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El robo de las joyas de Mirtha

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Para mí, los que me robaron son gay”, dedujo Mirtha Legrand al tiempo de conocer que en la madrugada del 5 de diciembre de 2010, tres hombres entraron a su piso de Avenida del Libertador al 2800 y se llevaron una caja fuerte con 500 mil pesos, 20 mil dólares y un botín de joyas valuadas hoy en aproximadamente un millón y medio de dólares. ¿Por qué semejante conclusión de la conductora de los legendarios almuerzos? Porque los cacos también le sustrajeron varias polveras Estée Lauder y pañuelos de mujer, todos grabados con las iniciales ML, que responden a su nombre y apellido. Los investigadores le aclararon de inmediato que en el mundo del hampa es muy útil llevarse ese tipo de “souvenirs”, porque da seguridad de que lo robado era propiedad de la diva cuando se quisiera reducir (vender) en el mercado del delito. En este caso, las polveras y los pañuelos oficiaban como una especie de certificado de autenticidad de las alhajas, que no pudieron ser reducidas en Buenos Aires porque es un mercado en el que todos se conocen, hay mucho buchón –delator– y la Policía estaba muy alerta. Cuando se consultó en la vecina orilla –Uruguay– para “reventar” lo robado, la respuesta habría sido tajante: “Si son de la señora, olvidate. Salta enseguida acá y vamos todos presos”. ¿Conclusión? El producto de lo timado parece que fue contrabandeado al Paraguay para ser malvendido y ya no existen rastros ni existirán, por más que alguien se quiera adjudicar el ilícito. Es decir, guste o no, Mirtha Legrand nunca recuperará lo que se ganó con honra.

EL TERROR DE MIRTHA. En la investigación realizada hasta la fecha por la fiscal Dafne Palópoli se incorporó al expediente el lunes 13 de marzo pasado un anónimo que afirma que Lina Rosa Díaz, la ex empleada de la conductora -que se desempeñaba en su casa y como asistente en los almuerzosfue la que habría entregado las llaves de la vivienda para que se perpetrara el hecho. Redactado en computadora y con faltas de ortografía, dice en sus partes más destacadas: “Ayer vi lo de mirta legran y la verdad me yenó de odio, la mucama rompió todos los códigos. Todos saben que la mucama lina rosa díaz le entregó el hecho a 4 pibes… Uno de los que hiso el echo se llamaba marcos andres beron gonzalez y el otro maxi castany. Nombro a estos dos porque a los dos los mataron a uno en capital y a otro en provincia. Las novias de ellos sabían todo, la de maxi estaba recaliente y creo que lo dejo, la de marcos creo que tenía un anillo de casamiento de mirta… La mucama les pasó las llaves… y después los pibes caminaron varios días para ver como entraban porque había un mulo abajo (hace referencia a Francisco Vega, encargado del edificio(…)”.

Ante esta nueva pista la jueza Ana Dieta de Herrero agregó el documento y una imagen de los supuestos delincuentes que llegó en el mismo paquete. Así la fiscal Palópoli, que había ordenado escuchas telefónicas a todo el círculo íntimo de la diva, incluida su familia, agregaba otro aporte más a su convicción de que Lina Rosa Díaz -empleada de Mirtha-, su esposo, Jorge Petrak, y su hijo, Orlando Jiménez, fueron parte del delito, y por eso están procesadoscomo partícipes necesarios de robo con armas, que tiene una pena que oscila de 5 a 15 años de prisión. En lo que oyeron los policías afectados puede deducirse la participación en el asalto de lúmpenes que se autollamaban: Rubio, Colo, Maxi –Maximiliano Castany– y Marco –Marcos Berón González, con antecedentes por robar joyas a personajes de muy buena posición económica–. Mirtha está dispuesta a perdonar a Lina, su ex empleada, pero sabe que ya es tarde porque se viene la sentencia. De las escuchas practicadas a la mismísima Marcela Tinayre, hija de Legrand, y su marido, Marcos Gastaldi, no surgió sospecha. Tampoco del lado de Elvira –otra asistente de Mirtha– y de Marcelo –su chofer–, quienes también fueron puestos bajo la lupa. El terror de la diva aparece cuando se entera de que tanto Castany como Berón González fueron asesinados en circunstancias no claras, en especial Maxi, ejecutado con un tiro en la cabeza dentro de su auto, un Audi adquirido dos meses después del robo. Los investigadores creen que también podrían haber formado parte de algún tipo de compra de droga, y que sus muertes se tratarían de un “vuelto”, según códigos de la mafia. Esto ronda permanentemente en la cabeza de la diva de los almuerzos. Piensa y se imagina a los delincuentes caminando por su cuarto y hurgando sus cajones, sus enseres personales y hasta sus sábanas en busca de dinero y joyas.

