«En la Casa Rosada o en Don Torcuato voy a estar al lado de Carlos» – GENTE Online
 

"En la Casa Rosada o en Don Torcuato voy a estar al lado de Carlos"

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"Bye bye, first lady", le dice el hombre con una gran sonrisa.
Cecilia Bolocco no puede evitar el llanto, e intenta una disculpa confesando que está hipersensible. Son las dos de la tarde del lunes 20 y más de diez mil kilómetros la separan de Don Torcuato, como le dice a la casa donde Carlos Menem, su marido, está preso. La ex Miss Universo cumple, desde el martes 14, con una gira que ella misma ideó.
"Tenía que hablar, decir todo sobre el proceso, la causa y nuestra vida en prisión. Pero prefería que fuera lejos, en el
extranjero
", explica. Tiene la mirada perdida en el horizonte del océano Atlántico, acaba de almorzar con el ex presidente de los Estados Unidos, George Bush, en su casa de verano en Portland, estado de Maine. Con tailleur de pollera y saco
Gucci y camisa de la diseñadora colombiana Silvia Tcherassi, la mujer de Menem abraza a Bush y a su esposa, Barbara, y pronuncia en perfecto inglés:
"Bye bye, mister President". 

Se seca las lágrimas y con la decisión que en ella es marca registrada, habla a corazón abierto.

-Sola, solita, planeé agradecerle a Bush el apoyo incondicional que desde los primeros días le expresó a Carlos. Me pareció importante que recibiera la información de Menem de primera mano. Quería reconfirmarle su intuición de cuál era verdaderamente la realidad del caso. Le traje una carpeta con un documento, le conté todo sobre la causa. El mismo día que se enteró de que Carlos quedaba detenido, Bush le mandó un mail para decirle que no entendía bien lo que sucedía, pero que confiaba plenamente en él. Me parecía un deber agradecerle el apoyo incondicional y brindarle los detalles que él no tiene. También estuve con Andrés Pastrana, el presidente de Colombia, la semana pasada. Estoy emocionada por la calidez de estos hombres tan poderosos en un momento durísimo. Mi deber era agradecer e informarlos de las irregularidades de la causa. Me emocionó tanto Bush… cuando me saludó, dijo:
"Carlos va a volver a ser presidente de los argentinos, y vos, primera dama".

-¿Usted leyó el expediente completo?
-No entero, pero casi todo. Acompañé a Carlos Menem siempre, desde un día antes de la indagatoria. Estuve con él en la Corte, tuve copias de los papeles que le entregaron sus abogados, como la transcripción de la supuesta indagatoria. Recopilé todo. Me empapé de a poco y en forma ordenada. Yo no hacía preguntas ni nadie me venía a informar, pero escuchaba y leía todo lo que se me cruzaba. Hasta que yo misma -cuando empiezo a analizar las pruebas, las declaraciones, la defensa- empiezo a ver las irregularidades. 


-¿A qué se refiere?

-Cuando se inicia esta causa, Carlos Menem instruye al fiscal general de la Nación para que investigue la venta de armas y levanta el carácter de secreto de Estado de los decretos que regulaban dicha venta. A los cinco años, ya hay personas detenidas inculpadas. Pero, es tanto el desorden que se llega a hablar de
"venta ilegal" y se presentan como prueba los decretos. Primera irregularidad: los decretos no son prueba. Los decretos no son órdenes sino autorizaciones y además son legales porque están avalados por una comisión tripartita integrada por el ministro de
Economía, el de Defensa y el de Relaciones Exteriores. No se puede hablar de decisión política. No dice:
"Háganlo". En el contenido del decreto está especificado a qué empresa se le venden las armas, la cantidad, el destino final y en cuánto dinero. Lo que sucede es que hay tráfico de armas. A quien se le entregaron las armas, las traficó. Luego de eso citan a todos. A Carlos se lo cita a la indagatoria basándose en la declaración de Luis Sarlenga:
"Todos lo sabíamos". Se toma ese primer segmento, porque avanzada la declaración, Sarlenga dice:
"Claro que yo nunca hablé con el presidente Menem de esto. O sea que el presidente no lo sabía, como tampoco el canciller Guido Di
Tella
". Si el juez decide que ese "todos lo sabían" es la prueba suficiente para citar a Carlos y acusarlo de jefe de la asociación ilícita, ¿por qué no cita a Cavallo, que en su calidad de ministro de Economía es el encargado de la Aduana? Es al único que no cita. 

