“Estoy aprendiendo a vivir en soledad” – GENTE Online
 

“Estoy aprendiendo a vivir en soledad”

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Por respeto a Isabel Macedo, la mujer con la que compartió todas las buenas y cada una de las malas de los últimos diez años de su vida. Por el afecto que les tuvo, les tiene y les tendrá a sus ex suegros. Por cariño a su familia. Por amor propio y fidelidad a sus principios. Por todo eso, Facundo Arana no dirá nada. Las aventuras y desventuras de su vida privada son cosas que les revela a unos pocos íntimos.

Hoy, a los 34 años, solo por primera vez después de muchísimo tiempo, confía: “Estoy aprendiendo a vivir en soledad”. Ya nada será igual, lo sabe. Sin La Chava –como la apodó no bien la conoció– todo es y será distinto en su casa de Palermo.

LA CRISIS TERMINAL
. Las primeras diferencias comenzaron a fines de 2005. Algo cambió en la pareja, pero los dos estaban dispuestos a pelearla. Primero lo intentaron sin cortar la convivencia. Siguieron con el proyecto que tenían en común; allá en el Nuevo Tigre, donde se compraron un terreno y comenzaron a poner los primeros ladrillos de una casa que –a futuro– soñaban llenar de hijos. Visitaban la construcción los fines de semana y, de lunes a viernes, le ponían toda la garra posible a reconstruir la vida que habían elegido de a dos.

Más tarde decidieron tomar distancia por un tiempo. Fue entonces cuando Isabel dejó la casa de su novio eterno y se instaló por tiempo indeterminado en el departamento que sus padres tienen frente al Zoológico porteño. Se seguían viendo, por supuesto... La idea era seguir el noviazgo, pero cama afuera, como para ver qué les pasaba.

Por entonces, el rumor sobre la separación ya circulaba en los medios. Macedo se llamó a silencio. Pero cuando la entrevistaban (por su rol en la tira Alma pirata) y le preguntaban del tema, sólo atinaba a sonreír. El éxito rotundo de Arana como protagonista de Sos mi vida también lo expuso al diálogo con la prensa. En aquel momento sólo revelaba cuánto lo afectaban los dichos, y sorprendía con sus confesiones. “Ya no me pongo colorado, ahora me divierte que las mujeres se me acerquen y me inviten a salir”, decía, todo un indicio de su nuevo presente.

Para el off the record, todavía la estaban luchando.

Hubo algún que otro reencuentro apasionado, cenas a la luz de las velas, mensajes románticos en el contestador, largas charlas, muchos replanteos y –finalmente– nada más por hacer. “Sí, me separé, es la primera vez en diez años que estoy solo. La Chava me dejó, se fue para siempre”, terminó por confiar el galán hace un mes, hoy el soltero más codiciado del momento.

El se quedó con su PH de Palermo, la casa de Tigre y Pampa, su fiel labrador. Ella alquiló un departamento amoblado sobre la calle Charcas y consiguió un descuento en Frávega para hacerse de los electrodomésticos que le faltaban (microondas, lavarropas, equipo de música y heladera; entre otros imprescindibles). Todo, definitivamente, había terminado.

UN AMOR DE NOVELA.
El comienzo fue digno de una historia a lo Alberto Migré. Se conocieron y se fueron enamorando en la casa de los padres de él. Macedo era compañera de colegio de una hermana menor de Facundo y, entre juegos y tareas, comenzaron las primeras miradas. Una tarde de hace como once años, el hombre se le animó y la invitó a salir. De aquella primera vez él acostumbraba recordar: “A Isabel la conquisté con media papa (risas), te juro. Cuando la pasé a buscar por la casa de sus padres, llovía tanto que no bien le toqué el timbre, le pedí por el portero eléctrico que bajara con media papa. ‘¿Con media qué…?’, me preguntó sin entender nada. ‘Con media papa, porque llueve a cántaros y no me anda el limpiaparabrisas’, le aclaré. La tenías que ver aquella noche, impresionantemente vestida, con la papa en la mano que froté contra el vidrio para que no se empañara. Ella se divirtió mucho. Yo me enamoré”. Llegaron los primeros viajes de a dos a Pinamar, el éxito televisivo de él y, años más tarde, la convivencia. Durante los primeros años, Isabel soportó con orgullo el mote de “la novia de…”.

