo necesito adaptarme a tu cambio. Dame tiempo. Ayudémonos las dos. Lo que estás haciendo no está mal, pero a mí me cuesta aceptarlo”. Fue muy brusco. De los 13 a los 18 trabajé mucho con ella. Hoy, cuando la veo que se enoja y saca pechito como hacía yo, que va al frente, que sabe lo que quiere y lucha por eso, la reconozco y veo el trabajo que hice. Ahí, a su edad, se empiezan a notar los resultados. Y estoy contenta, muy orgullosa de ella. El otro día Adrián me decía: “¡Qué suerte tuvimos con Flor!”.

–¿Con Toto cómo es?
–Distinto. Está en plena formación, y me preocupa y ocupa todo lo que consume. Ahora, que la televisión está tan violenta, no quiero que se vaya a dormir viendo esos programas, pero como tampoco se los puedo prohibir, me puse a buscarle la vuelta. Finalmente, le compré una Biblia para chicos, contada en forma de cuento, y le leo todas las noches cuando se va a la cama. Igual, con él por ahora es mucho más fácil. Lo único que le preocupa a Toto es que yo envejezca. Cada vez que me pongo una crema, me pregunta si eso es para mantenerme joven. Y ya le prometí que mamá nunca va a envejecer, que se quedara tranquilo, que voy a estar siempre hecha una diosa (risas)… ¡En qué lío me metí, ¿no?!

–¿Y a vos cuánto te preocupa el paso de los años?
–A nivel estético no tanto; a nivel salud sí. Me preocupa no llegar vital a la ancianidad. No me importa llegar con la cola alta o mi panza chata. Me cuido. Tengo a Leonarda, que se ocupa de mi cara, a Sandrita Dillon, una divina que me da cremas y unos tratamientos para el cuerpo, y a Ernesto Pietro, que está muy metido en el estudio molecular y no descuida la parte espiritual, que me da vitaminas y clases de Chi Kung, una técnica china muy fuerte que se trabaja con pesas en posiciones de guerra... Pero esto que te cuento no lo hago todos los días, ni todas las semanas. Voy de vez en cuando, según cómo sienta mi cuerpo. Cuando me dicen: “Yo voy todos los días al gimnasio, de 9 a 11”, no. Yo no puedo.

–¿Qué fantasías vienen con este cambio de década?
–De todo tipo. A los 21 fui madre. A los 32 fui madre. Y ahora, a los 40, estoy entrando en una edad totalmente diferente, donde comienza el proceso de la menopausia y donde si decido tener un hijo estoy como al límite…

–¿Pero vos pensás tener otro hijo?
–Sí, obvio, obvio. Me encantaría. Igual, para volver a ser madre tendría que estar como muy segura. Ya no estoy para jugar a la pistolera. Para concretarlo necesito tener una pareja fuerte, donde me pueda apoyar, relajar, y que las ganas sean de los dos, para criarlo juntos. Si es así, me encantaría tener una nena más. Para varón, lo dejo a Toto ahí en el medio… No me preguntes por qué una nena, eh. Lo imagino, y hasta lo sueño así.

–¿Y hoy, decís, no están dadas las condiciones…?
–Hoy no. Ya sé que puedo vivir sola con mis hijos, pero también es importante, sobre todo si estás pensando en traer un hijo al mundo, que viva con su mamá y su papá, y que los dos tomen el compromiso de criarlo, educarlo. Ese es el ideal.

–¿Te sentiste una especie de mamá y papá de ellos?
–No. Siempre les di al papá de Florencia y al de Tomás el lugar que les correspondía, aunque vivieran en otra casa. Si los chicos tenían un acto o se enfermaban, ellos lo sabían. Traté de que estuvieran muy presentes. Pero como me crié en un matriarcado –porque mis papás se separaron cuando yo tenía ocho años–, me resulta mucho más fácil ser mamá que tener pareja. Por historia es así: me cuesta relacionarme con los hombres. Me equivoco mucho, tomo decisiones sola... Como madre me siento muy segura; como mujer tengo muchas dudas, y no soy fácil. Nada fácil, te diría.

–¿Cambió tu escala de prioridades?
–Sí…. Antes eran mis hijos, sólo ellos. Todo lo demás venía después. Hoy mi prioridad soy yo mujer, yo individuo. Entendí que si no estoy bien, ellos tampoco lo van a estar. Entonces, me cuido y estoy buscando realizarme en todo sentido. Estoy mutando. Lo peor es quedarse en un mismo lugar. Yo no puedo: soy muy inquieta, muy pasional.