-Puertas adentro, conversación marido-mujer, ¿qué le comenta Carlos Menem de la causa?
-En realidad, intentamos no hablar del tema abiertamente. Eso sí, en todo este tiempo a Carlos nunca lo he visto alterado ni nervioso. Por el contrario, está muy tranquilo. Pero sí lo he visto tremendamente triste. El no ha venido a decirme:
"Cecilia, yo soy inocente". Repite a cada rato que no puede creer semejante injusticia. Veo el dolor en sus ojos y me parte el corazón. Tiene la tranquilidad y la conciencia en paz de que actuó bien. Tanto él como yo nos hacemos muchas preguntas que no tienen respuesta. En el día a día, yo quiero que él esté bien. Que sepa que no todo el mundo lo va a traicionar y que no todos quieren verlo destruido. Yo lo amo con toda el alma y no quiero que se deje abatir, porque cuando uno está en el suelo, todos te pisotean. 

-¿Qué les contesta a quienes dicen: "Pobrecita, Cecilia, todo el día ahí
encerrada
"?
-Supongo que dirán eso porque nunca estuvieron enamorados. Yo saco fuerzas del amor, de mirar los ojitos de Carlos y ver que igual está contento y se ríe. Tenemos una luna de miel tan distinta y tan extraña, pero no deja de ser una luna de miel... Estamos juntos, nos amamos, nos podemos acompañar, lo tengo todo el día para mí solita. No me importa nada lo que piensen los demás. 

-¿Sus padres están desesperados por la situación que le toca vivir?
-Mis padres ya entendieron. Ahora están tranquilos. Papá me acompañó a la primera peña y la verdad es que al principio estaba muy preocupado, pero comprendió. Yo le decía:
"Papá, no sabés lo que me sirve todo esto... Es un aprendizaje a mil por hora, una prueba a cada rato. Estoy reconociendo quiénes son los verdaderos amigos de Carlos. Ya más abajo no podemos llegar... No existen circunstancias
peores
". Lo importante de todo es que Carlos y yo somos incondicionales el uno para el otro. El jamás me dijo qué tenía que decir o pensar, jamás me dio consejos de cómo proceder. Yo doy entrevistas, doy discursos, nunca me sugirió qué decir. Imagínate la confianza ilimitada que tiene en mí. El no me ha tenido que explicar nada en la causa. Estudié, observé, leí, y listo. Yo necesitaba entenderlo, no quería que nadie me lo explicara. Yo no doy opinión, tan sólo digo: "¡Qué raro que nadie recuerde
esto!
".

-¿Le molesta que la comparen con Evita?
-Sí, porque yo no vengo a calzar los zapatos de Evita, no he intentado por ningún motivo asemejarme a ella. Ni en mis sueños más remotos... Es injusto para ella, para mí, para sus seguidores. Evita murió en el 52 y en 49 años han pasado varias primeras damas… ¿por qué me comparan a mí con ella? Creo que Evita acogió a la gente, los contuvo, los amó, intentó salvarlos, los escuchó. Defendió sus intereses, logró que las mujeres votaran... Pero al morir tan joven, dejó un enorme vacío, los dejó huérfanos. Sí me gustaría continuar con su obra de ayudar a los más necesitados. Ayudar, tener las mejores intenciones de contener a la gente. Yo siempre he trabajado en comunicación y estuve en contacto con la gente. Mi trabajo fue más productivo fuera de las cámaras que en cámara. La televisión era un pretexto para acercarme a las personas. Me gusta ver el resultado de lo que hago, que las cosas no terminen en mí. Yo salgo
Miss Universo de la noche a la mañana y me transformo en una persona famosa. La devoción que despierto en la gente, al principio no la entiendo. Con esto no quiero decir que soy necesariamente buena o santa, pero no concibo que la gente sufra. 

-Ya está en carrera política...
-Yo no he adoptado ninguna posición política. No debo ni me corresponde asumir ningún papel. No pretendo más que ser, por ahora, el puente que se ha cortado entre Carlos Menem y su gente. Yo veo en Carlos a un líder innato. Es intrínsecamente bueno, jamás he visto en sus ojos un rasgo de maldad, de rencor, de odio. Nunca lo escuché levantar la voz. Incluso me decían, para intentar alejarme, que era violento, qué sé yo... Nunca lo escuché decir una mala palabra. Siente que tiene un deber de trabajar por la gente. 

-¿Por qué se casó con Menem?

-Con él comparto la misma visión de la vida. No tiene miedo de disfrutar de la vida, no la concibe de otra forma, a pesar de que le tocó y le toca una realidad dramática. Me encanté con su bondad, con su dulzura. No deja que las horas le pasen en vano, ni aun preso. Yo me casé con él para vivir la vida de esa misma forma. Si estoy con Carlos puedo afrontar cualquier situación. Ahora me toca en Don Torcuato, pero voy a estar con él donde sea. Los dos juntos, felices, cerca de la gente. 

