“En la intimidad no seduzco jugando a la mujer sexy” – GENTE Online
 

“En la intimidad no seduzco jugando a la mujer sexy”

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Separa los labios. Se estira en la cama, el cuerpo casi desnudo, el pelo revuelto. Mira desafiante, el escote generoso, la piel convertida en seda. Seducción salvaje, alto voltaje, hasta que Blanca llora desde la cuna. Entonces, Carolina Pampita Ardohain (28) se olvida de la producción fotográfica por un segundo, pega un brinco como cualquier madre y corre a levantar a su beba.

“Blanca es buenísima, cumple sus horarios, se duerme a las ocho de la noche y no se despierta hasta el día siguiente, pero ahora debe tener un poquito de hambre”. Está vestida (¿vestida?) únicamente con una pequeña tanga que hace imposible pensar que fue mamá hace sólo cuatro meses.

Se disculpa con su sonrisa de dientes perfectos y se va a la otra habitación para amamantar a su beba. Desde que nació su hija se propuso volver a estar en forma para regresar a las pasarelas y a las gráficas. Y lo consiguió. Hace dos meses que, gracias a la gym, 300 abdominales diarios, 300 estocadas para los glúteos y una rutina de aparatos en un gimnasio de Santiago de Chile, muy cerca de su casa, recuperó su figura.

Ahora regresa con su hija en brazos. Blanca duerme y Pampita se convierte otra vez en la diosa hot de siempre.

“Y eso que en casa ando en jeans y remera, sin maquillaje. Prolija, linda, pero nada producida, nada de peluquería, ni de uñas o pestañas postizas”, provoca. “Ser modelo me cambió la vida. Pude conocer el mundo, lugares maravillosos, ídolos, gente increíble. Estoy enamoradísima de lo que hago, y abierta a seguir aprendiendo cuáles son las herramientas que me pueden ayudar a ser mejor. Trabajé mucho mi cuerpo: era flaca pero busqué estilizarme más, marcar los músculos y las piernas, estudié teatro, acrobacia… Hice y hago todo lo que puede servirme para crecer en mi profesión”, confiesa. Y sigue antes de que podamos preguntar: “Hoy que GENTE cumple su aniversario me acuerdo de la ilusión de la primera tapa. Fue hace seis años. Es algo que no voy a olvidarme nunca. Me quedé despierta hasta las dos de la madrugada, esperando frente a uno de los chupetes que exhiben la revista en las calles de Buenos Aires que cambiaran la foto de la semana anterior, y contando los minutos que faltaban para que pusieran la mía. Cuando pasó, corrí, me abracé al cartel y me saqué una foto. No podía creerlo. Toda esa magia, esa adrenalina, es algo irrepetible…”.

–Y esa tapa te cambió la vida, tanto como hoy te la cambia tu hija…
–La maternidad fue un descubrimiento. Todo es nuevo, pero me sale tan natural, es tan fuerte el instinto… Voy conociendo a mi hija y ella me va conociendo a mí. Es un aprendizaje que me llena interiormente y me da mucha paz. Me tiene extasiada…

–De chica soñabas con ser modelo y lo conseguiste. Soñabas con ser madre y ahí está Blanca. ¿Ahora qué sigue?
–Sigue la vida. Porque los sueños no cambiaron a partir de la maternidad, sino que se me cumplió uno de ellos el día que nació mi hija. Lo que sí cambió es el lugar que ocupa cada sueño en mi vida.

–¿Cuál es tu sueño hoy?
–Hoy mi prioridad es el bienestar de mi hija, que sea muy amada, que crezca en una verdadera familia. Si después me queda tiempo para trabajar, mejor. Pero si tuviera que dedicarle más tiempo a mi beba, y eso hiciera que mi profesión pasara a un segundo plano, no me importaría. Antes trabajaba todos los días, no tenía vida personal. Y toda esa vorágine me encantaba porque estaba descubriendo cosas nuevas. Hoy ya no me pasa: sé elegir los trabajos. Mi familia es lo más importante.

–A veces, cuando nace un hijo, el marido pasa a un segundo plano. ¿Te pasó a vos con Benjamín?
–¿Sabés que no? Nació Blanca pero la pareja no pasó a un segundo plano. A Benjamín y a Blanca los cuido por igual. Tanto mi pareja como mi hija hacen mi familia y mi felicidad. No puedo descuidar a ninguno, porque si uno de los dos no está bien, se rompe todo.

–No me digas que no hubo ni un “disculpame amor, estoy cansada porque me levanto a darle de comer a la noche”...
–(Se ríe) ¡Te juro que no! Porque siento que una cosa no vale más que la otra. La pareja vale igual que los hijos; son amores totalmente diferentes, pero que valen igual y eso hace que el circulo funcione. Comparto mi corazón con los dos. Trato de seguir nutriendo a la pareja, de seguir construyendo una base sólida, porque es donde se va a apoyar mi familia. Y además es lo que quiero para mí: vivir enamorada de mi marido.

–¿El nacimiento de Blanca no le quitó ni un poco de intimidad a la pareja?
–Ser padres no nos quitó ni romanticismo, ni sensualidad, ni nada. Es tan buena la bebita que se duerme temprano, como a las ocho, y después tenemos tiempo, hasta el otro día, para nosotros solos. Ese es el tiempo de la pareja, y lo disfrutamos a pleno.

