“Encontrar a una persona tan positiva como Juliana me hizo muy bien” – GENTE Online
 

“Encontrar a una persona tan positiva como Juliana me hizo muy bien”

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Se ríen. Mucho. Ya comieron sushi y están terminando el té. En el restaurante del Jardín Japonés, inevitable, las miradas van hacia la mesa que, junto al ventanal, ocupan Mauricio Macri (51) y Juliana Awada (35). Pero los novios, ajenos a todo, se abstraen del mundo en ese instante: sólo tienen ojos el uno para el otro. Después salen. Juliana, sencilla, tiene un tapado negro y jeans. Cada minuto cuenta: no falta tanto para emprender, juntos, el viaje a la India (Nueva Delhi y Mumbai), vía París, en el que Macri (cuyo equipo en ese país completarán Francisco Cabrera –ministro de Desarrollo Económico– y Enrique Avogadro –director general de Comercio Exterior–) buscará inversiones: “Es el país con el mayor potencial en informática y software, y pretendo que sea un socio estratégico de la Argentina, y que ahora inviertan en el Polo Tecnológico de la Ciudad de Buenos Aires”, dirá luego.

Caminan hacia el auto de Juliana abrazados, y entonces ven al fotógrafo y al periodista de GENTE. Tenía que pasar, y lo toman con el mejor humor. Se ríen, se relajan. Y Macri (sólo él) acepta hablar.

–Ahora lo puede contar. ¿Cómo se conocieron?
–Como dije antes, hace tiempo, por compartir el mismo círculo social. Ahora llevamos dos meses juntos y estamos avanzando muy bien.

–¿Qué le atrajo de ella?
–Su personalidad. La verdad es que Juliana le devolvió alegría a mi vida.

–¿Le hacía falta?
–Está muy bueno, porque el día a día de la vida que elegí es muy duro, y encontrar al final de la jornada a una persona tan positiva como Juliana me hace muy bien. Tiene un muy buen carácter, maravilloso. La envidio, porque nunca está de mal humor, nada la enoja.

–Está bien, su personalidad... Pero algo más debe haber. Por empezar usted, Mauricio, nunca una rubia. Todas sus parejas son parecidas: altas, flacas y morochas.
–A ver... Sí, con Juliana eso es indudable. ¿Vos decís que me gusta lo autóctono? (ríe).

–¿Se imagina cómo le hubiera ido con las mujeres sin ser Macri, es decir, sin plata y sin un cargo y, para decirlo en porteño, con la labia como única arma?
–Tal vez hubiera sido más amor y rocanrol. Pero no puedo imaginarlo. Es que la vida que yo ofrezco, sinceramente, no es algo demasiado seductor para las mujeres. Tengo poco tiempo, y la persona que esté conmigo está muy expuesta.

–¿Le es más fácil romper el hielo siendo quien es? Con Juliana, por ejemplo, ¿cómo fue?
–Yo soy muy tímido. Pero, bueno... Cuando algo me gusta mucho, venzo la timidez.

–Como en este caso.
–En términos generales. Pero me di cuenta desde hace unos años que los hombres somos unos chichipíos a quienes las mujeres nos ponen las miguitas de pan y nosotros vamos derecho. Descubrí que antes de darme cuenta, ella ya había decidido que pasara algo.

–O sea que Juliana fue quien tiró las miguitas y usted picó.
–(Ríe) Hablo en general. Pero a Juliana la cargo: le digo que por suerte insistió.

–¿Por qué? ¡Vamos...! ¿Le costó mucho trabajo a su novia?
–Jaja. No. Se lo digo para que se enoje, nada más. Pero lo importante es, para mí, construir una relación que me genere tranquilidad y lograr que conviva con mi historia. Porque tengo 51 años, hijos, amigos, costumbres... Es un esfuerzo de adaptación recíproco.

