“En la pelea de mis viejos elegí quedarme junto a mi mamá” – GENTE Online
 

“En la pelea de mis viejos elegí quedarme junto a mi mamá”

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La leona se reunió con el cachorro y todo está bien en la jungla", dice la tinta grabada en la piel de Federico Bal. Es el homenaje que decidió hacerle a su madre, con quien recuperó la relación después de unos meses turbulentos. Es que, puertas para adentro, detrás del culebrón tragicómico que exprimieron como una naranja los programas de la tarde –y los de archivo, los noticieros, las revistas–, la familia Bal-Barbieri vivió una gran ruptura. De esas que descolocan. Donde un hijo de 22 años tiene que calzarse los pantalones y decidir: "Mejor que te vayas de casa antes de que vuelva mamá". A veces insultar, incluso sugerir: "No podés aceptar el trabajo ése; es el territorio de mamá". El chico se llama Federico Bal y a los 22 años tuvo que elegir entre un padre acusado de infiel –Santiago Bal, 76– y una madre, –Carmen Barbieri, 56– apuntada como la engañada: "Por la calle me gritaban 'gorda cornuda'", recuerda ella. "En la pelea de mis viejos elegí quedarme junto a mi mamá, que fue la más débil, la más perjudicada en todo esto", justifica Federico que, haciendo honor a su tatuaje, ahora se metió en la jungla más salvaje de la tele, Bailando por un sueño. Esa que te muestra las vísceras, te desnuda frente a la cámara y te expone frente a la mirada de millones de personas. En su primera semana en el reality más famoso, el pibe –que vive rápido: con 22 años fue uno de los productores de Un cuento chino, tuvo una relación con una chica bisexual que ventiló intimidades del estilo "hicimos un trío con una famosa", y ahora se sube al show más visto de la tele– se enfrentó a los enemigos de su madre, tuvo un cruce con Ayelén Paleo –la acusada de romper la familia–, y fue la revelación sobre la pista. "Parecías un mini John Travolta. ¿Te das cuenta que todo esto es por vos, que sos Federico Bal, no 'el hijo de'", dice su madre, orgullosa. Y ahí aparecemos nosotros.

–Hay que ser realista: hoy, Federico no deja de ser "el hijo de Carmen Barbieri".
Carmen: Es cierto. Y yo no dejo de ser la hija de Alfredo Barbieri, y a mucha honra. La gente más grande lo recuerda bien. Pero la verdad es que nunca imaginé que Fede iba a ser artista.
Federico: Por Dios, yo no soy un artista. ¡Soy un caradura! Un cararrota al que le gusta dirigir, editar y filmar. Nada más; eso es lo que amo en mi vida. Quizá, en un futuro el Bailando me permita capitalizar todo lo que quiero hacer con mi productora.

–¿Estuvieron distanciados en el verano?
Carmen: Sí. Federico se alejó un tiempo.
Federico: Me alejé porque todos tus planes eran con una persona a la que yo desprecio. La gente aprovechadora y manipuladora no me va.

–¿Por qué dejaste la dirección de Barbierísima?
Carmen: Porque le desobedecí una orden. El levantó un cuadro y tuve que desautorizarlo, porque se me quería ir una bailarina, Gabriela Mandato. Entonces lo incluí a Beto César en la dirección.
Federico: Por eso yo decidí irme. Lo que ella no se dio cuenta es que yo quería hacer un bien. Sólo quería ayudarla; no me importaba agarrar la obra. Y ahí llegó el trepador de Beto César, que me estaba respirando en la nuca...
Carmen: ¿Por qué decís eso?
Federico: ¡Lo digo porque tengo ganas y soy así! Es un trepador. Le quiere chupar la sangre a mi vieja.

–Tuvieron un año agitado. ¿Cuándo escuchaste por primera vez el rumor que involucraba a tu padre con Ayelén Paleo?
Federico: No hacía falta investigar. Los rumores circulan. Ya se decían muchas cosas y yo desconfiaba.
Carmen: La primera persona que habló del tema se llama Ayelén Celeste Paleo. Se sentó en lo de Viviana Canosa a decir que Santiago Bal estaba enamorado de ella y que le gustaban su personalidad... ¡y sus tetas!

–¿Intimamente qué pensás? ¿Que a tu padre lo usaron? ¿Que realmente pasó algo?
Federico: Eso no te lo voy a decir. Lo que yo siento es personal y si yo sé o no sé algo lo tendré que resolver con mi viejo. Te puedo decir que me da tristeza la separación de ellos dos. Eramos una gran familia, una linda familia nosotros tres. Pero la vida cambia... De a poco, estamos mucho mejor...
Carmen: ...separados después de 25 años juntos. Pero no nos separamos por un capricho mío: nos separamos porque me engañó con una chica de veinte.

