“El rock es un grito de rebeldía que se quedó afónico” – GENTE Online
 

“El rock es un grito de rebeldía que se quedó afónico”

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El rock es mentira. Ni los de Kiss andan comiéndose pollitos vivos por ahí, ni los Guns N’Roses desayunaban con whisky, ni Ozzy (ya lo vimos en su reality) es tan diabólico como parece. Al contrario: es un gordito bastante simpaticón… Salvo, claro, por Pomelo, rocker desquiciado hasta la estupidez, transgresor de secundario. O Beto Quantró, que nunca puede terminar sus canciones porque, ¡ay!, siempre hay un tren que lo atropella, un auto que le cae en la cabeza desde el cielo, una moto que lo lleva por delante, una bala perdida que le atraviesa su corazoncito rockero. O Roberto Quenedi, que no sabe inglés pero te canta las canciones igual, en pura fonética. O Perón, sí, Juan Domingo, que recita letras de Pipo Cipolatti, Los violadores y hasta el Bombón Asesino de Los Palmera como si fueran discursos para las masas. Estos son algunos de los personajes del zoológico Capusotto del rock, que cada lunes a las 23 salen a dar una vueltita por la pantalla de Canal 7 o, cuando quieras, tipiando su apellido en YouTube.

Rápidamente, Peter Capusotto y sus videos se convirtió en un programa de culto, con una tribu de fanáticos entre los que se encuentra el mismísimo Andrés Calamaro, que escribió en su blog, así tan fanatizado: “Es lo mejor del rock argentino, e incluyo asimismo música y periodismo. Además, es la cumbre del humor en TV... Y superstar del youtube world... Reírse, reírse de uno mismo, reírse un poco de los demás, hacer reír... auto-ironía y auto-mofa son auténticos, grandes valores y virtudes divinas (no somos dignos !)”. Y además, con sus videos ofició de maestro de ceremonias en el gran regreso de Soda Stereo.

Pero Diego Capusotto, que a sus 46 años (casado con María Laura y padre de Elisa y Eva) ostenta un currículum del delirio, que incluye clásicos de culto como Cha cha cha, Delicatessen y Todo por 2 pesos, aclara: “Yo no hago el programa para defenestrar al rock; al contrario. Soy un rockero que se ríe de ciertos clichés. Yo me siento a escuchar a Jimi Hendrix y me emociono. No digo: ‘¡Uy! ¡Tanto quilombo porque toca con los dientes...!’. Eso es algo que lo puede decir un tanguero de 60 años…”.

–Así que te reivindicás como rockero…
–A mí siempre me gustó el rock. Es un movimiento que surgió relacionado a un momento social e histórico importante, pero digamos que también es válido decir que fue un grito de rebeldía que se quedó afónico. Pero viste cómo son los movimientos…

–¿Cómo?
–Y… que entra cualquiera. Y “en nombre de” hace algo que uno termina vinculando al rock. Como el peronismo, que como hecho social fue muy importante... Pero eso no significa que dentro del peronismo haya gente noble. A veces todo lo contrario. Está el peronismo con pileta, como dice Pedro Saborido (el otro guionista del programa), y que hablan en nombre de los trabajadores y están bastante alejados de los mismos. Así es a veces el rock. Y así pasa en cualquier estructura. En fin… En Corea del Norte es imposible que haya rock. Es la conclusión que yo saco…

–¿Y por qué creés que el programa generó tanto fanatismo?
–Estuve tratando de trabajar con espías de Corea del Norte para ver qué tipo de gente me ve, qué perfil, si es ABC1 o BCG, que es el que más me interesa. El público que se vacuna, que se preocupa por su salud… No sé, hay pequeñas tribus, gente que se hace amiga del programa y lo hace circular. Está bien que pase eso con este programa, o con cosas que hemos hecho, como Todo X 2 pesos. Nadie se va a andar pasando los casetes de Gran Hermano diciendo: “¡Mirá: Cristina se cagó! ¡Qué hermoso!”. O que la gente se pase CDs para ver cómo está la casa de Gran Hermano. Si hacemos eso, sí nos va a invadir Corea del Norte.

