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El partido de Dios

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El fútbol, ese “fenómeno mundial que la gente ve con admiración”, según la propia definición de Su Santidad, puede ser un factor de unión. Porque en las tribunas, las clases sociales se vuelven felizmente difusas en el fragor de una avalancha que festeja un gol. Dentro del campo de juego, futbolistas de distintas razas y religiones tiran para el mismo lado, en pos de un objetivo común. Con eso en mente, el papa Francisco no dudó en ponerse a la cabeza de un proyecto que llevaron a cabo la Fundación PUPI (del argentino Javier Zanetti, ídolo del Inter de Milán) y Scholas Occur rentes (una red mundial de escuelas soñada por el mismo pontífice). Fue el Partido por la Paz en el estadio Olímpico de Roma, que reunió a figuras del fútbol de todos los tiempos “en un encuentro donde nadie juega la propia ni la del otro, sino la de todos. Ahí, cada uno se multiplica, es más persona, más gente, se engrandece. Al jugar en equipo, la competencia, en lugar de ser guer ra, es semilla de paz”. Sí, está clarísimo: cuando el Papa habla, la jugada siempre termina en gol.

Lluvia de estrellas: Diego Maradona (de regreso a un estadio que en los 80’ lo silbaba y el lunes lo ovacionó), el Cholo Simeone, Javier Mascherano, Javier Zanetti, el colombiano Carlos “El Pibe” Valderrama, los italianos Alessandro del Piero y Roberto Baggio, el franco-argentino David Trezeguet y, claro que sí, Mauro Icardi. Detalle para nada menor, ya que la presencia del marido de Wanda Nara generó polémica antes y después del partido. ¿A quién le molestó? A Diego, quien lo había acusado de “traidor ” en la previa y, ya finalizado el match, opinó: “Icardi no tendría que haber jugado, por una decisión que habíamos tomado. Voy a tener que hablar con los organizadores”, se molestó frente a los micrófonos. Muchachos: escuchen a Francisco... ¡y que haya paz!

“Este es un gesto simbólico, para hacer comprender que es posible construir la cultura del encuentro y un mundo de paz, en el que creyentes de diversas religiones, conservando su identidad, puedan convivir en ar monía y con respeto mutuo”, señaló el Papa, quien no concurrió al estadio pero sí recibió a todos en una audiencia privada, en el salón Paulo VI del Vaticano. Saludó a los jugadores, uno por uno, y finalmente se dio el encuentro con Maradona. “Fue maravilloso estar con él. Me habló de los chicos de Africa que tienen hambre, me pidió que colaborara con él y me pegó directo al corazón. L o abracé. Está haciendo cosas muy importantes”, resaltó Diego, quien le regaló una camiseta de la Selección con el 10 en la espalda, la leyenda “Francisco” y una dedicatoria en el frente, de puño y letra. Con el espíritu elevado, Diego tomó fuerzas para jugar 90 minutos, dejando sobre el césped algunas pinceladas de sus mejores años. El Diez fue parte del equipo de Scholas y tiró paredes junto con Ricky Alvarez (integrante de la Selección en el Mundial de Brasil), Baggio (Diego le regaló una asistencia fenomenal) y Mascherano. Arrancó ganando, pero en el segundo tiempo todo cambi ó. Es q ue ingresó Icard i, motivadísimo con la presencia de Wanda en la platea, y anotó tres goles. Así, ayudó a que los de Fundación PUPI se terminaran imponiendo por 6 a 3. A Diego no le gustó ni medio. A Wanda, sí. “Con tres goles de Maurito, la pelota se va para casa. ¡Cada día más orgullosa de vos!”, tuiteó la rubia.

Sobró entusiasmo en las tribunas, hubo magia durante el show de Violetta (terminó llorando de emoción, tras cantar Imagine, de John Lennon) y se vivió un bello momento cuando en la cancha se plantó un olivo (símbolo de paz), cedido previamente por el Santo Padre. Precisamente, el trofeo del partido tuvo la forma de un olivo con 24 frutos, que representan a los 12 apóstoles de Jesús y a los 12 ancianos (el Antiguo y Nuevo Testamentos), y fue diseñado por el argentino Adrián Pallarols. “Lo recaudado será destinado a proyectos solidarios”, señaló el Papa, feliz por el éxito de este evento que, con la siempre válida excusa de la pelota, plantó mensajes de valor en muchos corazones. De eso se encarga Francisco todo el tiempo, en su labor pacificadora. Y, como el goleador más avezado, no falla nunca.

El Papa, rodeado por los protagonistas del partido benéfico, que representaba a todas las razas y religiones, y organizaron las entidades Scholas Occurrentes (que plantaron un olivo en el estadio) y la Fundación PUPI, de Javier Zanetti, capitán de uno de los teams.

El Papa, rodeado por los protagonistas del partido benéfico, que representaba a todas las razas y religiones, y organizaron las entidades Scholas Occurrentes (que plantaron un olivo en el estadio) y la Fundación PUPI, de Javier Zanetti, capitán de uno de los teams.

Diego, rumbo a la Sala Aula Paulo VI con una casaca de la Selección dedicada a “Francisquito, con todo mi cariño”.

Diego, rumbo a la Sala Aula Paulo VI con una casaca de la Selección dedicada a “Francisquito, con todo mi cariño”.

La única foto que reunió a Maradona e Icardi, con Zanetti con el trofeo. Fundación PUPI le ganó 6 a 3 a Scholas Occurrentes.

La única foto que reunió a Maradona e Icardi, con Zanetti con el trofeo. Fundación PUPI le ganó 6 a 3 a Scholas Occurrentes.

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