de momentos muy duros, por el adiós a mamá", dijo Diego. En su séptimo año de amor a la distancia, prometieron verse más seguido." /> «Este año nos propusimos pasar más tiempo juntos» – GENTE Online
 

"Este año nos propusimos pasar más tiempo juntos"

Actualidad
Actualidad

Comenzaron 2003 juntos y frente al mar. Durante dos semanas, comparten cada amanecer y cada puesta del sol. Y para ellos no
es poco. Desde hace siete años, la actriz colombiana y el cantante-actor argentino mantienen una relación muy particular. Aunque incomprensible para algunos, el amor a la distancia de Diego Torres (31) y Angie Cepeda (28) ya no necesita dar más pruebas ni explicaciones.

A Diego no le hacen falta presentaciones. Un mundo diferente, su último disco, vendió un millón doscientas mil copias en Latinoamérica y España. Y para los argentinos de todas las edades, Color esperanza se convirtió en un himno frente a la pálida. Este año, el de su consagración, fue también el del adiós a su madre, Lolita Torres. Y en el dolor de la agonía, se unió más que nunca al amor de su vida. Una sensual morocha, Angélica María Cepeda, nacida en Cartagena, Colombia. Combinación explosiva de encanto y belleza caribeña, se hizo conocida por la telenovela Pobre diabla y en el 2001 protagonizó, junto a Ricardo Darín, Sammy y yo, película que fue suceso en España. Y ni qué hablar de sus desnudos para el cine en Pantaleón y las visitadoras, donde interpretaba a la más solicitada de un burdel perdido en el Amazonas peruano. Allí, Angie quitaba el aliento a cualquiera.

Llegaron al Uruguay el 30 de diciembre y alquilaron una casa rústica, cerca de la laguna de José Ignacio, a 30 kilómetros de la Punta. La única compañía son Luna -un golden retriever- y Zué -un labrador peruano-, los perros de Angie. Enseguida adoptaron una rutina de vacaciones que incluye salir a correr juntos por la ruta, actividad que Diego mantiene durante todo el año cerca de su casa de Punta Chica.

A la pareja jamás se la ve en el circuito de la movida. Su sencillo refugio esteño está camuflado dentro de una arboleda. Las salidas: compras y parada obligada en un locutorio de la zona de Manantiales para hablar durante varios minutos con su familia en Colombia. A la hora de la playa, eligen el solitario balneario La Juanita. Para pasar inadvertidos -Diego podría causar un verdadero tumulto de fans en playas como Montoya o Bikini-, instalan sombrilla y heladerita al resguardo de las dunas.

Cariñosamente, él llama a su novia Angélica y ella le habla dulcemente con la cadencia de su acento caribeño. El look playero de la pareja: ella luce sus curvas y su piel morena con un bikini rojo. El, en buen estado físico, se anima a la sunga. "Nos quedamos hasta el 15 de enero, después arranco el 18 mi gira con un show en el Conrad", dijo él. "Estamos encantados. Este lugar es increíble y disfrutamos mucho poder estar juntos", confesó ella.

En pocos días, entonces, vendrá otra despedida. Angie volverá a su casa en Los Angeles, donde vive desde hace un año y medio y estudia actuación. Diego empezará a girar por varias ciudades de la costa argentina y después irá a Viña del Mar en Chile. Y el 23 de febrero estará presente en la entrega de los Grammy Awards en Nueva York, donde Un mundo diferente está nominado como Mejor Album Pop Masculino. Además, espera el estreno de su última película, El juego de Arcibel, que protagoniza junto a Darío Grandinetti.


-Angie, Diego, sólo una pregunta: ¿cómo se hace para mantener durante siete años el amor a la distancia?

-(Ella toma la palabra con una sonrisa). Este año nos propusimos pasar más tiempo juntos. ¿La fórmula de nuestro amor? Paciencia, fidelidad y muchas llamadas telefónicas.

Ella mostró sus curvas latinas con un bikini. El -corre y se entrena a diario- lleva sunga, como varios galanes del Este. Diego y Angie prefieren la tranquilidad de La Juanita, una playa pequeña y aislada en José Ignacio, siempre acompañados por Luna y Zué, los perros de la actriz colombiana.

Ella mostró sus curvas latinas con un bikini. El -corre y se entrena a diario- lleva sunga, como varios galanes del Este. Diego y Angie prefieren la tranquilidad de La Juanita, una playa pequeña y aislada en José Ignacio, siempre acompañados por Luna y Zué, los perros de la actriz colombiana.

Diego y Angie están lejos de vivir la mentada comezón del séptimo año. Por el contrario, se los ve más enamorados que nunca. A la tarde, al volver de la playa, él se ocupa de alimentar a las mascotas de su novia.

Diego y Angie están lejos de vivir la mentada comezón del séptimo año. Por el contrario, se los ve más enamorados que nunca. A la tarde, al volver de la playa, él se ocupa de alimentar a las mascotas de su novia.

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig