“Estamos doloridos; queremos poner punto final a esta historia” – GENTE Online
 

“Estamos doloridos; queremos poner punto final a esta historia”

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El vestido de novia, blanco y romántico, que Zaira iba a usar el 30 de julio en el Registro Civil de Montevideo, está guardado en una caja en el segundo piso de la casa de Wanda. Allí, en un rincón de la habitación que ella compartió con Diego Forlán en sus últimas dos noches de novios antes del sorpresivo adiós. Zaira se había probado el diseño –sencillo, sin cola ni tules– que la diseñadora catalana Rosa Clara le había hecho especialmente para su boda. “Vi el vestido de novia de Paulina Rubio y me gustó tanto que busqué quién se lo había diseñado. Era Rosa Clara. Fui a verla, le pedí uno onda el de Wanda y me quedó divino desde la primera prueba”, les contaba Zaira a sus amigas. Y fue justamente una de ellas, Julieta –a quien conoce desde el colegio– quien se lo trajo a Buenos Aires desde Barcelona, ya que ella no pudo hacerlo. ¿Por qué? “Antes de volver a Buenos Aires íbamos a pasar nuestras últimas vacaciones de solteros con Diego en Miami”, comentó en la intimidad, sin saber que sería el último viaje. Zaira tampoco pensó que Forlán nunca le vería puesto ese vestido, que tenía escondido por cábala, como hacen todas las novias. El encanto se rompió antes...

“ELIJAN: ¿GUERRERAS O MODELOS?”. El martes 31 de mayo, Zaira y Forlán fueron fotografiados discutiendo en una playa de Miami. ¿La causa? El futbolista le habría formulado algunos planteos que le hicieron ruido a poco más de un mes del casamiento: “Siento que no estamos como antes”.

Después caminaron abrazados hasta la habitación del hotel Delano y, mientras él se duchaba, Zaira tomó el teléfono de Diego, que pocos minutos antes había estado sonando. Allí leyó un mensaje de texto que, según se contó, sería de un jugador de fútbol uruguayo. Decía más o menos lo siguiente: “Estamos aquí con los chicos –y daba seis nombres– y necesitamos siete minitas”. Forlán habría respondido a ese mensaje: “¿Guerreras o modelos?”. El clamor fue popular: “¡Guerreras!”. Lo que más preocupó a la modelo habría sido el fin del mensaje: “Siete no... Que sean ocho, porque yo también voy a ir”.

Zaira quedó helada, según les relató a sus amigas, pero no se animó a mencionarle a su futuro marido lo que había leído. La pareja dejó Miami y ya no volvieron a hablar de sus problemas. En Buenos Aires se hospedaron en la casa de Wanda y Maxi López. Diego se mostraba de buen ánimo. Zaira no dijo nada, pero la angustia seguía adentro: ¿podía estar engañándola o era una suerte de despedida de soltero? Recién días después se iba a animar a enfrentarlo, cuando la ruptura era un hecho.

LA VERDAD DESNUDA. El viernes 3 de junio ocurrió algo verdaderamente extraño en la intimidad de los Nara. El abuelo de la modelo mostró una carta y una postal que había recibido en su casa (son los únicos de la familia que figuran en guía, si bien el apellido es el materno). Ambas misivas fueron enviadas por una persona que se presentaba con el nombre de Joaquín y escribía muy mal en español, con muchas faltas de ortografía. Estaban fechadas en mayo y llevaban sello de Milán, Italia.

Cuando el abuelo hizo mención del fuerte contenido de las cartas, Zaira se desencajó y comenzó a llorar. Sus padres, Andrés y Nora, al igual que Wanda, trataron de contenerla. “¿Qué pasa Zai?”. Y por primera vez comentó algo que había ocurrido cuatro semanas antes: “El mes pasado yo recibí esa misma carta y esa misma postal en Madrid. Creo que tiene que ser de una mujer despechada, a la que Diego no le ha dado bola y quería lastimarnos ahora que nos casamos”. Su hermana le preguntó: “¿Y qué hiciste con las cartas? ¿Qué dijo Diego?”. “No hice nada, las rompí”, contestó Zaira entre lágrimas. Después, en medio de la reunión, la abuela de Zaira se descompuso.

¿QUE DECIA LA CARTA? Según el minúsculo grupo que pudo leerlas, el texto en pésimo español decía lo siguiente: “Forlán mala persona, pagando a mujer para que sea esposa”. Un renglón más abajo habría puesto en duda la sexualidad del delantero. La postal de Milán diría algo similar: “No te cases Zaira con este hombre que está pagando por boda”. Ni Zaira ni la familia creyeron que eso fuera cierto, pero sintieron temor por tanto ensañamiento hacia el jugador y hacia su hija. “¿Quién puede ser capaz de semejante barbaridad, de tener tanto odio?”, se preguntaron. “Diego es una buena persona, todos lo quieren... No tengo idea de por qué hacen esto”, se lamentó Zaira. Adrián y Nora buscaron quitarle importancia al asunto frente a su hija, pero quedaron muy preocupados. ¿Quién se tomaría el trabajo de buscar la dirección de los padres de Nora para mandar por duplicado una carta difamatoria? ¿Qué estaba buscando?