EN LA MIRA. Al querer saber más de ambas muertes, la fiscal Dafne Palópoli supo que Berón González tenía mujer, tres hijos, y también una novia. Ambas mujeres dijeron que el susodicho se dedicaba al robo y se hacía llamar Robin Hood. Vanesa Rave –esposa– fue citada al debate, y rompió en llanto, pidió custodia –que le fue concedida–, dijo que no tenía contacto con la familia de su marido muerto, pero que sabía que compraron una mansión en Lanús, autos, y que tendrían plata guardada. Además confió que había visto preocupado a su ex, y que cuando le preguntó qué le pasaba, él le dijo: “¿Viste el robo de Mirtha? Fui yo”. Laura González, mujer de Castany, aseguró: “Las llaves se las dieron desde adentro, alguien de la casa de la señora”. Los investigadores la tienen a Lina Rosa Díaz como sospechosa por la adquisición de dos autos días después del robo: un Honda Civic modelo 93 a 16 mil pesos, que compró su hijo, Orlando Jiménez, y un Chrysler Neon 1998, adquirido por su marido, Julio Petrak, en enero de 2011. Además está registrado un envío de dinero a Paraguay en pesos y dólares, donde reside uno de sus hijos, pese a que la familia vive en condiciones muy humildes en el barrio Pepsi de Florencio Varela. En el allanamiento ordenado a su domicilio aparecieron un rastreador satelital, varios celulares y certificados bancarios cuyos titulares residen en la zona de la Avenida del Libertador, cercana al domicilio de Mirtha Legrand.

El 19 de abril último Vanesa Rave –esposa de Berón González, el delincuente asesinado– pidió ampliar sus dichos ante la fiscal Palópoli, quien le consultó por qué no lo hizo la vez anterior, cuando participó del debate, a lo que contestó: “Porque este hombre –Orlando, el hijo de Lina– conoce mi casa, mis hijas, las de Marco y a mí”. La mujer dijo que tuvo miedo porque cuando prestó su testimonio estaba siendo observada en la audiencia por Orlando, el hijo de Lina Rosa Díaz. Y esta vez dio detalles precisos de una reunión en un departamento en San Martín –que su marido prometió arreglarle para ella–, donde participaron el Colo, el Rubio –ambos prófugos–, Maximiliano Castany y Orlando, al que llamaban “el gordo pintor”. La funcionaria le consultó si se refería al hijo de Lina Rosa Díaz y contestó que sí. “Marco finalmente al día siguiente me contó que tenía un laburo grande para hacer, que le habían entregado las llaves de la casa de la vieja Mirta Legrand”. Cuando le preguntaron si le dijo quién se las había entregado, expresó: “La sirvienta, me acuerdo patente las cosas que me dijo, me dijo Rosa, él me lo dijo el nombre. Yo estaba enloquecida porque me usaba el departamento para planear esas cosas. Me calmaba diciendo que con este trabajo iba a comprar una casa para mis hijos… Me contó que él se encontró una vez con Rosa en forma personal a hablar, a quien también le decía la vieja. El decía que la vieja Rosa le tenía como una bronca personal interna a la vieja Mirta Legrand, como que era una mujer que se hacía la buena pero que era una maldita”. A otras preguntas, aclaró: “En esa reunión Rosa le explicó todo a Marco, pero iba a poner otras personas de intermediarias porque no quería tener contacto con él, y ella fue la que le entregó la llave... Se tenía que encontrar con Orlando –hijo de Lina– y me dijo: ‘Este gordo es un entegador de llaves, es un hijo de p…”. A fojas 2090, amplía: “Me dijo que tenía que viajar a Uruguay a reducir las joyas. El estaba preocupado porque la gente que les compraba las cosas robadas, nadie quería hacerse cargo, nadie quería meterse con la vieja. Y los grandes compradores que tienen acá no querían saber nada… Me dijo que había invertido un millón de pesos en mercadería, aludiendo a la cocaína… Que él le dijo que con el narcotráfico no iba a poder salir, porque no lo iban a dejar y que la única manera era muerto y lloraba… El sabía que lo iban a matar en poco tiempo y me propuso llevar a Disney a los chicos”.

El tema es que la jueza Ana Dieta de Herrero dio por cerrada la recepción de prueba en la audiencia de debate y destaca que la fiscal “tenía efectivo conocimiento de lo que pretendía que la testigo expusiera, ocultó información a la suscripta y a las defensas… Ese proceder oscuro, sorpresivo y solapado ha impedido a esta Juez y a los letrados controlar el acto”. Y habla de mala fe procesal e irregulares circunstancias, por lo cual informa a la Sra. Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó. La agenda indica que el miércoles 3 de mayo serán los alegatos y hasta puede haber sentencia, con un claro enfrentamiento entre una juez y una fiscal general, que aportará más confusión a la búsqueda de la verdad. La pregunta a esta altura cae de madura: ¿será justicia?

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