«En la Argentina no hace falta ser millonario para jugar al polo» – GENTE Online
 

"En la Argentina no hace falta ser millonario para jugar al polo"

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Ahí, en su campo de Intendente Alvear, en el departamento de Chapaleufú, en la provincia de La Pampa y a casi 600 kilómetros de Buenos Aires, Marcos Heguy (35) se siente "el hombre más
feliz del planeta"
. Es que éste es su lugar en el mundo. En esta tierra casi negra y con olor a humedad por la que hoy corre Clarita, su hija de un año y medio de edad, él aprendió a hacer lo que mejor le sale en la vida: pegarle a la bocha de madera montado en una yegua. Perteneciente a la familia más prestigiosa del polo mundial, el Mago ha hecho historia junto a su equipo Indios Chapaleufú -fundado por su padre, Horacio Antonio y su tío, Alberto Pedro-, el único formado por cuatro hermanos que logró los 40 goles. Marca que él obtuvo en 1987, hace ya 15 años y que hoy lo convierte en el jugador en actividad con más tiempo en el escalón más alto. Sin embargo, a la hora de recordar el anhelado y buscado ascenso, lo define como algo natural: "Tenía 19 años y lo veía como una cosa normal. Papá y Alberto tenían 10 de hándicap y me parecía algo muy accesible. Hoy, con el tiempo, me doy cuenta de lo difícil que es".


-¿Y qué es más difícil, llegar o mantenerse?

-Creo que si algo te gusta tanto, ni siquiera sentís el esfuerzo. Lo hacés con mucha pasión, y si encima tenés un poco de talento o habilidad, las cosas se van dando solas. También cuenta mucho la experiencia. Pero yo tengo el privilegio de jugar con Horacito y Bautista y voy a seguir haciéndolo hasta que me deje de divertir. Ese día agarro el bolso, me vengo acá al campo y que me vengan a buscar (risas).

-Hablás como si estuvieras pensando en el retiro.

-No. Pienso que este deporte pasa mucho más por la diversión que por el rendimiento personal. De todos modos creo que voy a jugar todo este año y listo. 


-¿Te ves vinculado al polo en el futuro?

-Me veo vinculado a los caballos y al polo de alguna manera. Estoy tratando de crear una empresa que se dedique a la cría para poder jugar. Esa es mi pasión. Si el polo se jugara en bicicleta, nunca lo habría practicado.


-¿Es un trabajo fácil criar yeguas que puedan adaptarse al juego?

-La Argentina exporta dos mil por año. Una buena cantidad. En realidad tenemos una ventaja enorme porque es un país donde se crían caballos con una facilidad asombrosa y todo es relativamente barato. Después nadie tiene la verdad de cómo se llega a obtener el animal que te permita competir en un Abierto.


-Sin embargo, el polo es visto como un deporte de elite…

-En realidad es de elite en otros países. Acá es un deporte de gente del campo. Si necesitáramos ser millonarios para jugar, en lugar de ser los mejores, seríamos los peores del mundo, porque ahora nadie tiene tanto dinero. Nosotros, por ejemplo, conseguimos un buen sponsor como Marlboro y durante quince años pudimos solventarnos sin perder plata. Pero en Europa, conseguir cuatro hectáreas y media para una cancha sale una fortuna.

-¿Y vos cómo empezaste?

-Yo lo hice porque cuando tuve edad para jugar, 12 años, ya tenía todo armado. Siempre me gustó pero no es algo que lo haya pensado demasiado. En casa siempre se ocuparon de que hubiera caballos para todos, de organizarnos; era como una herencia de familia y a nosotros nos encantaba. Me acuerdo de que con mis hermanos nos íbamos montando hasta Alvear, que eran cuatro horas entre ida y vuelta, sólo para jugar. Ahí también iba Gonzalo…


-¿Y cómo lo recordás a Gonzalo?

-La gente, cuando se muere con tanto tiempo de anticipación, nunca se termina de ir del todo. Cuando te quedan tantas cosas por hacer, vos te quedás haciéndolas de alguna forma.


-Y más en el campo y con los caballos, cosas que el también amaba.

-Seguro. Hay muchas cosas que no se las va a perder aunque no esté físicamente con nosotros. Es una teoría personal, pero siento que no se termina de ir. Papá, por ejemplo, se fue porque había hecho todo. Tenía su vida organizada, nosotros estábamos bien: se pudo morir más tranquilo a pesar de que tuvo una muerte de m… con una enfermedad jodida.. En cambio Gonza murió muy joven. Y cada vez lo extraño más.

-¿También pensás en él cuando entrás a una cancha ?

-No tanto, porque lo extraño como hermano y no como compañero de equipo. Yo nunca había vivido sin Gonzalo. En cambio sin él había jugado al polo muchas veces. Hay momentos más tristes, como cuando estoy solo sentado tomando unos mates. Por ejemplo a él le encantaba invitarnos a su campo a comer un asado y a mí me pone mucho más triste sentarme a comer un pedazo de carne que jugar con la camiseta de los Chapaleufú. Muchas veces sueño con entrar a mi casa y verlo sentado a la mesa.


-¿Y con qué otras cosas soñás?

-Le pido a Dios que mé de salud y que me permita estar con vida hasta que Clarisa esté grande. Y que este otro (toca la panza de Gloria, su esposa) sea varón y pueda enseñarle a jugar al polo.

Todos los días a las siete de la mañana, Marcos recorre su campo y trabaja en la cría de caballos de polo: Primero hago las manadas, después decido las combinaciones genéticas guiado por e conocimiento y la intuición. Con los caballos es difícil saber".">

Todos los días a las siete de la mañana, Marcos recorre su campo y trabaja en la cría de caballos de polo: "Primero hago las manadas, después decido las combinaciones genéticas guiado por e conocimiento y la intuición. Con los caballos es difícil saber".

Bautista, Mariano Aguerre, Marcos y Horacito después de ganar la final del Abierto de Palermo en diciembre el 2001.

Bautista, Mariano Aguerre, Marcos y Horacito después de ganar la final del Abierto de Palermo en diciembre el 2001.

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