“Ella sufre más que yo por mis separaciones” – GENTE Online
 

“Ella sufre más que yo por mis separaciones”

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De no haber elegido hipotecar su casa, Flavio Mendoza (39) no conocería la parte más luminosa de su vida. Probablemente sería exitoso, no habría temido perderlo todo, sin dudas, y seguramente sería una de las estrellas de Bailando por un sueño. Pero nada, ni por asomo, se le acercaría al podio en el que hoy lo puso la vida. Uno de sus tíos lo definió, al referirse a Stravaganza, la apuesta para la cual usó (y recuperó con creces) la plata de aquella hipoteca: “No ha creado un éxito; ha generado un suceso”.

Es que, lejos incluso de los espectáculos nacionales de primera plana, el show que se ofrece en Carlos Paz es no sólo el que más entradas vende en el país (en esta temporada ya se cuentan más de 60 mil), sino también una deslumbrante pasarela de emociones en la que el espectador no sabe a dónde mirar, porque en cada rincón aparece una sorpresa o un truco técnico inesperado.

Dicho de otro modo, Flavio creó uno de los espectáculos más impresionantes que ha dado la cartelera nacional, y eso no se lo podrán quitar ni las peleas con otros elencos ni los escándalos alrededor de su descuidado corazón. Porque, también hay que decirlo, de tanto preocuparse por la excelencia sobre el escenario, el bailarín, director y productor se olvidó –un poco– de sí mismo. Sin embargo, un día se dio cuenta. Una semana después de enterarse de que su pareja, Marcio Ignacio, lo engañaba (con una mujer, para mayor épica), habló con su madre, Zulema (70, le dicen Zulma), que estaba –por don de madre– sufriendo tanto o más que su hijo, cuyas desventuras amorosas había visto por la tele. Le dijo que no se preocupara, pero ya era tarde. No hubo mucho que pensar: le contrató una habitación en el centro de recuperación Diquecito (a sólo veinte minutos de Carlos Paz) y se la trajo con él a las sierras. Es que si hay algo que sabe Mendoza es que antes que a la hipoteca, la tele o la fortuna, si hay alguien a quien debe todo lo que llegó después, es a su madre. Por eso esta charla, y por eso, este homenaje que se hacen mutuamente.

–Zulma, ¿cómo está ahora que ya ve a su hijo repuesto?
–Mucho mejor. Acá me han ayudado muchísimo. Estoy hace dos semanas y ya me hicieron adelgazar como cinco kilos. Además, estoy cerca suyo y lo veo bien. El siempre me dice que no vea los programas de chimentos, pero yo no le hago caso. Me hacen mal, porque dicen muchas cosas que no son. Se nota que no lo conocen...
Flavio: Es que es parte del juego y yo se lo explico, pero ella no me hace caso y se angustia. Ahora que me ve bien, ya se puede relajar.

–¿Cómo es Flavio como hijo?
Zulma: Uf... Espectacular. Siempre está pensando en los otros antes que en él. Viendo que sus hermanas no necesiten nada, que su abuela esté bien, que yo esté bien. Es más, abusa, porque nunca se acuerda de ocuparse de él. Siempre están antes los demás.
Flavio: Es que si los que me rodean están bien, yo estoy bien; es así. No es de hacerme el caritativo, sino que me hace bien ver bien a la gente que quiero.

–¿Le parece que es feliz?
Zulma: Y... La verdad que no. Me parece que está siempre inventándose algo nuevo para preocuparse y no se ocupa de él. Creo, sí, que está satisfecho con lo que hace, con cómo le van las cosas, pero feliz, feliz, como querría una madre que sea... no sé.
Flavio: Yo soy muy feliz. Es cierto que siempre estoy con cosas que hacer o perfeccionando detalles, pero eso es parte de lo que me gusta.

–Bueno, dicen que los obsesivos y los perfeccionistas no son nunca felices del todo.
Flavio: Claro, en ese aspecto, porque siempre se puede mejorar. Pero en la vida soy feliz, claro que sí. Sería un caradura si me quejara. Y bueno, tuve una mala experiencia amorosa, pero eso no me quita las ganas de nada. Sigo creyendo en el amor.

