“En mi carrera he tenido la suerte de poder elegir” – GENTE Online
 

“En mi carrera he tenido la suerte de poder elegir”

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La voz de Pedro Almodóvar le quedó resonando en la cabeza. De un salto, se paró frente a la pantalla y se tapó la boca, abierta por efecto del asombro. Se emocionó sin poder articular palabras, como un chico que se queda mudo al recibir el regalo más soñado.Todavía incrédula, se vio en la cima del reconocimiento del cine mundial. Pero no se quedó a vivir ahí. “Lo que ocurrió y sigue ocurriendo con la película superó toda mi capacidad de sorpresa”, dirá su protagonista, en algún momento de la entrevista, casi obligada por el recuento del éxito alcanzado.

Seis meses después de aquella madrugada de catapulta a la historia, El secreto de sus ojos hace punta en los cines londinenses, ocupa carteleras en Berlín y se lee en francés en las salas parisinas. Y a Soledad Villamil (41) no le alcanzan los estantes para ordenar las estatuillas acumuladas. Pero ella, sin falsa modestia, dirá que apenas tuvo “un poco de suerte”. Y cambiará rápidamente el eje para rememorar que, alguna vez, siendo adolescente, se cargó la mochila al hombro y atravesó la Patagonia, desde Esquel hasta Puerto Madryn, en uno de esos viajes que son pura aventura.

De nuevo en Chubut, el aire es el mismo que hace veinte años, pero el camino recorrido es diferente. Esta vez no habrá mochilas ni destinos errantes, ni aquella rebeldía adolescente. En el viaje de los años se habrán sumado experiencias, un marido (el actor Federico Olivera, 40), y dos hijas (Violeta, 9, y Clara, 4) Pero la esencia será la misma.

La mirada límpida y serena, la sonrisa amplia y el trato afable que muchos de los que alguna vez visitaron una cima dejaron en el olvido. Villamil habla con calma, responde amable y conserva la sencillez de aquellos (pocos) que saben que pueden reposar sobre el talento reconocido.

–¿Cómo viviste el fenómeno de El secreto de sus ojos?
–Todo lo que ocurrió y sigue ocurriendo superó mi capacidad de sorpresa. No porque piense que no lo merecía; al contrario. Pasan cosas en la película que no sólo representan algo para el público argentino, sino para muchas culturas y países.

-Es llamativo, porque toca temas que tienen que ver con la historia local.
–Sí, totalmente. Además (Juan José) Campanella tiene una forma de escribir muy local. Pero también hay cosas que tienen que ver con la justicia, la verdad, o la idea de mirar hacia atrás, de asumir la propia historia, o de no hacerlo, que le dan una fuerza que toca a cualquiera. Hay un lugar en que esa profundidad, esas raíces tan sólidas que tiene la película, impactan a cualquier público.

–Más allá de los premios que ganó el filme, recibiste varias distinciones como protagonista. ¿Cómo te sentiste?
–Totalmente orgullosa y privilegiada de haber participado en ese elenco. Uno puede trabajar bien y, sin embargo, no estar en determinados lugares en el momento apropiado. Por eso, hay que disfrutar y festejar mucho cuando ocurren estas cosas. Quizá la gente desde afuera ve todo muy glamoroso, pero se pasa por momentos realmente difíciles.

–Tu carrera está construida de una forma muy selectiva. Parece que te pudiste dar el lujo de elegir tus trabajos. ¿Es así?
–Siempre elegí involucrarme con proyectos que fueran atractivos para mí. He tenido la suerte (aunque no sé si es la palabra indicada) de poder elegir. Eso tiene un aspecto positivo, de hacer cosas que a uno le apasionan. Pero también trae sus problemas, porque te preguntás: “¿Qué pasa si no hago esto?”; “¿Qué pasa si no estoy durante un tiempo?”. Eso trae incertidumbre económica. Lo positivo es que podés ir construyendo de una manera más sólida, y vivir el día a día con mucha más alegría. De repente, cuando era más chica, estaba más pendiente de qué iba a pasar. Pero si algo bueno tiene el paso del tiempo, es que me enseñó que las cosas van pasando, y no hay que desesperarse. El tiempo me dio calma para tomar decisiones.

–¿Eso es la madurez?
–¡Eso es!

–Tenés 41 años... ¿Cómo los llevás?
–En el cuerpo, por suerte, todavía no se nota tanto. En el alma, un poco más. Pero el problema tiene más que ver con el estigma social, no tanto con la realidad. Porque, si ayer tenías 39 y hoy tenés 40, ¿cuál es la diferencia? La cosa tiene que ver con ese culto a la juventud que hacemos en Occidente, y la desvalorización total de la madurez y la ancianidad. Estamos mirando todo el tiempo lo nuevo, lo que viene. La experiencia poco importa...