–Si no le pedías a tu padre que se bajara, el Bailando iba a ser un gran circo: Paleo, Santiago Bal, Carmen, Federico...
Federico: Era demasiado: mamá y papá mirando bailar a esa pobre chica. ¡Horrible! Por eso le dije a papá: "No tenés nada que hacer en el Bailando; ése es el territorio de mamá". Y él lo entendió.
Carmen: A mí me vinieron a preguntar si podían contratarla y yo dije que sí... ¿Quién soy para cortarle el trabajo a alguien? Ella hizo un sacrificio muy grande para llegar hasta el Bailando...

–Noto cierta ironía en la palabra "sacrificio".
Carmen: Sí, un gran sacrificio hizo. Y las familias Bal y Barbieri le hemos dado una mano muy grande. Ahora habrá que ver si tiene talento...

–¿Valorás el gesto de Bal, que se bajó del programa?
Carmen: No lo hizo por mí, sino por el hijo.
Federico: Lo hizo por la familia, por todos. También por vos.
Carmen: Lo habrá hecho por su hijo, no por mí. Y me parece bárbaro, porque ha sido un gran padre, pero no un gran esposo.

–¿En qué momento decidiste tomar partido por tu mamá?
Federico: En esos momentos uno no puede quedarse neutral; entonces me quedé con la persona que más me necesitaba. La ayudé en lo que más pude. Cuando las cosas estuvieron un poco mejor, pude charlar con mi papá. Y de a poco traté de volver a ser yo.
Carmen: Estás volviendo a ser vos otra vez. El problema de pareja se solucionó rápido. Lo más bravo fue el entorno. La amante de mi marido que quería llegar, hablaba y hablaba. Y opinaba todo el mundo.

–¿Y vos, Carmen, sentiste algún reproche de parte de tu hijo?
Carmen: No, ¿qué reproche iba a tener conmigo? Fede se bancó mis preguntas, muchas sin respuesta. El sabe que dediqué mi vida a Santiago, le regalé veinticinco años trabajando para él, cuidándolo en su enfermedad...
Federico: Pero cuando uno elige estar al lado de alguien enfermo se lo banca porque quiere; nadie lo obliga. Lo elige por amor.

–¿Esos recuerdos jugaron en la bronca con tu padre?
Federico: Obviamente, y uno dice: aguantamos tantos años de malas, enfermedad, pobreza y, cuando estamos mejor, se arruina todo de esta manera...
Carmen: Por eso él se enojó tanto con su padre. Santiago dice que yo lo abandoné porque trabajaba mucho, y creo que Fede sabe que no es así. Yo no me iba de mi casa: yo iba a trabajar. No tiene que ver Tinelli.
Federico: No, ahí la pifió. También debemos entender que las parejas se desgastan.

–¿Y qué aprendieron de todo esto?
Federico: La fama y tanto trabajo te hacen entrar en algo que es difícil de llevar. Incluso, yo lo estoy viviendo desde un lugar que nunca había vivido. Entrás en una vorágine en la que necesitás que te baje alguien que te quiera. Ahora quiero disfrutar este momento. Lo peor ya pasó.
Carmen: Por suerte tengo a mi hijo, que es mi gran apoyo. Nos quedó una familia más chiquita, pero de a poco volvemos a sonreír.

Madre e hijo en el living del departamento que hasta hace poco más de un año compartieron Carmen Barbieri y Santiago Bal. “Ahora tenemos una familia más chiquita y hay que hacer todo por cuidarla”, dice el joven.

Madre e hijo en el living del departamento que hasta hace poco más de un año compartieron Carmen Barbieri y Santiago Bal. “Ahora tenemos una familia más chiquita y hay que hacer todo por cuidarla”, dice el joven.

“En un momento sentí que me tenía que poner los pantalones. Las aguas estaban tan revueltas que lo agarré a mi viejo y le dije: ‘No tenés nada que hacer en el Bailando; ese lugar es de mamá’”

“En un momento sentí que me tenía que poner los pantalones. Las aguas estaban tan revueltas que lo agarré a mi viejo y le dije: ‘No tenés nada que hacer en el Bailando; ese lugar es de mamá’”

La foto de los años felices tiene más  de veinte años: Santiago, en el centro el pequeño Federico –que parece haber heredado los ojos de su padre y los labios de su madre– y Carmen.

La foto de los años felices tiene más de veinte años: Santiago, en el centro el pequeño Federico –que parece haber heredado los ojos de su padre y los labios de su madre– y Carmen.

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