En 2003, el galán se tomó su primer año sabático y se dedicó a recorrer el país en su casa rodante. Sus compañeras de aventuras: Pampa, su perra, e Isabel, su amor. La travesía duró diez meses y el romance llegó más intacto que nunca a Buenos Aires.

A la vuelta, a Isabel le llegó el turno de demostrar todo lo que sabía. Actriz también de profesión y vocación, fue convocada por Cris Morena para personificar un personaje que superó cualquier expectativa: en la piel de Delfina, la mala de Floricienta, sedujo al público infantil (y a algún grande también) a través del teatro y la tele y comenzó a convivir con dos palabras que hasta el momento desconocía: fama y popularidad. Casualidad o no, pero fue por entonces cuando comenzaron las primeras diferencias en la pareja. Aunque a muchos les resulta fácil especular sobre los motivos del final (se lo adjudican a los celos, la competencia y hasta al dinero que cada uno aportaba o no al hogar), sería ridículo culpar a algo o a alguien. Después de todo, lo único que va a importarles a las fans no es la ruptura en sí, sino que uno de los galanes más sexys del país está libre y bien solo por primera vez.

VIDA DE SOLTERO.
Siempre creyó en eso del amor para toda la vida, hizo culto del bajo perfil, el respeto, la caballerosidad y la galantería. Jamás habló mal de nadie ni dio motivos para que lo criticaran a él. Está en su esencia, difícilmente pueda cambiar. Por todo eso resulta impensable suponer que hará un show mediático sobre esta etapa, este capítulo de su vida que –después de todo– superará y verá cuándo y cómo afrontar. “No hay culpables. Si nos separamos es porque se terminó el amor”, fue toda la explicación que les dio a quienes se preocuparon sinceramente por él en este último tiempo. Ahí está ahora, interpretando a uno de los personajes éxito de la televisión, junto a la Oreiro en Sos mi vida. Volviendo a su casa de Palermo sin que nadie lo espere, comiendo solo en una mesa acostumbrada a dos, intentando dormirse sin nadie a su lado y despertando “con todas las ganas de seguir creyendo que existe un verdadero amor”. El romanticismo, después de todo, es una de las palabras que más lo caracterizaron.

Sabe, la vida continúa. Nadie mejor que él, que peleó hasta con la muerte en plena adolescencia, cuando un cáncer lo enfrentó cara a cara. “Todo se supera. Hay que darle lugar al duelo”, lo escucharon decir. Volar los sábados y domingos a Bariloche, donde están sus amigos, es su gran distracción hoy. Escalar, esquiar, manejar motos de nieve, pilotear avionetas, lo conectan allá con su lado más adrenalínico y apasionado.

Las chicas, claro, están ahí: atentas y de a montón. En su celular comenzaron a aparecer voces para él desconocidas, de actrices y modelos famosas, saludándolo sin razón, dejándole un teléfono donde encontrarlas en caso de que quiera verlas. Por ahora, Arana sólo piensa en distraerse, en divertirse, en ver qué quiere y qué no para este nuevo tramo de vida que lo sorprendió. Y, espera, lo siga sorprendiendo. Después de todo, de eso se trata.

Tiene pinta, éxito, fama. Aunque él todavía ni quiere pensar en eso, las mujeres más lindas del país ya se lo disputan.

Tiene pinta, éxito, fama. Aunque él todavía ni quiere pensar en eso, las mujeres más lindas del país ya se lo disputan.

Isabel Macedo abandonó definitivamente la casa que compartía con Arana en Palermo y se alquiló un departamento amoblado sobre la calle Charcas.

Isabel Macedo abandonó definitivamente la casa que compartía con Arana en Palermo y se alquiló un departamento amoblado sobre la calle Charcas.

Facundo, hoy, busca distracción y diversión en Bariloche, donde están sus amigos. Las chicas ya se lo disputan. El, por ahora, no quiere saber nada.

Facundo, hoy, busca distracción y diversión en Bariloche, donde están sus amigos. Las chicas ya se lo disputan. El, por ahora, no quiere saber nada.

“<I>La Chava me dejó. Se fue para siempre. No hay culpables. Si nos separamos es porque se terminó el amor.</I>”

La Chava me dejó. Se fue para siempre. No hay culpables. Si nos separamos es porque se terminó el amor.

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