–¿Lo estético te preocupa mucho?
–Sí, me cuido bastante. Es algo que me vino con los años. Hago gimnasia, cuido lo que como... Por suerte soy actriz, porque no es algo que me nace naturalmente. Pero agradezco a la profesión, porque si no, no lo haría.

–Hace un par de años decidiste lanzarte de lleno al canto. ¿Sentís que tenés la misma presión en la música que en la actuación?
–Al principio, lo de cantar fue relajado: hacer algo porque me gustaba. Luego, el proyecto tomó otra dimensión, creció mucho y adquirió un protagonismo muy importante en mi actividad profesional. Pero yo le puse energía para que fuera así. ¡Y ahora salieron shows por todos lados! Estuvimos en España y en Brasil, en diciembre voy a estar acá, en el teatro El Nacional, y para el año que viene ya tengo varias fechas cerradas en Europa.

–Los géneros que elegiste para cantar son muy autóctonos: tango y ritmos rioplatenses. ¿Es una necesidad de mostrar tus raíces?
–Salió así por afinidad, por gusto, por enamoramiento de las canciones. Es cierto que tiene mucha carga de acá, pero sin caer en el lugar común. Es lo porteño, pero de un modo no tradicional. Y es una forma, en el caso del tango, de rendirles homenaje a figuras como Libertad Lamarque o Tita Merello, personalidades muy fuertes de otra época, y tan interesantes culturalmente para nuestro país.

–¿Y ahora creés que estamos en un momento interesante?
–Sí, totalmente. Nuestro país es riquísimo en el terreno cultural. No siempre las posibilidades de desarrollo económico están a la altura del talento o la capacidad que hay. En la música, el teatro, la literatura, la pintura, es muy singular lo que pasa aquí: hay exponentes nuestros en todo el mundo.

–Teniendo tanto éxito en el exterior, ¿nunca pensaste en ir a trabajar afuera?
–No. Irme a vivir a otro país no es algo que haya evaluado. Este es mi lugar. Ni siquiera en la época más difícil que nos tocó vivir, en 2001, cuando nos agarró el corralito, lo tuvimos en cuenta. Siempre me tira más estar acá. Las crisis se superan, y los argentinos sabemos que al final, de una forma u otra, salimos adelante.

–Hace poco te tocó atravesar otro momento difícil: te robaron estando con tus hijas. Sin embargo, no hablaste públicamente del tema.
–No. Por un lado quise salvaguardar mi intimidad y la de mis hijas. Y por el otro, el uso mediático de este tipo de cosas, o de cualquier otra, como un divorcio, no me agrada. Para hablar de inseguridad o seguridad hay gente mucho más capacitada que yo, y tampoco quiero el amarillismo. No lo consumo, y no me gusta propiciarlo.

–Llevás trece años en pareja con Federico (y ningún escándalo). ¿Cómo se vive el amor después de tanto tiempo?
–El de ahora es un amor distinto, mucho más profundo. Tener hijos y haber transitado tantas experiencias le dan mucha solidez al vínculo. Aunque, claro, no está comprado... Nada está garantizado. Por eso tratamos de ser lo más honestos posible, y no entrar en piloto automático. Esa sería la muerte de la relación.

La de Península Valdés... y la de Soledad, obviamente. La actriz y cantante volvió a Madryn después de veintipico de años. La última vez había sido de adolescente y como mochilera.

La de Península Valdés... y la de Soledad, obviamente. La actriz y cantante volvió a Madryn después de veintipico de años. La última vez había sido de adolescente y como mochilera.

“Después de trece años juntos, el amor es mucho más profundo. Pero con Federico tratamos de no entrar en piloto automático. Esa sería la muerte de la relación”.

“Después de trece años juntos, el amor es mucho más profundo. Pero con Federico tratamos de no entrar en piloto automático. Esa sería la muerte de la relación”.

“¿Cómo llevo mis 41 años? En el cuerpo, por suerte, todavía no se nota tanto. En el alma, un poco más. Pero el problema tiene más que ver con el estigma social, no tanto con la realidad”.

“¿Cómo llevo mis 41 años? En el cuerpo, por suerte, todavía no se nota tanto. En el alma, un poco más. Pero el problema tiene más que ver con el estigma social, no tanto con la realidad”.

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