«En el polo, soy un sapo de otro pozo» – GENTE Online
 

"En el polo, soy un sapo de otro pozo"

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En la tranquera, un cartel de madera tallada anuncia La Dolfina. Lo mismo que decir Planeta Cambiaso: su campo, su casa, su mujer (María Vázquez, diosa nacional), su hij
ita (Mia, de un mes y medio), sus caballos, su paz, su intimidad, su lugar en el mundo. En Cañuelas -a 57 kilómetros de Buenos Aires- vive Adolfo Cambiaso, el mejor polista del mundo. Junto al letrero hay también la imagen de un canguro, el logo que distingue a su equipo. Pero el mismo anfitrión, cuando da la bienvenida, se encarga de aclarar que el animal será cambiado por un toro: "Ahora más que nunca estamos identificados con Mataderos y con Chicago", dice. 

Acto seguido, se sienta (mate en mano) en una de las galerías de sus caballerizas. Son las diez de la mañana, lleva puestos un cap de béisbol y anteojos negros y recién después del quinto amargo comienza a hablar de su hija, el mejor "trofeo" del año. "La verdad que para atender a la beba, María se levanta más veces que yo. Pero si me pide que le dé una mano, no tengo problemas. Levantarme a la noche no me molesta. Hoy estamos viviendo una etapa maravillosa, porque a esta hija la buscamos con muchas ganas y ahora es el momento de disfrutarla. Además estoy en deuda con mi mujer porque Mia nació en noviembre, justo antes de que empezara el Abierto, y en ese momento yo estaba insoportable. Me tuvo que bancar cantidad… Vivía de muy mal humor justo cuando ella más me necesitaba. Es más, los días de partido me iba a dormir a otro lado para poder descansar bien. Y esas cosas no las aguanta cualquier mujer…". 


-¿Cambiás pañales?

-No. Yo soy medio inútil para todo eso. Todavía estoy haciendo el curso (carcajadas).

La charla es interrumpida por la llegada de uno de los veterinarios que le da el parte diario. Y cuando se trata de sus yeguas,
Dolfi -así lo llaman sus amigos- interrumpe todo. Da un par de instrucciones y deja en claro que el Uno de
La Dolfina no sólo se encarga de hacer dribblear la bocha de manera espectacular: desde la fecundación de un óvulo embrionario hasta la doma de los caballos pasan por su supervisión. Como buen matero, después de la primera pava, pide una nueva ronda y antes de continuar con la nota, el flamante ganador del Abierto de Palermo, ojea revista GENTE y la nota del campeonato de polo más importante del planeta: "Parece que hizo bastante ruido el triunfo de la gente de Mataderos"


-Pero a algunos no les cayó bien tu hinchada…

-Es verdad. Me contaron que muchos miraban con la nariz parada y decían: "¡Miren a esos negros, nos van a ensuciar la tribuna!". Lo que yo me pregunto es: ¿esas personas quiénes se creen qué son? Acá, flaco, somos todos iguales. Ellos pagaron una entrada para estar en la cancha y tienen el mismo derecho que esas viejas paquetas a las que las das vuelta y no se les cae un centavo. Y después se hacen las aristócratas y se dan el lujo de criticar a quien ve polo, grita y toca el bombo. Noooo… A mí no me van esas cosas. Si por eso están enojados conmigo, ¡van a tener bombo por unos cuantos años!

-¿Cómo nació la idea de ponerle los colores de Nueva Chicago a la camiseta?

-Fue todo gracias a la herencia del Cholo Castagnola, el papá de Bartolomé, el Lolo. Siempre fue de Mataderos. Ahí tuvo un frigorífico y nos hizo amantes del lugar. Cuando creamos
La Dolfina, primero le pusimos los colores turquesa y blanco. Después, perdimos dos finales seguidas y nos decidimos por los colores de Nueva Chicago. 


-¿Separarte de Ellerstina para armar tu propio equipo fue una muestra de rebeldía?

-No. Fue cumplir el sueño del pibe. Muchas veces estábamos en este campo con el Lolo y sonábamos con armar una cancha y con tener un equipo propio. Así, entre delirios de adolescentes, fuimos creciendo juntos como polistas y la vida nos unió como hermanos, aunque no tenemos la misma sangre. Los dos dejamos de estudiar y desde muy chicos supimos que íbamos a vivir de y para el polo. 

-¿Terminaste el colegio?

-A los 14 años decidí dejar el colegio. Había dado tercer año libre, ya tenía varios contratos y el tiempo no me daba para todo. Además, ya sabía qué quería de mi vida: ser un jugador de polo. 


-¿Fue duro el comienzo de La Dolfina?

-Fue como parir un hijo (risas). Venía de ganar tres Abiertos con Ellerstina y de un día para el otro me quedé sin nada. No tenía equipo ni caballos. Con lo único que contaba era con el nombre de mi campo. Estas tierras se las compré a mi vieja (Martina Estrada) y le puse La Dolfina, por mi sobrenombre. Primero empezamos a jugar con caballos prestados, después fui comprando yeguas y de a poquito me armé.


-Cuando bautizaste el campo, ¿imaginabas que el nombre se iba a volver tan popular?

-Jamás… Ganamos en Hurlingham tres veces, ahora en Palermo… Creo que voy a tener que agrandar el cartel de entrada (cacajadas). Humildemente fuimos creciendo. Sebastián Merlos, el Lolo, Pite (Juan Ignacio Merlos; entró a último momento) y yo nos convertimos en el equipo del año, aunque a mucha gente no le caiga bien. Fue después de mucho laburo.

-Hablando de la gente: ¿creés que algún día vas a recibir más aplausos que silbidos?

-Creo que revertí un poco el cariño del público, por ahí con otro tipo de hinchada. Un público diferente, como a mí me gusta (risas). Después, con el resto, yo no hice nada para que no me quieran. Creo que el público va un poco a la tradición: a los Heguy los alientan porque son muchos y hace años que se dedican a esto. Yo, en cambio, soy uno solo y los Cambiaso no tienen ese linaje. En el polo, soy un sapo de otro pozo. Distinto de todos.

-El hecho de no venir de una familia de tradición polística, ¿te hace mejor jugador?

-No creo… Yo trabajo todos los días para ser el mejor, y cuando lo lográs, en cualquier orden de la vida, es una cosa muy fuerte. Pero a veces me da vergüenza que me comparen con algunos monstruos de otros tiempos. Por eso trato de no creérmela para seguir con este sueño.

-Fuera de la cancha ¿con qué soñás?

-Hoy te digo que deseo disfrutar de la familia que formé con María. Todos los días le agradezco a Dios la vida que me dio. Soy tan feliz, que no necesito pedir más.

Junto a su perro Jordan, a quien lleva en todos sus viajes al exterior, Cambiaso asegura que tiene como referencia a Michael Jordan: En homenaje a él, mi perro lleva su nombre. Una persona intachable dentro y fuera del básquet". ">

Junto a su perro Jordan, a quien lleva en todos sus viajes al exterior, Cambiaso asegura que tiene como referencia a Michael Jordan: "En homenaje a él, mi perro lleva su nombre. Una persona intachable dentro y fuera del básquet".

El público va un poco a la tradición: a los Heguy los alientan porque son muchos y hace tiempo que se dedican a esto. Yo, en cambio, soy uno solo y los Cambiaso no tienen ese linaje"">

"El público va un poco a la tradición: a los Heguy los alientan porque son muchos y hace tiempo que se dedican a esto. Yo, en cambio, soy uno solo y los Cambiaso no tienen ese linaje"

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