-¿Aunque el panorama judicial se oscurezca?
-Claro. A veces pienso que el arresto no es el marco indicado, pero nos tenemos el uno al otro. Cuando nos casamos, sabía lo que se me venía encima... Con Carlos voy a estar en Anillaco, en la Casa Rosada o en Don Torcuato. En el escenario que sea. Una vez que conocí el amor verdadero, no le voy a soltar la mano. 

-¿Cuál es su mejor sueño?

-Desde que se murió mi hermano, decidí no proyectar, no soñar, no ilusionarme más. Vivir el hoy. Me siento una mujer tan plena, tan feliz por poder compartir el amor con el hombre de mi vida… Tengo el alma tranquila, ya no ando vagando por el mundo sin sentido como lo hacía hace unos años. Ya no estoy vacía. 

-¿Piensan tener hijos?

-En eso estamos... Lo que más anhelo en la vida es un hijo de Carlos. Un bebé con sus ojitos. Quiero que mi hijo tenga los ojos de Carlos… Además, lo veo a él con tantas ganas, con tanta emoción porque quede embarazada. Dios decidirá si tiene que venir o no. ¡Carlos tiene tantas ganas! Y yo creo que hay posibilidades… Tiene un enredo con el calendario y las fechas (risas). Yo le digo:
"Caramelito, concentrate para que el bebé salga con tus ojos". Queremos un hijo nuestro. Por lo menos uno.

-¿Están dispuestos a probar con algún método de fertilización?
-Tal vez podríamos intentar, pero eso todavía no está en los planes. No estamos viviendo una vida tan normal como para que esto suceda. De cualquier forma, no descartamos nada, pero la verdad todavía no lo pensamos. Ahora estamos probando naturalmente. 

-¿La angustia que Menem esté peleado con Zulemita, su única hija?
-Gracias a Dios, a él lo veo tan bien emocionalmente que no es un tema que yo pueda analizar. Ni siquiera conozco a Zulemita. Estar distanciada es una elección de ella, ¿qué puedo hacer?

-Quizá hacer de intermediaria...
-Estas cosas no se hacen con intermediarios, deberían nacer del corazón, del alma. Yo no aceptaría que nadie se metiera en mi relación con Carlos... Todavía no entiendo bien por qué se pelearon. Pero así son las cosas y a mí no me corresponde hacer de intermediaria. Que Zulemita haga lo que su corazón le dicte, yo lo acepto. 

-¿En algún punto la asusta la diferencia de edad que tiene con Menem?
-No, no llega a asustarme. Sí, para qué voy a mentir, hay momentos en los que pienso: "¿Por qué tiene 70 años?". No porque sienta la edad, sino porque tal vez no pueda proyectar mi vida eternamente a su lado. Su edad ni la percibo: Carlos es como un chico: incansable, intenso, sencillo. Carlos Menem me dio una paz y una plenitud que antes no tenía.

-Si la situación judicial se complica aún más, ¿qué estrategia tiene Cecilia Bolocco?
-El amor... Todas las cosas que la gente se inventa, todas las fantasías populares de que estoy con Carlos por poder, por plata, de que hubo contrato prematrimonial, no se me pasan por la cabeza. Es más, todo lo que se ha dicho de mí en estos últimos tiempos me ha dado vergüenza ajena. Con respecto a la situación judicial, no puedo planear. Hoy mi realidad es Don Torcuato. Yo me casé con él y voy a estar siempre a su lado. Hay noches que le digo:
"Agarrame fuerte de la mano, no vayas a soltarme, Carlos Menem. Llegué hasta aquí y te voy a acompañar adonde
sea
".

Cecilia posa con el matrimonio Bush en la puerta de la casa de veraneo del ex presidente en Kennebunk, Portland, una playa superexclusiva, al norte de Boston.

Cecilia posa con el matrimonio Bush en la puerta de la casa de veraneo del ex presidente en Kennebunk, Portland, una playa superexclusiva, al norte de Boston.

En Miami, Cecilia tiene una casa cancherísima. Queda al 7900 de <i>Biscayne Point Circle</i>. Decorada con muebles rústicos, de estilo indonesio, tiene una hermosa vista al canal.

En Miami, Cecilia tiene una casa cancherísima. Queda al 7900 de Biscayne Point Circle. Decorada con muebles rústicos, de estilo indonesio, tiene una hermosa vista al canal.

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