–¿Y ahí te convertís en esta mujer sexy que hoy tengo frente a mí? ¿O sos una mamá en jogging y zapatillas?
–(Se ríe más fuerte) Ni una cosa ni la otra. La seducción con Benjamín no pasa por producirme o estar maquillada. En la intimidad no seduzco jugando a la mujer sexy. Lamento derribar un mito con esto, pero lo más lindo que tenemos es el compañerismo, la confianza, sentir que tenemos al lado a alguien que nos conoce y poder entregarnos sinceramente, sin miedos…

–¿Acaso la diosa hot no le da importancia a la sensualidad en la pareja?
–Sí, pero no es lo que más me importa. Deseo poder compartir opiniones, tomar decisiones de vida juntos… Para mí es importantísimo sentir que uno tiene al lado un roble para apoyarse. Algo seguro, con raíces. Esto es mejor que estar maquillada cuando vuelve del trabajo.

–Pero querés gustarle a tu marido, imagino.
–Claro que quiero estar linda y ser la mujer que más le guste a Benjamín. Pero sobre todo deseo que sienta que tiene un hogar, una familia, un amor incondicional… Quizás no ande en jogging, pero sí con un jean y una remera: no soy una fashion victim, ni siento que el amor pase por ahí.

–¿Por dónde pasa el amor para Pampita?
–Me gusta admirar al otro, valorarlo… El respeto es lo que más me importa: por las decisiones que toma, por la personalidad de cada uno, por los sueños. Yo siempre soñé con formar una familia. Y Benjamín es un padre increíble, pero no me sorprende: siempre supe que iba a ser así. Es cariñoso, preocupado, atento. Todo es compartido, las necesidades afectivas de Blanca son nuestra prioridad.

–Cuando en Buenos Aires tuviste diferentes problemas por tu separación, saliste como una leona a exigir que no se mezclara a tu hija y a tu marido en ese tema…

–(Interrumpe) Ya no me involucro sentimentalmente con cosas agresivas o dolorosas, como hacía antes. No me llega, y no es impostado. No quiero permitir que lo malo me toque. No comparto la teoría de “el que quiere celeste que le cueste”, o eso de que si sos exitoso no te podés quejar porque es el precio que hay que pagar. Nadie se merece que le lleguen cosas malas. Pero cuando empezaron a tocar con los rumores a mi hija y a Benjamín, salí con los tapones de punta. Yo puedo resistir todo, pero si se trata de mi hija voy a protegerla a cualquier precio. Y también si con lo que dicen van a dañar a Benjamín. Nuestra historia es tan bonita que no quiero que se ensucie.

–¿Cómo creés que sos como mujer y amante?
–Busco darle a Benjamín lo máximo posible, todo el amor que necesita, todo el apoyo, un hogar con alegría.

–¿Y qué pasa con los celos en tu pareja?
–Que Benjamín sea actor no me da celos. Entiendo su profesión, me gusta, y lo admiro. No hay planteos en ese sentido. Si besó en una novela, si hubo escenas fuertes, no son cosas que me molesten.

–Joaquín Furriel confesó el otro día que prefiere no ver las escenas eróticas que hace Paola Krum junto a Pablo Echarri en Montecristo. ¿Vos también apagás la tele?
–No, la miramos juntos. Y veo todas las escenas que hace. Aparte de que es un actor increíble, me encanta ver cómo es la puesta, el guión, las imágenes y las palabras que usa. Aunque la escena sea de amor, no me da celos. Soy muy respetuosa de su profesión.

–¿Y no se te ocurre pensar que una escena erótica puede perturbarlo?
–¡Qué horrible pensar eso! Ni se me ocurre. Es actor, así lo elegí, y sería espantoso haberlo conocido actuando y después no entenderlo. Es como si él se sintiera celoso cuando salgo en bikini.

–Pero no me digas que no sabés que hay algunas personas que andan detrás de los famosos con una caña para pescarlos…
–Confío en Bejamín. Sé que jamás va a arriesgar todo lo que tenemos juntos. Cuando hay un amor verdadero no existen las tentaciones, porque no necesitás otra cosa: sólo deseás estar al lado de la persona que amás.

–¿Volviste a creer en el amor para toda la vida?
–A ver… Sí, creo que existe. Pero no es enamorarse y ya. El amor hay que construirlo cada día, porque la vida trae muchísimas cosas –de las buenas y de las malas– y la única forma de seguir fuerte, es tener una base sólida. La relación de pareja con Benjamín ya no es sólo “una relación”: es una familia. Y decir familia no es únicamente una palabra, es una opción de vida. Yo la valoro y la cuido. Y es mi orgullo y mi logro más grande.

“<i>Mi primera tapa de GENTE fue hace seis años. Me quedé despierta hasta las dos de la madrugada esperando que exhibieran la revista. Corrí, me abracé al cartel y me saqué una foto</i>”

Mi primera tapa de GENTE fue hace seis años. Me quedé despierta hasta las dos de la madrugada esperando que exhibieran la revista. Corrí, me abracé al cartel y me saqué una foto

“<i>La maternidad fue un descubrimiento. Voy conociendo a mi hija y ella me va conociendo a mí. Es un aprendizaje que me llena interiormente y me da mucha paz</i>”

La maternidad fue un descubrimiento. Voy conociendo a mi hija y ella me va conociendo a mí. Es un aprendizaje que me llena interiormente y me da mucha paz

“<i>Me cuido, como sano y cumplo una rutina de gym: 300 abdominales, 300 estocadas  para los glúteos y fierros para los brazos. Me propuse recuperar mi figura después del parto, y con mucho esfuerzo, lo logré en dos meses</i>”

Me cuido, como sano y cumplo una rutina de gym: 300 abdominales, 300 estocadas para los glúteos y fierros para los brazos. Me propuse recuperar mi figura después del parto, y con mucho esfuerzo, lo logré en dos meses

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