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En el idioma de las fieras, garra de Puma se dice Serafo

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Mientras el rugby argentino vive un presente que s
e debate entre las tentaciones

del deporte remunerado y el romanticismo de lo amateur, muchos jugadores que se
destacan en nuestro país emigran para jugar en ligas profesionales más
competitivas. Ellos comparten un pasado en común, no sólo el destino
y la aventura de partir hacia tierras lejanas para ganarse la vida haciendo lo
que más les gusta. Y dentro de ese pasado se encuentran los pioneros, que
allá por los 80, abrieron el camino del profesionalismo a las futuras generaciones
de rugbiers argentinos. Uno de los primeros en hacerlo fue el gran Serafín
Dengra, Serafo, como le decían sus compañeros, como lo alentaba
la gente, como lo conocen hoy en día.

-Dicen que empezaste a jugar
rugby gracias a las chicas...

-Y es muy cierto. Iba a ver a mis primas
jugar hockey en el SIC y cuando me aburría me acercaba a la cancha
de rugby. De a poco me fue gustando el juego y la gente que lo rodea. Así
fue como me acerqué al club más cercano a mi casa, en Ciudadela,
y empecé a jugar en San Martín. Tenía 12 años.

-¿Fuiste
el primer Dengra rugbier?

-Sí. A pesar de que en mi familia siempre
se practicó deportes (N.de la R.: sus abuelos participaron de las Olimpiadas
de Ámsterdam en disciplinas de atletismo
) a nadie se le dio por el
rugby. Además mi caso es medio atípico: jamás había
visto un partido hasta los 12 años, me gustó y empezé a jugar.

-Hugo
Porta también fue el primero de su familia en practicarlo.

-¡Por
lo menos me parezco al más grande en algo! (suelta entre carcajadas).

-Dejaste
claro quién es el mejor de todos los tiempos para vos. Pero de los que
están en actividad ahora ¿qué opinás?

-Sin
dudas destaco a Pichot, como también a Quesada y Contepomi. Son jugadores
muy importantes y hacen la diferencia en todo el mundo.

-¿Y el
mejor jugador del mundo?

-Aunque caigo en una opinión común,
creo que Jonah Lomu es una bestia. El año pasado cuando vino a la Argentina
para jugar contra Los Pumas tuve la oportunidad de verlo entrenar en uno de nuestros
gimnasios y me dejó una impresión bárbara. Mide 1.96 y pesa
casi 120 kilos. Es un coloso, una masa de músculos. ¡Y encima hace
100 metros en diez segundos! Aunque creo que puede dar más todavía,
me parece el jugador más valioso.

-Sos un símbolo del rugbier
argentino que emigra hacia el profesionalismo. Fuiste uno de los primeros en irte,
y a pesar de que abriste el camino a las futuras generaciones, te costó
mucho y te sancionaron en forma absurda.

-En esa época me veían
como a un bicho raro. Fui uno de los primeros en ingresar al mundo profesional
y eso me costó muchos dolores de cabeza. Primero me suspendieron por seis
meses, y cuando volví de Queesland en el 85' tuve que ver los partidos
de Los Pumas desde la tribuna. Y ya en el 90', cuando me fui definitivamente a
jugar a Francia y a Italia, nunca más pude volver a jugar en la Argentina
porque me suspendieron por cuatro años. Fue muy duro.

-¿Quién
te había suspendido?

-La UAR. A pesar de que en todo el mundo las
federaciones estaban abiertas al profesionalismo a los argentinos nos sancionaban
de ese modo: los australianos jugaban en Italia o Francia, los neoceolandeses
lo hacían en todas partes del mundo y a ninguno los suspendían,
sólo a nosotros. Me tocó pagar el derecho de piso. Como también
a Turnes, Milano o Diego Domínguez, toda la base del equipo del 80', que
fue muy importante.

-Una anécdota de tu paso por aquel rugby
súper competitivo.

-Fueron muchas, pero hay una especial, de aquel
primer partido que jugamos contra los Springboks en el 82'. Yo tenía 21
años, y pesando 100 kilos, enfrenté a un tipo de 1.95 que en la
balanza acusaba un 130. En el primer scrum que entramos me pegó un cabezazo
en la frente que me desmayó. Entonces Perica Courrege,uno de los
tipos más corajudos de esa época, y el Chapa Branca me dijeron:
"Serapo, levantate, pegale un cabezazo y matalo". Yo no sabía
como iba a hacer, pero finalmente se lo devolví. Y cuando se levantó
me dijo: "Ok, one to one". Fue un "estamos a mano, ahora
juguemos".

-Ese fue un partido muy importante para vos...
-Sí,
fue mi debut con la camiseta de Sudamérica XV, les ganamos a los Springboks
21-12 en Sudáfrica y todos los tantos los hizo Hugo Porta. Fue un partido
histórico.

-Un try y un partido.
-El try, sin dudas, uno
del 89'. Siempre lo recuerdo. Fue el único que hice en Los Pumas. Estaba
jugando de pilar y lo anoté nada menos que contra los All Blacks y en Nueva
Zelanda. Fue una jugada en la cola del line. Primero me la cachetea Tati
Milano, la pelota me rebota y pica en las manos. Encaro con todo y hago un ruck.
La toma Cuesta Silva, que se la da a Baetti, que hace otro ruck. Ahí paso
yo. La levanto, y entrando casi debajo de los palos hago el try. Dios me iluminó,
porque fue el último partido que jugué en Los Pumas. Además,
hicimos un primer tiempo espectacular, que terminó empatado en seis. Después
lo perdimos, pero fue un gran encuentro.

-Ese es tu partido entonces.
-Uno
fue ese, paro también te puedo mencionar la serie de tests matches del
87' con Australia. La jugamos en Vélez, cuando volvimos del Mundial. Empatamos
el primero y ganamos el segundo. Es muy difícil lograr eso. Es muy común
ganar uno y luego perder el otro. Además, por aquel entonces Australia
era el tercer mejor equipo del mundo.

-La gente te recuerda como el eje
central de la garra de Los Pumas. Cómo define una eminencia en el tema
como vos, lo que significa transpirar la camiseta.

-Es lo máximo.
Es como tocar el cielo con las manos. Fui y soy un tipo muy feliz porque tuve
la posibilidad de cantar el himno y transpirar la camiseta celeste y blanca de
Los Pumas. No hay plata en el mundo ni nada que te pueda hacer sentir eso. Además,
cuando uno es Puma lo es para toda la vida. No juego más pero sigo sintiendo
el corazón caliente y la sangre fluorescente. Y eso te da fuerzas para
luchar el resto de tu vida.
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Serafín
Dengra mira hacia delante y levanta la cabeza. Se toma un instante de tiempo para
inhalar y luego sonríe. En su mirada se descubren la honestidad de sus
palabras y la grandeza de su espíritu. Esa que demostró en la cancha,
que lo destacó por su entrega y que aún se mantiene viva.

por
Rugbytime.com

Serafo, en uno de sus gimnasios. Allí vio entrenar a Jonah Lomu, a quien reconoce como el mejor jugador del mundo del momento.

Serafo, en uno de sus gimnasios. Allí vio entrenar a Jonah Lomu, a quien reconoce como el mejor jugador del mundo del momento.

Serafín simula una sesión de entrenamiento y bromea. Aunque en su época de jugador se lo tomaba muy seriamente, y eso le permitía ser uno de los caudillos con más garra y polenta en Los Pumas.

Serafín simula una sesión de entrenamiento y bromea. Aunque en su época de jugador se lo tomaba muy seriamente, y eso le permitía ser uno de los caudillos con más garra y polenta en Los Pumas.

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