“En Bangkok los hombres cortaban la calle para aplaudirme” – GENTE Online
 

“En Bangkok los hombres cortaban la calle para aplaudirme”

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¿Cómo se llama el rey de Tailandia?
–Bhumibol Adulyadej.

–¿La moneda del país?
–El bath.

–¿Una comida típica?
–El Som Tam (verduras al wok).

–¿La religión?
–El budismo.

Así nomás, en un ping pong básico y veloz de preguntas y respuestas, Emilia Claudeville (19) demostró lo que sabía del país durante el largo viaje que alcanzó las 26 horas desde Ezeiza hasta el Aeropuerto Internacional de Don Muang –el más transitado del Sudeste asiático–. No era una improvisada. Antes de llegar al destino investigó todo lo que podía y marcó los lugares obligados por donde debía pasar, en un pequeño mapa que la noche anterior había impreso en su casa. “Cuando viajo me gusta vivir la experiencia al máximo. Siempre me interesó el budismo. Por eso era ideal venir hasta acá. Tengo una amiga que pasó por la experiencia a través de un intercambio estudiantil. Cuando me contó lo que había vivido, quedé atrapada”, cuenta la modelo de Multitalent Agency, que terminó el secundario a los ponchazos y a distancia, en la Universidad Católica de Cuyo, y que disfrutó de 5 días en Bangkok y 3 en Phuket.

–¿Qué cosas te llamaron la atención?
–La gente. Todo el mundo es muy servicial y trabajador. Cuando caminás en la calle por la madrugada, ves muchas personas arreglando sus puestos, llevando mercadería de un lado a otro. Es una forma de vida muy especial. Todo lo que tienen lo cuidan y lo aman con fervor. Para los turistas, los paseos en elefante son alucinantes... Las ferias, increíbles. Me compré mil cosas: pareos de seda, pulseras de todos los colores y tamaños...

–¿Conquistaste el corazón de algún tailandés?
–(Risas) Se complicaba un poco la comunicación, pero... Una vez llegué al hotel de Phuket y tenía en la recepción un montón de regalos a mi nombre. Eran collares de flores, como es costumbre regalar a las mujeres allá, recuerdos del país... Ellos tratan de conquistar siguiendo las tradiciones. Jamás conocí al que envió esos regalos.

–Cuando ibas por la calle, imagino que no pasabas inadvertida...
–¡Nooo! A donde fuera, llamaba la atención. Imagináte que no ven una pierna en la calle, ni locos. Allá todo es sagrado. En Bangkok, los hombres cortaban la calle para aplaudirme. Una vez, en un templo estábamos sacando fotos y la gente nos denunció. Enseguida llegó la policía, todos estaban como locos. Es cierto que los desubicados éramos nosotros... pero tampoco era para tanto. Después de un rato todo terminó bien. Pidieron sacarse fotos conmigo y asunto arreglado.

–¿Sentís que se te está dando todo lo que soñaste?
–Lo que me pasa es algo muy loco, porque uno empieza a trabajar y no se puede dar el lujo de elegir lo que quiere hacer. Todo el tiempo aprendés y conocés cosas nuevas. Yo soy del Interior, y estar en Buenos Aires fue un paso importante. Cada vez me gusta más lo que hago. Estar en un país como Tailandia es otro de los beneficios de esta profesión. Tal vez en otras circunstancias nunca hubiera venido. Jamás imaginé que se iban a dar las cosas así, y por eso siempre vivo el hoy a pleno. Me gusta exigirme al máximo. Yo no tengo límites, porque fui tocada por una varita mágica.

–¿Cómo es eso?
–Así, la suerte está de mi lado. El alejarme de mi casa fue un sacrificio, pero veo los resultados y, sin duda, tomé el mejor camino. Soy una agradecida de lo que me pasa. Me siento preparada para todo lo que venga y estoy bien conmigo. Siento que camino con firmeza.

–¿Le costó a tu familia aceptar tu decisión de ser modelo?
–No, en casa somos todos artistas. Mi mamá, Alejandra, y mi hermana mayor, Mercedes, son bailarinas. Yo soy muy independiente, pero si a mi familia no le hubiera gustado mi carrera, jamás habría empezado en esto. No podría llevar adelante algo que ellos desaprueban, porque son mi columna, mi gran sostén en la vida. Es una tranquilidad muy grande su apoyo. Mi otra hermana, Macarena, es la que lo sufre. Ella está en una etapa difícil, como lo es la adolescencia, y que los amigos le muestren fotos mías la pone mal. No está en contra, pero no le gusta mucho. María Olivia todavía no puede opinar porque tiene dos años...

–¿Y tu papá qué opina?
–¡Te sorprenderías! A mi papá, Ricardo, lo llaman para preguntarle por mí. El ya está curado de espanto.

–¿No hay nadie que esté a tu lado para cuidarte? Digo, un amor...
–Ahora no. Necesito alguien que me vuele la cabeza. Conocí a mucha gente y ninguno me cierra. Por eso prefiero estar sola. Todavía no apareció la persona justa, pero cuando llegue me voy a jugar por completo en la relación.De medidas impactantes  (88-61-90) y con 1,71 de altura, la sanjuanina dejó sin aliento a los asiáticos.

De medidas impactantes (88-61-90) y con 1,71 de altura, la sanjuanina dejó sin aliento a los asiáticos.

“<i>Necesito alguien que me vuele la cabeza. Conocí a muchos hombres y ninguno me cerró. Por eso prefiero estar sola. Todavía no apareció la persona justa, pero cuando llegue me voy a jugar por completo en la relación</i>”.

Necesito alguien que me vuele la cabeza. Conocí a muchos hombres y ninguno me cerró. Por eso prefiero estar sola. Todavía no apareció la persona justa, pero cuando llegue me voy a jugar por completo en la relación”.

“<i>Si a mi familia no le hubiese gustado mi carrera, jamás habría empezado en esto. No podría llevar adelante algo que ellos desaprueban, porque son mi columna, mi sostén en la vida</i>”.

Si a mi familia no le hubiese gustado mi carrera, jamás habría empezado en esto. No podría llevar adelante algo que ellos desaprueban, porque son mi columna, mi sostén en la vida”.

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