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“Este cuerpito tiene dueño”

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Dos grandes pérdidas para la soltería. Por un lado, la hípermodel Gisele Bündchen. Por el otro, el jugador estrella de fútbol americano Tom Brady. Por el mismo, Gisele y Tom, que se han convertido en marido y mujer –ceremonia secreta mediante– el jueves 26 de febrero. Los Brady, un derroche de belleza y fortuna, saludaron en el atrio a los invitados –estrictamente íntimos– que fueron testigos de la unión. Y luego celebraron, como corresponde, tirando la casa por la ventana. No literalmente, claro, ya que la mansión que la parejita compró el año pasado en Los Angeles costó nueve millones doscientos mil euros y sería un desperdicio tirarla así como así. Aunque ambos podrían darse ese y otros lujos, sin dudas.

HACIENDO NUMEROS. Gisele figura en el libro Guiness de los récords como la modelo más rica del mundo, habiendo facturado sólo durante el 2008 la suma de 33 millones de dólares. Nacida en Horizontina –un pequeño municipio de Rio Grande do Sul, con apenas 18 mil habitantes–, fue centro de burlas durante toda la escuela primaria por ser flacucha. Qué poca visión las de esos gauchos que la llamaban Olivia de Popeye… Visión que sí tuvo un cazador de talentos que vio a Gisele a los 13 años en un McDonalds, época en la que la púber soñaba con convertirse en jugadora de vóley. Hoy, con 28 años, ostenta 89-67-90, mientras que la balanza acusa 57 kilos. Su apodo en la industria de la moda habla por sí mismo. La llaman “El Cuerpo”. Y la platea masculina opina que con justicia.

Tom, por su parte, supera en 12 centímetros de estatura a su flamante esposa de metro ochenta y en 42 kilos que son músculo en la más pura de las expresiones. Tiene 31 años (nació en el Condado de San Mateo, cerca de San Francisco, California) y juega como quarterback (mariscal de campo, el que lidera la ofensiva en el fútbol americano) de los New England Patriots, que gracias a él lleva cuatro Supertazones en su haber, en dos de los cuales fue premiado como Mejor Jugador de la temporada. En el 2009 todavía no se puso a entrenar con su equipo, porque a fin del año pasado sufrió una grave rotura de ligamentos de su rodilla izquierda. No tiene apodo propio, pero no estaría mal sugerir que le asocien el mismo que a su mujer. Y ya no cabe ninguna duda: de esa genética no pueden nacer más que querubines. Querubines muy, muy altos.

LA GRAN VIDA, LA GRAN BODA. La pareja se casó con pompa y circunstancia. El lugar fue la Iglesia de Santa Mónica, en California, y lo hicieron bajo el rito católico, fe que ambos profesan. La modelo lució un exclusivísimo diseño de Dolce & Gabbana color marfil, trabajado en piedra en su pechera, con caída campana y larga cola (está de más decir que le quedaba pintado). Y un par de curiosidades tuvieron lugar. La primera es que aquella es la parroquia a la que pertenece activamente y va a misa cada domingo la ex del futbolista. La segunda, que participaron en la ceremonia los tres perros de la modelo, ataviados como ella con Dolce & Gabbana auténticos. Carismáticos y de bajo perfil, la pareja llevaba unos dos años de noviazgo y no cupo ninguna excentricidad más que la de los pichichos. Todo fue sencillo y de exquisito buen gusto, desde las alianzas (ella sacó a pasear la suya en el Carnaval de Río, el fin de semana siguiente) hasta los selectos invitados: amigos más íntimos y familia. La nota cálida la dieron las cinco hermanas de la novia -incluida su melliza no idéntica- y el hijito del novio.

LOS EXITOSOS EX. Ambos tienen su historia, claro. Ella fue novia durante tres años del actor Leonardo Di Caprio, hasta que él la engañó con la actriz Sienna Miller, casi un clon de Gisele. El, tuvo lo propio con Bridget Moynahan (la morocha que bailaba sobre una barra en la película Coyote Ugly), siendo “lo propio” un hijito: John Edward Bradley, que hoy tiene un año y medio. El futbolista y Moynahan rompieron su noviazgo cuando ella estaba embarazada de tres meses y él descubrió los encantos de la Bündchen. Gisele –cuentan– es encantadora con el chiquitín y más de una vez le ha confiado a la prensa que cuando uno ama a alguien, ama a todos los que vengan con él. Prueba de esto fue la participación de John Edward en el casamiento de papá y en casi todas las fotos de la fiesta. Razón por la cual sólo resta analizar el concepto con el que el chico va a crecer sobre lo que es una madrastra. Salta a la vista –y cómo– que Gisele no se parece en nada, pero en nada, a las de Disney. Desvestida por Victoria’s Secret, firma en la que destronó a Uma Thurman como modelo oficial. Tom Brady también tiene lo suyo.

Desvestida por Victoria’s Secret, firma en la que destronó a Uma Thurman como modelo oficial. Tom Brady también tiene lo suyo.

Belleza natural, vestida por Dolce & Gabbana para el gran día.

Belleza natural, vestida por Dolce & Gabbana para el gran día.

En sus carreras, el cuerpo es la herramienta y la edad, el techo. Por eso ella invirtió en su propia línea de sandalias Ipanema, y él es ídolo total en el fútbol americano. Ambos probaron suerte con pequeños papeles en cine: El diablo viste a la moda (Gisele) e Inseparablemente juntos (Tom).

En sus carreras, el cuerpo es la herramienta y la edad, el techo. Por eso ella invirtió en su propia línea de sandalias Ipanema, y él es ídolo total en el fútbol americano. Ambos probaron suerte con pequeños papeles en cine: El diablo viste a la moda (Gisele) e Inseparablemente juntos (Tom).

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