–El programa cayó bien entre los rockeros. Calamaro se hizo fanático…
–Sí, yo hablo a veces con Ciro Martínez de Los Piojos, y le gusta. Con la gente del rock todo bien. El único que me mandó una carta documento fue Pablito Ruiz, diciendo que el programa iba en contra de la occidentalidad y de los valores éticos y morales. Pero ya lo charlé con él y con Cúneo Libarona, que es mi abogado, y todo terminó en buenos términos. Estuvimos charlando dos horas, pusimos música, apagamos un poco la luz y empezamos a hacernos masajes… Y ahí se arregló todo. Pero fue el único inconveniente que tuve. Ah, y después con Lita de Lázzari, porque pensaba que era un programa del ERP, pero después lo vio y dijo que se había equivocado.

–¿Cómo es la dinámica con los guiones?
–Es el mecanismo de laburo que hemos tenido siempre con Pedro Saborido. Nos juntamos, pensamos cosas que nos diviertan, desechamos algunas y vamos y grabamos en los estudios de Rock&Pop. A Canal 7 ya no vamos, porque una vez Pinky nos corrió a tiros por los pasillos gritándonos: “¡Este es mi horario! ¡Este es mi horario!”. Nada, y después colaboran los que editan, los que graban... Es un trabajo en equipo. Somos como Los Pumas, pero flacos. Y mal alimentados.

–¿No pensaste llevar a Los Pumas al programa?
–Mmm... No creo. Yo soy totalmente exitista. Si ganaban, sí. Pero ahora, que nos hicieron quedar tan mal… Mirá: esto es una opinión totalmente personal, pero yo creo que no habría que dejarlos entrar al país.

–¿Tenés algún proyecto para el año que viene?
–Me gustaría hacer una pileta acá en casa, ahora que viene el verano. Y después me gustaría mucho hacer Paracaidismo por un sueño. Una cosa que nos han ofrecido para el año que viene, donde los artistas se van a tirar en paracaídas en la 9 de Julio desde 7 mil metros de altura. Yo ya estoy apalabrado. Me ofrecieron muchísima plata y creo que lo voy a hacer.

–Después de tantos años dentro del humor, ¿qué utilidad tiene la risa para vos?
–La risa tiene millones de lecturas. Es a lo que menos estamos acostumbrados. Es liberadora. Es medicinal. Es una necesidad neurótica a veces. Está vinculada al centro emocional. Uno necesita reírse, aunque también hay que ver de qué se ríe y de qué no. Y muchas veces es como una afrenta a lo que nos duele. Una especie de desafío, que no está mal como mecanismo.

–Puede servir para desmitificar algo trágico…
–Sí, claro. Es como derrumbar seguridades que están agarradas con alfileres. Es como descubrir la mentira. Y además es una necesidad. Todavía no llegamos a un estadio superior como para no necesitar de la risa. El día que yo no necesite más reírme, ahí voy a ser sabio… ¡Qué linda frase, ¿no?! Esperáme un segundito acá. Le voy a pedir a mi mujer que la enmarque, y ya vuelvo. Los personajes de Capusotto, una cruza de Charly, Fito, Juanse y quien se les ocurra, encarnan todos los clichés alrededor del rock: glamour berreta, excentricidad calculada y habitaciones de hotel destruidas.

Los personajes de Capusotto, una cruza de Charly, Fito, Juanse y quien se les ocurra, encarnan todos los clichés alrededor del rock: glamour berreta, excentricidad calculada y habitaciones de hotel destruidas.

“<i>Yo no hago el programa para defenestrar al rock. Simplemente me río de algunos clichés. Yo me siento a escuchar a Jimi Hendrix y me emociono. No digo</i>: ‘¡Uy! ¡Tanto quilombo porque toca con los dientes...!’”.

Yo no hago el programa para defenestrar al rock. Simplemente me río de algunos clichés. Yo me siento a escuchar a Jimi Hendrix y me emociono. No digo: ‘¡Uy! ¡Tanto quilombo porque toca con los dientes...!’”.

“<i>La risa sirve para derrumbar seguridades que están agarradas con alfileres. Es como descubrir la mentira. Es una necesidad. Todavía no llegamos a un estadio superior como para no necesitar de la risa</i>”.

La risa sirve para derrumbar seguridades que están agarradas con alfileres. Es como descubrir la mentira. Es una necesidad. Todavía no llegamos a un estadio superior como para no necesitar de la risa”.

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