–Con Juliana, además, pasaron por situaciones parecidas. En su caso lo secuestraron, y luego a su hermana, Florencia. En el de ella, a su papá, Abraham. ¿Hablan de esa simetría?
–No me acordaba de eso. Conozco a Daniel, el hermano de Juliana, desde hace muchos años. Con él representábamos, jugando al golf, al club Los Cedros. Precisamente debutamos en la Copa Vigil. Pero pasaron como 30 años... Hace poco retomamos el contacto, y recién ahí asocié que era su hermana. Le dije: “¡Cómo tenías una hermana tan linda escondida...!”.

–¿Cómo definiría a esta relación?
–Es una mujer con una alegría increíble, con una sonrisa que minimiza cualquier otra cosa (se ríe) ... ¡Basta!... Sabés cómo me cuesta hablar de mi vida privada.

–Me refiero a que usted es jefe de Gobierno, las encuestas lo ubican en carrera hacia la presidencia, y debe ser importante tener una estabilidad en el plano personal y familiar.
–Es muy importante. Y lo intento, más allá de lo que esté haciendo en la función pública. Si el día de mañana, en el 2011, los argentinos me apoyan para un cargo aún más importante del que tengo hoy, mi propósito es tener una vida lo más normal posible: enamorarme, estar en pareja, disfrutar de mis hijos y amigos, hacer deporte... Todo lo que hace falta para una buena salud mental, necesaria para dar algo bueno. Pero no puedo definir todavía algo que recién empieza, y menos públicamente.

–¿Cómo fue la presentación de Juliana en la fiesta de los 80 años de su padre?
–Muy buena. Conoció a muchos de mis amigos, a algunos miembros de mi familia que no había visto antes...

–¿A Franco ya se la había presentado?
–Sí, una semana antes estuvimos con él. Le cayó muy bien. Pero imaginate que en el cumpleaños, el centro de atracción era mi padre.

–¿Cómo cree que es para una mujer entrar en el “clan Macri”?
–(Piensa) Difícil... Pero ya está más disperso el clan. Somos todos más viejos. Era más difícil hace unos años.

–¿Por qué?
–Porque no todos tenían su vida hecha. Ahora se recrearon las familias “chicas”, cada uno con sus hijos. Ya no hay tal mito del “clan Macri”, si existió alguna vez. Yo tengo tres hijos maravillosos, y los disfruto cada minuto que mi trabajo y el de ellos lo permite, porque son de tal palo tal astilla y están siempre híper ocupados.

–A su papá no le devolvió con la misma moneda. El no estuvo para sus 50 y usted fue a sus 80. ¿Lo pensó en algún momento?
–Me acordé, me acordé... Pero no se lo dije. La verdad, más allá de las diferencias, que han sido enormes, el balance final es altamente positivo. Yo le agradezco la educación y las oportunidades que me dio. Y por sobre todo, sé que mi padre me quiere y hace lo mejor que puede. Obvio, a veces no le sale todo lo bien que yo querría. Disfruté su fiesta, sobre todo, por lo bien que lo vi. Está bárbaro.

–¿Se ven seguido?
–Sí, sí... Y siempre y cuando no hable de política, está todo bien (sonríe).

–¿Esa es la mayor diferencia entre Macri padre e hijo?
–No. Yo diría que es de carácter. Dejé de trabajar con él y me fui a Boca porque la situación era insostenible. Fue mucho antes de entrar a la política.

–¿Qué le pasa cuando él elogia al Gobierno mientras usted está en las antípodas?
–Y, reconfirmo lo que siempre pensé: que mi padre no sabe nada de política. Pero, por otro lado, me genera admiración verlo tan entusiasmado por hacer cosas en China. A los 80, hay que tener un fuego sagrado y una energía única para viajar hasta allá tres veces por año.

–¿Se proyecta hacia la edad que tiene su padre?
–Como él, seguro que no llego ni a palos. Ya tengo canas, y mi papá no tiene ni una. Es como Dorian Grey. Espero llegar con salud.

–¿Habló con él del tema de las escuchas?
–Sí, claro que hablé.

