“En el Conurbano, donde la Policía dice ‘yo no entro’, manda el crimen organizado” – GENTE Online
 

“En el Conurbano, donde la Policía dice ‘yo no entro’, manda el crimen organizado”

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Alos 34 años, Burzaco va en busca de una banca de diputado por la provincia de Buenos Aires. Está en PRO, la alianza de Mauricio Macri y Ricardo López Murphy. Está casado, tiene tres hijos, un título de licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad del Salvador y una maestría en Seguridad de la Georgetown University, en los Estados Unidos, desde donde regresó en 2001. Justo el año en que miles de argentinos se iban, él volvió…

–¿Cómo va la campaña?

–Se puso interesante en el último mes, a partir del spot publicitario de Ricardo López Murphy que hizo ruido (N. de la R.: ése que remata con quil… y alude a qué político se la puso a quién). Hasta ahí, sólo se hablaba de Chiche y Cristina. Y tratamos de dar pelea sabiendo que éste es un proyecto a mediano y largo plazo.

–Vamos al terreno de la seguridad. Tras la desaparición de Juan Carlos Blumberg de los medios, el tema decayó y hoy vuelve a tener relevancia. ¿Cómo estamos, más allá de la pantalla?
–Los medios se ocupan cuando hay un problema grave. Y la frase de Arslanian cuando dijo que había una “sensación de inseguridad” y que la culpa la tenían los medios, fue terrible. Y lo dijo dos días después de la aparición de Santiaguito, muerto en la casa de un vecino tras un secuestro extorsivo. Así que el problema sigue mal. Lamentablemente, el Gobierno tampoco publica estadísticas desde hace más de un año. Y así es difícil seguir el tema.

–¿No las publica por qué? ¿No las tiene? ¿Prefiere esconderlas?
–Las debe tener, seguro. Sin embargo, ciertos indicadores dicen que las cosas andan mal. Por ejemplo, en un informe de Naciones Unidas se señala que somos el segundo país del continente en consumo de cocaína. Y en el Conurbano se detectaron hasta 20 laboratorios de producción de esa droga.

–¿Por qué empezaron a proliferar aquí?
–A medida que la presión internacional sobre Colombia, Perú y Bolivia fue aumentando, parte de los laboratorios se instalaron en otros países, entre ellos la Argentina. Antes acá no había pasta base de cocaína, el llamado paco. Es lo que está matando a los chicos en la calle. Y que los químicos para refinar esa pasta base se produzcan aquí marca una mayor penetración de los carteles de la droga. El crecimiento de la droga en nuestro país es geométrico.

–¿Y el Estado…?
–Hace la vista gorda. Porque es el único estamento que puede abarcar el problema en su totalidad. Es incomprensible que el Gobierno haya reducido en un 40 por ciento el presupuesto del SEDRONAR en el último año. ¡Cuando hay un informe internacional que nos ubica en el segundo puesto de consumo en el continente!

–¿Dónde estuvo este tema en los debates entre candidatos?
–Lamentablemente, la campaña estuvo basada en agresiones personales. Desde PRO tratamos de hacerla positiva, mostrando propuestas. Pero en la Provincia no hemos tenido ni siquiera un debate. Cristina no quiere, porque no tiene ideas. Es solamente el gigantesco apoyo de la presidencia y su imagen.

–Ustedes tendrán, en el tema seguridad, un contrincante que también hace eje en el mismo tema: Luis Patti, que apoya a Chiche Duhalde. ¿Qué opina de él?
–Es un referente de la “mano dura”. Y nosotros bregamos por la “mano justa”. No es la “mano blanda” o mal llamada garantista de Arslanian, pero tampoco la represión ilegal o andar a los tiros en la calle. Patti, hace diez días, felicitó a un comerciante que mató a un ladrón. Yo no lo haría. Es algo perverso decirle a la gente que se defienda a los tiros. Para eso está el Estado. ¡Y bueno, está con el duhaldismo, responsable de este marasmo de inseguridad!

–Antes eran los secuestros express o los desarmaderos de autos. ¿Hay un delito que esté “de moda” ahora?
–Hubo un cambio de modalidades. Los secuestros se redujeron, pero aumentaron los piratas del asfalto y los robos de autos. Eso demuestra que no hay una política clara en seguridad, sino parches. Y las bandas volvieron a asolar el Gran Buenos Aires. Todo agravado porque el crimen es cada vez más violento, por la droga. Hay tipos que matan por un par de zapatillas, y muchos adictos que no pueden trabajar y se transforman en dealers y pequeños delincuentes.

–¿Qué motivos hacen crecer este flagelo?
–Principalmente, el desempleo. Hay el doble de jóvenes que no trabajan si los comparamos con otros grupos de edad. La mitad de ellos tampoco estudia… Son un grupo de riesgo: a la vez, son las principales víctimas de la inseguridad y los principales victimarios. Habría que tener más becas para los secundarios, subsidios para el primer empleo. Son cosas que se pueden hacer también desde el Congreso.

–¿Cuál es el promedio de edad de los delincuentes?
–En la última década bajó de cuatro a cinco años, y está entre los 20 y los 25. ¡El promedio, eh! Hay muchos menores delinquiendo y muchos de sus hechos no se contabilizan. Sin embargo, el porcentaje total de la población que delinque es bajo. El problema es el sistema de “puertas giratorias”, donde a los pocos que se agarra entran y salen.

–¿Dice que los que roban y matan son siempre los mismos?
–Absolutamente. Hay un altísimo porcentaje de delitos graves que son cometidos por reincidentes. Se debe tener un sistema penal que funcione, prevención seria en los jóvenes y un correcto diseño urbano, con buena iluminación en las calles y presencia policial. Y con servicios en todos los barrios, sin excluidos.

–¿Qué tienen que ver el gas, la luz y el agua con los robos?
–Mucho. Es un fenómeno creciente en la Argentina. El Estado se retiró de muchos territorios en el Conurbano, y el crimen organizado los empezó a manejar. Así sucedió en las favelas brasileñas o en las barriadas mexicanas. Y hoy pasa acá: muchos lugares del Conurbano bonaerense se parecen cada vez más a una favela. Todos sabemos que existen lugares en el Conurbano donde la policía dice: “Yo no entro”. Ahí manda el crimen organizado. Cuando fue el auge de los secuestros, siempre tenían a los secuestrados en tres o cuatro lugares. Es donde el Estado abandonó, y donde el delincuente socializa a la gente, que a su vez le tiene terror, porque se nutre de sus hijos para formar las bandas.

–¿Qué se puede hacer, desde el Congreso, para que el Código Penal sea más claro, que sancione lo que deba y que no esté a merced de un abogado pícaro o un juez que interprete lo que quiera?

–Es más un tema de aplicación que de reforma de códigos. Pero sí, los procesos se dilatan, y a veces los jueces dejan libres a personas que no deben. De cada mil delitos en la Provincia, sólo seis terminan en prisión efectiva. Por eso es tan importante hacer hincapié en el tema excarcelaciones, para que los delincuentes no salgan rápidamente, y en el tema procesal, para tener juicios rápidos.

Eso quiere Burzaco: “<i>Ni la mano blanda de Arslanian ni la mano dura de Patti</i>”. Y afirma que “<i>muchos lugares del Conurbano bonaerense se parecen cada vez más a una favela brasileña</i>”.

Eso quiere Burzaco: “Ni la mano blanda de Arslanian ni la mano dura de Patti”. Y afirma que “muchos lugares del Conurbano bonaerense se parecen cada vez más a una favela brasileña”.

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