–¿Cómo es Zulma como madre?
Flavio: Buenísima. La amo. Somos muy unidos. Es muy sensible. Se pone mal por todo lo que les pasa a sus hijos... Necesita estar más tranquila. Por suerte acá en Diquecito la tengo para mimarla un poco.

–Zulma, ¿cómo era Flavio de chico?
–¡Era malo! Já, já. Una vez, un primo lo gozaba porque tenía una bicicleta y él no. Daba vueltas alrededor del trailer del circo y cuando pasaba lo miraba a Flavio y se le burlaba. Y él no tuvo mejor idea que atar un cable a un lado del trailer y esperar, y cuando volvió a pasar tensó el cable y el primo se lo llevó puesto con el cuello... ¡Casi le saca la cabeza!
Flavio: Bueno mamá, ¡siempre contás lo mismo! ¡Fue esa vez sola, che!
Zulma: ¡Casi lo matás! Já, já. Pero por lo demás, era bueno. Muy buen artista, siempre muy exigente.

–Hace poco, Diego Reinhold dijo que sos un obsesivo a niveles elevados.
Flavio: Bueno, puede ser... Este no es un espectáculo que se hace así nomás, o que se lleva adelante de memoria. Yo todas las semanas, al menos una vez, hago grabar el show y lo miro, a ver cómo viene. Hay muchos artistas, riesgos... Hay que ser así para que funcione. Igual, por otro lado, Diego dice eso pero él es otro obsesivo. La diferencia es que él lo es sólo con lo suyo: lo único que le preocupa es que su parte esté perfecta. No se fija en los demás. Y yo creo que para la salud de un espectáculo es bueno pensar en todos, pensar en el producto antes que en uno.

–Hablando del producto: primeros nuevamente, y por lejos. ¿Cómo se mantiene este nivel?
Flavio: Es que Stravaganza, nadie lo dice, hace años que es el show más visto del país, pero por muuucho. No sé... Yo siento que hay convenios o algo, porque si nos remitimos a los números, no hay nadie que esté ni cerca. ¿Cómo hacemos? Es un show muy aceitado, que nunca dejamos de seguir mejorando, y además es muy caro. Por ejemplo, sólo de humo tenemos dos mil pesos por noche. De vestuario debe haber más de un millón... Y siempre pensando cómo seguir: buscando cosas, mejorando. Ahora estoy trabajando en un show de Stravaganza Tango, además de que vamos a salir de gira con Water in art, que es el que presentamos en Carlos Paz. Y la temporada que viene, por otra parte, quiero probar suerte en Mar del Plata. ¿Stravaganza es un suceso? Bueno, hay que vivirlo como tal.

En Diquecito, en una de las piletas en las que Zulma hace parte de su tratamiento para mejorar el movimiento de sus rodillas y bajar de peso. Su fisioterapeuta es la licenciada Marisa Echarri.

En Diquecito, en una de las piletas en las que Zulma hace parte de su tratamiento para mejorar el movimiento de sus rodillas y bajar de peso. Su fisioterapeuta es la licenciada Marisa Echarri.

“Yo soy feliz, muy feliz. Es cierto que siempre estoy con cosas que hacer o perfeccionando detalles, pero eso es parte de lo que me gusta” (Flavio)

“Yo soy feliz, muy feliz. Es cierto que siempre estoy con cosas que hacer o perfeccionando detalles, pero eso es parte de lo que me gusta” (Flavio)

“Este no es un show que se hace así nomás o que se lleva adelante de memoria. Seré un obsesivo, pero todas las semanas, al menos una vez, hago que lo graben y lo miro a ver cómo viene” (Flavio)

“Este no es un show que se hace así nomás o que se lleva adelante de memoria. Seré un obsesivo, pero todas las semanas, al menos una vez, hago que lo graben y lo miro a ver cómo viene” (Flavio)

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