Al día siguiente se juntó toda la familia –Forlán incluido– en el bautismo de Constantino, el baby de siete meses de Wanda. Durante esa reunión, Diego parecía distante. Muchas veces hubo que ir a buscarlo a la habitación, para que estuviera presente en las fotos familiares. Pero con Zaira se mostraba cariñoso y atento como siempre. Nadie sospechaba que ya se había desatado la tormenta.

EL GOLEADOR EN SU LABERINTO. Habrá que ver si lo calculó así, pero Diego Forlán esperó a cruzar el charco para patear el tablero. Ya en Uruguay, donde tiene su coraza, decidió no hablar más. El domingo 5, el goleador se instaló en el departamento que compró en el Barrio Malvín –a diez minutos de la casa de sus padres en Carrasco–, el hogar que pensaban compartir con Zaira en Montevideo. Ahora será su departamento de soltero...

“Yo no quiero entrar en guerra, pero si me ensucian tengo pruebas que pueden costarles mucho. Si van a difamarme, se van a comer un juicio. Todo esto que se generó me deja tranquilo. No me equivoqué en la decisión que tomé de separarme”, dijo hace unos días Forlán en su círculo más íntimo. ¿A qué se refiere? Entre otras cosas, a cuatro mensajes de texto que, según su entorno, guarda en su Blackberry. Hace unos días apareció en la televisión argentina un supuesto SMS donde Zaira lo amenazaba: “Si no me depositás 200 mil euros digo que sos gay”. ¿Es cierto? “Diego recibió un texto en ese tono, pero el mensaje no es exactamente como el que mostraron en la televisión argentina”, nos cuentan los suyos en Montevideo.

¿UN AMOR TAPA OTRO AMOR? Este sábado, Diego salió con cuatro amigos a comer sushi en UMI, uno de sus restós preferidos en Carrasco. Brindó con agua mineral, mientras sus compañeros se tomaron unos cuantos porrones. Cuando terminó de comer, antes del postre hablamos con él: “Yo estoy muy bien, muy tranquilo. Para mí éste es un tema cerrado. Siguen diciendo cosas, pero yo voy a continuar callado. Estoy muy bien así”. La siguiente escala fue El Café, de la calle Costa Rica, y más tarde pasó por Lotus, el club nocturno más chic de la capital uruguaya. Una semana antes, en ese mismo lugar, se lo vio cariñoso con Stephany Ortega, una modelo de veintiún años que fue elegida Miss Uruguay en 2010. ¿Medidas? 88-62-92. Se nota que aquello fue sólo un touch and go, porque esta vez Diego se quedó en la mesa que reservó en el Vip junto a sus amigos.

PROBLEMAS CONYUGALES. La convivencia de los últimos meses en Europa no había sido fácil. Mientras Diego tenía cada vez más dudas de casarse, Zaira pensaba que eran los nervios previos a la boda. Unos meses antes, la menor de las Nara definía así la casa que compartían en Madrid: “Parece un club. Siempre hay 10 o 15 pibes dando vueltas. Nos cuesta tener intimidad. Espero que eso cambie cuando nos casemos”, decía. “¿Y por qué no lo enfrentaste?”, le preguntaban sus amigas. “Lo hice... Si hasta le sugerí en broma: ‘Diego si te gusta estar todo el día con tus amigos, ¿por qué no me comprás un departamento a mí y dormimos juntos a la noche?’”. ¿La respuesta? “Sólo se rió...”, comentó la modelo de Multitalent.

Otro de los temas que preocupaban a Zaira era la vida en el extranjero. “El me había prometido que íbamos a quedarnos cuatro años más viviendo en Europa, y yo quiero acompañarlo en su carrera en estos últimos años, sea donde fuera que le toque jugar. Pero ahora me está diciendo que tampoco piensa venir a Buenos Aires o a Montevideo después de que terminen sus contratos. Eso me duele y me preocupa; yo extraño a mi familia. No entiendo por qué cambió”, se lamentaba entre unas pocas amigas.