–¿Y cómo te ves a futuro…?
–Tengo muchas ideas, muchas. Alguna saldrá… Como me dijo el otro día mi tío: “Yo te veo buscando, buscando… ¿Sabés qué tenés que hacer? Embarazarte de una idea. Los embarazos nunca quedan dentro. Tarde o temprano vas a parir y va a nacer”. Y tiene razón. ¿Ves? Todavía, a los 40 años, tengo un montón por aprender…

(Suena su celular dorado y no hace falta preguntar quién llama. “Soy Adriaaán, soy Adriaaán”, anuncia la voz metálica del ringtone. Araceli sonríe. Atiende. Saluda con un “Hola, ¿cómo andás?”. Le dice que está en la nota de GENTE, le pregunta cómo fue su mañana, le cuenta cómo viene su tarde y queda en que se hablarán en un rato)

–…No lo decís vos, lo digo yo: hay reconciliación.
–Te dije que estoy en una etapa muy especial. Reeligiendo todo. Hoy no puedo explicar mucho más, porque ni yo lo sé. ¿Viste esa frase que dice: “No soy feliz, pero tengo marido”? Eso no lo quiero.

–¿En lo profesional, qué planes tenés?
–Viendo, también. Por eso este año decidí no hacer tele, para reencaminarme. Estoy buscando un nuevo rumbo. Me gustaría hacer algo más social, como un programa para la mujer, donde pueda comunicar distintas cosas. Pero en este momento también estoy muy bien como actriz. Estoy creciendo y me siento muy bien. Me tientan mucho el teatro, el cine… Pero estoy con ganas de comunicar, porque en algún punto te van tomando como referente. Sobre todo, las mujeres que tienen una cosa no competitiva conmigo.

–¿De verdad creés que las mujeres no compiten con vos?
–Al principio me costaba, pero hoy me lo dice todo el mundo y siento que es así. El otro día fui a mi clínico. Me contó que cuando les dijo a unas pacientes que yo iría ese día, murieron.

–Cuerpo perfecto, cara increíble, hijos sanos y divinos, carrera exitosa… Te digo que estás para la envidia…
–Los elogios me siguen dando algo de pudor. Gracias. Pero, por suerte, no ocurre eso conmigo. Debe ser porque en mis 25 años de carrera –porque arranqué a los 15–, me mostré honesta y fui muy clara. La gente sabe que tuve mis separaciones, mis momentos débiles, fuertes, mis crisis, mis épocas de mucho trabajo, de poco trabajo. No tapé nada. Y tampoco me sobreexpuse. No usé mis éxitos y fracasos laborales o personales ni a favor ni en contra. Me pasaba, punto. Sin querer, logré un término medio de comunicación que me jugó a favor. Estoy contenta de eso. Cuando veo mujeres luchadoras, que crían solas a sus hijos, que cuentan sus miserias ante las cámaras, me pone mal, porque creo que no hay necesidad de llegar a tanto. Y tendrían el doble de mérito si no las contaran. Yo prefiero mantenerme al margen y hacer lo que hago: yoga, leer a Krishnamurti, caminar todos los días una hora entre los árboles, escribir…}

–¿Más cuentos para chicos?
–Todavía no. Con el cuento de Ada se abrió otra puertita: ahora estoy haciendo la página, para que entren los padres y los chicos y tengan distintos links referentes al cuidado de la naturaleza y proteger al planeta. Estoy en la onda Greenpeace. Pero estoy escribiendo otras cosas, otra historia. Llevo recién 35 páginas sobre la historia de mi vida, donde hablo de mi infancia, de mi abuelo –que fue tan importante para mí–, de mis tías que murieron vírgenes y solteronas, de esa cosa matriarcal en la que me crié, de mi desarrollo como mujer, de la relación con el sexo… Investigar mis raíces y recordar mi pasado me llevó a descubrir los porqués del follaje.

–¿Vas a publicarlo ahora, para tus 40?
–Nooo. Todavía le falta mucho. Antes tengo que resolver este capítulo de mi vida, el presente, que está sin definir.

–¿Pensás darle un final rosa?
–Apunto a tener un final rosa, sí.

En una de las mujeres más lindas de la Argentina. Reconocerlo, a ella, le da pudor. Increíble por donde se la mire, Ara dice que el único preocupado por su vejez es su hijo Tomás.

En una de las mujeres más lindas de la Argentina. Reconocerlo, a ella, le da pudor. Increíble por donde se la mire, Ara dice que el único preocupado por su vejez es su hijo Tomás.

“Me encantaría tener otro hijo. Igual, para volver a ser madre debería estar como muy segura. Ya no estoy para jugar a la pistolera”

“Me encantaría tener otro hijo. Igual, para volver a ser madre debería estar como muy segura. Ya no estoy para jugar a la pistolera”

“Me cuesta relacionarme con los hombres. Como madre, me siento muy segura. Como mujer, tengo muchas dudas y no soy fácil. Nada fácil, te diría”

“Me cuesta relacionarme con los hombres. Como madre, me siento muy segura. Como mujer, tengo muchas dudas y no soy fácil. Nada fácil, te diría”

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