–¿En qué términos?
–En los que se pudo. Pero va a quedar entre nosotros, no lo voy a hacer público. Fue cuando me enteré de la existencia de Ciro James, a quien no conozco ni conocí, ni hablé por teléfono jamás, y se habló de mi cuñado.

–¿Cómo se lleva con el esposo de su hermana Sandra, Néstor Leonardo?
–No tengo mucha relación con él. Nos vemos dos veces por año.

–Dijo que a su regreso de la India declararía en la causa que lleva adelante el juez Norberto Oyarbide. El piensa que sí lo conocía a James.
–Está muy equivocado. No tengo ni tuve ninguna relación con ese señor. Se lo volveré a decir al juez, esta vez en persona.

–De este tema también habló su ex cuñada, Marie France Peña Luque.
–Otro personaje, si los hay... Es una más de las tantas incoherencias que dice esa mujer desde hace mucho tiempo.

–Le cambio de tema: ¿volvió a hablar con Francisco de Narváez desde que él anunció que se presentará en la provincia de Buenos Aires y no a nivel nacional?
–Tuve hace unos días un encuentro con él, socialmente correcto. Yo me mantengo coherente con lo dicho el 28 de junio: propusimos una renovación en la provincia y en la Nación, donde cada uno cumplía un rol.

–¿Hay alguna chance de que se vuelvan a encontrar en la misma boleta?
–De acá al 2011 hay un camino largo. Veremos.

–¿Y existen posibilidades de que usted se sume al PJ disidente? Gente de ese sector quiera verlo allí.
–Tengo buenos amigos que siempre me han visto con ojos entusiastas a la hora de sumarnos a una propuesta conjunta. Me han tratado siempre con respeto. Pero hoy la prioridad es seguir extendiendo el PRO en todo el país, convocando gente nueva de la política. Y también sabiendo que deberemos sumar otras fuerzas.

–Las encuestas lo ubican en posición de balotaje para el 2011. ¿Cuándo hará formal su lanzamiento a Presidente?
–Cuando el partido lo decida, y sabiendo que hoy por hoy hay internas.

–Pero el PRO es usted...
–No, no, no. Crecimos muchísimo, y tenemos muchos dirigentes valiosos que dan su opinión. Sábado al mediodía en el Jardín Japonés. Por la tarde partieron rumbo a la India, donde Macri busca inversiones y disfruta, de paso, de una mini luna de miel con su flamante novia.

Sábado al mediodía en el Jardín Japonés. Por la tarde partieron rumbo a la India, donde Macri busca inversiones y disfruta, de paso, de una mini luna de miel con su flamante novia.

Ella tiene 35 años, es diseñadora de la casa de ropa familiar (Awada), está casada y divorciada por partida doble y tiene una hija de su último matrimonio. Macri, de 51, pasó una vez por el altar, tiene tres hijos y luego formó tres parejas importantes. La última, Malala Groba, con quien terminó en diciembre del 2009. Ambos cultivan gustos parecidos: van al mismo gimnasio (Ocampo) y juegan al golf, donde, dicen, ella es mucho mejor.

Ella tiene 35 años, es diseñadora de la casa de ropa familiar (Awada), está casada y divorciada por partida doble y tiene una hija de su último matrimonio. Macri, de 51, pasó una vez por el altar, tiene tres hijos y luego formó tres parejas importantes. La última, Malala Groba, con quien terminó en diciembre del 2009. Ambos cultivan gustos parecidos: van al mismo gimnasio (Ocampo) y juegan al golf, donde, dicen, ella es mucho mejor.

Tras el almuerzo en el restó del Jardín Japonés, llegaron el té y las sonrisas. Macri y Juliana (o July, como le dicen), no dejaron de mimarse junto al ventanal.

Tras el almuerzo en el restó del Jardín Japonés, llegaron el té y las sonrisas. Macri y Juliana (o July, como le dicen), no dejaron de mimarse junto al ventanal.

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