CONTRATO PRENUPCIAL Y ADIOS. El final fue el lunes 6 en Montevideo. El planteo de Zaira a Forlán por los problemas que venían teniendo como pareja y la pregunta fatal por “las guerreras” desencadenaron el adiós. No hubo explicación alguna y ella le dejó el anillo. “Me va a llamar”, se dijo. Y esperó. La primera comunicación fue el jueves. “¿Qué te parece? ¿Sacamos un comunicado en conjunto anunciando la ruptura?”, le preguntó su ya ex novio. Ella lloró y lloró durante todo el día y les confió a sus íntimas: “Creí que iba a decirme que arregláramos las cosas”. El viernes, cuando sintió que todo estaba perdido, le escaneó y le mandó la carta y la postal que le había dado su abuelo una semana antes. Y por primera vez le pidió explicaciones. A partir de ese momento, Diego Forlán la borró del PIN y nunca más volvieron a hablarse. También borró a todos los Nara de su chat de Blackberry.

¿Qué pasó con el contrato prenupcial? Zaira firmó el acuerdo cara a cara con Diego, pero nunca lo refrendaron ante la Justicia. El escrito decía que todo lo que había ganado el jugador hasta ese momento, y todo lo que ganaría una vez que estuvieran casados, era sólo de él. En caso de divorcio, ella recibiría una indemnización de tres millones de dólares. Y si sucedía antes del primer año, la cifra estipulada rondaba los 500 mil dólares.

En uno de los momentos de ira, Zaira le mandó el mensaje de la polémica. La versión de los allegados a los Nara es más o menos así: “Dieguito, hacete cargo de las cosas que hasta acá dijiste que te ibas a hacer cargo”. ¿De qué hablaba? De las cuotas que él le habría prometido pagar del departamento que ella se había comprado en Las Cañitas. Doscientos mil dólares, que debía abonar en cuotas de 2.000 dólares mensuales. Pero en los últimos cinco meses no se había pagado nada. “Cuando ella le dijo que estaba preocupada por esta compra ya que dejaba de trabajar, él la alentó y le dijo que él se iba a hacer cargo de las cuotas. Finalmente, Wanda fue la que puso los 60.000 dólares que se debían”, relató un allegado a la familia de la modelo.
Para ese entonces la pareja estaba rota.

En Uruguay, Diego les explicó a los suyos: “No quise lastimar a nadie. Hice lo que sentía. No estaba enamorado ni seguro de casarme. No podía arriesgar: con hijos iba a ser más difícil. Estoy dolido; quiero poner punto final a esta historia”. Cuando Zaira se enteró de esto, comentó entre sus más cercanos: “No puedo creer haber vivido tres años en una mentira. Siento que luché por una mentira... Igual, no me arrepiento de haber dejado todo por amor”. Y pensó en dar vuelta la página, volver al trabajo con la contención total de sus managers Willy y Paul García Navarro, que pusieron la cara por ella, la acompañaron, aconsejaron y estuvieron a su lado cuando lloraba todo el día. “Tengo que seguir con mi vida, volver a trabajar. Pero estoy destrozada y quiero terminar de una vez también con esta historia”, les confesó. Ellos ya se habían puesto en marcha para mover contratos, propuestas y campañas.
Hoy Zaira se refugia en la casa de sus padres y busca la forma de olvidar sus sueños. El vestido de novia sigue en la caja, intacto. Ya no están juntos. No se hablan ni llevan sus alianzas de compromiso. La tristeza invade al Botín de Oro del último Mundial de fútbol y a la modelo de Multitalent Agency. Poco a poco comienzan a retomar sus vidas. El en Montevideo, entrenando para el seleccionado uruguayo, y ella haciendo fotos para una campaña  de ropa interior en Buenos Aires.

Ya no están juntos. No se hablan ni llevan sus alianzas de compromiso. La tristeza invade al Botín de Oro del último Mundial de fútbol y a la modelo de Multitalent Agency. Poco a poco comienzan a retomar sus vidas. El en Montevideo, entrenando para el seleccionado uruguayo, y ella haciendo fotos para una campaña de ropa interior en Buenos Aires.

Zaira está destrozada, quebrada, no para de llorar. Lo único que  quiere hacer es trabajar, para ocupar su cabeza y no pensar. Su cara lo dice todo.

Zaira está destrozada, quebrada, no para de llorar. Lo único que quiere hacer es trabajar, para ocupar su cabeza y no pensar. Su cara lo dice todo.

Cinco semanas y media antes de la boda, Diego se separó de su novia y dijo: “La dejé de amar”. Pero hay mensajes y cartas secretas –que Zaira vio– que indican otra cosa. Mientras, él entrena en Montevideo con el seleccionado uruguayo de cara a la Copa América, a disputarse en Argentina a partir del 1º de julio.

Cinco semanas y media antes de la boda, Diego se separó de su novia y dijo: “La dejé de amar”. Pero hay mensajes y cartas secretas –que Zaira vio– que indican otra cosa. Mientras, él entrena en Montevideo con el seleccionado uruguayo de cara a la Copa América, a disputarse en Argentina a partir del 1º de julio.

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