“El triatlón es como una droga buena: cuando entrás, no podés abandonarlo” – GENTE Online
 

“El triatlón es como una droga buena: cuando entrás, no podés abandonarlo”

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Aunque suena más a superhéroe que a deportista, Oscar Galíndez es un Ironman. Un hombre de hierro. Eso dice el título que ganó en 2003 en Florianópolis, cuando el cordobés cruzó antes que nadie la meta del Ironman Brazil y, después de 17 años de carrera, consiguió el podio más alto en esto del triatlón –después de la competencia de Hawai–. Cubrió los 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,195 kilómetros de maratón en 8 horas, 16 minutos y 10 segundos: todo eso él solito, con su bicicleta, sus zapatillas y todas sus ambiciones.

El deporte nació en 1978 en Hawaii, cuando el comandante norteamericano John Collins quiso probar el estado físico de sus tropas y para eso unió las tres pruebas más complicadas que se realizaban en la isla (la Waikiki Rough Water Swim, la Around the Island Bike Race y la Honolulu Marathon) creando lo que luego sería el Ironman. Después, Pancho Ibáñez pasó esos videos en su programa y Galíndez, desde su casita de Río Tercero, se enamoró. Hoy, a sus 34 años, Oscar Galíndez ha ganado casi todo lo que corrió. Entre otros títulos, tiene en su haber diez campeonatos argentinos, seis sudamericanos, seis panamericanos, siete Troféu Brasil de Triathlon y, en 2003, su gran conquista: el Ironman Brazil. “Pero el momento más emocionante de mi vida deportiva fue en 1995 cuando fui campeón mundial de duatlón en Cancún. Estaba listo para correr los mundiales de dua y tria y dos días antes de la primera carrera estalla en Río Tercero, mi pueblo, la fábrica militar, que estaba a un par de cuadras de la casa de mis viejos. Ver que había pasado eso y no poder estar cerca de mis afectos me dio fuerzas para ganar el Mundial. No bien crucé la meta y me convertí en campeón del mundo, me zambullí en una cabina telefónica y llamé a Lisa, mi mujer, para contarle. Y ella me contestó con algo todavía más fuerte: ‘Vamos a tener un bebé’. En unos pocos meses mi vida había cambiado totalmente… ¡Estaba viviendo en Brasil, iba a tener un hijo y era campeón del mundo! Algo muy fuerte”.

–¿Te da bronca tener que estar lejos de tu gente?
–Mirá, en el ’96 decidí irme a Brasil, cuando mi sponsor se instaló allá. Antes, cuando me hacían esa pregunta, les pegaba a los dirigentes, a la Secretaría de Deportes, a todo el mundo… Ahora prefiero decir que Dios lo quiso así.

–¿Alguna vez te acusaron de “vendepatria” por haberte ido?
–Es que, en vez de vender patria, hago patria. Desarrollo mi actividad en el exterior y compito para la Argentina. La gente lo interpreta así, pero los dirigentes se hacen los bol...

En su página web (www.oscargalindez.com), el atleta nacido en Río Tercero e instalado en la ciudad brasileña de Santos, capital del triatlón por estas latitudes, tiene lo que él llama el Manual del guerrero, un decálogo para los que quieran conocer algunas de las máximas que lo ayudaron a llegar hasta donde llegó: “Establezca sus metas. Tenga un actitud mental positiva. Tenga autoconfianza. Practique control y relajamiento mental y físico. Aprenda a trabajar en equipo. La vida es corta, el juego es duro…”, la lista es larga…

–¿Cómo empezó esta historia?
–Arrancó en los 80’, cuando era adolescente y me pasaba horas y horas mirando los videos del Ironman de Hawaii que Pancho Ibáñez pasaba en su programa El deporte y el hombre. ¿Te acordás? Esas imágenes de la isla de los volcanes y las palmeras me pegaron muy fuerte. Desde la primera vez que vi eso supe qué era lo que quería para mí. Y una vez que empecé, ya no paré: el triatlón es como una droga buena: cuando entrás, no podés abandonarlo.

–¿Y cómo llegaste, desde ese adolescente que miraba videos, hasta el triatlonista de primer nivel que sos hoy?
–Lo primero fue un tria en Almafuerte, cerca de mi pueblo, allá en Córdoba. Algunos años después, en el ’88, mi primer Campeonato Argentino, que ese año se corría en San Juan. Sin decirme nada, cincuenta amigos se alquilaron un micro y viajaron para alentarme. A partir de ahí me volví un triatlonista full time. Empezaron ayudándome varias instituciones de mi ciudad, pero cuando dejás de ser novedad, la gente se cansa. Hay que estar un poco loco para dedicarse a esto, porque no parás nunca. Recién cuando fui campeón argentino llegó la gente de Reebok y me convertí definitivamente en profesional.

–Y después las primeras competencias internacionales…
–Sí. La primera fue en 1992, en Inglaterra. Apenas había juntado para el viaje, a tal punto que ni tenía el tubo de repuestos de la bicicleta. Como no podía ser de otra manera, pinché, pero decidí seguir. Cuando agarraba la recta alcanzaba al pelotón y los negros me miraban, porque la rueda en llanta hacía un ruido tremendo. Pero en la curva perdía terreno, porque la bicicleta se me iba para todos lados.

–Digamos que la racionalidad no hubiese ayudado en ese caso…
–No… Me acuerdo que hace unos años le comenté a mi entrenador que quería consultar a un psicólogo. Entonces, él me dijo: “Si vas al psicólogo no ganás una carrera más… ¡Te vas a enderezar!”.

–¿Cuál es la proeza que el día de mañana les vas a contar a tus nietos?
–En el ’95 me saqué el hombro cuarenta y seis días antes de empezar a competir en los Panamericanos de Mar del Plata. Los médicos me dijeron que me iba a demandar 40 días de recuperación y que no iba a poder competir. Entonces, le aposté al médico que traía una medalla.

–Y ganaste la apuesta…
–Sí, me entrené con el yeso y cuatro días antes de competir me lo saqué. Conseguí el bronce…

En 2003, el cordobés de 34 años ganó una de las competencias más importantes del mundo: el Ironman Brazil. Además, tiene en su haber diez campeonatos argentinos, seis sudamericanos, seis panamericanos y siete Troféu Brasil do Triathlon.

En 2003, el cordobés de 34 años ganó una de las competencias más importantes del mundo: el Ironman Brazil. Además, tiene en su haber diez campeonatos argentinos, seis sudamericanos, seis panamericanos y siete Troféu Brasil do Triathlon.

Oscar Galíndez empezó a competir en triatlones a los 16 años y ganó casi todo lo que corrió. El más importante, el Ironman, consta de 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,195 kilómetros de maratón.

Oscar Galíndez empezó a competir en triatlones a los 16 años y ganó casi todo lo que corrió. El más importante, el Ironman, consta de 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,195 kilómetros de maratón.

“<i>Hace unos años le comenté a mi entrenador que quería consultar a un psicólogo. Entonces él me respondió: ‘Si vas al psicólogo no ganás una carrera más… ¡Te vas a enderezar!’</i>”

Hace unos años le comenté a mi entrenador que quería consultar a un psicólogo. Entonces él me respondió: ‘Si vas al psicólogo no ganás una carrera más… ¡Te vas a enderezar!’

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